
El despertar del bosque por François G. de Cisneros (Francisco García de Cisneros, Lohengrin). Trás un cítiso1, malicioso sátiro, condecorado como un académico, entona el monorrítmico canto de la Primavera, y salta la nota de macizo en macizo, saeta de sándalo que alza el hosanna2 anunciando la entrada de Eros y punza en el misterio triangular3, sombrío monte mitológico, donde se escalan todos los placeres.
El Bosque de Bolonia4 se despierta de su sueño invernal, sacude sus troncos secos, brazos hirsutos y negros, ramas vírgenes que como doncellas se van cubriendo del primer musgo y se estiran en abrazos, se enlazan con ansias de quince años: a lo alto las hojas nacientes prologan el festival jocundo de la Primavera.
Son los precursores, los primeros acordes de la sinfonía de Flora5, los brotes nuevos estallan como bemoles, cada ramo es una cromática y el pedal fuerte del iris canta la resolución del acorde: cae la epidermis curtida por los vientos hiemales6 y una nueva piel maquilla sus gamas sobre toda la selva.
Las cascadas ríen lúbricas y sobre el parque umbrío y pagano vibra la nueva vida anunciando a las ninfas que en las noches lunares bajarán los faunos de monóculos y los caprípedes de cabezas charoladas a la ronda extraña y el clamor antiguo de Pan sonará la fanfarria de una rapsodia erótica.
De lejos, el ojo de luz guiará la meridional cabeza de un rígido gendarme y se abrirán en vuelos las alas y los cascos cabrunos martillearán la tierra.
Del Pavillon Chinois al Ermitage la peregrinación ha comenzado sus horas mundanas. Es el alba del adulterio, el solsticio del primer beso: avanza el cortejo de amazonas blondas, de pintorescos spahis. Mi alazán se yergue ante la grupa redonda de una jaca blanca: dos relámpagos de sus ojos verdes de rabia, al golpe rudo de mis espuelas. Contra el fondo de la rotonda el perfil hebraico de Rosika Dolly y la genial
caricatura del Marqués de París.
A la hora meridiana, los mozos de Armenonville y del Pre-Catelan reciben con genuflexiones untuosas a los argonautas del amor, extendiendo las listas de platos exóticos que sacudirían de horror al cadáver de Brillat-Savarin: lejos están los años cuando Sagan junto a la Duquesa d’Uzés bebían el senil vino de Porto.
París imita a New York y las mundanas de hoy, amantes de banqueros israelitas, sorben cocktails multicolores preparándose a las partidas en los golf miniaturas. Sólo el atrio de un pabellón abandonado sirve de comentario artístico y a la cáustica conversación de un profesor de extraña doctrina: la unión experimental y pasajera de cuerpos ámbar y rosa.
El nudismo silvano aún no ha invadido el Bosque: sólo en noches caldeadas se percibe alguna vez, una academia muy blanca sobre un césped muy verde, como en los tiempos sodómicos de Marta Chenal y Jeanne Marnac.
Por refinamiento las parisienses se envuelven en pieles, no los pesados astracanes y bisontes, sino los níveos armiños y las sedosas chinchillas ocultando Las creaciones de los Campos Elíseos — aquí una pausa y un réquiem en memoria de la rue de la Paix — trajes firmados por Irene, Dana, Van Vlamertynghe, Main Bocher, Champcommunal, Luceber, nombres cacofónicos, vanguardistas que dejan atrás a los dulzones nombres de Paquin, Doucet, Poiret, en los tiempos cuando París era una villa de provincia.
Bajo el olmo secular de la Avenida de las Acacias, Marcelle victoriosa en Monte Carlo se abandona al sol; Ivonne trae de Saint Moritz sus premios de patines y de skis, Simonne morena con cuerpo juncal y una gracia de orquídea de Bethani forman la triade de mediomundanas, las triunfadoras de Chez Albert y de Ciro, las que han elegido el tango argentino como el himno nacional de la galantería.
