
Las Típicas y Tradicionales Fiestas de La Tutelar celebradas el 15 de agosto de 1923 en la Villa de Las Lomas. A dos pasos de la urbe capitalina. Guanabacoa conserva sus viejos hábitos y su color local. El fervor y la alegría de un pueblo. El lacito azul del señor Alcalde. Los ojos románticos de las niñas guanabacoenses. Del viejo tiempo pasado. Los muchachos de la Acera del Louvre. Los prestigios de la “papa rellena de Guanabacoa”.
Guanabacoa la bella, con sus murallas de guano dice la canción. Y, no, señores: Guanabacoa no es bella. Pero es cordial, es simpática, es atractiva. Conserva su color de población provinciana, a dos pasos de la capital, y a despecho de los tiempos y del modernismo. Sus amplias casonas y sus calles tortuosas parecen de otra edad.
La pátina del tiempo prestigia todas las cosas y les da autoridad. En su ambiente sosegado y apacible se encuentran un refugio los hartos del torbellino de la gran urbe. Parece población de meditadores y de estudiosos.
Guanabacoa la simpática se puso su traje de fiestas, un traje un poco de época que le estaba muy bien. Era el día de la Asunción. Mejor: de la “Tutelar”. ¿Este nombre no os evoca muchos recuerdos amables? ¿Qué habanero no sintió alguna vez la tentación de cruzar la bahía, de tomar el tranvía (o el ferrocarrilito antaño) e irse de juerga a la villa de las lomas? Las ferias y las fiestas populares tienen un encanto irresistible.
Guanabacoa la hospitalaria tiene abolengo. Antaño iban hasta allá en los veranos terribles las elegantes de la Habana. Preguntadle a un viejo, a un sesentón parlanchín y consecuente, acerca de las temporadas guanabacoenses.
Pedidle noticias de las mañanas y las tardes en los baños de Santa Rita. Interrogadle acerca de los bailes del Liceo y de las fiestas culturales, en las que tomaba parte lo más granado de la intelectualidad de entonces, y en varias de las cuales se escuchó la palabra fulgurante de José Martí.
Y si el sesentón de marras tiene ganas de hablar, os contará mucho, también, acerca de las fiestas de la “Tutelar”, cuando la vieja y noble piedad cubana se ponía de rodillas para pedirle a la Patrona paz para los espíritus y mercedes para los desamparados y los menesterosos.
La piedad cubana no ha claudicado y sigue arrodillándose cada año ante la Virgen que protege a Guanabacoa. Ayer lo vimos “con nuestros propios ojos”. Señores y pueblo, al ver pasar la santa imagen durante la procesión, caían de hinojos. En todas las almas florecía una plegaria. Labios mustios y encendidos labios juveniles bebían en esa fuente de todas las consolaciones que es la oración.
Tiempos idos
Hubo una época en que la peregrinación a Guanabacoa en este día alegre era cosa obligada para todos los habaneros divertidos que se respetaban. Los muchachos de la Acera del Louvre, ¿Os acordáis de Sotico, de Ramiro Mazorra. Carlito Maciás, de Pepe Ebra? No faltaban jamás, la noche de la Tutelar. Hasta la villa de Pepe Antonio iban los coches de la Acera llenos de gente de buen humor. Una vuelta por la Mazucamba y por la Baracuta —dos bailes clásicos que anoche también se celebraron— figuraba siempre en el programa.
Los muchachos del Louvre siguen fieles a la tradición. Pudo verse ayer a muchos de ellos compartiendo el regocijo guanabacoense, que en esta fecha del año alcanza proporciones casi transcendentales.
El Pequeño Cementerio
Fuimos a Guanabacoa la simpática por la carretera que está bien cuidada como el jardincito de una niña romántica. Ibamos con el goce de la perspectiva risueña de la población en fiesta. Y de pronto, al llegar a la villa, casi nos atajó en el camino la melancolía y la muda tristeza del pequeño cementerio, donde duermen los muertos bajo la protección de la ermita del Potosí. Camposanto humilde donde los lujos de la piedra y del bronce no interrumpen el recogimiento de las meditaciones piadosas.
Seguimos de largo y el Ford dejó atrás a los que no podían seguirnos, dormidos como estaban en su sueño eterno.
