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La entrada del presidente Manuel Urrutia en Palacio

20/04/2026 Por Almar Deja un comentario

El presidente Manuel Urrutia pronuncia su primer discurso en Palacio desde su despacho oficial. El comandante Rolando Cubela que hizo entrega del Palacio Presidencial escucha atentamente. La Habana, 5 de enero de 1959.
El presidente Manuel Urrutia pronuncia su primer discurso en Palacio desde su despacho oficial. El comandante Rolando Cubela que hizo entrega del Palacio Presidencial escucha atentamente. La Habana, 5 de enero de 1959.

Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Manuel Urrutia en el Palacio Presidencial. El quinto día (5 de enero de 1959) de la revolución victoriosa amaneció en una atmósfera de tensión. Prensa, radio y televisión se desplazaron desde horas tempranas hacia el aeropuerto de Rancho Boyeros por donde se anunciaba la llegada del Presidente de la República.

En horas de la madrugada anterior se habían dado órdenes en el Hotel Hilton de reservar todo el séptimo piso para los miembros del Gabinete. El presidente no tenía alojamiento definitivo aún.

A las nueve de la mañana aterrizó un avión procedente del Campamento de Columbia con cuarenta combatientes. Media hora más tarde llegó un avión similar con igual número de hombres que ocuparon posiciones en Rancho Boyeros.

En la pista esperaba al Presidente el Ministro de Comercio Raúl Cepero Bonilla, era la única figura civil representativa del nuevo gobierno.

La noche anterior, desde el Palacio Presidencial las tropas del Directorio Revolucionario habían anunciado extraoficialcente su decisión de permanecer en Palacio hasta que llegase Urrutia para discutir con él sus proyecciones futuras.

El avión del Presidente había salido ya de Santiago de Cuba cuando recibió ordenes de aterrizar en Camaguey. Alguien había decidido que Urrutia debía dirigirse de Rancho Boyeros a Palacio. Quería evitarse todo asomo de contaminación del poder civil con la autoridad militar.

Las horas pasaban y no había noticias del avión del Presidente. Poco después del mediodía llegaron al aeropuerto noticias de que la noche anterior se había asaltado a la Embajada de Colombia y que el Comandante Camilo Cienfuegos había dictado la Ley Marcial. También se conoció que el Directorio rehusaba entregar Palacio hasta que no llegase allí el Primer Mandatario.

Sobre las dos de la tarde se hizo público que el Presidente había pospuesto su llegada indefinidamente. Prensa y autoridades se retiraron. La escolta permaneció en su puesto.

La atención se desplazaba hacia La Habana. Los más cautos y experimentados, temiendo una explosión de violencia, iniciaron discretas gestiones de reconciliación.

Inesperadamente, a las cuatro de la tarde, el Presidente aterrizó en Rancho Boyeros. Inmediatamente se dirigió al Campamento de Columbia. Luego de las efusiones emocionales propias del momento heroico, Urrutia entró en conferencia con sus colaboradores más cercanos.

Del cambio de impresiones surgió la decisión de enviar a Palacio una comisión integrada por el Ministro de Estado, Roberto Agramonte, el Ministro de Obras Públicas, ingeniero Manuel Ray. El ortodoxo José Manuel Gutiérrez se unió. Mientras tanto Carlos Prío hacía desde “La Chata” apresuradas llamadas para conjurar la amenaza cismática.

En Palacio los Comandantes Faure Chomón y Rolando Cubela se encerraron con los enviados para el intercambio de ideas. El Directorio Revolucionario quería que se reconociera su personalidad revolucionaria y la sangre vertida por sus miembros. No se trataba de una mera ocupación de posiciones como afirmaban insidiosamente. Era una simple reafirmación de toda la historia revolucionaria que había escrito gloriosamente el Directorio.

Mientras tanto las estaciones de televisión y radio advertían que no podía circularse por las calles después de las nueve de la noche y la ciudadanía alarmada ante la Ley Marcial desaparecía dejando la capital desierta.

