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Apuntes Históricos del Término Municipal de Bejucal

07/11/2026 Por Almar

Bejucal y sus alrededores en la Carta de Vives de 1835, mapa histórico de Cuba.
Bejucal y sus alrededores en un fragmento de la Carta Geógrafo-Topográfica de la Isla de Cuba, conocida como Carta de Vives, publicada en 1835.

La ciudad de San Felipe y Santiago del Bejucal, fundada en los primeros años del siglo XVIII al sur de La Habana, ocupa un lugar singular en la historia de las poblaciones cubanas. Surgida por iniciativa del capitán Juan Núñez de Castilla, recibió desde sus comienzos el título de ciudad y fue organizada conforme a un proyecto que contemplaba solares para sus habitantes, terrenos de cultivo, plazas, iglesia y edificios destinados al gobierno municipal.

Durante la época colonial, Bejucal llegó a ser cabecera de una importante jurisdicción política, militar y judicial. Su posición entre La Habana y la costa meridional favoreció el comercio y las comunicaciones, mientras que la llegada del ferrocarril en 1837 transformó considerablemente su desarrollo urbano y económico.

A lo largo del siglo XIX, la ciudad experimentó cambios en su arquitectura, sus instituciones y sus actividades productivas. En ella adquirieron importancia la industria tabaquera, las asociaciones culturales y de socorros mutuos, las escuelas y diversas iniciativas de beneficencia. Las guerras de independencia dejaron también su huella en una población estrechamente vinculada a los acontecimientos políticos y militares del occidente cubano.

La reorganización territorial de la Isla modificó repetidamente los límites y atribuciones de Bejucal, especialmente después de la creación de las provincias en 1878 y de las reformas municipales de comienzos del siglo XX.

Los presentes apuntes reúnen noticias procedentes de la Memoria sobre la ciudad de San Felipe y Santiago del Bejucal, preparada por Manuel Mariano Acosta en 1830; el estudio publicado por Mercedes Herrera Reyes en la Revista Bimestre Cubana de 1920; la Guía Provincial de la Habana de 1944; y otras investigaciones históricas y documentos administrativos. Se incorporan igualmente testimonios de prensa y referencias cartográficas que permiten seguir la evolución de la ciudad y de su antiguo término municipal.

Plano histórico del término municipal de Bejucal y sus barrios, según el Atlas de la Dirección General del Censo de Cuba de 1943.
Plano del término municipal de Bejucal y sus barrios, reproducido del Atlas de la Dirección General del Censo de Cuba de 1943.

Fundación de San Felipe y Santiago del Bejucal

Los antecedentes de Bejucal se remontan al corral de San Juan del Bejucal, una propiedad rural situada aproximadamente a seis leguas al sur de La Habana, en las proximidades del camino que comunicaba la capital con Batabanó.

En 1710, el capitán Juan Núñez de Castilla adquirió aquellas tierras por 10.000 pesos, según refiere Mercedes Herrera Reyes. Su propósito era establecer una población organizada, capaz de reunir a las familias que vivían dispersas por los campos y que se dedicaban, entre otras labores, al cultivo del tabaco.

El proyecto recibió el apoyo del obispo de Cuba, fray Jerónimo Valdés, interesado en facilitar la asistencia religiosa a los habitantes de aquella comarca. Núñez de Castilla presentó las condiciones para la fundación y destinó cuatro caballerías de tierra al establecimiento de la nueva ciudad.

A los treinta primeros pobladores se les asignaron solares libres de gravamen. El fundador facilitó también tierras de labor, animales y recursos para iniciar las explotaciones agrícolas. Entre las concesiones figuraba una caballería de terrenos comunes situada en la Sierra, destinada a proporcionar leña, piedra y otros materiales necesarios para los habitantes.

Asimismo, reservó terrenos para la iglesia, las plazas, las casas del Cabildo, la carnicería y otras dependencias públicas. El trazado de la población se atribuye al ingeniero Pedro Menéndez Márquez.

La Corona aprobó la fundación mediante Real Cédula del 29 de abril de 1713, expedida durante el reinado de Felipe V. El 30 de mayo del mismo año se concedió a Juan Núñez de Castilla la dignidad de marqués de San Felipe y Santiago.

