
El domingo 15 de julio de 1894, el pueblo matancero de Cimarrones —actual Carlos Rojas— fue escenario de una reunión política que durante varios días ocupó las páginas de la prensa cubana. El propósito era constituir allí un comité del Partido Reformista, pero la presencia simultánea de una manifestación del Partido de Unión Constitucional convirtió la jornada en un episodio muy controvertido.
Las versiones publicadas fueron abiertamente contradictorias. Para el Diario de la Marina, los adversarios del reformismo habían tratado de intimidar e incluso impedir una reunión legal; La Unión Constitucional, órgano del partido de ese nombre, sostuvo que la manifestación había sido pacífica y que sus adversarios exageraban deliberadamente lo sucedido.
La controversia no terminó en los periódicos. Las autoridades abrieron un expediente gubernativo y actuaciones judiciales, y el alcalde de Cimarrones, Miguel Liaño, fue suspendido temporalmente de su cargo.
Reformistas y constitucionalistas
Para comprender lo ocurrido es necesario situar a los dos partidos enfrentados.
El Partido de Unión Constitucional había surgido después de la Guerra de los Diez Años y del Pacto del Zanjón, dentro del nuevo sistema político establecido en Cuba desde 1878. Representaba el sector más conservador de la política colonial y defendía la permanencia de Cuba bajo soberanía española y una relación estrecha con la metrópoli. Durante buena parte de aquel período tuvo una considerable influencia sobre la administración y la política insular.
El Partido Reformista, por su parte, era mucho más reciente. Había nacido en 1893 de una escisión de la propia Unión Constitucional. Sus promotores respaldaban las reformas asociadas al ministro de Ultramar Antonio Maura y reclamaban para Cuba una mayor equiparación jurídica con la Península, así como reformas administrativas y económicas. No defendían la independencia de Cuba ni constituían tampoco el Partido Autonomista: pretendían reformar el régimen colonial manteniendo la soberanía española.
La diferencia era, por tanto, importante pero también particular: los hombres que se enfrentaron en Cimarrones no estaban discutiendo aquel día entre independencia y dominio español. Ambos partidos aceptaban la permanencia de Cuba dentro de España; discrepaban acerca de cómo debía organizarse políticamente la isla y hasta dónde debían llegar las reformas.
En 1893 la ruptura había adquirido especial importancia en Matanzas. En Cárdenas, Arturo Amblard, figura del nuevo reformismo, había protagonizado una fuerte pugna electoral con el general Camilo García de Polavieja, y el Partido Reformista obtuvo también una presencia considerable en las elecciones municipales y provinciales.
La preparación del mitin de Cimarrones
El Diario de la Marina anunció el 10 de julio de 1894 que el domingo siguiente, día 15, se celebraría a las tres de la tarde en Cimarrones una “gran asamblea” de afiliados reformistas para constituir el comité local. Se esperaba la presencia de una delegación del Comité Regional de Matanzas y representaciones de Cárdenas, Hato Nuevo, Jovellanos y otros pueblos cercanos.
La organización del reformismo en Cimarrones tenía, sin embargo, antecedentes conflictivos. Dos días después, el propio Diario comentaba con ironía una información de La Unión Constitucional según la cual reformistas procedentes de Cárdenas habían intentado anteriormente constituir el comité sin conseguirlo. El periódico constitucionalista consideraba a Cimarrones un “baluarte inexpugnable” de sus ideas.
El 13 de julio el Diario volvió a anunciar la reunión. A esas alturas, la constitución del comité local había dejado de ser un acontecimiento puramente municipal y comenzaba a convertirse en una demostración de fuerzas entre los dos partidos.
El domingo 15 de julio
La reunión se celebró finalmente el domingo.
Según los telegramas publicados por el Diario de la Marina al día siguiente, los reformistas encontraron una manifestación organizada por sus adversarios constitucionalistas. Uno de los despachos aseguraba que algunos recorrían las calles a caballo, armados con machetes y revólveres, en actitud amenazadora.
El periódico informó también de la llegada de un numeroso contingente reformista procedente de Lagunillas, que cifró en 120 jinetes, portando estandartes con lemas como “¡Viva España!” y “¡Vivan las reformas!”.
