
El Central Australia se fundó en 1860 y se encontraba a unos tres kilómetros al sur del pueblo de Jagüey Grande en la provincia de Matanzas. Sus fundadores José María y Antonio Mora hicieron la primera zafra en 1862. En la primera guerra de independencia (1868-1878) fue intervenido por haber sido los hermanos Mora1 contribuyentes a la causa independentista.2
Cuenta Cosculluela que causaba asombro la gran cantidad de cachimbos que existían en la zona y la reducida área de caña que tenían sembrada. El Australia y San Joaquín de Pedroso eran de los mayores con una zafra de 16,000 cajas de azúcar, con campos de caña de cuarenta caballerías escasas y dotaciones de menos de doscientos esclavos.3
El Central Australia en 1915 ¿Reformar o construir?
Hoy primero de julio de 1915 han empezado los trabajos de excavación y reforma de las casas del Batey del Ingenio Australia. Tanto se habló de si se reformaría dicho Central o se levantaría uno nuevo, que ayer me entrevisté con el señor Eugenio Álvarez quien me mostró el plano de un soberbio Central, que llamará la atención su construcción, pues se empleará en el mismo los últimos adelantos en fabricación.
Está al frente de los trabajos de instalación el Ingeniero señor Suris. La razón social la compondrán el señor Eugenio Alvarez y su hermano Alberto y se proponen levantar no tan solo el ingenio Australia, que es el sueño de los habitantes de Jagüey, sino también un nuevo barrio, compuesto de una caballería, donde han repartido solares, los que serán fabricados muy pronto, según me informaron; muy pronto tirarán una calzada del Ingenio a este pueblo, aprovechando la demolición de los barracones del antiguo ingenio.
Los hermanos Álvarez se han propuesto levantar a Jagüey Grande de la crisis que año tras año venía sufriendo, y lo han de lograr, el pueblo le ha de corresponder, puesto que sé de mucha caña que se molía en años anteriores en el Socorro, Feliz, Santa Rita y Flora se la han propuesto para el nuevo Ingenio.
Este tiene el compromiso de quedar instalado para el 15 de Enero, pero me aseguraron estará mucho antes, puesto que lugar tiene para ello; la maquinaria está próxima a llegar, y vendrá en los mismos carros que necesita para acarrear la caña al Central. Mi felicitación a los señores Alvarez, y no descansen hasta ver unido el nuevo Central con la línea que los unirá con la bahía de Cochinos.
Mario García Menocal y Deop nació el 17 de diciembre de 1866 en el Ingenio Australia y fue presidente de la república de Cuba desde el 20 de mayo 1913 hasta la misma fecha en 1921.
| Propietario | Aurelio Fernández de Castro |
| Administrador | José M. Vázquez |
| Jefe Maquinista | Ramón Prado |
| Jefe Fabricación | Dr. César Forn |
| Jefe Químico | Dr. César Forn |
| 1924-25 | 106,110 |
| 1925-26 | 112,419 |
En agosto de 1927 aparece reseñado que la Compañía Aurelio Fernández de Castro, dueña del Central Australia, cambia de nombre llamándose “Australia, S. A.” con oficinas en el edificio Metropolitán núm. 416.4
El Central Australia de la Compañía Azucarera Ingenio Australia en 1918
Si hiciéramos la afirmación categórica de que un ingenio determinado tuviese otro valor positivo que el de producir unos cuantos miles de sacos de azúcar al año; que fuese actualmente el elemento de progreso y riqueza de una determinada región de la Isla, el impulsor y ejecutor de los trabajos que han de abrir a una provincia una costa de muchos kilómetros de extensión a un mar cerrado a su actividad y desenvolvimiento…
Procurándole la ensenada que por sus condiciones topográficas y extensión podrá considerarse como la tercera del mundo y que a dicho ingenio, le está encomendada la misión nacional de influir y decidir rápidamente cierta ventajosa situación del país en el concierto de las actividades internacionales, tal vez fuesen los más los que nos llamarían utópicos.
Y, sin embargo, hacemos esa afirmación, y vamos a demostrar que ni es falsa ni exagerada.

El ingenio “Australia” podrá ser en el casillero correspondiente de un cuadro estadístico de la producción nacional azucarera un elaborador anual de 170,000 sacos de azúcar; pero en otro orden más elevado de cosas, en el concepto del engrandecimiento y progreso del país, y en el de su desarrollo, tanto económico como político, el central “Australia” es el impulsor y el ejecutor del magno proyecto bosquejado al comienzo de estas líneas.
