
En la actualidad, San Diego del Valle es una localidad y consejo popular del municipio de Cifuentes, en la provincia de Villa Clara. Hasta la reorganización político-administrativa de 1976 había constituido un municipio independiente. En 1926, cuando se publicó la reseña que sirve de base a este texto, pertenecía a la provincia de Santa Clara, denominada oficialmente Las Villas a partir de la Constitución de 1940.
Origen del poblado
San Diego del Valle tuvo su origen en un pequeño caserío que comenzó a formarse hacia 1840, a unos cuatro kilómetros del Camino Real que conducía hacia Yabú. Su crecimiento inicial fue lento: en 1856 contaba con quince viviendas de diferentes clases, dos de ellas destinadas también a establecimientos comerciales, y una población de apenas 65 habitantes.
La reseña publicada en 1926 señala que en 18561 fue creada la capitanía pedánea de San Diego de Niguas, nombre con el que entonces se conocía la demarcación. Entre sus primeros pobladores menciona a Ignacio Lima Martínez, Antonio Sosa, José Encarnación Jiménez, Juan Pérez, Miguel Eufemio, Vicente —cuyo apellido no aparece consignado—, Juan Castellón y Rufino Arredondo, además de otros vecinos cuyos nombres no fueron recogidos.
Aunque la cabecera era todavía reducida, el territorio sometido a su jurisdicción había alcanzado en el censo de 1857 una población de 9.831 habitantes. La Guerra de Independencia provocó posteriormente una disminución considerable de la población. La fuente de 1926 la cifra en 5.381 habitantes, aunque este dato presenta una pequeña diferencia respecto de otras compilaciones y deberá comprobarse en el censo original de 1899.
De San Diego de Niguas a San Diego del Valle
Por Real Orden del 5 de julio de 1878, el antiguo nombre de San Diego de Niguas fue sustituido por el de San Diego del Valle. El Ayuntamiento quedó constituido el 1.º de enero de 1879, y su primer alcalde fue José Abascal Aedo.
La existencia del municipio fue interrumpida en los primeros años de la República. La Orden Militar núm. 23, de 24 de enero de 1902, dispuso su supresión y repartió inicialmente sus barrios entre varios municipios vecinos. La Orden núm. 35, de 8 de febrero del mismo año, modificó aquella distribución: todos los barrios pasaron a formar parte del municipio de Esperanza, con excepción de Jicotea, que quedó anexado a Santo Domingo. Por tanto, esta segunda orden no restableció el Ayuntamiento, sino que reorganizó el destino de sus antiguos barrios.
El municipio de San Diego del Valle fue creado nuevamente por una ley de 25 de marzo de 1913. Su reorganización efectiva se produjo durante el año siguiente, cuando Ramón González fue elegido alcalde. La nueva demarcación recibió unos 9.737 habitantes, de los cuales 9.031 procedían de los barrios hasta entonces incorporados a Esperanza.
Barrios, población y administración

El término municipal quedó integrado por los barrios de:
San Diego, Centro, Yabú, Sitio Nuevo, Mango, Maguaraya Abajo, Maguaraya Arriba, Hatillo y Jicotea.
La cabecera municipal se encontraba en el poblado de San Diego del Valle. El Ayuntamiento estaba clasificado como de tercera clase y, según las estadísticas recogidas en 1926, el término tenía una superficie de aproximadamente 228,25 kilómetros cuadrados y una población cercana a los 9.700 habitantes.
Cuando el municipio fue restablecido en 1913, se le asignó una población de 9.737 habitantes, de los cuales 9.031 procedían de los barrios que hasta entonces habían pertenecido a Esperanza. En 1926, la reseña cifraba la población del término en 9.706 habitantes y su superficie en aproximadamente 228,25 kilómetros cuadrados.
En materia educativa, el municipio disponía de quince escuelas públicas y diecisiete aulas diurnas.
Las cifras cambiaron considerablemente en las décadas siguientes. En 1943, por ejemplo, el municipio alcanzaba 16.526 habitantes y su superficie era calculada en 248 kilómetros cuadrados, posiblemente como resultado de modificaciones limítrofes o de diferentes métodos de medición.
Caminos y ferrocarriles
Las principales vías terrestres incluían un tramo de carretera que comunicaba la cabecera con Jicotea y otro que conducía hacia Hatillo, enlazando con la carretera de Santa Clara. Para la circulación dentro del término se utilizaban también varios caminos rurales, entre ellos los conocidos como Queso, Yabú, Niguas y Mangos.
El ferrocarril desempeñaba un papel importante en las comunicaciones. Las líneas de los Ferrocarriles Unidos de La Habana atravesaban el municipio y contaban con estaciones en la cabecera y en Jicotea. La fuente menciona además otra línea relacionada con la Cuban Central, con servicios en la cabecera y en el barrio de Sitio Nuevo, donde se encontraba la estación de San Rafael. El pasaje original alude a tres estaciones, pero no identifica claramente la tercera.
