
Estaba situado el Central Santa María en el término municipal de Ranchuelo, provincia de Santa Clara. Fué fundado en el año 1849 por el señor don Esteban de la Torriente, ciudadano español.
Posteriormente fue propiedad de don Esteban Cacicedo Torriente: la nacionalidad de la propiedad era española y el cargo de Administrador lo ejercía don Esteban Cacicedo Torriente, hijo, con lo cual los intereses que representaban el importante Central estaban fuertemente vinculados a una familia que hacían por el mismo cuanto los más modernos adelantos exigían para hacer efectiva la producción.
La superficie que medía la finca elevábase a la cantidad de cincuenta y siete caballerías, y tenía, además, una gran cantidad de la misma a cargo de colonos independientes.
Las tierras del Central “Santa María” eran en su mayor parte de las llamadas negras y mulatas.
La caña, variedad denominada Cristalina, era la corriente en los terrenos del “Santa María”, caña que se sembraba a 1.50 vara, no empleándose fertilizantes ni regadío en su cultivo.
Una rápida ojeada al Batey y a la casa Ingenio permitía apreciar el orden y la buena distribución que en todo reinaba en el Central Santa María.

Casa vivienda, casas para empleados y sus familias, almacenes, depósitos, etc., todo perfectamente dispuesto y en condiciones de llenar las necesidades a que estaban destinadas dichas edificaciones. La Casa Ingenio, el laboratorio, tienda, etc. Esto es lo que al Batey se refiere.

En la Casa Ingenio se veía, en sus distintos y amplios departamentos: En la maquinaria: una desmenuzadora y tres trapiches Fulton de 34 x 72, movidos por una máquina Corliss 36 x 20, y un cuarto trapiche “Sunderburgh” con su máquina independiente.
Tres unidades Babcock an Willcox, con horno Cock para quemar bagazo, con un total de dos mil cuatrocientos caballos y vapor recalentado. La chimenea del horno era de ladrillo y tenía ciento noventa y ocho pies de altura.
Tres calentadores de guarapo, verticales: dos eliminadores; treinta mil galones en tanques de decantación, y quince mil en cachaceras para el guarapo. Seis filtros prensa, medio gigantes.
Un pre-evaporador y triple efecto con un total de doce mil pies cuadrados calóricos de superficie. Cuatro tachos, dos de serpentín y dos de calandria, con un total de ciento veinte toneladas de capacidad; y diversos tanques para meladura y mieles.
Diez cristalizadores, de cuarenta y dos toneladas cada uno, y ocho centrífugas de 46 y seis de 32.

Como combustible no se usaba carbón ni leña. Con el bagazo, del que sobraba mucho al extremo de que se guardaba para comenzar la siguiente zafra, tenía el “Santa María” el suficiente combustible para alimentar las calderas de su maquinaria.
Alguna de las fotografías que aparecen en esta información permitirán formarse cargo de la gran cantidad de bagazo reunida en el Central.
Los demás departamentos estaban, como el de máquinas, perfectamente atendidos.
Queremos hacer especial mención del Laboratorio, del que cuidaban con solicito esmero los señores Luis Cacicedo Torriente y Julio González Capote.
El promedio de sueldos que percibían los empleados y operarios que fijamente se ocupaban en la finca era de $41, más la comida.
Del capital invertido en el negocio diremos que la finca no tenía cuenta de capital.
En cuanto a vías de comunicación contaba con veinte y una jaulas de vía ancha que recorrían los cinco kilómetros de línea propiedad de la finca.
La capacidad de producción de ésta la hallaremos en los siguientes elocuentes datos, referentes a la zafra pasada:
Arrobas de caña molidas: 12.179.706. Azúcar de guarapo; sacos, 103,774; arrobas 1.349.062. Galones de miel 950.600. Peso del saco, 325 libras. Rendimiento total, 11.10 por 100.
La capacidad de producción del Ingenio se calculaba en 125.000 sacos. Para la zafra de 1918 se calculaba una producción de 110.000. La de 1917 fué vendida en los Estados Unidos.
Hay que hacer notar de modo especial que el Central “Santa María” no usaba otro combustible que su bagazo, el que le sobraba después de cubiertas todas las necesidades.