En Columbia Urrutia aguardaba el llamado de la conciliación. A las seis y media de la tarde, la comisión terminó las deliberaciones. Las puertas de Palacio seguían abiertas al Presidente tal como habían estado desde el primer momento, afirmaron Cubela y Chomón, Se efectuaron las llamadas pertinentes y a las siete y quince la caravana presidencial llegó a Palacio.

Manuel Urrutia Lleó abre los brazos al entrar en el Palacio Presidencial de La Habana en 1959.
Manuel Urrutia Lleó abre los brazos al entrar en el Palacio Presidencial de La Habana, en uno de sus primeros gestos públicos tras asumir la presidencia.

Junto a Urrutia aparecían por vez primera en La Habana los líderes revolucionarios Faustino Pérez y Armando Hart, el cirujano Julio Martínez Páez, el Primer Ministro José Miró Cardona, el Ministro del Trabajo, Manuel Fernández.

Faustino Pérez y Armando Hart toman café en el pantry del Palacio Presidencial en 1959.
Faustino Pérez y Armando Hart toman café en el pantry del Palacio Presidencial, 1959.

El Presidente se dirigió al despacho en el segundo piso y allí conversó brevemente con Chomón, Cubela y su Gabinete. Unos instantes después salieron todos al Salón de los Espejos. Allí posaron ante los fotógrafos para registrar el instante trascendente. En los ojos de Armando Hart se asomaron algunas lágrimas y el Presidente emitía una voz quebrada por la emoción. Era el minuto soñado, motivo de tantas conversaciones en las largas noches de la Sierra.

Luego fue el caos. Urrutia, indefenso ante la marea humana era llevado y traído. Felicitaciones, abrazos, presentaciones. Finalmente alcanzó de nuevo su despacho.

Primera sesión del Gabinete cubano en 1959, con Roberto Agramonte, Armando Hart, Cepero Bonilla, Miró Cardona, Luis Buch, Manuel Fernández, Ángel Fernández, Manuel Ray y Faustino Pérez.
Primera sesión del Gabinete cubano, 1959. De izquierda a derecha: Roberto Agramonte, Armando Hart, Cepero Bonilla, Miró Cardona, Luis Buch, Manuel Fernández, Ángel Fernández, Manuel Ray y Faustino Pérez. También estuvo presente Julio Martínez Pérez.

La imagen anterior recoge una de las primeras reuniones del nuevo Gabinete, integrado por varias de las figuras que ocuparon carteras clave en los inicios del proceso revolucionario. Se hallan presentes, desde la izquierda: Roberto Agramonte, Estado; Armando Hart, Educación; Cepero Bonilla, Comercios; Miró Cardona, Premierato; Luis Buch Rodríguez, Presidencia; Manuel Fernández, Trabajo; Ángel Fernández, Justicia; Manuel Ray, Obras Públicas; Faustino Pérez, Recuperación. También se hallaba presente Julio Martinez Perez, Salubridad.

Los ministros conversaron con la prensa. Raúl Cepero Bonilla, titular de Comercio, anunció que no abandonaría la pluma durante su gestión oficial y rectificó a alguien que lo presentó como “Ex-periodista”. Anunció un vasto plan de recuperación económica, salvando con precaución sus funciones de las que conciernen a Hacienda y Banco Nacional.

El primer asunto encargado a Cepero fue el de la banca nacional y extranjera. Raúl Chibás no aceptaba Hacienda y Felipe Pazos aún no estaba designado para el BN.

Julio Martínez Páez, de Salubridad, anunció la construcción de un gran hospital en el corazón de la Sierra Maestra. Su abstuvo de efectuar profecías sobre su ejercicio afirmando que estaba cansado de ver que en las tomas de posesión ministeriales siempre se anunciaban grandes proyectos que quedaban engavetados por la rutina.

Roberto Agramonte dijo que Cuba defendería en el seno de los organismos internacionales la libertad y la democracia, que aún están ausentes en algunos países suramericanos. Agramonte como Ministso de Estado no quiso hablar del reconocimiento de otras naciones pero afirmó que se mostraba optimista.