El primer Cabildo de Bejucal se celebró el 9 de mayo de 1714, según documentó Miguel Llompart Mateu en un trabajo publicado en la Revista del Liceo en 1937. En aquella sesión fueron elegidos alcaldes ordinarios Juan Díaz Ramos y Francisco Pérez Betancourt, además de los alcaldes de la Santa Hermandad, el síndico procurador y otros funcionarios municipales.

Previamente, el fundador Juan Núñez de Castilla había designado a los seis regidores perpetuos de la nueva ciudad, conforme a las facultades que le habían sido concedidas.

De este modo, Bejucal nació como una población planificada, con un trazado regular y disposiciones que procuraban organizar desde el comienzo la distribución de los terrenos, las edificaciones y las obligaciones de sus habitantes.

El señorío de Bejucal y sus primeros gobernantes

La fundación de San Felipe y Santiago del Bejucal estuvo estrechamente vinculada a la familia de los Núñez de Castilla, cuyos privilegios señoriales comprendían determinadas atribuciones de justicia y gobierno sobre la población y su jurisdicción.

La consolidación del asentamiento, sin embargo, no estuvo exenta de dificultades. Una Real Cédula expedida el 10 de mayo de 1730, cuyo texto reprodujo Miguel Llompart Mateu en la Revista del Liceo, recogía los resultados de un reconocimiento anterior de la ciudad.

Según aquel documento, solamente trece casas se encontraban habitables y en buen estado, mientras que otras habían sido abandonadas por sus moradores. Entre los principales problemas figuraban la falta de maestros que enseñaran a leer y escribir, la ausencia de cirujano, barbero y botica, y el estado intransitable de algunas calles.

A pesar de estas deficiencias, la Corona declaró que el marqués de San Felipe y Santiago había cumplido sus obligaciones fundacionales y le concedió la merced de vasallos y perpetuidad de jurisdicción para su casa. Al mismo tiempo, instó a proporcionar los servicios necesarios para evitar el abandono de la población.

Según Llompart, el señorío comprendía una jurisdicción territorial de unas cuatro leguas y sus atribuciones señoriales subsistieron hasta las reformas de 1811.

Esta documentación permite distinguir tres momentos fundamentales de la historia institucional de Bejucal: la aprobación real de su fundación en 1713, la constitución del primer Cabildo en 1714 y la concesión de los derechos jurisdiccionales señoriales en 1730.

El desarrollo de la familia fundadora trascendió los límites de Bejucal. Emilio Roig de Leuchsenring, al describir los edificios señoriales de La Habana Vieja, menciona el Palacio de los Marqueses de San Felipe y Santiago, situado en Oficios núm. 28, frente a la Plaza de San Francisco.

Según el historiador, el cuarto y quinto marqueses estuvieron vinculados a aquella residencia. Señala también que la familia poseía otro palacio, de mayor esplendor, en su señorío de Bejucal.

Roig recordaba que en la portada del edificio habanero había podido verse el escudo de armas de los Núñez del Castillo, testimonio de la presencia de esta familia entre los principales linajes de la sociedad colonial.

La historia del señorío de Bejucal constituye, por tanto, un capítulo importante tanto para el conocimiento de la ciudad como para el estudio de las familias tituladas y de la organización territorial de Cuba durante el siglo XVIII.

La antigua jurisdicción y la evolución del término municipal

La extensión y las atribuciones territoriales de Bejucal cambiaron considerablemente desde la época colonial hasta el establecimiento de la organización municipal republicana.

Durante el siglo XIX, la ciudad ejerció funciones de gobierno y administración sobre distintos partidos rurales situados al sur de La Habana. Entre las poblaciones que aparecen relacionadas con su jurisdicción se encuentran Batabanó, Quivicán, La Salud, San Antonio de las Vegas y otros territorios cercanos.

Es necesario distinguir, sin embargo, entre el territorio administrado directamente por el Ayuntamiento, la jurisdicción gubernativa y el partido judicial. Estas demarcaciones no siempre coincidían y podían comprender extensiones diferentes.