Una visita al central “Santa María” en 1912.
Santa Clara. De San Juan de los Yeras. Diciembre 14, 1912. Por el central “Santa María”. El pasado martes sentí deseos de expansionar mi espíritu con otro ambiente distinto al de la casa de comercio en que vegeto, y en unión de mi amigo Eloy Folgueras, me dirigí al pintoresco central Santa María de don Esteban Cacicedo.
Los verdinegros campos de caña que rodean aquella gran fábrica azucarera, mostraban sus espigas grises, denunciando el comienzo de la próxima zafra.
Al llegar a dicho central, fuimos recibidos por viejos amigos nuestros, entre los cuales se hallaban el señor Juan Mencía, mayordomo, don Celestino Fernández, maquinista, don Juan Alvarez, segundo maquinista, don Blás Palau, don Pedro Canales y don José Alvarez, éste haciendo gala de su proverbial amabilidad recogió nuestras cabalgaduras, haciendo que las introdujeran en las caballerizas de la casa.
Departiendo alegremente, cual viejos camaradas. volaron las horas, y siendo como las cinco de la tarde sonó la campana de la mayordomía, anunciando que la mesa ya estaba servida.
Como siempre — pues esta ha sido característica del central Santa María — la comida fué excelente. Terminada ésta, encendimos exquisitos puros de la acreditada marca “Trinidad y Hno.” con los que nos obsequió galantemente el señor José Rodríguez, encargado de la tienda de aquella tienda.
Momentos después de haber comido y dando lugar a la digestión, nos entretuvimos en pasear por el amplio e higienizado patio de la casa de calderas.
Aquí tuvimos el honor de estrechar la mano de don Joaquín Covián, competentísimo administrador de aquella finca, a cuya dirección y celo se debe ese emporio de riquezas, enclavado en una de las más fértiles comarcas villareñas. Acompañaba al señor Covián su hermano don Primitivo al que también tuvimos el gusto de saludar.
El itinerario de nuestro viaje era regresar el mismo día por la tarde, pero la jovialidad de aquellos buenos astures y gallegos hizo cambiar nuestras ideas, obligándonos a pernoctar en la finca.
Con objeto, seguramente, de que no fuese monótona para nosotros la estancia en esos lares se improvisó por nuestros amigos de allí una pequeña reunión bailable. Un gramófono con el que disipan las pocas horas de descanso, que el rudo batallar les deja fué la “orquesta” que amenizó el acto.
Como a las doce terminó la reunión organizada en honor nuestro por tan buenos amigos, y a esta hora nos retiramos a descansar.
Las constantes impresiones del día y el consiguiente estropeo con que nos regalaron nuestros pobres “rocinantes” hizo que cayésemos como piedras en el lecho.
A la mañana siguiente emprendimos nuestro regreso de aquella excursión que quedará gravada con caracteres indelebles en nuestras almas. Sirvan estas líneas de agradecimiento eterno a los amigos del central Santa María.
Belarmino Martínez.
Posterior a 1959 el Central Santa María fue nacionalizado y renombrado Efraín Alfonso. Durante la reestructuración de la Industria azucarera en el año 2002 esta fábrica de azúcar se conservó activa.
Bibliografía y notas
- “Central Santa María. De don Esteban Cacicedo”. Diario de la Marina. 1918.
- Martínez, Belarmino. “Por el central Santa María”. Diario de la Marina. Año LXXIII, núm. 302, 20 de diciembre de 1912, p. 6.
- “Central Santa María”. Portfolio Azucarero. Industria Azucarera de Cuba. 1912 – 1914. Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo. La Moderna Poesía, 1915, p. 208.
- Machado Ordetx, Luis. “Santa María ¡El Arca Perdida! en Ranchuelo”. cubanosdekilates, 2 de octubre de 2014. https://cubanosdekilates.blogia.com/2014/100201-santa-maria-el-arca-perdida-en-ranchuelo.php.
- Ranchuelo, Cuba: origen, fundación y evolución histórica
- Personalidades y negocios de Las Villas
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