La situación parecía suficientemente delicada para que el juez municipal de Cimarrones enviara un telegrama al gobernador de Matanzas advirtiéndole de una manifestación de la Unión Constitucional que, según su apreciación, pretendía perturbar o impedir la reunión reformista.
El mitin, sin embargo, pudo celebrarse.
Entre los oradores figuraron José E. Triay, Gregorio Ortega, Eugenio López, Miguel Espinosa, Teodoro Cardenal, Nicasio González y Alfredo Martín Morales. Finalmente quedó constituido el Comité Reformista de Cimarrones, presidido por José Rivas y Soler, con Pedro Velázquez como vicepresidente, Ceferino García como secretario y Ramón Arozarena como vicesecretario.
“El escándalo de Cimarrones”
El 17 de julio, en su edición de la mañana, el Diario de la Marina dedicó una extensa crónica al episodio bajo un título inequívoco:
“El escándalo de Cimarrones”.
Según aquella versión, entre cuarenta y cincuenta hombres a caballo recorrieron las calles mientras se desarrollaba el acto, algunos de ellos armados con machetes y revólveres. El periódico sostuvo que los manifestantes profirieron gritos y amenazas y que algunos trataron de perturbar la reunión desde las inmediaciones del local.
Uno de los pasajes más gráficos afirmaba que, mientras Alfredo Martín Morales hablaba desde la tribuna, podían verse desde el interior algunos “machetes desnudos” entre los manifestantes de la calle.
El Diario atribuyó a la llegada de los jinetes reformistas de Lagunillas un efecto disuasorio: aquellos hombres se habrían desplegado frente al local y contribuido a evitar una confrontación mayor.
Pero esa era solamente una de las versiones.
La respuesta de La Unión Constitucional
Ese mismo 17 de julio, La Unión Constitucional respondió con abierta ironía.
El periódico no negó que hubiese existido una manifestación de sus correligionarios. Lo que rechazó fue el carácter amenazador que el Diario le atribuía. Se burló especialmente de las referencias a machetes y revólveres y recordó que el machete era un instrumento habitual entre los hombres del campo.
Durante los días siguientes insistió en que no se había alterado el orden, impedido el ejercicio de ningún derecho ni cometido coacciones contra los reformistas.
El 19 de julio formuló su posición de manera todavía más explícita:
“En Cimarrones se efectuaron en el mismo día dos manifestaciones. Una reformista. Otra constitucional.”
La existencia de las dos concentraciones puede, por tanto, considerarse uno de los hechos reconocidos por ambos bandos.
La discrepancia fundamental era otra. Para los reformistas, la manifestación constitucionalista había sido organizada para intimidarlos y dificultar la constitución de su comité. Para La Unión Constitucional, había sido una demostración política legítima y pacífica.
El propio periódico reconoció además que sus partidarios habían decidido organizarla expresamente para aquel día:
“Los nuestros juzgaron conveniente organizar para ese día una manifestación, y la organizaron.”
Esta admisión resulta importante porque elimina cualquier duda sobre la deliberada coincidencia de las dos demostraciones políticas.
¿Machetes y revólveres?
Este fue uno de los puntos que más páginas ocupó en la controversia.
El Diario de la Marina sostuvo repetidamente que hubo machetes desenvainados y armas de fuego y aseguró que se había corrido el riesgo de una colisión.
La Unión Constitucional respondió:
“No hubo machetes desenvainados, ni revólveres amenazantes…”
El problema para el historiador es evidente: las dos principales fuentes defendían intereses políticos opuestos.
El Diario, sin embargo, aseguró que otros periódicos —entre ellos La Lucha, La Discusión y La Crónica Liberal, de Cárdenas— habían publicado igualmente noticias sobre la tensión producida en Cimarrones. Según las citas reproducidas por el periódico, La Lucha llegó a hablar de hombres que portaban “machetes, revólveres y cuchillos” y del peligro de una colisión.
Hasta localizar y revisar directamente esos ejemplares, esas afirmaciones deben considerarse testimonios reproducidos por el propio Diario de la Marina y no comprobaciones independientes.
El alcalde Miguel Liaño
Pronto la controversia se concentró en la actuación del alcalde municipal, Miguel Liaño.