En las primeras décadas del siglo XIX se produjeron reorganizaciones de los partidos y tenencias de gobierno. La posición de Bejucal como centro administrativo contribuyó a reforzar su importancia regional.

La organización territorial de 1878

El Real Decreto del 9 de junio de 1878 estableció la división de Cuba en seis provincias y reorganizó los partidos judiciales.

Bejucal quedó comprendido en la provincia de La Habana y continuó figurando como cabecera de partido judicial.

En la organización de aquella época se mencionan distintos ayuntamientos y poblaciones de la comarca, entre ellos Batabanó, Quivicán, La Salud y San Antonio de las Vegas.

La relación de divisiones administrativas de 1878 permite apreciar que algunos territorios dependían judicialmente de Bejucal, aunque contaban con ayuntamientos propios.

La antigua vinculación jurisdiccional con Isla de Pinos, mencionada en varias fuentes históricas, debe entenderse igualmente dentro de las sucesivas formas de organización gubernativa y judicial, y no como una incorporación permanente de toda la isla al municipio de Bejucal.

La Orden Militar de 1902

Una de las modificaciones territoriales más importantes tuvo lugar durante la primera intervención militar estadounidense.

La Orden Militar núm. 23, del 24 de enero de 1902, dispuso la supresión de numerosos ayuntamientos cubanos y la agregación de sus territorios a municipios vecinos.

En el partido judicial de Bejucal fueron suprimidos, entre otros, los ayuntamientos de Quivicán, La Salud y San Antonio de las Vegas.

La propia orden dispuso que los territorios de Quivicán y La Salud fueran agregados al Ayuntamiento de Bejucal, mientras que San Antonio de las Vegas pasó a formar parte del término de Melena del Sur.

Esta disposición produjo una ampliación del término municipal de Bejucal, aunque la nueva organización no se mantuvo de forma definitiva.

Las segregaciones durante la República

La Salud recuperó su condición municipal el 12 de julio de 1912, según los Apuntes Históricos del Término Municipal de Bejucal publicados en 1944.

Quivicán también fue separado posteriormente, aunque conviene precisar mediante la disposición correspondiente la fecha y las condiciones exactas de su restablecimiento.

Como resultado de aquellas modificaciones, el territorio administrado directamente desde Bejucal volvió a reducirse.

En 1944, la Guía Provincial de la Habana atribuía al término municipal una superficie aproximada de 80 kilómetros cuadrados y una población de unos 12.000 habitantes.

Sus límites eran entonces Santiago de las Vegas al norte, San Antonio de las Vegas al este, Batabanó y La Salud al sur, y San Antonio de los Baños al oeste.

La cabecera del término y del partido judicial correspondía a la ciudad de San Felipe de Bejucal, situada aproximadamente a 24 kilómetros de La Habana.

De La Habana a Mayabeque

La división político-administrativa de 1976 reorganizó nuevamente el territorio cubano. Bejucal quedó comprendido en la provincia de La Habana, distinta de la provincia de Ciudad de La Habana que incluía la capital.

La Ley núm. 110, aprobada el 1 de agosto de 2010, estableció una nueva reorganización territorial mediante la creación de las provincias de Artemisa y Mayabeque.

A partir del 1 de enero de 2011, Bejucal pasó a formar parte de la provincia de Mayabeque, cuya capital es San José de las Lajas.

Así, la historia administrativa de Bejucal refleja distintas etapas de la organización territorial cubana: el señorío fundacional, la extensa jurisdicción colonial, el municipio republicano y las posteriores divisiones provinciales.

Para ampliar estos antecedentes pueden consultarse en CubaMemorias las publicaciones “División territorial y administrativa de la Isla de Cuba” y “Orden Militar 23 de 1902. Supresión de Municipios en Cuba”.

El desarrollo urbano de Bejucal durante el siglo XIX

La arquitectura y el trazado urbano de Bejucal experimentaron importantes transformaciones durante el siglo XIX.

En los primeros tiempos de la ciudad predominaban las construcciones de madera, yagua y guano, materiales disponibles en la región y utilizados habitualmente en las poblaciones rurales cubanas.

