
Un abogado ilustre: Roque Garrigó. Hace algunos años —y a raíz de dolorosos sucesos políticos que dieron al traste con la República— llegó a los círculos literarios de la Habana, procedente del interior, un libro en el cual con pluma incisiva se realizaban hondos análisis acerca del estado social de Cuba en páginas ardorosas donde fulgían los matices coloreados de un estilo vibrante y conceptuoso.
Acaso por estar escrito bajo la impresión abrumadora del eclipse patrio, pecaba excelente estudio de pesimismo, pero era indudable que el autor se revelaba de súbito como literato y sociólogo, sentando plaza entre los más prestigiosos escritores cubanos.
El autor era el doctor Roque Garrigó a quién poco después sus coterráneos elegían Representante a la Cámara, donde se manifestó como orador elocuente, poseedor de una palabra llameante y ducho en estrategias parlamentarias, aun cuando para estas lides le perjudicaba la fogosidad de su temperamento y la profundidad de sus convicciones, que le llevaban a ser esa planta exótica que es, en nuestro medio, un político sincero.
Á poco la isla le aclamaba como propagandista vibrante y enérgico con motivo de su labor en la campaña electoral de 1912.
Afanado en las contiendas públicas el doctor Roque Garrigó, amigo muy admirado, no dejaba de engolfarse en estudios sociales y literarios demostrando en multitud de artículos su clara visión de las cosas y su profundo estudio de los problemas nacionales.
La visita del doctor Altamira le dió nueva ocasión de revelar sus sólidos talentos literarios y su vasta cultura y publica su interesante libro “América para los Americanos”, el cual, sin haberlo leído, ha encontrado comentadores maliciosos que han pretendido interpretar torcidamente las ideas directrices del mismo, intentando calumniar al ilustre autor. No conocemos mayor injusticia. Nosotros durante larga temporada le tratamos Íntimamente y pudimos estimar su sincero patriotismo y sus entusiasmos radicales.
Después en reñido concurso obtuvo el primer premio del Colegio de Abogados por su admirable obra José Martí, notabilísimo estudio biográfico del apóstol, cuya figura enamora un alma, un tanto romántica, como la de Garrigó.
La inconsciencia y su falta de adaptación a las miserias del ambiente privaron a Cuba de un legislador intelectual y laborioso.
Roque E. Garrigó abrió su bufete y en 1919 era un popularísimo abogado y notario de Cienfuegos, donde gozaba de altísimo concepto como es lógico. Su palabra le conquistó nuevo lauros con motivo de su bella oración en el teatro Terry.
Es el doctor Garrigó vicepresidente de la sección de Geografía de la Sociedad Económica de Amigos del País, corresponsal del Instituto de Trabajo y Reformas Sociales de París, Corresponsal del Museo de Cárdenas y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia y del Colegio de Abogados de la Habana y del de Cienfuegos.
Nosotros le visitamos en su bufete, departiendo largo rato con el talentoso amigo, á quien nos unen antiguas relaciones de amistad, acompañándonos en la grata entrevista el culto compañero de la prensa cienfueguera, Sr. Sanduarsedo, tan popular en el mundo de las letras.
Bibliografía y notas
- “Un abogado ilustre: Roque Garrigó”. Revista El Fígaro. 1919.
- Personalidades y negocios de Las Villas
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