En los lejanos hipódromos de Longchamps y de Auteuil los jardineros van combinando con paciencias de Einstein, rombos y trapecios de azaleas, iris y jacintos, mientras en los establos los entrenadores cuidan ansiosos al pur-sang cupo pedigree viene de la yegua mora que montaba un caid de Tafilete.
Y Guy de Mola, el cubano turfman, palpa los ijares del sólido, grande y sensual Monsieur le Marechal.
A la primera mañana de luz y de azul, el parisién va al Bosque con la unción del pagano cuando iba a sacrificar corderos y vírgenes en el altar de Afrodita: en el Bosque los corderos de Bagacelle son sacrificados por los Bugatti y los Cords y las vírgenes se inmolan en las salas privadas del Auberge de Normandie.
Van a sorprender el apelo del caracol de Siegfried y a escuchar devotos la sinfonía de las hojas nuevas: abre el concerto un canto de violines entonado por los más verdes retoños, una armonía en menores que tiene gama de misticismo religioso y de alegría bucólica.
Los acordes de los violoncelli alzan el leit-motiv: son las ramas opulentas de los añejos robles. En tanto los troncos robustos abren sus pechos con sollozos de oboes y saxofones hasta ascender en un crescendo de metales que llena la atmósfera transparente en una bizarra confusión de sonidos de un erizado contrapunto digno de Nuestro Señor Ricardo Wagner.
(Percibo la sonrisa mefistofélica de Edgar Varese, un obrero musical, inmenso fumiste, rodeado de sus discípulos ante un café con leche de Montparnasse que lo proclaman superior a Beethoven, Berlioz y Wagner! Y como dijo el marsellés: hagamos ruido).
El Bosque de Bolonia se despierta: Pan saluda la vida nueva con un soviético Eureka rojo y la floresta inmensa sirve de tabernáculo a los cultas de Flora, de Eros y de Terpsícore.
La caravana llega áurea, galana y prometedora: sobre los hombros enjutos de un bailarín del Embassy ríe con su risa perlada la Señorita Primavera, virgen a medias, tennista, amante del tango, bien diversa de la Primavera de Rubén Darío, vestida de rosa y verde con largos guantes negros…
François G. de Cisneros. París, 1931.
Bibliografía y notas
- De Cisneros, François G. “El despertar del bosque”. Revista Social. Vol. XIV, núm. 7, julio 1931, p. 25.
- Escritores y Poetas de Cuba y del mundo (Ver a Francisco García de Cisneros – Lohengrin)
- Cítiso: Del lat. cytĭsus, y este del gr. κύτισος kýtisos. m. Codeso: Mata de la familia de las papilionáceas, de uno a dos metros de altura, ramosa, con hojas compuestas de tres hojuelas, flores amarillas y en las vainas del fruto semillas arriñonadas. ↩︎
- Hosanna : m. Exclamación de júbilo usada en los salmos y en la liturgia cristiana y judía. Sin.: aleluya, alabanza, júbilo, alegría. https://dle.rae.es/hosanna%20?m=form ↩︎
- Según la teoría triangular del psicólogo Robert Sternberg, como el propio autor la denomina, hay tres componentes básicos que componen las relaciones amorosas: la intimidad, la pasión y el compromiso. https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_triangular_del_amor ↩︎
- El Bois de Boulogne (también conocido en español como Bosque de Boulogne y Bosque de Bolonia es un parque que se encuentra en el límite occidental del XVI distrito de París, cerca del suburbio de Boulogne-Billancourt. https://es.wikipedia.org/wiki/Bois_de_Boulogne ↩︎
- En la mitología romana, Flora (del latín flos, “flor”), llamada la “Madre de las flores”. https://es.wikipedia.org/wiki/Flora_(mitolog%C3%ADa) ↩︎
- Hiemal: Del lat. hiemālis. adj. p. us. invernal. Sin.: invernal, hibernal. ↩︎
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