Armando Hart Dávalos, como sí estuviera aún ante los Tribunales de Urgencia pronunció una encendida arenga. Dijo que su designación como Ministro le había sorprendido y aún no había tenido tiempo de efectuar planes. Hart afirmó que lo que sí podía anunciar era que iba decididamente a la tecnificación de Educación “Se irá a buscar a los especialistas donde quiera que estén. Los uni cos requisitos que se exigen son una total limpieza moral, honestidad y profundos conocimientos profesionales”.

El Premier habló del espiritu de la Constitucion del 40 y de la decidida recuperación del poder civil que entrañaba la Constitucion. Aunque el gobierno revolucionario se proponía gobernar por decreto durante 18 meses y la función tradicional del Primer Ministro, de enlace con el Poder Legislativo era un poco obsoleto, el conocida dinamismo y la probaba inteligencia y capacidad de trabajo de Pepe Miró eran un galardón para el Gabinete.

El Ministro de Recuperación Nacional, doctor Faustino Pérez tenía a se cargo la delicada misión de devolver al tesoro nacional las propiedades producto del saqueo sistemático del batistato. Dijo que su departamento no sustituía al Tribunal de Cuentas. Al ser preguntado si se contemplaban algunas reformas de la Constitución para facilitarle la Nacionalización de bienes privados afirmó que la Constitución del 40 sería respetada en toda su integridad.

El Presidente Urrutia dijo que fundaba su fé en la capacidad de sacrificio del pueblo cubano.

“En el extranjero, donde tuve la desdicha de sufrir el exilio constaté día a día cómo se admira a Cuba por su privilegiada situación. Este pueblo sólo quiere gobernantes honrados y hay de sobra voluntad tesonera para lograr tan alto objetivo.”

El Presidente selló la confraternización con el estudiantado y el Directorio anunciando su presencia en la escalinata del Alma Mater para el día siguiente.1

Los salones del Palacio eran hormigueros. Los rostros conocidos en la lucha clandestina asomaban ahora con la satisfacción retratada. A pesar de la cantidad de tropas y de la rústica vida a que estaban acostumbrados, los combatientes, los salones de Palacio refulgían. Ni un búcaro fuera de lugar, ni una porcelana rota, ni una cortina rasgada.

El Presidente filmó una película dirigida a la televisión norteamericana y habló en inglés. Dijo en sus manifestaciones a Estados Unidos que el juego estaba erradicado en Cuba, que sólo se quería a norteamericanos decentes que viniesen a laborar normalmente. Al ser preguntado sobre el destino de los esbirros del batistato anunció que serían sometidos a los tribunales. Los criminales de guerra serían ajusticiados. “Tal como se hizo en el proceso de Nuremberg con los nazis. Estados Unidos conoce el precedente”.

Aún desconocedor de los intrincados pasillos y salones de Palacio, Urrutia se lanzó en más de una ocasión por derroteros errados. Una vez atravesó todo el Salón de los Espejos, buscando el Salón del Consejo, para encontrarse al final con un callejón sin salida y hubo de retornar a su despacho. En otra ocasión perdió la localización del despacho y tuvo que encontrar el camino preguntando a los presentes.

Los ministros formularon en el oído del Presidente algunas de las urgentes necesidades del momento: zafra, actividad bancaria normalización de la economía. Inmediatamente se convocó a un cambio de impresiones informal del Gabinete con el Primer Mandatario.

En ese instante llegó una comisión diplomática. La alta figura del Embajador de Estados Unidos, Earl Smith, provocó murmullos. La ira de los combatientes sólo era detenida por el respeto a la nación del Norte. También llegaban a Palacio Menseñor Centoz, Nuncio Apostólico, Juan Pablo de Lojendio, de España, Emilio Edwards Bello, de Chile, y los representantes de Argentina y Brasil.

Al ser recibidos por el Presidente no se trató el tema del reconocimiento. Urrutia extendió displicente la punta de los dedos a Smith y en el rostro del Primer Mandatario se dibujó una mueca por el desagradable deber. Los embajadores pidieron garantías para las sedes diplomáticas: temían que el ejemplo de Columbia se multiplicase.

