
En las primeras décadas del siglo XX, B. Llama y Compañía figuró entre las principales casas comerciales de San Diego del Valle, entonces municipio de la provincia de Santa Clara. El establecimiento, conocido también como La Casa Grande, estuvo dirigido por los hermanos Bernardino, Valentín y Carlos Llama y combinó el comercio general con el crédito agrícola, la representación bancaria y los negocios relacionados con la caña de azúcar y el tabaco.
Según una extensa reseña publicada por El Fígaro en 1919, el establecimiento remontaba su fundación a 1868, aunque la revista no indica quién lo creó ni bajo qué razón social funcionó inicialmente. Señala además que los hermanos Llama ingresaron en la casa en 1909 y que bajo su dirección alcanzó una considerable prosperidad.
Esta información permite remontar la tradición comercial del establecimiento hasta el siglo XIX, pero no significa que B. Llama y Compañía existiera con esa razón social desde 1868.
Los hermanos Llama
En 1919, la dirección de la casa estaba vinculada a Bernardino, Valentín y Carlos Llama. El pie de una fotografía publicada por El Fígaro identificaba a Bernardino y Valentín como gerentes y a Carlos como apoderado de la firma.
La documentación mercantil permite precisar mejor su organización. El Diario de la Marina informó que, con efectos desde el 25 de mayo de 1915, quedó disuelta una sociedad que ya giraba en San Diego del Valle bajo la razón de B. Llama y Compañía. Inmediatamente se constituyó otra sociedad con el mismo nombre, encargada de continuar los negocios y asumir todos los créditos activos y pasivos de la anterior.
La nueva compañía quedó formada por Bernardino Llama Lainz y Valentín Llama Hoyo, como socios gerentes, y Carlos Llama Hoy, como socio industrial y apoderado. Esta última forma del apellido es la que aparece en el anuncio de prensa y podría tratarse de una errata por Hoyo.
Por tanto, B. Llama y Compañía existía ya antes de 1915, aunque todavía no se ha localizado el documento de su constitución inicial.
Comercio, crédito y agricultura
La Casa Grande poseía un amplio surtido. Vendía víveres, loza, ferretería, materiales, ropa, sedería y quincalla, lo que la convertía en un importante centro de abastecimiento tanto para el poblado como para las fincas y barrios rurales del municipio.
Pero los hermanos Llama no se limitaron al comercio. Según El Fígaro, refaccionaban a colonos y vegueros, adelantándoles recursos para sostener las cosechas, y representaban en San Diego del Valle al Banco Internacional. La revista afirmaba además que realizaban operaciones superiores a doscientos mil pesos, aunque no especificaba si esta cantidad correspondía al capital, al volumen de negocios o al crédito movilizado por la casa.
Los Llama poseían también propiedades rurales destinadas a la caña de azúcar y el tabaco. La publicación destacaba especialmente sus negocios tabacaleros y señalaba que mantenían relaciones comerciales con los Estados Unidos. Estas afirmaciones proceden de una reseña de tono claramente promocional y no han podido contrastarse todavía con balances, escrituras de propiedad o registros de exportación.
La Casa Grande
En noviembre de 1918, la revista La Montaña utilizó expresamente el nombre La Casa Grande para identificar el establecimiento de B. Llama y Compañía. La publicación acompañaba una fotografía de Angelín y Carlitos Llama, naturales de Villaverde Pontones y sobrinos de Bernardino, Valentín y Carlos.

La referencia es interesante porque muestra los vínculos de la familia con Cantabria. Bernardino mantenía una estrecha relación con aquella región. En 1914, El Cantábrico informó de su matrimonio con Adela Rivas Llama, y en 1916 La Montaña anunció su viaje a Santander a bordo del vapor Alfonso XII, presentándolo como principal gerente de B. Llama y Compañía.
Las fuentes ofrecen distintas formas de su segundo apellido: Sainz en la noticia matrimonial de 1914 y Lainz en el anuncio mercantil de 1915.
Una noticia de 1902
Existe un antecedente que debe manejarse con cautela. En febrero de 1902, el Diario de la Marina informó que A. Casales y Compañía había sido disuelta y que sus existencias, créditos y obligaciones pasaban a una nueva sociedad denominada Andrés Laínz y Compañía, cuyos gerentes eran Andrés Laínz y Bernardino Llama.
La noticia resulta de interés por la presencia de un Bernardino Llama en el comercio de San Diego del Valle, pero no demuestra que B. Llama y Compañía surgiera de aquella operación ni que La Casa Grande fuera el establecimiento entonces transferido. Hasta localizar documentación que establezca expresamente esa continuidad, ambas historias empresariales deben mantenerse separadas.
B. Llama y Compañía en 1919
Cuando El Fígaro visitó San Diego del Valle en 1919, presentó a B. Llama y Compañía como uno de los negocios más prósperos del municipio. El tono de la reseña es marcadamente elogioso, pero las demás fuentes confirman que se trataba de una empresa familiar sólidamente establecida, con intereses que trascendían el comercio minorista.
La Casa Grande constituye así un buen ejemplo de aquellas casas mercantiles de las poblaciones cubanas que reunían bajo una misma dirección comercio, crédito agrícola, representación financiera y propiedades rurales, convirtiéndose en piezas importantes de la economía local.
Fuentes
- “Sociedades y Empresas”. Diario de la Marina, 21 de febrero de 1902, p. 3.
- El Cantábrico, año XX, núm. 7.689, Santander, 16 de julio de 1914, p. 2.
- “B. Llama y Comp.”. Diario de la Marina, 17 de julio de 1915, p. 9.
- “Vida Montañesa”. La Montaña, año I, núm. 30, La Habana, 22 de julio de 1916, p. 16.
- La Montaña, año III, núm. 44, La Habana, 2 de noviembre de 1918, p. 23.
- Viajero. “B. Llama y Compañía”. El Fígaro, año XXXVI, núm. 40, La Habana, 19 de octubre de 1919, p. 1133.
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