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Colegio Academia Yara: enseñanza moderna en La Víbora

29/08/2026 Por Almar Deja un comentario

Grupo de profesores y alumnos del Colegio Academia Yara, La Víbora, 1944.
Grupo de profesores y alumnos del Colegio Academia Yara. Guía Provincial de La Habana, 1944.

Entre los numerosos centros privados de enseñanza que funcionaron en La Víbora durante la primera mitad del siglo XX se encontraba el Colegio Academia Yara, establecimiento mixto que llegó a ocupar tres casas contiguas de la calle San Mariano y que combinó la enseñanza elemental con la preparación para el Bachillerato, los estudios comerciales y el ingreso en distintos centros superiores de la República.

Aunque todavía no ha podido determinarse la fecha exacta de su fundación, la documentación localizada permite seguir parte de su trayectoria desde finales de la década de 1930 y conocer algunos antecedentes profesionales de quienes estuvieron al frente del plantel.

María Teresa Salvi y José Fernández Vidal

Una de las directoras del colegio fue María Teresa Salvi Fernández, vinculada profesionalmente al magisterio cubano desde mucho antes de la época en que aparece al frente de la Academia Yara.

El 10 de julio de 1926 figuró entre las nuevas maestras graduadas de la Escuela Normal de La Habana, cuyos títulos fueron entregados en un acto celebrado aquel día. Al día siguiente, Diario de la Marina publicó la relación de las “nuevas maestras graduadas”, entre las cuales figuraba María Teresa Salvi Fernández.1

Cuando la Guía Provincial de La Habana reseñó el Colegio Academia Yara en 1944, la presentó como María Teresa Sálvi, directora y profesora de Geografía e Historia. La coincidencia del nombre, la profesión y la cronología permite identificarla razonablemente con la maestra normalista graduada en 1926.

El otro director era José Fernández Vidal, responsable además de las asignaturas de Aritmética, Álgebra, Geometría y Trigonometría. La guía lo calificaba como “un matemático de reconocida capacidad”.2

Su trayectoria docente puede seguirse, al menos, hasta 1930. El 12 de diciembre de aquel año Diario de la Marina publicó un comunicado del Colegio Academia Habana, dirigido por René Lufríu, en cuya relación de profesores y miembros del directorio figuraba José Fernández Vidal. También aparecía un Luis Fernández Vidal, cuya posible relación familiar con él no ha podido establecerse.3

Este antecedente resulta particularmente interesante porque el Colegio Academia Habana había publicado entre 1925 y 1926 una revista escolar titulada Yara. La publicación estuvo inicialmente dirigida por el propio René Lufríu, quien también dirigía el colegio.4

La coincidencia invita a considerar una posible relación entre aquel establecimiento y el posterior Colegio Academia Yara, pero por el momento no existe documentación suficiente para afirmar que uno fuera continuación directa del otro ni que José Fernández Vidal hubiese escogido el nombre en recuerdo de aquella publicación.

El colegio en San Mariano

La primera referencia segura localizada hasta ahora al Colegio Academia Yara corresponde a octubre de 1938. Para entonces funcionaba en los números 15 y 17 de la calle San Mariano, en La Víbora, y utilizaba el teléfono X-1767.

Un anuncio publicado aquel año resumía su oferta educativa:

Colegio Academia Yara. San Mariano 15 y 17. X-1767. Enseñanza Elemental, Bachillerato y Comercio. Preferente atención de alumnos internos.5

Se trataba, por tanto, de un establecimiento que ya combinaba la enseñanza general con los estudios comerciales y ofrecía además régimen de internado.

Seis años después había ampliado sus instalaciones. En 1944 la dirección comprendía San Mariano 13, 15 y 17, entre 10 de Octubre y Buenaventura. La incorporación del número 13 entre 1938 y 1944 parece indicar un crecimiento del plantel y probablemente de su matrícula.

La Guía Provincial de La Habana lo calificaba entonces como “uno de los colegios mejor reputados de La Habana” y reproducía su lema:

Un plantel de sólido prestigio educacional.

