
La Sociedad fue una gran sastrería y taller de confecciones que tuvo sucursal en la calle de Monte 347, Habana. ¿Quién, lo mismo en la Habana que en cualquier punto de la Isla, ignora que exista La Sociedad?
¿Quién, al oír pronunciar este nombre, o al leerlo en cualquier cartel anunciador, o en las páginas de un diario o revista, deja de tener en el acto la visión de una casa modelo, de un establecimiento que es honra para el país y puerto seguro al que puede arribar confiado quien desee vestir correcta y elegantemente?
“La Sociedad” es popularísima en toda la República. Lo es, tanto por su antiguedad como por lo excelente de la labor que brinda a su gran clientela. Y lo es porque, gracias al magnífico sistema implantado por ella, puede quien viva muy lejos de la Habana vestir elegantemente, sin mayor esfuerzo, como si habitase en el más céntrico barrio habanero.
En cuanto a la antiguedad de la famosa sastrería diremos que ésta se estableció en el año 1872.
Los fundadores, hombres de grandes arrestos y perfectamente preparados para el negocio, fueron los primeros en vender directamente del fabricante al consumidor, ahorrando a éste todos los gastos de intermediarios y dándole, en cambio, los últimos modelos de temporada, los trajes más elegantes, los géneros de mejor calidad, una confección esmeradisima y en condiciones de precios las más económicas posibles.
El éxito sonrió a los fundadores.
Pronto el público supo apreciar las ventajas que “La Sociedad” le ofrecía; ventajas que hallaba lo mismo en los trajes hechos, o de confección que en los a medida.
Los primeros reunían a la bondad del género un corte excelente, siempre conforme con lo que indicaran los últimos figurines; y los trajes hechos a medida lo mismo, con la diferencia, a su favor, de que excelentes cortadores hacían más efectiva la indicación de la moda y hasta podían adaptarla a caprichos del cliente poco amigo de exageraciones de las que no está libre aquella en la mayoría de los casos.
Los progresos de “La Sociedad” exigieron la reforma, la ampliación y el embellecimiento del edificio que ocupaba, y ocupa, en la calle Obispo, el cual llama la atención tanto por su fachada y vidrieras artísticas como por la riqueza en detalles y admirable distribución de los departamentos interiores.
Estos son el destinado a la venta de ropa hecha, sito en la planta baja en la que hay instalados varios cuartos independientes para prueba, y el de exposición de telas y ropas.

En la planta alta, a la que se llega por regia escalera de mármol, están los saloncillos de prueba para los trajes hechos a medida. Y en otros departamentos, amplios, trabajan los maestros cortadores, entre los que se cuentan expertos de reconocido cartel; y trabajan también, en departamento especial, destinado a confección de trajes, unas doscientas obreras.
La oficina de la gerencia y la de la sección de propaganda, sumamente eficaz y hábilmente dirigida, también están instaladas en la planta alta.
La organización interna del departamento destinado a las obreras es digno de ser citado como modelo en su clase, por el orden y la disciplina en él reinantes, y por la consideración con que se trata a las jóvenes que en él trabajan.

El orden es perfecto, y el respeto a las trabajadoras es grande. Éstas tienen para su exclusivo uso un magnífico departamento de “toilette”, dotado de todo cuanto la higiene exige, y en él pueden asearse y cambiarse la ropa de calle por la de labor.
Además de las operarias citadas, cuyo número se eleva a 200, no menos de un centenar de mujeres trabajan en sus respectivas casas por cuenta de “La Sociedad”. El número de empleados es de cuatrocientos, mereciendo citarse a los cortadores, muy prácticos, muy bien reputados y verdaderamente al corriente de la último moda.
Una de las propagandas más efectivas de “La Sociedad” ha sido el establecimiento de los “sábados populares” a base de venta de trajes al costo, verdaderas ventas de reclamo al que se sacrifica la utilidad en gracia a la propaganda, beneficiando de manera positiva al comprador.

