• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Saltar al pie de página
  • PORTADA
  • CONTACTO

CubaMemorias

Archivo histórico digital sobre Cuba

  • Pinar del Río
    • Mariel
    • Pinar del Río
  • Habana
    • Aguacate
    • Batabanó
    • Bauta (Hoyo Colorado)
    • Caimito
    • Guanabacoa
    • Güines
    • Jaruco
    • Madruga
    • Nueva Paz
    • San Nicolás
    • Santa Cruz del Norte
  • Matanzas
    • Alacranes – Alfonso XII
    • Agramonte – Cuevitas
    • Arcos de Canasí
    • Bolondrón
    • Cárdenas
    • Carlos Rojas – Cimarrones
    • Coliseo
    • Colón – Nueva Bermeja
    • Jagüey Grande
    • Jovellanos – Bemba
    • Juan Gualberto Gómez – Sabanilla
    • Limonar – Guamacaro
    • Los Arabos – Macagua
    • Manguito – Palmillas
    • Martí – Hato Nuevo
    • Máximo Gómez – Recreo
    • Pedro Betancourt
    • Perico – Cervantes
    • San José de los Ramos – Cunagua
    • San Miguel de los Baños
    • Santa Ana de Cidra
    • Unión de Reyes
    • Varadero
  • Las Villas
    • Caibarién
    • Camajuaní
    • Cienfuegos
    • Cruces
    • Ranchuelo
    • Remedios
    • Sagua la Grande
    • Sancti Spíritus
    • Santa Clara – Villa Clara
    • Trinidad
  • Camagüey
    • Nuevitas
  • Oriente
    • Baracoa
    • Campechuela
    • Holguín
    • Manzanillo

El alma lírica de Oriente: canciones y compositores

04/08/2026 Por Almar Deja un comentario

Lino Boza y Pepe Figarola junto a la partitura del bolero “Un beso en el alma”, en una composición de prensa histórica.
Lino Boza y Pepe Figarola, dos figuras de la música oriental cubana, junto a los primeros compases del bolero “Un beso en el alma”, obra de Figarola.

En marzo de 1938, la revista Bohemia dedicó una de sus crónicas orientales a explorar la profunda tradición musical de Santiago de Cuba y de toda la región oriental. Bajo el título “El alma lírica de Oriente”, el artículo evocaba a compositores e intérpretes como Félix B. Caignet, Sindo Garay, Miguel Matamoros, Pepe Sánchez, Lino Boza y José “Pepe” Figarola, muchos de ellos creadores intuitivos que, sin formación académica, transformaron en canciones los ritmos y sentimientos de su tierra.

La figura central de la crónica es Pepe Figarola, modesto carpintero y prolífico autor de boleros, criollas y canciones populares. Su testimonio permite conocer el proceso mediante el cual concebía sus melodías, las retenía en la memoria y las transmitía después a otros músicos para llevarlas al papel. Reproducimos a continuación esta valiosa mirada periodística sobre una época en que Oriente abastecía buena parte del repertorio lírico de Cuba.

El alma lírica de Oriente

La canción, el son, la música criolla tienen en este Oriente tan hondas raíces populares, que aquí ha estado el almacén que abasteció, hasta hace pocos años, los mercados líricos de la República, supremacía que ha decaído por dos razones que nosotros nos explicamos en esta forma:

  1. Por la falta de contenido literario de las letras.
  2. Porque los compositores no conocen la técnica musical.

El caso de Félix Caignet es la prueba más evidente. De él hablamos, por primera vez, al público de la Habana, en 1927, desde las columnas de una revista, cuando su personalidad artística tenía ya contornos vigorosos, pero era ignorado por el gran público, que diez años después lo conoció directamente. Caignet, dijimos entonces, no sabe una palabra de música y en sólo dos meses compuso siete canciones criollas con su poderosa vena melódica.