Las Muchachas de Guanabacoa
Enseguida entramos en Guanabacoa. Nos sentíamos un poco fantasistas y somos capaces de jurar que atravesamos las murallas de guano. En el “reducto” la villa ardía en fiestas. Y nosotros también nos consideramos de fiesta cuando vimos a tanta muchacha linda en las ventanas y en las calles.
Las mujeres de Guanabacoa son bellas, graciosas y parecen románticas. ¿Por qué no las ha cantado aún el feroz y dulce Bravonel? En sus ojos se adivina que siempre aguardan al rubio caballero de la leyenda. En las noches hogareñas deben estas niñas leer muchas novelas y muchos libros de versos. Deben decir muy bien, estos purpurinos labios de Guanabacoa, las rimas de Bécquer.
En casa de la camarera

La tarde del martes —es decir la Víspera de la Tutelar— llevaron la Virgen a la Iglesia Parroquial de casa de la camarera, la señora Nieves Lugo de Lima. Es una tradición que no se interrumpe jamás. Ayer en solemne procesión, recorrió la Virgen las calles de la villa.
En casa de la camarera había lindas cortinas azules prendidas a las criollas rejas. La casa es amplia, confortable, risueña. Su puerta abierta parece mostrar una sonrisa que da la bienvenida a los que llegan.
El lacito azul del alcalde

El alcalde de Guanabacoa es el señor Joaquín Masip y Domínguez. ¡Buen alcalde! —dicen los vecinos—. Es probable que la prensa de Guanabacoa diga lo mismo. Su pueblo evidencia quererle y le quiere.
El señor Masip viste de blanco y en la solapa de su americana lleva un lacito azul. Un lacito pequeño que deben haberle prendido en el drill número cien unas manos femeniles.
E l señor Alcalde está contento, porque se celebra la Asunción. El ha puesto todo su entusiasmo en que las fiestas resulten brillantes.
Y ha quedado satisfecho. Desde la víspera la villa se ha divertido como un niño saludable. Por la mañana oró en el templo. Al romper el día hizo estallar cohetes y voladores.
Después vió a los chiquillos pobres, de Ja localidad desfilar, llenos de risas, y en automóvil, por las principales calles rumbo a Cojímar.
Y el buen Alcalde, con su lacito azul en la solapa blanca, asistió anoche al baile del Casino Español y dió, también, su vuelta por los bailes populares. Y de día estuvo en todas partes.
Las Papas Rellenas
Brillant Savarin las hubiera celebrado. En la cocina popular hay platos que acabarían con el desgano mortal de los más insignes magnates. Las papas rellenas de Guanabacoa pueden figurar con prestigio en cualquier menú.
Ayer se hizo en la villa un gran consumo de estas papas tan estimables. Y se consumieron otras muchas cosas. Principalmente, los licores, que son tan buenos amigos de los que se sienten alegre.
En el parque las tiendecillas de ferias ponían su nota alegre. Y más alegre aun, para los que se acercaban a ellas con el gusanillo del hambre.
Las Dulzuras de la Piedad

En medio de tanto júbilo los guanabacoenses se mostraron piadosos. Esta vez la alegría no fué egoísta. En los bajos de la “Casa Consistorial y de Gobierno” — como reza una blanca lápida en la fachada del Ayuntamiento — se hicieron limosnas a los pobres. En el Vivac y en la Cárcel blancas manos femeninas repartieron dulces y tabacos. Y hubo, asimismo, golosinas para los refugiados en el Asilo de Ancianos y en el Hospital.
El pueblo se divierte
El medio día y la tarde fueron todo animación en el Parque Central. (En Guanabacoa, Dios sea loado, aún no se dice “Central Park”. Hubo juegos muy lícitos y entretenidos. Los cantadores criollos rivalizaron con la guitarra en la mano.
El programa fué amplio: carreras de bicicletas, torneos de cintas, carreras de velocidad, etc. Es decir, todo lo necesario para que los humildes conserven de este día una grata impresión imborrable.
Antes de la procesión
Desde mucho antes de la procesión la plazuela y el parque de la Iglesia Parroquial, rebosaban de público. En la terraza del Ayuntamiento lindas muchachas. En los balcones del Casino Español, un bello jardín de rostros encantadores. En todas las ventanas y balcones de las casas colindantes, gentiles figulinas que hacen honor a la villa de las lomas.