Esta red facilitaba el traslado de pasajeros y productos agrícolas hacia Santa Clara, Esperanza, Sagua la Grande y otros centros comerciales de la región.
Ríos y abastecimiento de agua
Los principales cursos fluviales eran los ríos Yabú y Maguaraya, acompañados por numerosos riachuelos y arroyos de corriente permanente. El Yabú era la corriente de mayor importancia y formaba parte de la cuenca del río Sagua la Grande.
La publicación de 1926 describía las aguas de ambos ríos como potables, afirmación que debe entenderse dentro de las condiciones sanitarias y los criterios de la época, no como una valoración válida para el presente.
En Jicotea y en los barrios rurales, el abastecimiento se realizaba principalmente mediante pozos. La cabecera recibía agua de una fuente alimentada por manantiales procedentes de una loma situada a unos cuatro kilómetros del poblado. La reseña la denomina loma Manadero, aunque otras referencias geográficas registran en las cercanías la loma de El Miradero, por lo que el topónimo requiere una comprobación adicional.
Iglesias, cementerios y alumbrado
En 1926 existían dos iglesias católicas en el término: una en la cabecera y otra en el poblado de Jicotea. Ambas pertenecían entonces a la Diócesis de Cienfuegos. En las dos localidades funcionaban, asimismo, sus respectivos cementerios municipales.
La cabecera de San Diego del Valle y el poblado de Jicotea disponían de alumbrado público eléctrico, un servicio significativo para dos núcleos urbanos rodeados por una población mayoritariamente rural.
Producción agrícola y ganadera
La economía municipal dependía fundamentalmente de la agricultura. Su principal producción era la caña de azúcar, aunque el término no contaba con un central propio y la cosecha debía trasladarse para su molienda a instalaciones situadas en municipios vecinos.
También se cultivaba tabaco y se desarrollaban la ganadería y los llamados cultivos menores, destinados principalmente al consumo local. La ausencia de un gran ingenio azucarero hizo que San Diego del Valle conservara una estructura económica basada en fincas agrícolas, pequeños productores, comerciantes y transportistas vinculados a los pueblos y centrales de los alrededores.
El archivo municipal durante los conflictos armados
Durante la Guerra de Independencia, fuerzas españolas ocuparon la Casa Consistorial y establecieron allí una comandancia de armas. El edificio volvió a ser utilizado por fuerzas gubernamentales durante la llamada Revolución de Agosto de 1906.
Estas ocupaciones provocaron el deterioro y la dispersión de numerosos documentos, estadísticas y expedientes conservados en el archivo municipal. La pérdida de esa documentación ayuda a explicar algunas de las lagunas y contradicciones que existen actualmente en torno a los primeros años del municipio.
Máximo Gómez en La Rosa
La reseña de 1926 recoge un episodio atribuido al general Máximo Gómez en un lugar conocido como La Rosa, perteneciente al barrio de Hatillo. Según este relato, Gómez habría logrado maniobrar de manera que dos columnas españolas se atacaran mutuamente, al creer cada una que se encontraba frente a fuerzas independentistas.
El suceso aparece repetido en compilaciones posteriores sobre el municipio, pero convendría localizar un parte militar, una memoria de campaña o una fuente contemporánea a la guerra antes de reconstruir con mayor detalle la fecha y las circunstancias del enfrentamiento.
Directorio de San Diego del Valle en 1926
La publicación ofrece una relación de algunos de los comerciantes, profesionales e industriales establecidos en el término municipal.
Alcaldes

Comerciantes
José Perdomo García; Hermanos Rofes, S. en C.; B. Llama y Cía.; Edmundo López; Adolfo Rosal y Hno.; Jorge Parjús Cura; Joaquín Paredes; Benito Pérez Jiménez; Carlos Luis Font; José Conquero; Manuel Pons; Casimiro García; José Luis Quevedo Pérez; Rafael Roqueta Cárdenas; Joaquín Pascual y Hno., y Luis Pons.
Profesionales
El doctor Gustavo Cué Elorza, jefe local de Sanidad; el doctor Julio Esperón y Cárdenas, médico municipal; el doctor Luis de Cárdenas y Cárdenas, juez municipal, y el doctor Juan G. Sánchez Zulueta, médico cirujano.
Industriales
Ladislao Rofes Martínez y José Perdomo García.
Fuente y notas
- “Término municipal de San Diego del Valle”. Magazine de La Lucha, Santa Clara, 1926, p. 533.
- Provincia de Las Villas, Cuba.
- La reseña de 1926 sitúa la creación de la capitanía pedánea en 1856, mientras algunas fuentes posteriores señalan 1846. ↩︎
Deja una respuesta