Manuel Urrutia Lleó junto a la primera dama Esperanza Llaguno Aguirre de Urrutia y sus hijos Alejandro y Jorge en las habitaciones privadas del Palacio Presidencial.
Manuel Urrutia Lleó, la primera dama Esperanza Llaguno Aguirre de Urrutia y sus hijos Alejandro y Jorge, en las habitaciones privadas del tercer piso del Palacio Presidencial.

Al retirarse la comisión diplomática comenzó el Consejo. Al mismo tiempo llegaban a Palacio las maletas del Presidente: rotas en las esquinas, exhaustas con todas las huellas del largo peregrinar del exilio. También arribó la Primera Dama que se trasladó al tercer piso.

La primera disposición del Presidente fue dejar sin efecto la Ley Marcial dictada por la tarde. Luego cesanteó oficialmente al Dictador y a sus ministros. Ofreció amplias garantías y anunció que la Constitución de 1940 estaba en pleno vigor.

Cerca de medianoche llegó de Columbia una guarnición para la custodia de Palacio que fue dedicada al cuidado del Presidente conjuntamente con los muchachos del 13 de Marzo.

Las luces de Palacio denunciaban la febril actividad en su interior. A la una de lu madrugada Urrutia subió al tercer piso y cenó ligeramente. El cambio de impresiones del Gabinete prosiguió después.

La jornada revolucionaria del quinto día de la victoria que había comenzado con amagos de una escisión revolucionaria, se cerraba con una satisfactoria unidad.

Muchos creían que estaban soñando, no le daban crédito a lo que veían. En horas de lo madrugada los milicianos descansaban sobre el lujoso mobiliario de Palacio con los rifles en la mano.

En el salón del Consejo de Ministros, los hombres sobre los que descansaba la responsabilidad de la Cuba nueva ponian proa hacia un futuro lleno de promesas.

Lisandro Otero González

Bibliografía y notas

  • Otero González, Lisandro. “Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Urrutia en Palacio”. Revista Bohemia. Año 51, núm 2, 11 de enero de 1959.
  • Collado, Mario, y E. Llanos. “Manuel Urrutia pronuncia su primer discurso en Palacio mientras Rolando Cubela escucha atentamente.” Fotografía. En Lisandro Otero González, “Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Urrutia en Palacio.” Bohemia, año 51, núm. 2, 11 de enero de 1959.
  • Collado, Mario, y E. Llanos. “Manuel Urrutia Lleó abre los brazos en el Palacio Presidencial de La Habana, en gesto de unidad revolucionaria.” Fotografía. En Lisandro Otero González, “Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Urrutia en Palacio.” Bohemia, año 51, núm. 2, 11 de enero de 1959.
  • Collado, Mario, y E. Llanos. “Faustino Pérez y Armando Hart en el pantry del Palacio Presidencial.” Fotografía. En Lisandro Otero González, “Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Urrutia en Palacio.” Bohemia, año 51, núm. 2, 11 de enero de 1959.
  • Collado, Mario, y E. Llanos. “Primera sesión del Gabinete cubano.” Fotografía. En Lisandro Otero González, “Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Urrutia en Palacio.” Bohemia, año 51, núm. 2, 11 de enero de 1959.
  • Collado, Mario, y E. Llanos. “La familia presidencial de Manuel Urrutia Lleó en Palacio.” Fotografía. En Lisandro Otero González, “Primera meta de la Revolución: La entrada del presidente Urrutia en Palacio.” Bohemia, año 51, núm. 2, 11 de enero de 1959.
  1. Véase la visita de Manuel Urrutia Lleó a la Universidad de la Habana en: https://cubamemorias.com/manuel-urrutia-lleo-juramos-defender-la-libertad/ ↩︎

Publicado en: Revolución Cubana (1959–presente) Etiquetado como: Enero de 1959, Lisandro Otero González, Manuel Urrutia Lleó, Presidentes de Cuba, Revista Bohemia

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