Como en la tragedia griega, tiene la fatalidad en la vida de los negocios una influencia poderosa, con frecuencia decisiva. La fatalidad, que unas veces se ofrece adversa, otras favorable. Favorable y adversa ha sido, en sus distintas manifestaciones, en épocas diversas, a este ingenio, hoy en pleno y fecundo desarrollo.
Tiene la historia de esta finca fechas gratas y fechas luctuosas. En la casa vivienda del batey nació el general Mario G. Menocal, Presidente de la República. En aquella época su padre, ingeniero de gran cultura, ocupaba allí sus actividades.
Y allí nació el que más tarde había de ser, como su padre, ingeniero, y como él hombre enérgico, estudioso y febrilmente activo.
Los propietarios del ingenio “Australia”, hombres amantes y enamorados de Cuba, respetan profundamente ese rincón que señala una fecha grata a la vida del país y lo conservan como lugar histórico.

Al introducir en la antigua y humilde casa-vivienda reformas radicales, han cuidado de que las mejoras no borrasen los recuerdos gratos y procuraron salvar de las innovaciones necesarias el carácter de la parte del edificio donde nació el general Menocal.

Y, en esos mismos campos halló, como diremos más adelante, trágica muerte uno de los fundadores del nuevo ingenio “Australia”, don Alberto Álvarez y Hernández, el 24 de octubre de 1916.
El lamentable accidente ferroviario del Central Australia y Alberto Álvarez y Hernández
El horrible accidente ferroviario5 ocurrido ayer (24 de octubre 1916) en la jurisdicción de Jagüey Grande y del que dimos cuenta a nuestros lectores en la edición de esta mañana, ha causado honda pena en esta capital, especialmente entre el comercio importador.
Desde las primeras horas de la mañana, la casa bancaria de los señores Álvarez, Valdés y Ca., a la que pertenecían algunas de las víctimas, fué visitada por numerosas personalidades de la banca, el comercio y la industria, que iban a testimoniar a los familiares y deudos condolientes sus pésames por la sensible e irreparable desgracia.
El edificio que ocupa la casa de los señores Álvarez, Valdés y Ca., ha cerrado sus puertas y sus paredes han sido enlutadas.
El suceso ocurrió, según las nuevas noticias, en la siguiente forma: Habían salido el señor Alberto Álvarez y sus acompañantes de la Ciénaga del ingenio “Australia” hacia la colonia “San Isidro”, distante dos leguas de dicho central, con el propósito de ver el estado en que se encontraban las obras de la vía férrea que se construye en dicha zona para el servicio particular del ingenio y de las que es director el ingeniero señor J. A. Cosculluela.
Disponíanse dichos señores a volver a la Ciénaga a las cinco y media de la tarde y parece ser que, por un olvido seguramente, no dieron aviso de su regreso al lugar de partida, para que el maquinista que había de salir a esa misma hora con la locomotora en busca de los obreros que trabajaban en la línea, esperara la llegada del automóvil, saliendo ambos para sus destinos y originándose la colisión.
El vehículo ocupado por las víctimas, era un automóvil de vía, que funciona con un motor de gasolina y era manejado por un “chauffeur”.
Los nombres de las personas que perecieron en el trágico suceso son: El señor Alberto González, socio de la casa Álvarez, Valdés; el Administrador del ingenio Australia, señor Esteban Díaz Silveira; el Mayordomo del central señor José Ramón Rojas; el mayoral, señor Pedro Asis; el comerciante de Jagüey Grande, señor Julián Ucelay, hermano del señor Luis Ucelay, uno de los apoderados de la casa Álvarez Valdés y Ca.; el señor Juan Cruz, comerciante de Crimea, el señor Antonio Mateo propietario de Torriente y el chófer.
Esta mañana (25 de octubre 1916), a las siete y veinte, llegó al central Australia el tren especial que con diez empleados de la casa Álvarez Valdés salió de madrugada para dicho lugar. El tren a las diez salió de regreso para ésta capital, sin pasaje.
Es probable que esta noche, o mañana, regresen las personas que fueron de aquí, acompañando los cadáveres de los señores Álvarez y Ucelay a los que se dará sepultura en el Cementerio de Colón. El Juzgado de Instrucción se encuentra actuando.