Los reformistas lo acusaron de no haber intervenido con suficiente energía contra la contramanifestación e incluso de simpatizar con los constitucionalistas. La Unión Constitucional, en cambio, sostuvo que el alcalde había cumplido la ley y mantenido el orden.
Una información publicada posteriormente permite reconstruir las comunicaciones oficiales.
Antes del mitin, el gobernador de Matanzas recibió el telegrama del juez municipal alertando de la situación. El gobernador telegrafió entonces a Liaño y le indicó que, si no disponía de fuerzas suficientes para garantizar el orden, suspendiera la reunión hasta poder hacerlo.
Después del acto, Liaño comunicó al gobernador que los reformistas habían celebrado su reunión:
“sin novedad alguna y sin alteración del orden público”.
La contradicción entre esa comunicación y las informaciones aparecidas inmediatamente después en la prensa llevó al gobernador a pedir nuevas explicaciones y a ordenar una investigación.
La controversia tenía además una dimensión política particularmente delicada. Los reformistas acusaban al alcalde de favorecer a los constitucionalistas, mientras La Unión Constitucional afirmaba que el juez municipal de Cimarrones era, al mismo tiempo, presidente del recién constituido Comité Reformista.
El periódico se refería probablemente a José Rivas y Soler, pero esa identificación requiere todavía una comprobación independiente. Lo que sí sabemos es que el juez municipal había sido quien alertó al gobernador antes del mitin.
La acusación de premeditación
El 21 de julio el Diario de la Marina reprodujo una correspondencia de La Crónica Liberal, de Cárdenas, enviada desde Cimarrones el día 18.
Su autor, que declaraba sus simpatías hacia el reformismo, sostenía que la contramanifestación había sido preparada desde la víspera con el propósito de impedir la constitución del comité.
Según su relato, durante la madrugada del sábado 14 habría escuchado una conversación en el paradero en la que se hablaba de tener preparado para el día siguiente un “escuadrón” contrario al mitin.
Por tratarse de un corresponsal políticamente identificado y de una acusación que no hemos podido corroborar por una fuente administrativa, la supuesta premeditación debe mantenerse como una afirmación de aquel testigo, no como un hecho demostrado.
Una investigación oficial
Lo sucedido no quedó limitado a la prensa.
El 23 de julio el Diario de la Marina informó que habían llegado a Cimarrones funcionarios provinciales para investigar los acontecimientos. Intervino el jefe de Policía de Matanzas, llegó un delegado del Gobierno regional y se trasladó también al pueblo el Juzgado de Instrucción de Cárdenas.
La Unión Constitucional, pese a denunciar el procedimiento como una persecución contra sus correligionarios, confirmó igualmente que se habían abierto actuaciones gubernativas y judiciales.
Poco después llegó la consecuencia administrativa más inmediata.
El 24 de julio de 1894, el Diario de la Marina informó que, después de examinar el expediente gubernativo, el gobernador de la Región Central había suspendido de su cargo al alcalde Miguel Liaño.
La Unión Constitucional confirmó la suspensión ese mismo día, aunque la consideró injustificada.
Liaño vuelve a la Alcaldía
La suspensión no fue definitiva.
El 16 de febrero de 1895, casi siete meses después de los sucesos, el Diario de la Marina publicó que el Gobierno General había aprobado la suspensión impuesta a Miguel Liaño, pero había dispuesto al mismo tiempo que volviese a ocupar la Alcaldía de Cimarrones.
El aparente contrasentido quedó explicado posteriormente por el propio general Emilio Calleja.
En una intervención en el Senado español, celebrada el 17 de julio de 1896 y reproducida semanas después por el Diario de la Marina, Calleja relató el procedimiento administrativo seguido a consecuencia del episodio.
Según explicó, el juez municipal había avisado al gobernador civil de que durante la constitución del Comité Reformista se había producido algún desorden relacionado con una contramanifestación de miembros de la Unión Constitucional. El alcalde fue inicialmente suspendido porque, al parecer, no había comunicado aquellos incidentes.
Posteriormente, el expediente pasó al nuevo gobernador de Matanzas, Golmayo, quien consideró que no existía motivo para mantener la suspensión. El Consejo de Administración opinó, por el contrario, que había fundamento para destituir al alcalde; uno de sus miembros, González de Mendoza, formuló un voto particular discrepante.