Un incendio ocurrido hacia 1802 destruyó aproximadamente las tres cuartas partes de Bejucal, según las disposiciones municipales estudiadas por Dania Lunar Jiménez. A partir de entonces, las autoridades procuraron reducir el peligro de nuevos incendios mediante restricciones al empleo de cubiertas de guano en las calles principales.

Las edificaciones con techos de tejas fueron adquiriendo mayor importancia, favorecidas por la existencia de tejares en la comarca.

Durante el siglo se establecieron también normas relativas a la altura de las construcciones, dimensiones de puertas y ventanas, disposición de las aceras y conservación del ornato público.

Las viviendas de mampostería y tejas, junto a otras de madera y tejas, contribuyeron a definir la fisonomía urbana de Bejucal. Los portales, las rejas de hierro, los guardacantones y los elementos decorativos de las fachadas reflejaban las transformaciones de la arquitectura cubana de aquella época.

El crecimiento de la ciudad hizo necesaria la apertura de nuevas calles y la extensión de las existentes. Las denominaciones antiguas, vinculadas a edificios, oficios o familias, fueron sustituidas progresivamente por una nomenclatura oficial.

El estudio de Lunar Jiménez documenta igualmente los esfuerzos por establecer la numeración de las viviendas y mejorar la higiene de calles, plazas y espacios públicos.

Entre las personalidades destacadas de la administración local figuró el doctor Isidro Zertucha, a quien Mercedes Herrera Reyes atribuye importantes esfuerzos en favor del embellecimiento urbano, la asistencia médica, la cultura y las obras públicas.

Durante la gestión municipal de Zertucha se impulsaron mejoras en las calles y plazas, el alumbrado y distintos servicios municipales.

En 1894 se concluyeron obras de embellecimiento de la Plaza de Armas, mientras que al año siguiente se terminaron trabajos en la Plaza de la Iglesia, según el estudio de Herrera Reyes.

El desarrollo urbano estuvo relacionado con la transformación de la economía local y, particularmente, con el establecimiento del ferrocarril.

El ferrocarril Habana–Bejucal y las comunicaciones

Uno de los acontecimientos de mayor trascendencia para Bejucal fue la inauguración, el 19 de noviembre de 1837, del primer tramo del ferrocarril entre La Habana y Bejucal.

La línea constituyó el comienzo del primer ferrocarril de Cuba y uno de los primeros del continente americano. Formaba parte del proyecto destinado a comunicar la capital con Güines, cuya prolongación se abrió al servicio en 1838.

El nuevo medio de transporte redujo considerablemente las dificultades del desplazamiento de pasajeros y mercancías, facilitando el intercambio comercial entre la capital y las zonas agrícolas del interior.

La estación ferroviaria y sus almacenes se levantaron cerca de la población, favoreciendo la expansión de Bejucal hacia el sur.

Se prolongaron calles como la Real y la Sacristía y se abrieron otras que facilitaron la comunicación entre el centro urbano y el paradero.

La primera estación fue construida de madera. Posteriormente, en 1882, se reconstruyó el edificio, cuya imagen ha quedado conservada en la documentación histórica.

El ferrocarril no sustituyó inmediatamente las comunicaciones tradicionales. Durante buena parte del siglo XIX continuaron utilizándose carruajes, carretas y caballerías para el transporte de personas y mercancías.

En 1817 se había establecido una estafeta de correos en Bejucal, mientras que en 1853 la población quedó comunicada telegráficamente con La Habana.

El alumbrado público, el abastecimiento de agua y los servicios de comunicaciones experimentaron igualmente sucesivas mejoras.

En conjunto, estos adelantos contribuyeron a transformar una antigua población agrícola en una ciudad mejor comunicada con la capital y con las localidades vecinas.

Economía, agricultura e industria tabaquera

La economía de Bejucal estuvo vinculada inicialmente a la agricultura y la ganadería.

La fertilidad de sus tierras favoreció el cultivo del tabaco, la caña de azúcar, los cereales y las legumbres, junto a otros frutos destinados al consumo local y al comercio.

Durante el siglo XIX existieron ingenios azucareros y explotaciones agrícolas que contribuyeron a sostener la actividad económica de la jurisdicción.

Sin embargo, la industria tabaquera adquirió progresivamente una importancia considerable.