A las ocho de la noche de ayer 26 de octubre, en un tren especial fletado por la casa de los señores Álvarez, Valdés y Ca., llegó a la Estación Terminal el cadáver embalsamado del que en vida fué don Alberto Álvarez y Hernández, acreditado comerciante y hacendado de esta capital y miembro prestigioso de la colonia asturiana en Cuba, que recibió trágica muerte en el percance del central Australia, en Jagüey Grande.
El convoy lo formaban dos furgones y varios coches de pasaje, arrastrados por la máquina número 4.
En uno de les furgones venía el sarcófago que guarda los restos mortales del señor Álvarez, y en unos de los coches, venían los señores Víctor Echevarría, Luis García, Andrés Escandón, Alberto Álvarez e Isidro López, altos empleados de la casa de Álvarez Valdés, unos, y otros en representación de casas importadoras de esta ciudad, que fueron a Jagüey para hacerse cargo del cadáver.
Varios de los deudos, empleados y algunos amigos del extinto, trasladaron en hombros el sarcófago desde el andén hasta el exterior de la Estación, donde fue depositado en una carroza y trasladado al templo de Nuestra Señora de la Merced, en cuya nave central fué puesto en capilla ardiente.
Una vez allí, el Reverendo Padre don Cipriano Izarriaga leyó un responso y elevó preces al Altísimo por el eterno descanso del alma del finado.
Hoy (27 octubre), a las ocho de la mañana, se dirá una misa y acto seguido se efectuará el sepelio, partiendo el fúnebre cortejo a las ocho y media para el cementerio de Cristóbal Colón, donde permanecerá en depósito hasta el día 20 de Noviembre, fecha en que será trasladado a España a bordo del vapor “Alfonso XII”, para darle cristiana sepultura en la necrópolis de Avilés. Paz a sus restos.

Sobrevivieron al terrible suceso, el único testigo presencial del accidente, el joven Octavio Delgado Díaz, que acompañaba a las víctimas, y se salvó milagrosamente, porque al darse cuenta de la proximidad del ferrocarril, se lanzó del automóvil a la vía y el ingeniero señor Cosculluela, que viajaba en el automóvil y que a ruegos de su familia se quedó en el apeadero de San Isidro, a causa de que ya era entrada la noche y el automóvil no llevaba faroles de señales.
También se salvó el joven Manuel Muñiz, quien había salido de la Habana para el central en unión del señor Álvarez, y no le acompañó en el viaje de inspección a las obras, quedándose en el batey del Ingenio. De no haber ocurrido así, seguramente hubiera sido víctima del percance.
La Compañía azucarera “Ingenio Australia”, Jagüey Grande, ha levantado una nueva fábrica de azúcar donde antes existía otra, con el mismo nombre, pequeña y ya en malas condiciones de producción.

El antiguo ingenio había sido fundado por don Antonio Álvarez Valdés, hombre emprendedor y laborioso, que desde diversos campos de la actividad económica hizo en Cuba muchas obras grandes y meritorias.
Su trabajo constante y acertado le creó una gran fortuna, riqueza que al pasar a manos de sus hijos no ha caído, como acontece con frecuencia, en un erial de disipación y desorden, sino que, por el contrario, ha sido llevado por sus herederos don Eugenio y don Alberto Álvarez Hernández a nuevas empresas y actividades.
El viejo ingenio “Australia”, hacía anualmente 30.000 sacos de azúcar. El moderno rinde este año 170.000. Y dado el fomento de nuevas y fértiles tierras, especialmente las que se extienden a ambos lados de la línea del ferrocarril que los señores Álvarez Hernández han tendido desde el ingenio hasta la Bahía de Cochinos, obra gigantesca, a la que por su importancia actual y futura dedicaremos la atención necesaria;
Gracias a ese fomento, decimos, la capacidad productora del Australia será en breve duplicada, tal vez intensificada a mayor grado, pudiendo asegurarse que ha de llegar a ser uno de los primeros del país. Hoy, como se verá al describirlo, es de inestimable valor, por la rica zona azucarera donde se levanta, por las máquinas poderosas y modernas que tiene, por el perfecto emplazamiento de ellas y por la dirección y administración atenta y sabia que lo impulsan.

