
Nicolás Castaño y su varadero naval en Cienfuegos. Recordando las descripciones que hemos leído de los talleres navales de Brooklyn y otros de igual importancia, se comprende el mérito del varadero que existe en Cienfuegos y el esfuerzo realizado por su fundador y mantenedor, para sostenerlo á la altura en que se encuentra.
Dicho varadero, de construcción recientísima, débese á la iniciativa y á las energías del joven Nicolás del Castaño, de quien lleva el nombre, y á quien hay que colocar entre el grupo no pequeño, por fortuna, de cubanos meritísimos que en Cienfuegos honran á la Patria que los vió nacer.

Nicolás del Castaño, hijo de familia de millonarios —pues es hijo del acaudalado comerciante D. Patricio y sobrino del multimillonario don Nicolás— no se dedicó, como otros en su caso, á los desvaríos y placeres juveniles, sino á trabajar con fe y ardor, labrando con gran inteligencia y constancia una fortuna.
Su posición y sus iniciativas lo han llevado á los más altos puestos, y aunque ya como Concejal y Teniente Alcalde, ó como miembro conspícuo del Partido Republicano, ha prestado grandes servicios á la causa del orden y del progreso de Cienfuegos, no ha desatendido un solo momento sus negocios particulares, á los que consagra el mayor cuidado.
Cuando una mañana, bien temprano por cierto, visitamos su importante Varadero, allí lo encontramos dirigiendo é inspeccionando los trabajos personalmente. Con exquisita amabilidad nos fué enseñando todos los departamentos.

Consta la instalación de tres varaderos modelos: el primero, y también el más antiguo, para embarcaciones menores; otro, en cuyo perfeccionamiento aún se trabaja, igualmente para embarcaciones menores y finalmente un tercero, magnífico, para barcos grandes.
Este último ha sido completamente reconstruido según los adelantos más modernos, siendo su sistema el de rolletes y componiéndose de cuatro anguilas, cimentadas sólidamente con cemento y sillería, que garantizan su firmeza; en él pueden vararse hasta barcos de 2000 toneladas, que tengan 250 pies de eslora, 50 de manga y un calado próximamente de 12 piés á popa y 8 á proa. Distingue á este inmejorable aparato, su magnífica cadena de acero, garantizada para elevar barcos hasta de 3000 toneladas.
En cada uno de los tres departamentos citados numerosos trabajadores se ocupaban, en el primero, de calafatear y recorrer el casco de una barca; y en el segundo y tercero, respectivamente, de construir el casco de una chalana y de un vapor remolcador.
El ruido del martilleo ensordecía; pero era una grata sordera, porque la producía el trabajo, que todo lo ennoblece.
Entre los establecimientos de su índole, es el primero y único en la Isla, pues además de sus excelencias de construcción, cuenta con un taller completo para aserrar y elaborar sus maderas necesarias; un taller de mecánica y fragua, y dos espléndidas máquinas para el varado de los barcos y el trabajo de los talleres de todo orden que dispone.

Cuenta, además, con un depósito de útiles, con almacenes de ferretería y efectos de todas clases, y un gran depósito de diferentes maderas del país, en particular las empleadas en el giro á que se dedica.
Los varaderos, talleres, almacenes y oficinas ocupan un área de más de 10.000 varas planas, y el depósito de maderas ocupa otras 10.000 varas.
Para facilitar la varadura de los barcos cuenta con dos magníficos muelles paralelos á las anguilas del varadero grande.
Situado al oeste de la población, su lugar es inmejorable, y dice mucho de la importancia marítima del siempre celebrado Cienfuegos.
No es sólo tan vasto negocio el que tiene el señor Castaño. Además, para llenar un vacío que existía en las comunicaciones de Cienfuegos con Trinidad y Tunas, ha dedicado el espléndido vapor “Independiente” á esa carrera, efectuando tres viajes semanales á dichos puertos.
Gracias á esa iniciativa del señor Castaño, la correspondencia oficial y privada entre tan importantes puertos y el resto de la Isla puede tenerse ahora casi al día. Según oímos de sus labios, tiene el proyecto de adquirir en breve otro vapor y dedicarlo á la misma carrera.
Al separarnos del señor Castaño, y fijarnos de nuevo en su alegre fisonomía, algo curtida por el sol, denunciadora de su labor tenaz, no pudimos menos que pensar, al estrechar su mano:
—Este hombre irá lejos.
Bibliografía y notas
- “Industria naval. Varadero Castaño”. Revista El Fígaro. Año XX, núms. 33, 34 y 35, agosto 1904.
- Personalidades y negocios de las Villas
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