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La Fiesta del Árbol en Madruga el 25 de Agosto 1910

05/06/2026 Por Almar Deja un comentario

Concurrencia durante la Fiesta del Árbol en Madruga en 1910, mientras hacen uso de la palabra Alfredo Zayas y Ramón Meza.
La Fiesta del Árbol en Madruga. Aspecto de la concurrencia en momentos de hacer uso de la palabra los señores Alfredo Zayas y Ramón Meza, 1910.

Ocurrió en Madruga la “Fiesta del Árbol” el día 25 de agosto de 1910, día de fiesta tradicional para el alegre y pintoresco balneario de Madruga, por estar dedicado a San Luis, rey de Francia, su Patrono, un día de cielo de claro azul transparente, en que parecían lucir más las palmas sus penachos de esmeralda heridas por el sol que desde lo alto de aquella inmensa comba lanzaba raudales de plata.

Un día en que las mariposas de múltiples colores jugueteaban más entre las flores, y cantaban, entre las ramas de los naranjos cargados de azahar, los sinsontes; un día así, de luz, de perfumes, de galas de la naturaleza fué el escogido por los temporadistas de Madruga para realizar la hermosísima y culta fiesta cívica llamada “del Árbol”.

Horas de expansión y de regocijo, de puras emociones, tras de tantas de amarguras y decepciones, son necesarias al espíritu para levantar sus fuerzas postradas por los embates de las pasiones bastardas. Dejadme que me envanezca, con envanecimiento infantil si queréis, después de inmerecidas derrotas para mis ideales é ilusiones.

Celebré en mi país, con éxito, la fiesta del árbol; fiesta de cultura, de educación cívica, de noble y útil ejemplo; fiesta que se imitará, se reproducirá y servirá de estímulo en otras partes de nuestro territorio para despertar el amor á los árboles, á la naturaleza, que junto con los libros son nuestros amigos más fieles, nuestros consejeros más desinteresados y sanos.

Cuando las campanas de la torre de la iglesia de Madruga, que dibuja sus líneas sobre el fondo verde oscuro de las accidentadas crestas del Grillo, alturas de combates heroicos, de hazañas memorables, en pos de la verdadera libertad, lanzaron en alegres repiques sus últimas vibraciones, casi todos los asistentes á las ceremonias sagradas, en ordenada procesión se dirigieron al punto de cita que era la casa del Sr. J. M. Santos, vecino de la plaza.

En ella, en diez hoyos, lucían gallardetes de color vario que flameaban cargados de cintas y de flores entre el ramaje verde claro de tiernos arbolillos. En cada uno de aquellos diez hoyos debían plantarse otros tantos álamos. Veinte más, en aquella misma mañana se plantaron para completar el arbolado del parque central del balneario y conforme á su plano.

Dos días antes, en los vastos salones del hotel “Delicias del Copey”, y los de la sociedad “Martí” se habían llevado á cabo los preliminares de organización de la fiesta. Realizáronse legalísimas elecciones para designar entre las señoras, señoritas y jóvenes vecinas del pueblo y temporadistas quienes habían de constituir los grupos, ser las madrinas y los portadores del árbol.

Así se formaron estos bellos grupos que, ordenados, luciendo cada uno sus colores en cintas, moñas, velos de gasa y de tul que bajaban del árbol para ser sostenidos por manos de las jóvenes, eran de rojo, de lila, de blanco, de azul, de rosa, de verde Nilo, de naranjo y de verde esmeralda.

Cuando unos tras otros, llevando á su frente niños y niñas de las escuelas, á regular distancia, bañados de aire y de sal, recorrían, á los acordes de la música las calles de la plaza, desplegándose con viveza y gallardía, eran dignos de ser fijados por el pincel ó el buril, en un friso, en un tímpano ó en un panel, como las fiestas análogas de Grecia.