Director gerente de la Compañía es don Eugenio Álvarez Hernández, el hijo de don Antonio y hermano de don Alberto; este último, organizador y fundador con don Eugenio de la nueva empresa, muerto trágicamente en la línea de Jagüey a la Ensenada, en pleno trabajo febril y fecundo.
La muerte de don Alberto Álvarez, cuando en compañía del antiguo administrador del ingenio, de dos colonos y de dos inspectores de colonias, recorría en una máquina eléctrica la línea del ferrocarril, ocurrida al chocar contra un tren que se dirigía a la bahía, causó una enorme y dolorosa impresión en todas las clases sociales. Los campos que su Iniciativa y su dinero fecundaran absorbieron su sangre generosa.
Es administrador general del ingenio “Australia” el señor Mario Páez Cabrera, un hombre joven, inteligente e infatigable. De sus méritos como organizador pueden dar medida los últimos éxitos del ingenio.
La labor que pesa sobre este hombre, joven y práctico en asuntos azucareros y económicos, es enorme; porque en torno al Central se desenvuelven muchos intereses y empresas a él ligados íntimamente.
El señor Páez lleva también la administración de la planta eléctrica de Jagüey Grande, población distante del ingenio tres kilómetros. Esa planta da luz al batey durante el tiempo muerto, como el ingenio, durante los trabajos de la zafra, sostiene el alumbrado público y particular de Jagüey Grande. La planta de Jagüey es propiedad de la Compañía del Australia.
También lo es una fábrica de hielo establecida en Jagüey Grande y por tanto está encomendada al señor Páez su administración.
La Compañía tiene la concesión de la red telefónica que sirve al pueblo y que pone a éste en comunicación con el ingenio y las colonias. Y tiene, asimismo, la concesión de un acueducto que surta de agua abundante y buena a Jagüey Grande.
Esta población será en breve ensanchada en varias direcciones. Grandes terrenos, que en sus afueras posee el Australia, se están urbanizando y dividiendo en repartos, cuyos solares se venden a precios módicos por la Compañía.
Las personas que principalmente intervienen en la marcha industrial, agrícola y administrativa del ingenio, bajo las órdenes de don Eugenio Alvarez y de don Mario Páez, son las siguientes:
- Emilio Mercatbide, jefe de maquinaria, quien montó el ingenio y a quien se deben todas sus inmejorables condiciones de comodidad y orden
- Miguel Morera, jefe de fabricación
- Manuel Castanedo, jefe del laboratorio
- Justo Montero, jefe de carpintería
- Antonio López Briñas, jefe electricista
- Ramón Martínez, jefe del departamento comercial
- Manuel García y Lorenzo García, jefes de campo.
- Eduardo Herrero, contador
En las oficinas del ingenio, donde se lleva toda la contabilidad, trabajan muchos empleados.

Además la Compañía tiene montadas en la Habana, en el edificio de la Manzana de Gómez, número 208, otras oficinas, al frente de las cuales se encuentra el Licenciado don José Francisco García.
Y como superintendente de la línea del ferrocarril Australia Ensenada, se encuentra don Carlos Villegas.
El ingenio Australia, como dijimos, rinde este año, bajo la administración del señor Páez, una zafra de 170.000 sacos, moliendo diariamente 160.000 arrobas de caña.
La caña está sembrada en terrenos de la Compañía y la cultivan unos cuatrocientos colonos. Estos terrenos alcanzan una extensión de 1.200 caballerías, de las cuales 400 son de terreno pedregoso y ciénaga, que podrá cultivarse cuando llegue a desecarse.
Se recibe caña de diez y nueve chuchos distintos, todos propios del ingenio o controlados por él.
Actualmente se cuenta allí con veintitrés millones de arrobas de caña, parte de la cual se cede a otros ingenios. Y como hay el proyecto de sembrar doscientas o trescientas caballerías más de terreno en la Ensenada, de ahí el que se piense en ampliar poderosamente la capacidad de la fábrica, como antes dijimos.
La riqueza de la región donde se alza el Australia es muy grande, especialmente los terrenos sembrados por primera vez y de una manera extraordinaria los que gracias a los trabajos de desecación en la Ensenada van poniéndose en condiciones de ser cultivados.
Este año (1918) se molieron cañas que la mejor ha llegado a un 92.60 de pureza, siendo el promedio de toda de un 86 a un 87.
