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Graziella Garbalosa novelista y poetisa cubana

20/02/2026 Por Almar Deja un comentario

Poetisa Graziella Garbalosa en la fortaleza de Jagua, Cienfuegos (Ca. 1930).
Poetisa Graziella Garbalosa en la fortaleza de Jagua, Cienfuegos (Ca. 1930).

Graziella Garbalosa una poetisa cubana vista por Roig de Leuchsenring y la Revista Social. Cuando estas líneas vean la luz, estará ya en todas las librerías—y en muchas manos, manos bellas y delicadas de mujer, principalmente— el primer libro de versos de Graziella Garbalosa: La Juguetería del Amor, Habana. Imp. de Rambla Bouza y Ca., Obispo 33 y 35, 1920, 173 pgs.

No es hoy esta poetisa una desconocida de nuestro público ni de nuestros pequeños círculos literarios, aunque hace apenas dos años era totalmente ignorada de uno y otros.

Si no recordamos mal, fuimos nosotros de los primeros en dar a conocer sus poesías desde las páginas de Social. Después, en ésta y en otras revistas y periódicos habaneros, ha venido apareciendo frecuentemente su nombre al pie de trabajos en prosa y verso, sugestivos y atrayentes por su feminidad y desenfado.

Tal es la escritora y la mujer. Fiel reflejo aquélla de ésta. Menuda, gentil y nerviosa, cuando habla o recita adivináis en ella a la mujer pasional, algo decepcionada del mundo y de los hombres, deseosa de apartar del camino las piedras y los escollos que le impiden o le dificultan vivir su vida…

Graziella Garbalosa, retrato por Valderrama.
Graziella Garbalosa, retrato por Valderrama.

Y así marcha y triunfa ella, sola, mejor dicho, rodeada del ambiente hostil con que la sociedad pretende ahogar a la mujer que, libre de prejuicios, trabaja y lucha por labrarse ella misma una personalidad y un porvenir.

Esta batalla constante con el medio la ha obligado a veces a defenderse y atacar; entonces, su pluma es agresiva y valiente, hiere y raja, y mata, con algo más cruel que la muerte natural: la ironía y el ridículo. Oidla, refiriéndose los pseudo artistas:

¡Oh las almas tristes que se miran grandes,
que siendo gorriones contemplan los Andes
por oscuros valles de colinas chatas!
¡Oh los incapaces de toda contienda,
que viven inquietos bajo grisea tienda
y por entre sombras caminan a gatas!
O contándonos “cómo era él”;
El era un pobre diablo que tenía
sensible el alma y duro el corazón;

por el áureo jardín de la poesía
galopaba su espíritu de histrión.

Lucifer de los sueños pavorosos,
hampón de los suburbios asquerosos,
loco sublime de pesares negros.

Así, con este desenfado y sinceridad, habla la mujer y canta la poetisa, sin perder por ello, sino, por el contrario, acentuándola más, su nota femenina, tierna, delicada, ingenua, sentimental en ocasiones, pasional y erótica otras.

Ya es un cuento que narra a su hija pequeña, o la contemplación de una viejecita, o una gata jugando con sus gaticos, temas todos sencillos y hogarinos, que arrancan a su lira bellos e inspirados acordes. Otras veces es un paisaje de la naturaleza o la hija o la hermanita muerta, el “motivo” de sus poesías. Pero siempre, en todas las ocasiones, aparece, clara e inconfundible su feminidad. ¿Qué mayor elogio para una poetisa?

Pensando en ello le preguntamos, al visitarla en busca de datos para escribir estas líneas:

— ¿Nació usted poetisa?

—¿Nací poetisa? — nos contestó—.

Nací… el diez de diciembre de 1896, primer fruto de amor de unos esposos jóvenes que se querían desde niños. La noche en que nací, la Habana bulliciosamente crepitaba. (Nací en la calle de las “Virtudes”…) Era una noche trágica para nuestra capital: el ejército español daba estruendosos vítores celebrando la muerte de Maceo, acaecida el siete.