Calleja declaró que finalmente aceptó este último criterio y levantó la suspensión de Miguel Liaño, a quien identificó expresamente como miembro del Partido de Unión Constitucional.
¿Qué ocurrió realmente en Cimarrones?
Los documentos permiten establecer algunos hechos con bastante seguridad.
El 15 de julio de 1894 los reformistas celebraron una reunión destinada a constituir su comité local. Ese mismo día los constitucionalistas organizaron una manifestación propia. Hubo una situación de suficiente tensión para que el juez municipal alertara previamente al gobernador y para que posteriormente se abrieran investigaciones gubernativas y judiciales.
También está comprobado que Miguel Liaño fue suspendido temporalmente de la Alcaldía como consecuencia del expediente y que, meses más tarde, volvió al cargo.
Mucho más difícil es determinar hasta qué punto los manifestantes intentaron impedir físicamente la reunión, cuántas armas se exhibieron o si los machetes llegaron efectivamente a ser desenvainados.
El Diario de la Marina describió una jornada amenazadora que estuvo cerca de convertirse en un enfrentamiento. La Unión Constitucional reconoció la contramanifestación, pero negó las amenazas y sostuvo que la reunión transcurrió dentro del orden.
Dos años después, la explicación de Calleja confirmó la existencia de una contramanifestación y algún desorden, pero el procedimiento administrativo no terminó con la destitución definitiva del alcalde.
La historia de aquel domingo muestra así algo más que una disputa local. Cimarrones se convirtió durante unos días en un pequeño escenario de las profundas tensiones de la política colonial cubana de finales del siglo XIX, cuando incluso entre quienes defendían la permanencia de Cuba bajo soberanía española existían desacuerdos cada vez más fuertes sobre las reformas, la administración y el ejercicio de los derechos políticos.
Apenas unos meses después, el 24 de febrero de 1895, comenzaría una nueva guerra por la independencia de Cuba.
Fuentes
- “En Cimarrones.” Diario de la Marina, 10 de julio de 1894, p. 2.
- Diario de la Marina, 12 de julio de 1894, p. 1.
- “En Cimarrones.” Diario de la Marina, 13 de julio de 1894, p. 1.
- “En Cimarrones.” Diario de la Marina, 16 de julio de 1894, p. 1.
- “El escándalo de Cimarrones” y “Reunión política en Cimarrones.” Diario de la Marina, 17 de julio de 1894, p. 2.
- “Recortes.” La Unión Constitucional, año VI, núm. 209, 17 de julio de 1894, p. 2, edición de la tarde; “No puede ser” y “¡Fuera!”. La Unión Constitucional, año VI, núm. 210, 18 de julio de 1894, pp. 1-2.
- “El código autonomista”, “Justicia autonomista” y “Gracioso.” La Unión Constitucional, 19 de julio de 1894, pp. 1-2.
- “Procedimientos Conservadores.” Diario de la Marina, 18 de julio de 1894, p. 2, edición de la mañana.
- “La verdad en su lugar.” Diario de la Marina, 28 de julio de 1894, p. 2.
- “En carácter” y “Recortes.” La Unión Constitucional, 20 de julio de 1894, p. 2; Diario de la Marina, 29 de julio de 1894, p. 2.
- “La premeditación.” Diario de la Marina, 21 de julio de 1894, p. 1, reproduciendo una correspondencia de La Crónica Liberal, Cárdenas, 19 de julio de 1894.
- “En Cimarrones.” Diario de la Marina, 23 de julio de 1894, p. 1.
- “Indignación” y “La soberbia satisfecha.” La Unión Constitucional, 24 de julio de 1894, pp. 1-2.
- “El Alcalde de Cimarrones.” Diario de la Marina, 24 de julio de 1894, p. 2.
- “El Alcalde de Cimarrones.” Diario de la Marina, 16 de febrero de 1895, p. 3.
- “Senado. Sesión del 17 de julio de 1896.” Diario de la Marina, 5 de agosto de 1896, pp. 1-2.
- Inés Roldán de Montaud, “Política y elecciones en Cuba durante la Restauración”, Revista de Estudios Políticos, núm. 104, 1999.
- María José Portela Miguélez, Redes de poder en Cuba en torno al Partido Unión Constitucional, 1878-1898.
Deja una respuesta