Mercedes Herrera Reyes señala que durante las últimas décadas del siglo XIX llegaron a existir en Bejucal varias fábricas de tabacos y cigarrerías. La autora menciona también fundiciones y otros establecimientos industriales.

En las primeras décadas del siglo XX, el tabaco constituía una de las principales fuentes de empleo de la población.

Entre los establecimientos destacados figuraba la fábrica La Prominente, que, según los datos recogidos por Herrera Reyes, empleaba alrededor de trescientos hombres y cien mujeres.

La autora señala igualmente la existencia de escogidas de tabaco en rama, cuya actividad proporcionaba trabajo a numerosos obreros.

El comercio local, las actividades artesanales y las industrias relacionadas con el tabaco formaron parte esencial de la vida económica del municipio durante la República.

La Guía Provincial de la Habana de 1944 seguía identificando la agricultura como una de sus principales riquezas, con producciones de caña de azúcar, tabaco, cereales y legumbres.

Instituciones, enseñanza y vida cultural

El desarrollo de Bejucal estuvo acompañado por la creación de instituciones religiosas, benéficas, educativas y culturales.

La iglesia parroquial de San Felipe y Santiago ocupó desde la fundación un lugar central en la organización de la ciudad. A su alrededor se desarrollaron actividades religiosas y sociales vinculadas a la vida cotidiana de los habitantes.

Durante el siglo XIX adquirieron importancia las escuelas, las sociedades de recreo y diversas asociaciones destinadas a fomentar la instrucción y el intercambio cultural.

Entre las instituciones más representativas figuraba el Liceo de Bejucal, cuya actividad estuvo relacionada con la vida literaria, musical y social de la población.

Mercedes Herrera Reyes describe también las transformaciones de la enseñanza pública durante los primeros años de la República, cuando se procuró mejorar los edificios escolares y extender la instrucción a los barrios rurales.

El Hospital Santa Susana

Una de las instituciones benéficas más importantes fue el Hospital Santa Susana.

Su desarrollo estuvo vinculado al legado de Susana Benítez, quien destinó 30.000 pesos al sostenimiento de un establecimiento hospitalario atendido por las Hijas de la Caridad.

En 1886 se realizaron importantes obras de ampliación y reconstrucción, dotando al hospital de nuevas instalaciones y de una capacidad aproximada para sesenta enfermos.

La institución desarrolló también actividades educativas mediante una escuela destinada a niñas pensionistas.

La enseñanza femenina quedó documentada también en una fotografía publicada en septiembre de 1934, en la que aparece una clase de mayores dedicada al estudio de la literatura española y cubana. La imagen permite conocer uno de los espacios educativos de Bejucal durante la República.

Grupo de alumnas durante una clase de literatura española y cubana en Bejucal, según una fotografía publicada en septiembre de 1934.
Clase de mayores en Bejucal, donde un grupo de alumnas estudiaba literatura española y cubana. Fotografía publicada en septiembre de 1934. Foto D. M.

Sociedades culturales y asociaciones de trabajadores

La vida asociativa de Bejucal comprendía sociedades recreativas, organizaciones de trabajadores y entidades de socorros mutuos.

Entre las instituciones mencionadas por Herrera Reyes figuraban el Liceo, el Casino, La Nueva Sociedad y La Fraternidad.

Las asociaciones obreras adquirieron también importancia durante los primeros años del siglo XX.

El 5 de junio de 1901 se fundó la sociedad Unión y Progreso, cuyo propósito era facilitar a los trabajadores la adquisición de viviendas mediante aportaciones periódicas.

Según Herrera Reyes, la sociedad había construido más de cuarenta y ocho casas. En 1902 surgió otra asociación, denominada El Porvenir de los Trabajadores, destinada igualmente a promover viviendas obreras.

Estas iniciativas muestran la existencia de un movimiento asociativo interesado no solamente en el trabajo y la asistencia mutua, sino también en mejorar las condiciones de vida de las familias.

Bejucal durante las guerras de independencia

La historia de Bejucal estuvo estrechamente vinculada a las luchas por la independencia de Cuba.

Durante la Guerra de los Diez Años y, especialmente, durante la contienda iniciada en 1895, su posición geográfica y sus comunicaciones adquirieron importancia militar.