La generalidad de la caña sembrada es de la conocida con el nombre de cristalina. El central Australia es uno los mejor montados de la Republica. Toda la maquinaria es moderna y se ha tenido especial cuidado al comprarla en seleccionar de cada manufactura aquel tipo con que la firma ha conseguido mayor perfección.
A las excelencias del material se ha unido una sabia dirección en el emplazamiento. En esta fábrica lo primero se nota al entrar en ella es un orden perfecto y la comodidad con que se mueven los que allí trabajan. La amplitud es la condición característica, esa comodidad y desahogo que tanto facilita todas las operaciones y los movimientos que tanto auxilia a la hora de las reparaciones y que evita de manera extraordinaria los accidentes.
El funcionamiento total puede presenciarse desde un lugar determinado y a cualquier departamento puede pasarse sin dificultades ni obstáculos. Y otro detalle importante y agradable es la ventilación que se ha cuidado exista en todo el interior, para la comodidad y salud de los obreros.
La maquinaria es la siguiente:
Un descargador de carros de ferrocarril, lateral, patente “Albisua”, dispuesto convenientemente para que pueda funcionar al mismo tiempo que el descargador de carretas, sin que se interrumpa la operación del uno o del otro.
Además, las paralelas del tren al llegar hasta el descargador y la ruta de las carretas están dispuestas de tal suerte que no entorpece el tráfico del batey, que es por otra parte amplio, y al que se llega por diversos y bien orientados caminos, abiertos en todos sentidos hacia Jagüey y las colonias.
Tiene el ingenio un conductor de caña sistema “Linkbelt”; un juego de molinos, compuesto de una desmenuzadora y cuatro molinos de 6 ½ pies, sistema “Hamilton Pratt”, todo de acero, del tipo más moderno, que consigue un promedio de extracción de 79 por 100; cinco hornos sistema “Castaño”, con diez calderas y dos torres, de un desarrollo de 3000 caballos de fuerza.
En la casa de calderas existen:
Tres tanques alcalizadores de 1.000 galones cada uno; dos calderas de guarapo de 1.500 pies de superficie cada una; doce defecadoras de 5.000 galones cada una; un cuádruple efecto de 16 pies de superficie calórica; seis tanques de 1.000 galones para meladura; seis tanques de igual tamaño, para mieles;
Tres tachos, calandria y serpentinas de 250 sacos cada uno; dieciséis cristalizadores; diez centrífugas para azúcar de primera, sistema “Watson”, de 42 pulgadas por 24; dieciséis centrífugas de 36 por 18 pulgadas, del mismo sistema, movidas eléctricamente, para azúcar de segunda;
Dos bombas para miel de primera; dos bombas para miel de segunda; dos bombas para guarapo crudo; dos bombas para guarapo alcalizado; tres bombas de retorno de cuádruple efecto; tres donquis para alimentar las calderas; dos bombas para cachaza; seis filtros de prensa gigante; seis cachaceras; un condensador central de hierro fundido;
Dos turbinas de inyección, con capacidad de 5.000 galones por minuto cada una; un pozo de agua inagotable, por lo que no se usa enfriadero, siendo la inyección de agua al condensador siempre fría, con lo que constantemente se logra un vacío de 28 a 29 pulgadas.
Una planta eléctrica con dos turbinas de la General Eléctrica de 750 caballos de fuerza cada una, que mueven eléctricamente todo el ingenio a excepción de los molinos que se hace por vapor; habiendo el proyecto de electrificar también los molinos en fecha próxima.
Posee el Australia un laboratorio químico, montado admirablemente y atendido con gran cuidado. Nada en él falta de cuanto pueda exigir la fabricación del azúcar, llevándose estadísticas cuidadosas de todas las operaciones químicas.
La riqueza en su batey no está reconcentrada en la casa de calderas, como el egoísmo hubiese aconsejado.
Próximo al ingenio se levanta el edificio de la administración, amplio, cómodo, bien distribuido. En el mismo edificio, instaladas independientemente, están las oficinas de la Administración de Correos, dotada del personal suficiente para el gran servicio postal que allí se necesita.
La Compañía ha construido recientemente un hermoso hotel para los empleados. Otros edificios que llaman la atención en el batey, por su aspecto exterior suntuoso y sus buenos interiores, son el hospital y la casa-escuela.