— ¿Y su juventud?

— Deslizóse mi niñez arrullada felizmente al calor de un hogar dulce y unos tiernisimos padres.

Se me quiso dar una escogida educación, y quedaron truncos mis estudios cuando contaba trece años. Éste rompimiento lo inició la inesperada muerte de mi bella y dulce madre.

Quedé huérfana, teniendo a mi cargo cuatro hermanitas: la más pequeña de diez y siete meses. Las hube de criar hasta la muerte de la menor, acaecida hace tres años, cuando contaba sólo siete…

— ¿Cómo se despertaron sus aficiones literarias?

— Mis aficiones literarias iniciáronse desde la escuela, donde había una imprenta, y de donde yo cargaba todos los recortes de papel sobrantes, con los cuales hacía libretitas para el abastecimiento del escritorio: ¡Este era el juguete más querido de mi infancia!

Me lo había fabricado mi abuela con una caja de fideos. Además, adornaban mi estudio (un recodo de la saleta) gran cantidad de libros de cuentos, postales artísticas, grabados y tricomías que arrancaba a los periódicos ilustrados, y toda la colección de volúmenes de la España Contemporánea, ante cuyas páginas inmensas deleitábase, durante los días lluviosos, mi espíritu infantil.

A los. nueve años, notando mis padres la predisposición que sentía por la música, me compraron un piano y comencé los estudios. A los once interpretaba regularmente las composiciones musicales de poca transcendencia, cantando con afinación sentimental partituras difíciles.

En la cocina de mi casona provinciana (pues yo he pasado la niñez y los albores de la adolescencia en un lugarejo de los alrededores capitalinos denominado Santiago de las Vegas), mi padre, que es pintor, habíame construído sobre un algibe muy grande un escenario. Allí me pasaba las horas libres haciendo piruetas, recitando cosas que yo inventaba; llena de plumas, velos y flores…

Por esa época llegaron a Cuba las primeras coupletistas y bailarinas de fino baile español. Frente a mi casa había un teatro. Yo iba día y noche a los ensayos y a las funciones. Impresionada por la Imperio, la Amalia Molina y otras y otras, fuése desarrollando en mi espíritu el amor al teatro. Tanta era mi afición, en aquel entonces, que llegó a fundir el más ideal, sencillo y puro amor de mi vida, hasta hoy irrealizado y probablemente irrealizable. ¡Brisa de Primavera…!

Mis maestros de música, cuando me oían cantar las lecciones, auguraban una gran artista, y de aquella doradita crisálida ha brotado un espantoso capuz color de fuego, que no hace gorgoritos, pero escribe versos.

¡Sarcasmos de la Vida, contrasentidos del Destino…!

Niña espiritual y graciosa no soñaba más que con el Arte, no vivía más que para el Arte, y no era más que un embrión de artista…

Después, la vida, como un aquilón inconsciente, fué agostando por la pradera social una tierna florecilla perfumada, cuyos pétalos aún no ruedan por el suelo ni zozobran en las alas del viento, pero comienzan a marchitarse ya…

Mas, volvamos a mis aficiones literarias: Encontrándose en mi casa de visita una noche cierto caballero amigo de mis padres, hubo de notar lo entretenida que yo estaba, escribiendo y accionando sobre aquel mueblecito rústico que yo decía mi escritorio.

Encantado con la respuesta dada por mis padres, húbome de obsequiar, días después, con un elegante escritorito de palisandro, bien surtido de libretas, lápices, plumas, tinteros y secantes.

A la muerte de mi mamá, yo me figuré mujer ama de casa, llena de experiencia y divinamente desgraciada, por lo cual bien podía escribir una novela. Comencé mi libro y lo hube de titular: Rosa o la Hija de las Flores…

A ésta, mi primera obra, consumiéronla las llamas bienhechoras del raciocinio, producidas por los consejos de aquel mi maestro en literatura, personaje no muy erudito, pero bastante razonable.