Primeros compases de la antigua canción “Aprepárate Mandinga”, reproducidos en una publicación histórica cubana.
Primeros compases de una antigua canción: “Aprepárate Mandinga —Que frutan va —El que dice que no quiere —Y queriendo etá”.
Recreación aproximada al piano de los primeros compases de la antigua canción “Aprepárate Mandinga”: “Que frutan va —El que dice que no quiere —Y queriendo etá”.

El mismo Sindo Garay, que ha llenado con sus composiciones todo un ciclo folclórico nacional, tampoco es músico, como no lo son Matamoros, Toronto, Pablito Limonta y otros muchos cuyas canciones se han popularizado enormemente.

Cuando Félix Callejas reprodujo en El Mundo su linda “Muñequita”, mandamos a buscar una mañana a Pepe Figarola y le dijimos:

—Mira: lee este verso y ponle música…

Y ¡aquella misma noche! Pepe lo había musicalizado y nos cantaba una de las melodías vernáculas de mayor armonía, de ritmo más elegante y completo.

Partitura del bolero “Muñequita de carne”, canción de Figarola con versos de “Billiken”.
“Muñequita de carne”. Bolero. Una de las más finas canciones de Figarola, con los conocidos versos de “Billiken”.
Interpretación aproximada al piano de los compases conservados del bolero “Muñequita de carne”, de Figarola, con versos de “Billiken”.

Pero no siempre hay material literario de que echar mano, y el afán de crear música lleva a los compositores a hacer ellos mismos la letra; pero, carentes de condiciones poéticas, generalmente escriben unos verdaderos adefesios que sólo “pasan” por la música, ropaje opulento de armonía con que cubren la fealdad interior de la letra.

—¿En esas condiciones, cómo es posible realizar el milagro?

Esta pregunta se la hacemos a uno de los compositores de más fino temperamento artístico que hemos conocido, a un carpintero modestísimo que, de haber tenido un mecenas que lo condujera, hubiera cristalizado en una figura continental. Nos referimos a Pepe Figarola, quien responde diciéndonos:

—El músico técnico, el profesional que estudió armonía y composición, lo mismo compone la canción haciendo la música antes, que lee la letra y le adapta su música.

Pero para nosotros, los que no sabemos música, pero que la sentimos en el alma, el proceso mental es más complejo, más lento, más difícil. Si la letra es de medida corta, cabe mejor en ella un tiempo de criolla o de bolero; si es de medida larga, se acopla mejor al tipo de canción u otro ritmo cubano.

Mentalmente se va gestando el ritmo: en el cerebro la vibración se hace música y sale a los labios, que —bajito, con sordina— van emitiendo el sonido, que repetimos constantemente para grabarlo en ese pentagrama que llevamos dentro, ya que no sabemos llevarlo al papel…

Un verdadero tormento; pero es como una embriaguez, como un sueño, del que despertamos cuando ya se ha cuajado la composición completa. Entonces buscamos a los compañeros del conjunto, que aprenden la música, y entre todos hacemos las correcciones y cambios de tonos que el buen gusto nos sugiere, hasta que viene algún amigo y copia la canción.

—Y en esa forma, ¿has compuesto muchas?

—¡Quizás demasiado! Mis obras que mayor popularidad alcanzaron fueron Castalia Fuente, Un beso en el alma, Si yo fuera ladrón, Sin decirte nada, Gesto, Ave Luz, Linda Zenaida, Junín, Guajirita, Cuando brilla el sol, Ojos azules, Vidita mía, Carmen, La zafra en Cuba, Ámame aunque sea en chino, Del timbo al tambo, Adela, Yo no tengo quien me quiera, Mujer ingrata, Regando flores, Muñequita…

Fragmento de la partitura de “¿Qué te diga una poesía?”, capricho musical de José Figarola.
Un capricho de armonías: “¿Qué te diga una poesía?”, por José Figarola.

Y agrega:

—He utilizado versos de Julio Flores, de Sánchez Galarraga, de Abril Amores, de Clavijo Tesseur; en el resto yo he puesto todo: letra y música.

—¿Quién te enseñó a cantar?