Aunque la misma fuente lo denominaba “novísimo Plantel”, sabemos hoy que llevaba funcionando al menos desde 1938. La expresión probablemente hacía referencia más al carácter moderno de su organización y de sus métodos que a una fundación inmediata.

Una enseñanza alejada de la simple memorización

La descripción de 1944 resulta especialmente valiosa porque explica con cierto detalle la concepción pedagógica del colegio.

El Yara impartía todos los grados de enseñanza elemental y superior, ajustados a los programas oficiales. Preparaba alumnos para ingresar en Institutos, Universidad, Escuelas Técnicas, Escuelas Profesionales y Superiores de Comercio, Escuela Militar, Escuela Naval, Escuelas Normales y Escuela del Hogar.

También ofrecía Bachillerato, cursos comerciales y técnicos, inglés en todos los grados, taquigrafía, mecanografía, contabilidad, teneduría de libros y cursos comerciales especiales.

Las clases eran diurnas y nocturnas y estaban abiertas a alumnos de ambos sexos.

Uno de los aspectos que más destacaba la institución era su rechazo de una enseñanza basada exclusivamente en la repetición y la memoria. Después de explicaciones relativamente breves del profesor, se pretendía que fuera el propio alumno quien desarrollara los temas y elaborara sus ejercicios en sus libretas.

La guía explicaba:

El Profesor hace que el niño sea quien trabaje.

En lugar del sistema de un único maestro responsable de prácticamente todas las materias, el Yara utilizaba profesores especializados por asignaturas, que se sucedían de acuerdo con el horario escolar.

También se impartían clases extraordinarias, fuera del horario regular, destinadas a aquellos alumnos que presentaban dificultades en determinadas materias. El propósito era ayudarlos a alcanzar el nivel general de su grupo.

La Biblioteca Circular

Otro rasgo interesante era la llamada Biblioteca Circular.

El colegio había reducido deliberadamente la dependencia del libro de texto y mantenía una colección integrada por obras aprobadas por la Junta de Superintendentes. Los libros quedaban a disposición de los estudiantes principalmente como material de consulta.

El método pretendía que la relación directa entre profesor y alumno tuviera mayor peso que la reproducción mecánica de las lecciones impresas.

No conocemos todavía el tamaño de aquella biblioteca ni los títulos que la componían, pero su existencia constituye otro indicio de la voluntad del establecimiento de presentarse como un colegio ajustado a los principios pedagógicos considerados modernos en aquellos años.

Educación cívica y vida estudiantil

La enseñanza no se limitaba a las materias académicas.

La dirección declaraba expresamente su preocupación por “la formación del ciudadano en el niño”, aprovechando las clases de Historia de Cuba y las conmemoraciones oficiales para desarrollar la educación cívica.

El colegio mantenía además una Asociación de Alumnos, actividades deportivas y una denominada “Hora de Radio del Colegio”.

Este último aspecto resulta particularmente interesante. La reseña de 1944 demuestra que la Academia Yara disponía de algún espacio radiofónico, probablemente utilizado para actividades culturales, intervenciones de profesores y alumnos o divulgación de la labor del plantel. Hasta ahora no se ha conseguido identificar la emisora ni la periodicidad de aquellas transmisiones.

El Yara y el fútbol intercolegial

La actividad deportiva mencionada por la guía puede documentarse desde finales de 1938.

El 25 de diciembre de 1938, la sección “Tópicos futbolísticos” de Diario de la Marina informó de varios acuerdos adoptados por la Liga Intercolegial. Su presidente, Manuel Llerandi, había decidido conceder una copa para el encuentro que disputarían la Academia Gregg y el Colegio Academia Yara el 2 de enero siguiente.6

La noticia confirma que el Yara no solo fomentaba el deporte dentro del colegio, sino que participaba en competiciones organizadas contra otros establecimientos docentes de La Habana.

Una información publicada el 3 de enero de 1939 permite seguir posteriormente aquel encuentro entre ambos centros, mientras que otras noticias de los años siguientes muestran nuevamente al Yara participando en actividades deportivas intercolegiales.

