
Tuvo también Cienfuegos su Borla, como la Habana. Esta borla no es el símbolo del doctorado, ni siquiera tiene que ver nada con la que en tiempos pasados usaban los agentes de la Autoridad, aunque sí puede decirse que se trata de una autoridad… comercial.
En efecto, La Borla era uno de los principales establecimientos de Cienfuegos, que compartía con El Palo Gordo y La Alhambra, el cetro de la elegancia mercantil.
A su elegante salón de la calle de De-Clouet acudía lo más chic de la sociedad cienfueguera y al frente de sus vitrinas no era raro encontrar curioseando á damas y caballeros. ¿Por qué tan singular atractivo? Porque en La Borla se encontraba siempre la ultima palabra de la moda en objetos de arte, quincalla y efectos de escritorio.

Fué fundada en el año de 1875 por el distinguido comerciante, muy estimado en Cienfuegos, señor don Juan Torres, cuyo retrato aparece en esta página, quien al retirarse dejó como gerentes á quienes en 1904 eran los dueños, don José Torres y Pedro Goya, los que llevaron el negocio con el mismo acierto é inteligencia que su antecesor, que siguió figurando en la sociedad como socio comanditario. Como industrial figuraba el señor don Evaristo González.
Una visita á La Borla siempre alegraba el espíritu, porque podían admirarse en ella todo tipo de frivolidades convertidas en necesidades del espíritu.

¡Cuántas veces la contemplación de un bello y artístico objeto de terra-cotta ha curado radicalmente á esos enfermos del alma que se llaman neurasténicos! La moderna civilización impuso en el hogar el uso de todos esos adornos, cuadros, columnas, par-avants, que aunque pareciendo superfluos, eran exigencia a principios del siglo XX.
Las señoras encontraban en La Borla un surtido completo de sedería, cuanto necesitaban para sus bordados y costuras; perfumes de los fabricantes más populares entre los refinados, desde el supremo moika, de Houbigant, hasta el delicado Botón d’or, de Crusellas; la caja de papel de moda para escribir al amado ausente y los artículos para el bufete, el escritorio o la oficina.

Abarcando esos giros tan distintos no se comprende como La Borla alcanzó supremacía en el mundo comercial de Cienfuegos. Y es que á una inteligencia clara une una perfecta concepción del negocio y una actividad extraordinaria. En la Borla sabían comprar y sabían vender. Conocía á su público y su público la conocía á ella. ¿Qué más puede apetecer un establecimiento?
Bibliografía y notas
- “La Borla”. Revista El Fígaro. 1904, p. 456.
- Personalidades y negocios de las Villas
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