Hay además edificios para talleres de reparaciones mecánicas y de carpintería, con todo lo necesario. Casa para cuartel de la Guardia Rural, y edificios numerosos para vivienda de obreros, todos ellos con pisos de mosaicos, servicios sanitarios, huerta, etc.
La Compañía tiene establecidas tres tiendas en el batey y las colonias y un café y restaurant.
En la casa vivienda vive el administrador señor Páez con su familia.
Una línea de ferrocarril que nace en el batey del ingenio Australia llega ya a la Ensenada. Esta es la obra gigantesca que ha comenzado a acometer la Compañía del Central Australia. Hemos de señalar luego su significación y el porvenir que reserva al desenvolvimiento de la riqueza nacional esta línea ferrocarrilera.
Las otras comunicaciones que cruzan el batey son:
La carretera de Jagüey Grande al ingenio, de tres kilómetros de longitud, que luego se interna cinco kilómetros más hacia la colonia San Isidro, camino de la Ensenada.
Una línea de ferrocarril de 25 kilómetros, que partiendo del ingenio cruza los extensos campos de caña de la parte Sur.
Otra línea de 10 kilómetros, que constituye la prolongación, hacia Amarillas, del ramal de Murga de los Ferrocarriles Unidos. Esta línea atraviesa también terrenos propios del Australia, su zona más rica.

Tiene la empresa para el servicio de estas líneas cuatro locomotoras del último modelo; cien carros de hierro, con capacidad para treinta toneladas de caña cada uno; doce carros de madera, para quince toneladas; doce carros más para distintos servicios; tres automóviles de línea y varios carritos de distintos usos: reparaciones, avisos, etc.
El ferrocarril Australia-Ensenada parte del ingenio y llega a la Bahía de Cochinos.
Su longitud es de treinta y dos kilómetros; los ocho primeros kilómetros cruzan terrenos altos, sembrados de caña. Luego entra la línea en terreno cenagoso y así camina en una extensión de doce kilómetros, que podrán sembrarse cuando se hagan los desagües. Y por último, cruzan las paralelas otros doce kilómetros de tierras altas, donde existe una finca de 700 caballerías, la mitad en condiciones de ser sembrada.
Estos terrenos son de una riqueza inestimable; grandes bosques los pueblan, de los que se extrae madera en cantidades inagotables: roble, júcaro, cedro, caoba, las más variadas, ricas y estimadas del país. Esta industria forestal ya está en explotación, suministrándose a casi todos los ingenios de la provincia de Matanzas leña, travesaños para railes, construcciones, etc.
Son estos los únicos bosques que existen en el occidente de los cuales se puede extraer madera en abundancia. Los terrenos altos de aquella zona son de la Compañía del Australia.
La provincia de Matanzas es la única que no tiene costa al mar Caribe6; porque la Península de Zapata, perteneciente a Santa Clara, se extiende por toda la parte meridional de Matanzas hasta la Ensenada de la Broa, extremo occidental de esta provincia.
Toda aquella riqueza tiene luego pocas facilidades para ser exportada, pues ni existen carreteras ni líneas ferrocarrileras suficientes, y lo que es más grave, puesto que los fletes marítimos son más cómodos y más baratos que los ferroviarios, no cuenta con puertos para los embarques. Darle costa sur a Matanzas, ya que no oficialmente, en la práctica, sería triplicar el valor de las propiedades y de los intereses del Sur de Matanzas.
Esto es lo que se propone la Compañía del Central Australia con el fomento del ferrocarril del ingenio a la Ensenada. El señor Álvarez sé dispone a construir en la Bahía de Cochinos muelles y almacenes; de esta manera podrá poner su azúcar a bordo con un costo de diez centavos cada saco.
La Bahía de Cochinos es un puerto natural de valor extraordinario. Por su extensión y condiciones propias puede considerarse el tercero del mundo en importancia.
La Bahía de Cochinos será en breve el puerto más importante de la costa Sur de Cuba, por ser el término indicado en la ruta del Canal de Panamá a esta Isla. La navegación entre Cuba y la costa Norte y Este de la América del Sur, tiene en la Bahía de Cochinos el puerto de partida y término ideal; amplio, cómodo y bien situado.
Sobre todo para las tres provincias occidentales de Cuba este nuevo puerto será no solo una adquisición de inestimable valor sino ya una urgente e inmediata necesidad.
