
Fernando Lobeto Miguel fue un empresario tabacalero y dirigente de la colectividad asturiana en Cuba, vinculado durante más de medio siglo al comercio y la industria de La Habana.
Nació el 20 de diciembre de 1877 en Campo de Caso, Asturias, y llegó a Cuba en 1892, cuando tenía catorce años —cumpliría quince en diciembre de ese año—. Como tantos emigrantes españoles de su generación, comenzó trabajando en actividades comerciales y con el tiempo extendió sus intereses a distintos sectores de la economía, aunque fue en el negocio del tabaco donde desarrolló la parte fundamental de su trayectoria empresarial.
Su carrera quedó estrechamente vinculada a la empresa creada en 1902 por su tío Saturnino Miguel, empresario que había ocupado cargos ejecutivos en la Cuban Land and Leaf Tobacco Company y poseído, entre otros intereses, la fábrica de fósforos Acebo, Simón y Compañía. Cuando Saturnino Miguel se retiró a España en 1918, traspasó el negocio a su sobrino Fernando Lobeto Miguel, asociado con su propio hijo, Miguel Miguel Cortés. La firma se reorganizó entonces como Lobeto y Compañía y posteriormente adoptó la razón social Lobeto y Miguel. En 1923 Fernando Lobeto pasó a ocupar la gerencia.
El crecimiento económico alcanzado por Lobeto no se limitó al sector tabacalero. También tuvo intereses en la industria azucarera y llegó a ser propietario del central Fajardo, situado en San Antonio de los Baños. Su incursión en ese negocio no tuvo, sin embargo, resultados favorables. Las empresas de Cuba 1958 lo incluye entre los propietarios del central durante una etapa especialmente difícil, en la que la fábrica permaneció inactiva entre 1925 y 1935. La experiencia terminó con la pérdida de aquella propiedad y Lobeto concentró nuevamente sus actividades en el tabaco.
Hacia 1944 su casa tabacalera constituía ya una empresa consolidada. La Guía Provincial de La Habana de ese año señalaba entre sus marcas Casín y Flor de Lobeto y calculaba en alrededor de treinta el número de trabajadores de sus establecimientos. Para entonces Lobeto desempeñaba además la presidencia de la Unión Nacional de Fabricantes de Tabaco. En otros momentos fue tesorero de la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Tabaco, lo que confirma su inserción en las organizaciones corporativas del sector. La documentación recopilada posteriormente por Guillermo Jiménez Soler registra también a la empresa como cliente del Banco Núñez, con créditos por 110 000 pesos.
La trayectoria comercial de la firma continuó hasta sus últimos años. En 1958, dos años después de la muerte de Fernando Lobeto, Compañía Tabacalera Lobeto mantenía su almacén y fábrica en Monte núm. 466, La Habana, y comercializaba las marcas Sol de Lobeto, Sol de Miguel y Casín. La empresa estaba entonces en manos de sus herederos.
Paralelamente a su actividad empresarial, Fernando Lobeto alcanzó una posición destacada dentro de la numerosa colonia asturiana de Cuba. Adquirió la ciudadanía cubana en 1932 y mantuvo una intensa participación en las instituciones de los emigrantes de su región natal. Presidió el Centro Asturiano de La Habana entre 1941 y 1943, pero su actuación asociativa fue más extensa. Al anunciar su fallecimiento en 1956, Diario de la Marina recordó que también había presidido la Sociedad Casina, el Club Deportivo Asturias y el Banco Asturiano de Ahorros. Había alcanzado, por tanto, una posición que trascendía el ámbito estrictamente empresarial y lo situaba entre las figuras representativas de la colectividad asturiana de la capital cubana.
Su actuación al frente del Centro Asturiano coincidió con las profundas divisiones provocadas dentro de las asociaciones españolas de Cuba por la Guerra Civil y el posterior exilio republicano.
Una investigación reciente de Daniel J. Fernández-Guevara identifica a Lobeto como masón y simpatizante de la República española. Según las fuentes examinadas por ese autor, durante su presidencia contribuyó a que sectores más conservadores del Centro Asturiano aceptaran proporcionar cierta ayuda a los refugiados republicanos: asistencia médica para exiliados enfermos, una aportación de 500 pesos y la escolarización de algunos niños refugiados en el Plantel Jovellanos.
