
El Antiguo Comercio de Cienfuegos: La Casa Villapol. El progreso, taumaturgo estupendo, transforma, totalmente, en su caravana laboriosa los pueblos, haciendo del villorrio de ayer, la ciudad del hoy.
Cuando alienta el espíritu vivificador del grandioso agente, —a cuyo culto los hombres inteligentes rinden, con fervor y sinceridad, apasionada adoración— los pueblos avanzan, encumbrándose a las altas cúspides de la civilización, floreadas de bellezas y bienandanzas miles.
Cienfuegos, en una centuria, ha dado prueba evidente, notoria de su maravillosa mutación desde la aldea hasta el centro de actividad, de riqueza, de ilustración que es hoy como una de las más lindas y prósperas poblaciones de América, porque en su seno ha palpitado siempre el aliento creador del progreso, lámpara portentosa de Aladino que realiza cuanto anhela.
Pero la obra del progreso no es resultado espontáneo que surge por sí solo, sino es producto de infinitos esfuerzos y sacrificios, de luchas afanosas, crueles, a veces.
Si Cienfuegos ha pasado en menos tiempo que otras ciudades, de aldehuela a ser lo que en la actualidad es, no ha sido por azares ni caprichos, sino por el trabajo y la inteligencia de numerosos obreros que han prestado sus energías a la Perla Meridional en el empeño loable de elevarla hasta la magnificencia.

Entre estos forjadores de la riqueza de Cienfuegos es deber señalar al señor Antonio Villapol, quien desde los albores de su mocedad comenzó a desenvolverse en la hermosa población, luchando en diversos campos en todos los cuales obtuvo sus palmas de la victoria ganadas en buena lid por su talento, su tesón y su laboriosidad.
Hoy cuando se ve en posesión de cuantioso capital a su familia respetable, continuadora del desaparecido, se experimenta honda satisfacción porque el triunfo del señor Villapol fué legítima recompensa de una vida nobilísima consagrada al trabajo fecundo.
El señor Villapol no era sólo hombre de negocios aun cuando este fuera el aspecto principal de su vida, sino hombre ilustrado, amante de bellezas que cultivó las letras y la poesía, distinguiéndose como escritor y periodista por muy conceptuosos artículos y siendo muy celebradas sus composiciones poéticas donde la inspiración fulgía con brillantez extraordinaria.
Esta casa comercial es una de las más antiguas, y desde luego más importantes, de Cienfuegos. Situada en amplio edificio la han instalado con admirable elegancia y confort, como era de esperar de un comerciante que tuvo el sentimiento artístico arraigado en el alma, como su más vehemente afición.

Es un gran establecimiento de Joyería, mueblería, fantasías, objetos de lujo y adorno, montado fastuosamente, a la altura de los mejores de la República, siendo favorecido por una clientela numerosa que integra la sociedad cienfueguera aristocrática.
Los grabados dan una muestra elocuente de la magnificencia de la casa comercial de la viuda de Antonio Villapol, quien como hemos dicho, fué figura principalísima en Cienfuegos, donde su labor fué altamente beneficiosa.
En un tiempo fué Presidente de la Colonia Española, en cuyo cargo ganó nuevos laureles y prestigios y en cuanta empresa de cultura se inició en Cienfuegos, no escatimó su concurso, sino que lo derrochó.
Con las precedentes explicaciones el lector puede darse cuenta de la importancia de la magnífica casa de la señora viuda de Villapol.
Cienfuegos, con fundamento, tenía al señor Villapol como hijo suyo, como hijo querido, popular, útil, puesto que a diario él le había dado pruebas palpables, evidentes, del inmenso amor que profesó a la Perla del Sur, con esa sincera gratitud propia de los corazones elevados que saben pagar, con creces, los beneficios recibidos, aun cuando, como en este caso, ellos son legítimas recompensas, secuelas naturales de un esfuerzo inteligente y abnegado.
Villapol prestó con fervor y entusiasmo su cooperación a toda empresa cuya finalidad reportara un bien a su ciudad adoptiva, a su querida Perla para la cual tenía en su alma sitio preferente, ahondado por el cariño y la simpatía.

Hermosa vida fué la del respetable caballero. Rico, estimado, honorable, ungido por el afecto, halló en medio de los afanes y asperezas de la carrera comercial tan ruda y abrumadora, tiempo para cultivar en sus jardines interiores las rosas fragantes de la poesía y los frutos lozanos de la prosa, obteniendo lauros y timbres que nimbaba con la ternura del artista…
Que aun lanzado a otras vías y triunfante, también en ellas, palidece ante la delicada agudeza de un madrigal, palpita estremecido a oír desgranarse el collar de catorce perlas de un soneto, goza con fruición al esplender en las fulguraciones de un verbo elocuente las maravillas del intelecto y lanza un suspiro hermano de aquel grito que lanzara el ilustre Correggio1 ante un lienzo: yo también soy pintor.
Hoy su respetable viuda continúa con la magnífica casa comercial, siguiendo la misma marcha triunfal, puesto que observa las normas trazadas por su inolvidable esposo, cuya memoria es tan respetable por múltiples conceptos.
La casa Villapol en las manos diestras de sus dignos herederos, ha consolidado su crédito, alzándose como una de las mejores de la Perla del Sur por su instalación lujosa, su magnífico surtido, su extensa clientela.
Ofrecemos nuestros respetos a la respetable señora viuda de Villapol, noble dama de varonil espíritu y resplandecientes virtudes.
Bibliografía y notas
- Antonio Allegri da Correggio fue un pintor italiano del Renacimiento. ↩︎
- “El Antiguo Comercio de Cienfuegos: La Casa Villapol”. Revista El Fígaro. Año XXXVI, 1919.
- Las Villas personalidades y negocios
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