
Bajo la razón social de Tiburcio Gómez existió en la Habana un negocio importantísimo por su amplitud dedicado a la venta de materiales de construcción. Producían ladrillos, mosaicos y azulejos además de poseer un taller de maderas y tejar.
Comenzó, como tantos otros negocios que sorprendieron por los vuelos que tomaron, desarrollándose en una esfera que podríamos calificar de modesta comparada con lo que posteriormente devino la casa. En el año 1900 fundóse la casa.
Y entonces empezaba a dibujarse en el horizonte despejado del porvenir de la Habana la silueta grandiosa de lo que sería la ciudad andando el tiempo. El Vedado daba la voz de alerta a cuantos comerciantes se dedicaban a recibir, o producir, materiales para construcción.
Aquellos pudieron darse cuenta de que lo mismo la madera que los ladrillos, el cemento que las vigas de acero, los azulejos, las tejas etc., eran artículos llamados a obtener gran demanda y consumo extraordinario. Y entonces empezaron a ampliar sus operaciones.
Los receptores, importadores y almacenistas, hicieron grandes pedidos y tuvieron reservas suficientes para satisfacer las demandas siempre crecientes. Los industriales, los que producían en el país, activaron, por medio de maquinaria y otra clase de elementos, la capacidad de producción de sus respectivas fábricas.
Y todos, a una, y muchos que surgieron porque vieron claramente cuál era el porvenir que se les ofrecía estuvieron en condiciones de operar con honra y provecho. La casa “Tiburcio Gómez” no se quedó atrás.
Amplió su radio de acción; abarcó cuanto podía derivarse del franco movimiento de ensanche y urbanización de la Habana iniciado de manera brillante y resuelta, y además del taller y aserradero de maderas y del gran tejar propios ambos de la casa, reunió en sus vastos almacenes materiales en gran cantidad, y de procedencia que garantizara la bondad de los mismos, tales como vigas de acero, ladrillos colorados, sulacre, cemento, barros, tejas planas francesas y alicantinas, mosaicos, azulejos, arena, cal, ladrillos y barro refractario, etc.

La sociedad se anunció primeramente con una circular fechada en la Habana el 16 de febrero 1900.1 La razón social se nombró “Gómez y Alonso” siendo propiedad de los señores Tiburcio Gómez Cuerno y Pedro Alonso Muriedas y teniendo como objetivo mercantil el ramo de maderas y demás materiales de construcción.
Por mutuo convenio y según escritura quedó disuelta, con efectos retroactivos al 16 de febrero 1908, la sociedad de “Gómez y Alonso”, adjudicándose el socio don Tiburcio Gómez todos los créditos activos y pasivos de la misma, cuyos negocios continuaron bajo su solo nombre.2
En 1936 quedó constituida, por escritura firmada ante el notario Dr. Eduardo Delgado, la razón social de “Tiburcio Gómez, S. A.”, con domicilio en Vigía, 8, la que continuó los negocios de importación, compra-venta y almacenaje de maderas nacionales y extranjeras y elaboración mecánica de las mismas, a que estuvo dedicada la anterior firma de Tiburcio Gómez Cuerno.3
La nueva firma asumió todo el activo y pasivo de la anterior. El consejo de administración encargado del régimen y gobierno de la casa “Tiburcio Gómez, S. A.”, se conformó con los señores Dr. Francisco Gómez Díaz, presidente; Sr. Ramón Gómez Díaz, primer vicepresidente; Sra. Carmen Díaz viuda de Gómez, segundo vicepresidente, y secretario tesorero, el señor Alberto Castillo.
En pocos años de existencia trabajó con gran ímpetu, siempre viendo cómo las operaciones seguían su gloriosa marcha en progresión ascendente, hábilmente encauzadas por dirección tan hábil como prudente y activa como la que se desprendía del talento comercial de Don Tiburcio Gómez, único propietario y gerente, y de la reconocida competencia de Don Antonio Rodríguez, apoderado general y auxiliar eficacísimo, secundados por personal antiguo y de gran idoneidad.
El número de empleados en el taller y aserradero de maderas era de veinte y cinco, elevándose a la cantidad de sesenta el de obreros.
Ocupaba el taller una superficie de unos quince mil metros, en Cristina y Vigía, y en la misma estaban instalados, además de la maquinaria en un edificio apropiado, el taller de reparaciones, las caballerizas en perfecto estado sanitario y con capacidad para veinte mulos.
Una casa dedicada a oficina y departamento de caja en la planta baja, ocupando la planta alta las habitaciones para los empleados; otra casa vivienda, ocupada por el señor Gómez; cinco naves amplias alquiladas para diversas industrias; y en el taller hay un sótano de cemento donde estaban instaladas las transmisiones maestras; dos grandes colgadizos dedicados a carpintería y otros tres para depósito de maderas finas como pino blanco, ciprés, etc.

La maquinaria se compone de un motor de vapor de ciento cincuenta caballos de fuerza, dos calderas, una sierra de carros para maderas gruesas, dos sierras de hilar para listones, dos sierras grandes para reaserrar, tres cepillos grandes y uno para molduras, dos sierras de trozar y un taller completo de maquinaria para carpintería.
De los Estados Unidos se importan anualmente siete millones de pies, de madera. Y las ventas alcanzan la elevada cantidad de setecientos cincuenta mil pesos.
Son especialidades de la casa, maderas para construcciones navales y para centrales azucareros; y se hacen elaboraciones en general y trabajos de carpintería en gran escala.

En Arroyo Naranjo, en la finca llamada “Nuestra Señora de Guadalupe”, estaba situado el “Tejar de Tiburcio Gómez”, complemento importante de los grandes negocios de la casa.
Era un tejar modelo, atendido con el esmero debido y cuya producción sobre ser mucha en cantidad era de calidad recomendable y de bondad reconocida: y de ahí la gran demanda de ladrillos del famoso Tejar; ladrillos rojos para calderas y hornos y ladrillos corrientes.
Era Administrador del “Tejar Tiburcio Gómez”, Don Enrique Rodríguez, persona sumamente competente en la fabricación, quien tenía a su cargo todo lo relacionado con aquella, por contrata.
La materia prima tenía, para la buena marcha del tejar, y para la economía en su adquisición y transporte, la ventaja de que se halla situada en la misma finca. Tanto el barro como la arena se encontraban en ella en abundancia.
La clase de alfarería que se confeccionaba ya hemos dicho que era la de ladrillos rojos para hornos y calderas; y para la fabricación se contaba con moderna maquinaria con la que se podían elaborar treinta mil ladrillos diarios.

El promedio de producción, por día, era de diez mil y el promedio de venta anual, tres millones de ladrillos. Cincuenta empleados y obreros trabajaban en el tejar.
Tales eran las industrias y las operaciones a las que Don Tiburcio Gómez dedicó capital, energías y conocimientos, obteniendo merecido éxito.
Bibliografía y notas
- “Sociedades y Empresas”. Diario de La Marina. Año LXI, núm. 81, 5 de abril 1900, p. 2 ↩︎
- “Sociedades y Empresas”. Diario de La Marina. Año LXIX, núm. 73, 25 de marzo 1908, p. 1 ↩︎
- “Ha quedado constituida la nueva razón social de Tiburcio Gómez S. A.”. Diario de La Marina. Año CIV, núm. 111, 9 de mayo 1936, p. 2 ↩︎
De interés: Personalidades y negocios de la Habana
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