La propia investigación señala, no obstante, que estas iniciativas se desarrollaron dentro de una institución atravesada por fuertes tensiones políticas y cuya ayuda global a los refugiados fue limitada. Esto permite precisar mejor la afirmación de la Guía Provincial de 1944, que lo describía simplemente como simpatizante de la “causa de las democracias”.
En el ámbito familiar, Fernando Lobeto estaba casado con Elisa Álvarez Sánchez. En 1944 el matrimonio residía en Egido núm. 407, Hotel San Carlos, en La Habana, y se mencionaban sus tres hijos: Fernando, Armando y Dolores Lobeto Álvarez. Los propietarios de Cuba 1958 confirma esos nombres y demuestra, además, que los tres participaron posteriormente en la continuidad de la empresa familiar.
El principal sucesor fue Fernando Lobeto Álvarez, quien en 1958 figuraba como gerente y propietario familiar de Compañía Tabacalera Lobeto. Sus hermanos Armando y Dolores eran también socios de la firma.
Fernando hijo estaba casado con Laura Casals y tenía un hijo, igualmente llamado Fernando, con lo que la familia había alcanzado ya una tercera generación vinculada al apellido Lobeto en Cuba. La documentación funeraria de 1956 presenta una pequeña variante que conviene conservar: en lugar de Dolores menciona a “Lolina Lobeto Álvarez”, probablemente el nombre familiar con que era conocida, aunque las fuentes examinadas hasta ahora no permiten demostrar documentalmente que Lolina fuese un diminutivo de Dolores.
La esquela permite ampliar todavía más el cuadro familiar. Además de Elisa Álvarez y sus hijos Fernando, Armando y Lolina, menciona a Laura Casal de Lobeto, Carmen Castro de Lobeto, Fernando Lobeto Casal y a Armando, Elisa y José Luis Lobeto Castro.
La disposición de los nombres indica que estos últimos pertenecían a las siguientes generaciones familiares, aunque conviene recurrir a registros civiles o matrimoniales antes de establecer definitivamente todos los parentescos. Figura también Melchor Lobeto Miguel, señalado como “ausente”; la coincidencia de apellidos hace pensar en un pariente muy próximo de Fernando, pero el anuncio no especifica cuál era exactamente su relación.

Fernando Lobeto Miguel falleció en La Habana el 6 de septiembre de 1956, a los 78 años. Diario de la Marina informó al día siguiente que su cadáver había sido expuesto en capilla ardiente en los salones del Palacio de Asturias, donde sus coterráneos y amigos le rindieron guardias de honor. La esquela señala que había recibido los sacramentos y la bendición papal y anunció el entierro para las 9:30 de la mañana del 7 de septiembre, partiendo del Palacio del Centro Asturiano, San Rafael núm. 1, hacia el Cementerio de Colón.
Su muerte no significó la desaparición del negocio construido durante décadas. Para 1958 la Compañía Tabacalera Lobeto continuaba operando en Monte 466 bajo la dirección de su hijo Fernando y con Armando y Dolores como socios.
La evolución de la firma resume así tres generaciones de una misma red familiar: Saturnino Miguel, fundador en 1902; su sobrino Fernando Lobeto Miguel, quien asumió y desarrolló la empresa desde 1918 y la dirigió hasta su muerte; y los Lobeto Álvarez, que conservaron el establecimiento y sus marcas después de 1956.
Fuentes principales
- “Fernando Lobeto y Miguel.” Guía Provincial de La Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social, La Habana, Editorial Panamericana, Burgay y Cía., 1944.
- Jiménez Soler, Guillermo. Las empresas de Cuba. 1958 y Los propietarios de Cuba. 1958.
- Diario de la Marina, año CXXIV, núm. 213, 7 de septiembre de 1956, pp. 10-A y 8-A.
- Fernández-Guevara, Daniel J. Comrades and Internationalists: Forging Identity and Cuban Solidarity with the Other Spain, 1902–1961, tesis doctoral, University of Florida, 2022.
- Personalidades y negocios de la Habana
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