Mercedes Herrera Reyes recoge diversos acontecimientos ocurridos en la ciudad durante aquellos años.

Uno de los episodios más significativos tuvo lugar el 13 de enero de 1896, cuando fuerzas del Ejército Libertador dirigidas por Máximo Gómez entraron en Bejucal.

Según el relato publicado en 1920, la resistencia de la guarnición española dio lugar a un incendio que afectó a numerosas edificaciones, entre ellas instalaciones industriales y el paradero ferroviario.

La narración de Herrera Reyes describe también las circunstancias en que cesó el incendio y las consecuencias que tuvo para la población.

Durante aquellos años, Bejucal sufrió las dificultades propias de la guerra, la presencia de tropas, la destrucción de propiedades y la emigración de numerosas familias.

Bejucal y la memoria de Antonio Maceo

Otro episodio vinculado a la comarca fue la muerte del mayor general Antonio Maceo y de su ayudante Francisco Gómez Toro, ocurrida el 7 de diciembre de 1896 en la zona de San Pedro.

Los restos de ambos patriotas fueron ocultados y sepultados por Pedro Pérez y sus hijos en la loma del Cacahual.

Herrera Reyes recoge el valor de aquella familia, que conservó el secreto de la sepultura durante la guerra.

La vinculación de Bejucal con estos acontecimientos y con las posteriores ceremonias conmemorativas del Cacahual contribuyó a mantener viva la memoria de los héroes de la independencia.

Bejucal durante los primeros años de la República

Terminada la dominación colonial española, Bejucal inició una etapa de reconstrucción y reorganización de sus instituciones municipales.

La vida política estuvo marcada por las elecciones, los cambios de autoridades y las iniciativas destinadas a mejorar los servicios públicos.

Durante las primeras décadas republicanas continuaron las iniciativas dirigidas a mejorar la enseñanza, la sanidad y las comunicaciones.

La administración municipal de Mariano Robau y de la Osa, iniciada en 1908, es descrita por Herrera Reyes como un período de reorganización financiera y ejecución de obras públicas.

La autora proporciona datos sobre presupuestos, recaudaciones, reparaciones de calles y otras intervenciones municipales que permiten conocer las prioridades administrativas de aquella época.

La evolución de Bejucal durante la República estuvo condicionada también por los cambios en los límites territoriales, particularmente por la incorporación y posterior segregación de municipios vecinos.

El municipio hacia 1944

La Guía Provincial de la Habana de 1944 describía a Bejucal como un término municipal de aproximadamente ochenta kilómetros cuadrados, situado al sur de la capital.

La ciudad cabecera conservaba funciones administrativas y judiciales, mientras que la actividad económica continuaba vinculada a la agricultura, el comercio y las comunicaciones ferroviarias.

La guía señalaba la existencia de varios ramales de los Ferrocarriles Unidos de La Habana relacionados con el entronque de Rincón y con las líneas que comunicaban Bejucal con otros pueblos de la región.

Su descripción muestra un municipio de dimensiones considerablemente menores que las antiguas jurisdicciones coloniales y que el territorio ampliado temporalmente después de la Orden Militar de 1902.

Las tradicionales Charangas de Bejucal

Entre las manifestaciones culturales de mayor arraigo en Bejucal destacan sus tradicionales Charangas, celebraciones populares vinculadas a la Navidad y caracterizadas por la competencia entre bandos, la música y la presentación de carrozas alegóricas.

Mercedes Herrera Reyes, al describir las fiestas en 1920, relacionaba sus antecedentes con las rivalidades políticas de la época colonial.

Según su interpretación, los dos bandos, La Ceiba y La Espina, representaron inicialmente tendencias identificadas con cubanos y españoles, respectivamente.

La autora explicaba que, desaparecida aquella significación política, la rivalidad había continuado como una competencia festiva entre los colores azul y punzó.

Esta interpretación constituye un testimonio histórico sobre la manera en que se explicaban los orígenes de las Charangas a comienzos del siglo XX.

Las celebraciones congregaban a numerosos vecinos y visitantes de otras poblaciones, que acudían para contemplar las carrozas y participar en el ambiente festivo de la Nochebuena.