Hasta ese entonces no hice más que novelitas cortas y cuentos, destruidos breves días después de terminados. Quince años contaba cuando una calurosa tarde abrileña, tuve la divina revelación del rimar, al escribir un sonetillo muy tierno.

Siguió la vida hilvanando sus revelaciones y pesares en el ovillo de mi existencia, y aquí me tiene usted en pleno florecimiento primaveral, creadora de tres hijos, solo conservando adherida a mis ramas la más pequeña, pues la mayor se alberga en los brazos del Destino que me la arrebatara despiadado, y el segundo duerme el sueño de los sueños bajo la corteza de nuestra madre Tierra…

Sólo mi bendita pequeñita de dos años es como el Ángel de la Guarda, junto a su madre, artista.

— ¿Qué proyectos tiene para el futuro?

Dentro de muy pocos meses pienso embarcar rumbo a Madrid, hacia la cuna de nuestro idioma, hacia el florón de la intelectualidad hispano americana.

Me guía el deseo de estudiar dos años declamación y canto en el Conservatorio de aquella capital; cuando haya terminado mis cursos, regresaré a la Habana ilusionada con el proyecto de fundar un Conservatorio en forma, y emprender la tarea de hacer artistas cubanos, para el teatro cubano y para el arte universal.

Allá en los madriles, como dicen los emigrantes ebrios ante su recuerdo, ya en contacto con el elemento literario, haré periodismo ¿selecto? y editaré dos libros más, que llevo inéditos, uno de versos, que titulo: Lago de Lágrimas y Sangre; el otro, una novela: La Gozadora. Rótulo un poco varonil, pero muy expresivo. Mi protagonista es la gozadora del dolor.

Por hoy, amigo mío, creo haberle satisfecho. ¿No? Pues nada más tengo que contarle, ni otros datos auténticos que ofrecerle. Esta es toda mi vida. (Casi, casi, igual a la de todo el mundo).

Tal es, en síntesis, si la memoria no nos es infiel, lo que nos dijo de su vida la joven poetisa de La Juguetería del Amor.

Tú, bella lectora, que has puesto tus ojos en este deshilvanado artículo mío, compra y lee ese libro de Graziella Garbalosa. En él encontrarás, expresados en delicadas y sentidas estrofas, muchos de tus amores y tus penas, tus anhelos y tus desilusiones. Cómpralo y léelo; no te pesará.

Roig de Leuchsenring. (Social, 1920).

Canta Graziella Garbalosa la Marcha de Esponsales en 1912.1

Ecos de una boda. Llega desde el vecino y pintoresco pueblo de Santiago de las Vegas una simpática nota. Era Belén Castro y Triay quien ante los altares unió su suerte Luis Lage Hidalgo. Entretanto atravesaba el séquito la amplia nave del templo resonaban en éste las alegres notas de la Marcha de Esponsales, himno triunfal de los amores felices, ejecutada admirablemente por la gentil señorita Graziella Garbalosa.

El adiós al bardo Francisco Villaespesa en 1919.2

Habrá de ser un éxito, y éxito grande, resonante, la velada del domingo próximo para despedida del ilustre bardo Francisco Villaespesa. Se celebrará en el salón de fiestas del Casino Español bajo los auspicios de la Sección de Ciencias Históricas del Ateneo.

Habrá una parte literaria. Y números de concierto. En la primera prestan su valioso concurso, con recitaciones de poesías diversas, la señorita Graziella Garbalosa, el querido confrère de La Prensa señor Enrique Uhthoff, el doctor José Manuel Carbonell…

El libro de una poetisa.3

El libro de una poetisa. —Mire usted —le dijimos—. Hemos comprado este libro de versos. Es de una preciosa criatura a quien admiramos en este retrato de Valderrama. ¿Quiere usted hacer una cuartilla hablando del libro y de la autora?