Estuvimos en la terraza de la Casa municipal en compañía de un guanabacoense de pura cepa — el señor Gustavo Paredi —que nos mostraba encantado el panorama que desde allí se divisaba. Y charlamos con el buen alcalde señor Masip, algo triste en medio de tanto regocijo porque le han suspendido el nuevo presupuesto municipal.
(El señor Alcalde tenía grandes proyectos que le han echado abajo de un plumazo. El mayor no se desanimará, no obstante. Según su propia confesión, le dan bríos y entusiasmo las muchas simpatías con que cuenta en el terruño de sus ternuras.)
La Virgen de la Asunción

Repicaban las campanas como sí se hubieran vuelto locas de contento. El fervor coloreaba los rostros. Los corazones palpitaban de emoción.
Empezaba a salir de la Iglesia Parroquial la procesión. Iban, primero, varios números de la Policía. En seguida las congregaciones religiosas con hermosos estandartes. Devotas y devotos llevaban cirios encendidos.
Y sobre un trono de púrpura apareció la Virgen entre flores y luces. Con religiosa unción la multitud humilló la cabeza. La Santa Madre de Dios parecía bendecir a todos con los dos lirios divinos de sus manos.
Seguíanla el clero y más devotos. Después la Banda Municipal derramando en el aire marciales sones. Luego los bomberos de la Villa en correcta formación, muy bizarros dentro de sus uniformes azules. El material de incendio adornado con policromas rosas. Y el pueblo afanado por estar lo más cerca posible del trono de la Asunción.
Devotísima villa de Guanabacoa: ayer te hemos visto de hinojos ante la imagen de la más Excelsa. Tu alegría era la del niño, que es la más sana y más pura de todas las alegrías.
Lluvia de flores
Recorrió la procesión varias calles. Llovían las flores de las ventanas y de los balcones, adornados con bellas colgaduras. Por donde quiera que la devoción iba se encontraba a la devoción. En muchos hogares las damas de rodillas elevaban al cielo de una noche estival, diáfana y brillante, muda y fervorosa plegaria.
La Gran Noche
Nadie que se quiso divertir anoche en Guanabacoa careció de sitio para ello. A las ocho la banda de Marina Nacional celebró un concierto en el Parque Central. A las nueve hubo recepción a las autoridades en el Ayuntamiento. Y a las diez empezaron los bailes. El del Casino Español, sobre todo, mereció los más cálidos elogios.
Danzáronse también sabrosos danzones tropicales y exóticos y modernistas bailes en “El Progreso” y “El Porvenir”, dos sociedades de Instrucción y recreo de la villa. No se aburrieron tampoco los concurrentes a la “Mazucamba”, a la “Baracuta”, a “El Peral” y a ”Villa Club”.
El día del Liceo
Tiene el Liceo una noble historia. Fué antaño casa de la intelectualidad criolla. Su tribuna gozó de inmensos prestigios. Y en estos tiempos que corren se afana por conservar su tradición.
Ayer muchas gentiles muchachas de Guanabacoa postularon por las calles a beneficio del Liceo. Ojalá que pronto este círculo digno de mejor suerte, resurja con toda su antigua pujanza, para honor de la villa de las lomas.
Un comentario
Guanabacoa celebró ayer su día tradicional. Revelóse a los ojos del forastero como un pueblo que se enorgullece de tener color local. Dió una nota típica, que fué como una clarinada. Bien se merece este pueblo que no reniega de su pasado ni de su historia, que se le desée prosperidades y venturas.
Bibliografía y notas
- “Las Típicas y Tradicionales Fiestas de La Tutelar se celebraron ayer en la Villa de Las Lomas”. Diario de La Marina. Año XCI, núm. 228, 16 de agosto de 1923, pp. 1, 24.
- De La Iglesia, Álvaro. “Cosas de antaño: La Tutelar de Guanabacoa”. Revista El Fígaro. Año XXXI, núm. 34, 22 de agosto 1915, p. 449
- “Apuntes Históricos del Término Municipal de Guanabacoa”. Guía provincial de la Habana. Editorial Panamericana, Burgay y Cía, 1944.
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