Las Charangas de 1924: una tradición en dificultades

Un testimonio particularmente interesante fue publicado en Diario La Lucha el 4 de enero de 1925, bajo el título “De Bejucal”.

La crónica, fechada el 29 de diciembre de 1924 y firmada “El Corresponsal”, describía con preocupación la situación de las fiestas de aquel año.

El periodista recordaba el entusiasmo popular que tradicionalmente acompañaba la preparación de las carrozas y señalaba que, en 1924, solamente había participado el bando de La Espina de Oro, sin la competencia habitual de La Ceiba.

Según su interpretación, el creciente interés comercial que rodeaba las celebraciones había debilitado el carácter espontáneo y colectivo de la fiesta.

El corresponsal lamentaba que el entusiasmo de los vecinos hubiera sido desplazado por intereses particulares relacionados con la construcción y ubicación de las carrozas.

La crónica constituye un testimonio del ambiente festivo y de las dificultades que atravesaba la tradición en aquel momento, sin que sus apreciaciones deban interpretarse como una valoración definitiva de su evolución posterior.

Una fotografía publicada junto a la información muestra una carroza representando un búcaro, presentada por La Espina de Oro en las celebraciones de 1924.

La imagen, atribuida a E. Herrera, conserva un valioso testimonio de la creatividad artística asociada a aquellas fiestas.

Carroza en forma de búcaro presentada por la charanga La Espina de Oro en Bejucal, Cuba, en 1924.
Carroza representando un búcaro, exhibida por la charanga La Espina de Oro durante las fiestas de Bejucal de 1924. Fotografía de E. Herrera.

Personalidades vinculadas a la historia de Bejucal

  • Juan Núñez de Castilla: fundador de la ciudad.
  • Manuel Mariano Acosta: autor de una importante memoria histórica sobre Bejucal.
  • Isidro Zertucha: médico y figura de la administración municipal.
  • Susana Benítez: benefactora vinculada al Hospital Santa Susana.
  • Miguel Llompart Mateu: investigador de la historia local y colaborador de la Revista del Liceo.

Instituciones, sociedades y negocios históricos

  • Hospital Santa Susana: institución benéfica y asistencial.
  • Colegio de Nuestra Señora de los Desamparados: centro de enseñanza.
  • Liceo de Bejucal: institución cultural y recreativa.
  • La Prominente: fábrica de tabacos.
  • Unión y Progreso: sociedad fundada en 1901 para promover viviendas obreras.
  • El Porvenir de los Trabajadores: sociedad de viviendas fundada en 1902.
  • Casino, La Nueva Sociedad y La Fraternidad: entidades de la vida asociativa local.

Consideraciones finales

La historia de Bejucal no puede reducirse a la fundación de una ciudad señorial ni a los sucesivos cambios de sus límites administrativos.

Su evolución refleja importantes procesos de la historia cubana: la organización de nuevas poblaciones durante el siglo XVIII, la transformación económica y urbana del siglo XIX, la expansión del ferrocarril, las luchas por la independencia y las iniciativas municipales y sociales de la República.

La documentación conservada permite conocer aspectos de su vida cotidiana que van desde la distribución de solares y el trazado de las calles hasta las sociedades obreras, las escuelas, los establecimientos hospitalarios, las industrias y las celebraciones populares.

La antigua ciudad de San Felipe y Santiago del Bejucal desempeñó funciones administrativas que excedieron durante distintas etapas los límites de su propio municipio. Las reformas territoriales fueron modificando esas atribuciones hasta configurar el término municipal republicano y, posteriormente, el municipio integrado en la provincia de Mayabeque.

La comparación de las fuentes de diferentes épocas permite reconstruir esa trayectoria y apreciar tanto las transformaciones de la ciudad como la permanencia de sus tradiciones e instituciones.