—Sindo fué mi maestro. Cuando yo tenía 19 años me “sacó a la calle”. Seis años después compuse mi primera música. También estuve al lado de aquel famoso Pepe Sánchez, de Emiliano Blez, de Manuel Delgado, de Juan de Dios Hechavarría.

—¿Cuál es tu canción predilecta?

—Muñequita de carne.

—¿Y la que más dinero te ha hecho ganar?

—Castalia Fuente, que se imprimió en discos para victrolas y pianolas y se editó por Anselmo López para canto y piano.

No mencionamos aquí —en esta crónica de autores genuinamente populares— a otras figuras eminentes de la música oriental que cultivaron el género clásico, como Lino Boza, autor de la marcha fúnebre Jesús, que aún se oye en Europa y que dió a la lírica nacional un caudal abundante de valses, lanceros y polacas, y a la Iglesia un repertorio completo de música sagrada que se toca en la Capilla Sixtina.

Ni a Cratilio Guerra, el creador de tantas maravillas; ni al maestro Salcedo, fundador de un centro estelar de cultura y compositor consagrado; ni a Lauro Fuentes, que compuso un centenar de piezas de positivo valor y que, en un concierto, acompañó al piano al eminente Gottschalk a su paso con Adelina Patti por Santiago.

Esas son constelaciones del cielo musical de Oriente. Pero sí es preciso, antes de cerrar estas líneas fugaces y comprimidas, dejar estampado el nombre de Pepe Sánchez, genial —¡así mismo, genial!—, para quien, sin saber tampoco música, el sonido no tuvo jamás secretos: príncipe de la armonía, de un extraordinario temperamento artístico, mulato singular que pobló a Cuba con la delicada armonía de sus canciones, que todavía perduran a través de tantos años.

Otros nombres orientales quedan al margen de estas notas, porque hay una pregunta que vemos saltar en los labios del lector:

—¿Es verdad que en Manzanillo se baila el son en calzoncillo y en camisón?

Bibliografía y notas

  • “Bohemia en Oriente. El alma lírica de Oriente.” Revista Bohemia. Año 30, núm. 10, 6 de marzo de 1938, pp. 40 y 54
  • Sobre Santiago Rodríguez Góngora: Véase también nuestro artículo dedicado a la prensa y los intelectuales de Manzanillo, donde se recogen algunas noticias sobre su actividad médica y literaria: En Manzanillo Cultural: la prensa periódica y los intelectuales

Publicado en: Música Etiquetado como: compositores cubanos, José “Pepe” Figarola, Lino Boza, Miguel Matamoros, Oriente: Personalidades, Revista Bohemia, Santiago de Cuba

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Buscar en el sitio:

Categorías

Donar

Rescatar la memoria histórica requiere tiempo y dedicación. Si valora este trabajo, puede apoyar CubaMemorias.com con una donación. Toda ayuda, grande o pequeña, contribuye a crear nuevos contenidos. ¡Gracias!

Censos de la Isla de Cuba desde la Colonia hasta el siglo XXI

Inspectores del Censo de Cuba en 1899. Agustín H. Agüero, Manuel Rasco, Sabás Meneses, Claudio Dumas, Juan Bautista Jiménez y Pedro Pequeño.

División política y administrativa de la Isla de Cuba

Mapa de la Isla de Cuba y tierras circunvecinas según las divisiones de los naturales. José María de la Torre y de la Torre, Habana 1841. B.N.F

Presidentes de la Isla de Cuba

Vista del Palacio de Gobierno de los Capitanes Generales y de los Presidentes de Cuba en la Habana.

Comentarios recientes

  • Olguita Llanes en Hotel Villaverde en San Miguel de los Baños
  • Almar en Ricardo Linares y la tienda El Veinte de Mayo
  • Ana Maria Linares Melendez en Ricardo Linares y la tienda El Veinte de Mayo

Footer

Recursos

Política de Privacidad.

Enlaces

Negocios Habana Negocios Las Villas Negocios Matanzas Negocios Oriente

Interesantes

Historias y Leyendas Escritores y Poetas

Síguenos

Facebook Youtube

Copyright © 2026 · Cubamemorias.com