Banderolas de raso, gallardetes, lazos y cintas, en torno del tierno arbolillo cuyas hojas verde claro transparentaba el sol, destellos de abanicos de marfil y nácar y del metal de las ornadas regaderas que como símbolo de la fiesta portaban graciosamente adornadas en sus manos las madrinas;

Flores muchas flores, en las cuales se habían esmerado los grupos en hacer que resaltase la de su respectivo color, lirios y aguinaldos morados; claveles y rosas de jericó, de radiante color rojo; júpiter y coralillo y rosas, muchas rosas, para ornar su grupo de color rosado;

Ipomeas, aguinaldos, pasionarias, clavellinas, amarantos, crisantemos, todas iban como en el grupo azul, el inverosímil color azul en las flores, allí iban á dar su nota distintiva como si en himno restallante de color y vibraciones por las caricias y los besos del sol quisieran con su galanura aumentar las alegrías de fiesta tan original como grata.

Ante una modesta tribuna cubierta por la bandera heroica del triángulo rojo con su estrella solitaria y sus barras blancas y azules, se congregaron estos grupos y el pueblo. El que recoge á vuela pluma, y procura reflejar estas impresiones, dirigió la palabra al pueblo en nombre de la comisión organizadora, esforzándose en hacer resaltar
la utilidad que para las ciudades tienen fiestas cívicas como estas de una cultura innegable;

Pidiendo que se repitieran en la localidad y se imitaran y sucedieran para que constituyera siempre un acto memorable el plantío de árboles en calles, plazas, carreteras y otros lugares, á la vista de los niños, con la concurrencia de vecinos y del pueblo, para extender y propagar el amor al arbolado, su cuidado, su atención y dando enseñanza y educación cívicas.

Hubo de lamentar la desaparición de una esbelta ceiba que lucía en el centro de la plaza y que allí se colocó en el día memorable de la constitución de la República de Cuba libre y soberana, no creyendo de ninguna suerte, como se aseguraba, que el hecho fuera intencional, sino que así lo exigieron los trabajos de pavimentación de la plaza. Hice votos porque los árboles de ese día, sembrados, regados por las manos de los niños de aquel pueblo, de sus matronas y bellas jóvenes, los viéramos crecer, extender su ramaje al cielo y dar grata sombra al suelo de la plaza caldeado ahora y reverberante con la luz del sol.

Subió después á la tribuna el Rvdo. P. Ortiz, canónigo de nuestra Catedral, hijo de aquel pueblo, circunstancia de que habló elocuente y sentidamente, recordando los lejanos y gratos días de su juventud, y las horas dedicadas allí á sus estudios austeros y las horas gratas en que oficiaba por primera vez ante los altares de la iglesia dirigiendo pláticas de afecto, de cariño, de humanidad y de amor á los vecinos de su pueblo.

Rectificó con oportunidad y delicadeza el hecho de que intencionalmente se hubiese destruido el arbolado, que en fiestas análogas se sembrara en lo alto de la loma de la Gloria cuando allí se colocó el monumento que recuerda á mártires y héroes de combates tan sangrientos como los del Llano de García, del Abra del Café y tantos otros memorables.

Y habló de hermosos árboles que antes daban sombra grata á la plaza tronchados por la violencia del huracán, como la ceiba central por los trabajos de jardinería y pavimentación.

El Dr. Alfredo Zayas y Alfonso, honorable Vicepresidente de nuestra República, al que invitamos para que con su presencia y su palabra realzase aquella fiesta de cultura urbana, dejando más graves ocupaciones, accedió, concurriendo para verter en frases elocuentes é imágenes gallardas, cual cumple á un veterano de la oratoria, en pro de la unión, de los afectos, de la comunión entre todos los elementos que pisan este hermoso suelo.

Tomando argumento, en su sentido é improvisado discurso, de las manifestaciones de los dos oradores que le precedieron, hizo una hermosa apología de la ceiba cubana, de ese hermoso árbol, de ese gigante de la vegetación tropical que elevando majestuosamente su robusto tronco, abre como esmeraldino dosel en lo
alto, su ramaje, que afirma en su base con robustas estribaciones antes de hundir y afirmar sus raíces en la tierra.

Bello, hermoso, noble árbol, que surge del seno fértil y fecundo de nuestro suelo como para significar ó reflejar, ante los diversos elementos sociales, que no son, que no deben considerarse, cosas distintas, ni antagónicas, ni combatirse, ni menos destruirse entre sí, sino que nutridos de una misma savia, alimentados por un solo y generoso suelo, afirmándose en el amor patrio, no son más que ramas de un solo y gallardo tronco, cuya vida y existencia depende del trabajo mutuo de ramas, de hojas, de flores, de frutos, al través de siglos y de generaciones.