Bibliografía y fuentes documentales

  • Acosta, Manuel Mariano. Memoria sobre la ciudad de San Felipe y Santiago del Bejucal. Con la cooperación de Isidro González y Antonio Pérez Guzmán. Trabajo preparado en 1830. Reproducido en Rafael Cowley y Andrés Pego, eds., Los tres primeros historiadores de la Isla de Cuba, tomo I. La Habana: Imprenta y Librería de Andrés Pego, 1876, pp. 521–588.
  • Herrera Reyes, Mercedes. “Apuntes históricos sobre la ciudad de San Felipe y Santiago de Bejucal”. Revista Bimestre Cubana, vol. XV, núm. 3, septiembre-octubre de 1920, pp. 161–184.
  • Llompart Mateu, Miguel. “Fechas históricas”. Revista del Liceo. Bejucal, mayo de 1937. Artículo sobre la constitución del primer Cabildo y la Real Cédula del 10 de mayo de 1730. Extracto consultado de cuatro páginas.
  • “De Bejucal”. Diario La Lucha, año XLI, núm. 4, 4 de enero de 1925, p. 10.
  • “Apuntes Históricos del Término Municipal de Bejucal”. En Guía Provincial de la Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social. Habana: Editorial Panamericana Burgay y Cía., 1944.
  • Lunar Jiménez, Dania. “El desarrollo urbano de Bejucal en el siglo XIX”. Gabinete de Arqueología, núm. 8, 2010, pp. 160–169.
  • Roig de Leuchsenring, Emilio. La Habana. Apuntes históricos. Segunda edición notablemente aumentada, tomo II. La Habana: Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1963, p. 233.
  • Carta Geógrafo-Topográfica de la Isla de Cuba. Levantamiento efectuado entre 1824 y 1831. Barcelona, 1835. Conocida como Carta de Vives. Instituto Geográfico Nacional de España.
  • Real Decreto del 9 de junio de 1878. División provincial de la Isla de Cuba. Publicado en la Gaceta de la Habana, 20 de julio de 1878.
  • Orden Militar núm. 23, del 24 de enero de 1902. Supresión y agregación de términos municipales y ayuntamientos de Cuba.
  • Ley núm. 1304, del 3 de julio de 1976. División político-administrativa de Cuba.
  • Ley núm. 110, del 1 de agosto de 2010. Modificativa de la división político-administrativa de Cuba. Gaceta Oficial de la República de Cuba, edición extraordinaria, 2 de septiembre de 2010.

Notas editoriales

  1. Sobre la constitución del primer Cabildo. La Guía Provincial de la Habana de 1944 señala el 9 de marzo de 1714 como fecha de constitución del Ayuntamiento de Bejucal. Sin embargo, Miguel Llompart Mateu, en su artículo “Fechas históricas”, publicado en la Revista del Liceo en 1937, identifica expresamente el 9 de mayo de 1714 como fecha de celebración del primer Cabildo, proporcionando además los nombres de las autoridades elegidas. Esta última referencia, basada en documentación histórica local, permite precisar la fecha, aunque permanece pendiente su cotejo directo con el acta capitular original.
  2. Sobre los cambios de jurisdicción. Las referencias a la antigua dependencia de otras poblaciones respecto de Bejucal no implican necesariamente que todas ellas formaran parte del mismo término municipal. Las demarcaciones gubernativas, militares, judiciales y municipales podían ser diferentes.
  3. Sobre la población. Mercedes Herrera Reyes menciona 17.424 habitantes para 1910, mientras que la guía de 1944 calcula aproximadamente 12.000. Las cifras corresponden a momentos de reorganización territorial y no deben compararse directamente sin comprobar los límites censales utilizados.
  4. Sobre las Charangas. La explicación política de sus orígenes corresponde a la interpretación recogida por Mercedes Herrera Reyes en 1920. El texto periodístico de 1924 representa, por su parte, la valoración de un corresponsal contemporáneo y no una descripción general de toda la trayectoria histórica de la celebración.
  5. Criterio de edición. El presente artículo constituye una síntesis histórica redactada a partir de distintas fuentes. No es una transcripción íntegra de los textos de 1830, 1920 o 1944. Las noticias y valoraciones de esas publicaciones se distinguen, cuando corresponde, de las conclusiones editoriales actuales.

Publicado en: Bejucal Etiquetado como: Bejucal, Bejucal: Instituciones y Negocios, Bejucal: Personalidades, Charangas de Bejucal, Provincia Mayabeque, San Felipe y Santiago de Bejucal

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