En Monte, 347, tiene establecida una Sucursal “La Sociedad” y en ella hay grandes talleres de confección en los que trabajan buen número de operarios de ambos sexos. Jaime Fargas y Ca., propietaria de La Sociedad igualmente poseía casa en Obispo, 65.
Y, refiriéndonos nuevamente a la propaganda debernos mencionar los lujosos folletos, con dibujos de los más renombrados dibujantes cubanos que se reparten en todas las temporadas, así como el gusto con que se arreglan las vidrieras que dan a la calle Obispo, en las que se derrocha ingenio y buen gusto.
En apoyo de nuestro aserto, referente a lo popularísima que es “La Sociedad” en toda la Isla, publicamos una lista de las Agencias establecidas en 1918.
Pinar del Río, La Colosal, Nuevo Nieto y Comp; San Luis (Oriente), La Primera de San Luis, Manuel Santos; Palma Soriano, La Sociedad, Antonio Bonning; Trinidad, La Casa Blanca, Fernando Soto del Valle; Jobabo, La Gran Señora, Julio Fernández; Fomento, La Esperanza, Ventura Pena Grela; Matanzas, La Mina, Celestino Diaz; Cárdenas, La Escocesa, Ignacio Lizama;
Victoria de las Tunas, La Casa Grande, J. Carbonell y Hno.; Colón, La Casa Grande, Lizama y Muñiz; Ranchuelo, García y Gutiérrez; Placetas, La Revoltosa, San Miguel y Hno,; Cueto (Oriente), Dager y Co.; Velazco (Oriente), El Encanto, Solar y Fernández, S. en C.; Manatí, Sobrinos de Bea; Santa Lucía, Santa Lucía Co.; Zulueta, Sebastián Perea;
Nuevitas, Emiliano Manresa; Santa Clara, La Casa de Avello, Benigno Avello; Cruces, La Casa de Avello, Martínez y Hno.; Esperanza, Torres González y Comp.; Manzanillo, La Fortuna, Izaguirre y Galliano; Ciego de Avila, La Sociedad, Manuel Camín; Holguín, Armando Pérez; Cienfuegos, La Casa de Estany, Estany y Hno.; Chaparra, Departamento Comercial, Chaparra Sugar Company;
Delicias, Departamento Comercial; Remedios, Casa de Meilán, Manuel Meilán, S. en C.; Cabaiguán, La Revoltosa, Maximino Alvarez; Bayamo, La Francia, López y Fernández; Camajuaní, La Casa Iborra, Diego Iborra; San Juan de las Yeras, Hierro G. Urdambidelus; Central “Adela”, Urrutia y Co.; Buena Vista, Urrutia y Co.; Limonar, Laureano Cuesta;
Morón, La Sociedad, José González Galán; Gibara, La Moda, Angel Fernández; Sancti Spíritus, La Revoltosa, Benito R. Rivacoba; Artemisa, La Filosofía, Fernando G. Campoamor Consolación del Sur, El Encanto, Peláez Campos y Co.
Y están en organización, las siguientes:
Majagua, Eduardo Ruiz; Banes, “La Sultana”, López y Solís; Puerto Padre, “La Casa del Pueblo”, Enrique López; Banes, United Fruit Co.; Guantánamo, Bertrán Batet y Co.; Guantánamo, “La Lira”, Rosendo Ferrer; Yaguajay, F. Díaz; Encrucijada, “La Isla de Cuba”, Muñiz y González;
Banaguises, “El Encanto”, José G. López. S. en C.; Santiago de Cuba, “Los Estados Unidos”, Pérez y Co.; Sagua la Grande, “El Lazo de Oro”, Conrado Martínez; Rodas, “El Rubí”, José A. Besil; Camaguey, “La Casa del Pueblo”, Miguel Agramonte.

Don Jaime Fargas, gerente de “La Sociedad”, hace que en la popular casa se reflejen la esplendidez, el orden y el buen gusto, cualidades que adornan a tan estimable caballero.
La boda de Jaime Fargas y Carmen de la Torriente en 1907
Del carmel. En reducido círculo de familiares é íntimos, á causa del luto reciente del novio, se celebró el sábado, á las nueve de la noche en la elegante casa de Ancha del Norte 226, la boda de la bella y joven señora Carmen de la Torriente y el conocido caballero Jaime Fargas y Arderius.1
Fueron apadrinados por la respetable dama Balbina de la Rosa viuda de Torriente, madre de la desposada y por el querido amigo, que fué hasta hace poco tiempo Ministro de Cuba en Madrid, señor Cosme de la Torriente.
Fueron testigos, por la novia, el doctor Carlos de la Torre, el doctor Tomás V. Coronado y el señor Antonio Ball-Llovera. Por el novio: el doctor Rafael Suárez Bruno, Licenciado Juan Carlos Andreu, el doctor Francisco Etchegoyen y el señor Arturo Amigó.
El padre Emilio, párroco de Monserrate, dió su bendición á los simpáticos novios. Felicidad para éstos. Y felicidad inextinguible, eterna.
Fargas, ball-lloveras y Ca., S. en C. deviene Fargas y Ca., S. en C. en 1912
Disuelta por expiración del término legal, la sociedad mercantil que giraba en esta plaza bajo la razón social de Fargas, ball-lloveras y Ca., S. en C., se ha constituido, por escritura otorgada ante el Notario Ldo. Juan Carlos Andreu, con efectos retroactivos al 1o. del actual, la de Fargas y Ca., S. en C., como continuadora de los negocios de aquélla, liquidadora de créditos activos y pasivos y adjudicatario de derechos y acciones.2
Son gerentes de ella don Jaime Fargas y Arderius y don Esteban Palau y Catafal; comanditarios don Juan y don Esteban Fargas y Carné, e industriales los señores don Gerardo Alvarez, don José Baró y don Matías Ferrando.

Bibliografía y notas
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