Felicísimo estuvo el Sr. Zayas en su elocuente oración, encaminada á conceder á la fiesta toda su importancia, á darle toda la significación que le está reservada en el mejoramiento de nuestra educación cívica, del trato y unión de todos los elementos de nuestras modestas poblaciones de los campos y aún de las principales, donde no es muy notable el amor, el respeto al árbol, su atención y su cultivo y cuidado.

Aún resonaban los aplausos con que premió el auditorio los elevados conceptos del orador cuando llegó un propio, trayendo, húmeda aún de tinta, una poesía rogada á la inspirada poetisa Sra. Dulce María Borrero de Luján, quien, hurtando breves momentos á los achaques que la llevaron al balneario, dedicó á la fiesta la bella composición que verán nuestros lectores en esta misma página y que leyó á ruegos del público el Sr. Zayas, á quien, con ese objeto, no se dejó bajar de la tribuna.

“A un árbol” poema de Dulce María Borrero de Luján

   Tienda maravillosa, rumorosa
colgadura de encaje esmeraldino
que la mano piadosa
de la naturaleza
alzó al borde del árido camino
por donde, con su fardo de tristeza
va, fatigado y solo, el peregrino;
¿cuál es el desdichado
corazón, que al amparo de tu abrigo,
no se olvidó del llanto derramado
y se puso á cantar junto contigo...?
   Cuando la primavera
renueva tu ropaje, y la parlera
turba de ruiseñores en tus ramas
viene á habitar, y pródigo derramas
sobre la paz del campo tus rumores,
yo, al contemplarte estremecida, pienso
que tu ancha copa es un cerebro inmenso,
y que los ruiseñores
por cuya voz tu corazón exhalas
en ritmos misteriosos y profundos,
son, dentro de tus celdas, los fecundos
pensamientos de Dios, que abren las alas!
   Y si el invierno triste
con sus manos heladas te desviste,
y trágico y desnudo,
junto al sendero solitario y mudo
quedas de las tinieblas bajo el velo
desolador, paréceme que lloras
en la amargura de tu inmenso duelo,
y que, doliente, á lo invisible imploras
teniendo el corazón bajo la tierra
los brazos tendidos hacia el cielo...!
   Entonces yo quisiera
devolver á tus miembros ateridos
el calor que me diera
en otro tiempo tu follaje espeso,
cuando desde los nidos
en tus amantes brazos escondidos,
bajaba sobre el prado floreciente
el canto ardiente de un eterno beso!
   ¡Hospitalaria tienda, misteriosa
colgadura de encajes, rumorosa,
que la mano piadosa
de la Naturaleza
puso al borde de todos los caminos,
¡déjanos reposar bajo la espesa
sombra de tu follaje,
que de la vida en el estéril viaje,
todos somos dolientes peregrinos
abrumados de angustia, y de tristeza!


Dulce María Borrero.
Septiembre, 1910.

Gracias debo dar en nombre de la comisión compuesta de los señores J. M. Santos, Francisco Marill, Jaime Fargas, José Avendaño, Miguel Artiles, Rufino Alarcón y José Martínez, á estos dos últimos oradores que tanto contribuyeron al éxito de la fiesta: y á la ilustre poetisa que hará que su recuerdo perdure.

Terminados los discursos, abriendo la marcha los niños, llevando ornadas dos lindas palmeras de abanico, y los demás grupos sus respectivos álamos, fuéronse quedando cada cual en el lugar que le señalaba el estandarte de su color clavado al lado de los hoyos. Arrojaron las jóvenes, por turno, paladas de tierra con que se cubrieron las raíces.

Las madrinas, en tanto los acordes del himno nacional vibraban en aquella atmósfera diáfana, transparente, sosteniendo grandes nubes de masa de nácar y nimbos de plata, bañaron el suelo, haciendo funcionar las regaderas, con el agua saludable y cristalina del afamado Copey.

No se pierda un detalle del hermoso acto; guarden todos memoria de él; reciban los Departamentos de Obras Públicas y Sanidad, el Alcalde y demás autoridades locales que nos auxiliaron, el agradecimiento de la comisión por haber contribuido al éxito de él, facilitándonos todo lo que á ellos cumplía con la más franca y buena voluntad.