Cuba se prepara para la gran lucha económica que a todas las naciones del mundo aguarda para después del conflicto armado, y será en esta segunda e intensa lucha quien triunfe la que se encuentre en buenas condiciones para el comercio internacional.
Nosotros más que nadie necesitamos del tráfico marítimo, pues nada consumimos que no importemos, ni nuestras industrias se basan más que en sus mercados extranjeros.
Cuando los intereses comunes de la lucha armada desaparezcan, cada cual ha de atender a sus propios intereses con sus recursos particulares. Cuba ya está pensando y procurándose la propiedad de gran tonelaje; y es necesario convenir en que tan necesarios como los barcos nos son los puertos de excelentes condiciones.
Toda América entrará en la paz febrilmente dispuesta a la intensificación de sus riquezas, y será Cuba, por su situación geográfica, un lugar de convergencia de todos estos intereses americanos en actividad y de los que entre Europa y América y entre América y Asia y Oceanía se establezcan.
Para aquellos y para estos últimos la costa Sur de Cuba presta sus puertos, entre los que figura en primer lugar el de la Bahía de Cochinos, acercándolos por el Atlántico y comunicando los del Pacífico por el Canal de Panamá, frente a cuya entrada oriental se halla esta privilegiada bahía cubana.
El señor Álvarez, con su clara inteligencia, ha visto todo este porvenir maravilloso y hombre de acción viva y rápida ha iniciado los trabajos para hacer realizable el magno y patriótico proyecto.
El ferrocarril Australia-Ensenada es el primer paso en ese sentido; paso vigoroso y decisivo, pues inmediatamente, como una consecuencia natural y práctica, vendrán los otros que lleven por sí solos los intereses particulares hacia aquella ensenada, pues la existencia del ferrocarril facilita las nuevas siembras de caña, en terrenos excelentes…
La explotación de aquella riquísima zona forestal; la del negocio de la pesca, pues en la bahía existen cantidades inagotables de las más variadas y estimadas clases de peces; como también ofrece la abundancia de su arena, de buena calidad.
La Ensenada tiene terrenos altos y terrenos cenagosos, siendo muy fácil la desecación de estos últimos, por ser causa de la existencia de los pantanos el estar obstruidos los antiguos cauces de pequeños ríos. Una sencilla canalización facilitaría el desague y ofrecería a la agricultura nacional tierras fecundas y extensas, fáciles de cultivar porque no tienen piedra.
No es fácil describir el esfuerzo gigantesco que supone el tendido de los 12 kilómetros de raíles por el terreno cenagoso.
Y esta empresa magna y patriótica está asegurada, pero si de su esfuerzo y bondad pueden dar fe los éxitos ya alcanzados y los que claramente ofrece el porvenir, de su crudeza y riesgo puede responder la trágica muerte de don Alberto, caído sobre el mismo campo de sus empeños, destrozado, mezclando su sangre con la tierra empapada de sudor y lodo que él se empeñó en desecar para que su cultivo mejorase el bienestar y la riqueza de Cuba.
El Central Australia, en la municipalidad de Jagüey Grande, Matanzas, fue desmantelado durante el proceso de reestructuración de la Industria azucarera ocurrido en Cuba en el año 2002.
Bibliografía y notas
- Pirala, Antonio. “Cuestión Mora”. Anales de la Guerra de Cuba. Madrid: Felipe González Rojas, 1898, pp. 461-462. ↩︎
- Perret Ballester, Alberto. “Australia. Jagüey Grande”. El Azúcar en Matanzas y sus dueños en la Habana. Apuntes e iconografía. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2007. ↩︎
- Cosculluela Barreras, Juan Antonio. Cuatro Años en la Ciénaga de Zapata (Memorias de un ingeniero). Imp. y Papelería La Universal de Ruíz y Ca., 1918. ↩︎
- “Noticias generales”. Revista Industrias de Cuba. Tomo VI, núm. 8, agosto 1927, p. 245 ↩︎
- “El lamentable accidente ferroviario del Central Australia”. Diario de La Marina. Año LXXXIV, núm. 252, Ed. vespertina, 25 de octubre 1916. ↩︎
- Ya no es así. Actualmente la Ciénaga de Zapata pertenece a la provincia de Matanzas. ↩︎
- “Centrales azucareros en la provincia de Matanzas”. Revista Industrias de Cuba. Año VI, núm. 1, enero 1927, p. 18.
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