Los alumnos internos

El régimen de pupilaje tenía una importancia particular dentro del establecimiento.

Ya el anuncio de 1938 destacaba la “preferente atención de alumnos internos”, y la reseña de 1944 dedicó un apartado específico a explicar el sistema.

Los pupilos recibían supervisión tanto en sus necesidades cotidianas como en los estudios. Esta vigilancia se extendía incluso a jóvenes que residían en el colegio pero cursaban estudios en establecimientos oficiales.

La Academia Yara pretendía así sustituir parcialmente las funciones del hogar para quienes vivían en régimen interno, combinando alojamiento, disciplina y control académico.

Todavía funcionaba en 1952

La trayectoria conocida del colegio no termina en los años cuarenta.

En septiembre de 1952 vuelve a encontrarse documentada la Academia Yara en San Mariano 13, entre 10 de Octubre y Buenaventura.7 La dirección coincide con la registrada ocho años antes y confirma que el establecimiento continuaba siendo conocido con el mismo nombre.

Es, hasta el momento, la referencia más tardía localizada con seguridad.

No ha podido determinarse aún cuándo cesó definitivamente sus actividades ni si continuaba abierto al producirse la nacionalización de la enseñanza privada en Cuba en 1961. Por esta razón sería prematuro afirmar que el colegio fue directamente nacionalizado. Si todavía funcionaba en aquel momento, habría quedado comprendido en las disposiciones generales aplicadas a los establecimientos privados de enseñanza, pero falta localizar una fuente que demuestre su continuidad hasta esa fecha.

Una institución todavía por reconstruir

La historia del Colegio Academia Yara permanece incompleta, pero las fuentes disponibles permiten ya alejarlo del anonimato en que han quedado muchos antiguos colegios habaneros.

Sabemos que funcionaba al menos desde 1938, que amplió sus instalaciones hasta ocupar tres casas contiguas de San Mariano, que combinaba enseñanza elemental, Bachillerato y estudios comerciales, mantenía alumnos internos y externos, ofrecía clases diurnas y nocturnas y disponía de actividades deportivas, asociación estudiantil, biblioteca, actividades deportivas y una Hora de Radio del Colegio.

También conocemos mejor a sus directores. María Teresa Salvi Fernández pertenecía al magisterio normalista desde 1926, mientras que José Fernández Vidal tenía antecedentes docentes documentados desde, al menos, 1930.

Queda por determinar la fecha exacta de fundación, establecer si existió alguna relación institucional con el antiguo Colegio Academia Habana y descubrir qué ocurrió con el plantel después de 1952. Son preguntas todavía abiertas sobre una institución que, durante varios años, formó parte del amplio paisaje educacional de La Víbora.

Bibliografía y notas

  1. “Entrega de títulos a los nuevos maestros graduados.” Diario de la Marina. 11 de julio de 1926, p. 14. ↩︎
  2. “Colegio Academia Yara.” Guía Provincial de La Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social. La Habana: Editorial Panamericana, Burgay y Cía., 1944. ↩︎
  3. “El Directorio del Colegio Academia ‘Habana’ ofrece testimonio de solidaridad.” Diario de la Marina. 12 de diciembre de 1930, p. 14. ↩︎
  4. Yara. En Diccionario de la literatura cubana. La Habana: Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, 1980; edición digital, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. ↩︎
  5. “Colegio Academia Yara.” Hoy. 5 de octubre de 1938, p. 10. ↩︎
  6. “Tópicos futbolísticos.” Diario de la Marina. 25 de diciembre de 1938, p. 18. ↩︎
  7. Hoy. 2 de septiembre de 1952. Referencia a la Academia Yara, San Mariano 13, entre 10 de Octubre y Buenaventura. ↩︎
  • Personalidades y negocios de la Habana

Publicado en: Habana Etiquetado como: Colegios de La Habana, Habana: Instituciones y Negocios, Habana: Personalidades

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