Hé aquí cómo estaban distribuidos los grupos de nuestras bellas compatriotas, á quienes se reservó la más útil parte del programa: la traslación, siembra, regadío de los árboles. Ellos crecerán, ellos darán sombra pronto, ellos harán que el sol tamizando sus rayos dorados en las horas de los crespúsculos de la tarde, ilumine las cabecitas de nuestros niños cuando vayan á correr y jugar, alegrando con sus risas las calles del bello parquecillo.

  1. Grupo 1.º —Color rojo.—Madrinas: Sra. de Salaya, Sra. de Arregui. Srtas. Lola Amable, Ana Luisa Lanza, María Teresa Zayas, Mercedes de la Portilla. Sr. Arsenio García.
  2. Grupo 2.º —Color lila. —Madrina: Loló S. Inclán de Meza. Srtas. Alicia Nadal, Celia Maribona, Candita Royero, Pilar Toñarely, Mercedes González del Valle, Anicia Fernández. Sres. Joaquín Martos y Luis Fernández Meza.
  3. Grupo 3.º —Color blanco. —Madrina: Sra. Méndez Capote viuda de Padilla. Srtas. Julia Royero, Chichí Pardiñas, Carolina Cordovés, María Castellanos. Sr. Miguel Santos.
  4. Grupo 4.º —Color azul. —Madrina: Sra. Francisca H. de Marill. Srtas. Angelina Portela, María Luisa Toñarely, Carmen Teresa Santos, A. Mantilla, Matilde Fernández, Rosa Prieto. Sr. César Salaya.
  5. Grupo 5.º —Color rosa. —Madrina: Sra. María Teresa Burgos de Santos. Srtas. Rosa del Monte, Mercedes Salaya, María Teresa Méndez Capote, Pilar Romero, Blanca García, Josefina Avendaño. Sr. Manuel Martínez.
  6. Grupo 6.º —Color verde musgo. —Madrina: Sra. Carmelina de la Torriente de Fargas. Srtas. Georgina Ebra, María Teresa Padilla, Josefina Mella, señora viuda de Enríquez, Ramona Avendaño. Sres. Oscar Pardiñas, Carlos Santos.
  7. Grupo 7.º —Color naranjo. —Madrina: Sra. de Baró. Srtas. Luisa Carlota Mena, Olimpia Linares, Nelia Someillán, Clara Royero, María Teresa y Otilia Mena. Sr. Ramón Ebra.
  8. Grupo 8.º —Color verde Nilo. —Madrina: Sra. de Blanck. Srtas. Ernestina Marill, Delia Nadal, Ana Catalina y Herminia Marill, María Guerra, Margot Blanck, Nena Marill. Sres. Ernesto Blanck, Emilio Marill.

No más, ya no cabe más y no quiero abusar de la hospitalidad de El Fígaro, amigo antiguo, siempre cariñoso y deferente para mí.

Hagamos votos por que entre las fiestas cívicas de nuestros pueblos se popularice la gratísima y culta Fiesta del Árbol, educadora de costumbres públicas, prenda de paz, de acercamiento y de afecto entre los vecinos de cada municipalidad;

Y hagamos votos también por que se celebre con el mismo éxito y la brillantez que obtuvieron en Madruga, en aquella inolvidable mañana de sol, de pájaros, de flores, de mariposas, de niños, de estandartes guiones y banderas, en que por las blancas y puras manos de nuestras matronas y de nuestros jóvenes, parecían verterse efluvios, raudales de amor, de afecto, de unión, de cariño, de concordia y de armonía, brindando nuevas energías por esta senda á nuestros combatidos espíritus, levantando todos los corazones.

Ramón Meza. Septiembre, 1910.

Bibliografía y notas

  • Meza, Ramón. “Fiesta del Árbol”. Revista El Fígaro. Año XXVI, núm. 36, 4 septiembre 1910, pp. 446- 447

Publicado en: Madruga Etiquetado como: Alfredo Zayas y Alfonso, Habana: Personalidades, Madruga: Instituciones y Negocios, Madruga: Personalidades, Ramón Meza Suárez Inclán

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