Y el brillante escritor, que es también poeta exquisito, nos entregó esta delicada página:

El Libro de una poetisa

…Sí, no sé sonría usted, damita frívola que gusta de las bellas telas y de los ricos perfumes: el libro de una poetisa joven y bella, frívola también como toda mujer que se sabe interesante y que se deleita ante las telas bellas y los perfumes ricos.

Ese libro, cofre delicioso de donde brotan los más raros aromas en los ritmos de los sonetos y de los madrigales, ¿cómo se titula, y cuál es, en fin, su autora? Su título: “La Juguetería del Amor”, ¡Un título muy femenino, y muy genial, como de mujer al fin, de alta mentalidad y de fina sensibilidad!

¿Su autora? No es otra que la gentil colaboradora de esa revista de suprema elegancia que se llama “Social”: Graziella Garbalosa, nombre de leyenda que es ya de por sí una rima de graciosa cadencia.

Ese libro es la actualidad femenina, como si se tratara de una inapreciable tela persa, de un perfume del Oriente misterioso o de una de aquellas alhajas que se vendían como dones del cielo en el puerto babilónico de Alejandría.

Cuando usted, damita frivola y elegante, haya adquirido en “El Encanto” el último modelo, la más reciente novedad, pregunte al dependiente:

—¿Dónde se vende “La Juguetería del Amor”?

Y éste le contestará:

— ¡En todas las librerías!

Y aunque paguéis por él nada más que dos pesos, tened presente que un bello libro de versos vale más, mucho más, que un “gold, vanity case” guardador del pañuelo de más fino encaje empapado de una esencia maravillosa.

Poesía “El Ameno Charlar”

La Revista Bohemia4 correspondiente a marzo 1922 publicó la poesía “El Ameno Charlar” de Graziella Garbalosa. Al mes siguiente aparece en el Diario de La Marina5 un interesante anuncio:

“La Gozadora del dolor”. Novela, por Graziella Garbalosa. Toda persona que remita en sellos de correo, o en giro postal, $1.20, a Graziella Garbalosa. Lealtad, 102, Hotel “Crisol”, recibirá un paquete certificado con un ejemplar de este libro.

“El Ameno Charlar” de Graziella Garbalosa.

Así: Los dos reclinados
junto a los acantilados.
Para oír mis confidencias
¡dame Amor mío tu mano!
Lleva el aire las esencias
de tus rizos, de mis rizos y de las olas marinas
Tras las luces vespertinas
nos alumbrará la luna,
y entonces, una por una
te contaré mis querellas,
mis ensueños y ambiciones,
y mis lúgubres tristezas...
Con tus labios en mis labios
Bien amado,
deshojaré los agravios
del pasado.
El ocaso desparece,
gamas áureas y violeta.
Selene sus velos tiende
sobre las rubias estrellas.
Y al calor de tu albedrío,
¡escucha un cuento Amor mío!
—Era una niña suave
como el plumón del ave.
Era una niña inquieta,
graciosa y pizpireta,
de genial y sutil filantropía,
toda candor, bondad y poesía...
[...]

La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHC) señala que Graziella Garbalosa (Q.e.p.d.) falleció el 23 de noviembre de 1977 (publicación en Facebook).

Bibliografía y notas

  • Roig de Leuchsenring, Emilio. “Poetisas Cubanas. Graziella Garbalosa”. Revista Social. Vol. V, núm. 5, mayo de 1920, pp. 68, 82, 90.
  • La Gozadora del dolor una novela de Graziella Garbalosa comentada por la Revista Cuba Contemporánea.
  • Vallejo, Catharina. “La Gozadora Del Dolor Y Otras Novelas De Graziella Garbalosa: Erotismo, Naturalismo, Y Vanguardismo En La Narrativa Femenina Cubana De Los Años Veinte”. Revista Iberoamericana, Vol. LXXV, Núm. 226, Enero-Marzo 2009, 153-166 (Publicado en https://www.semanticscholar.org/)
  • Escritores y poetas de Cuba
  1. Fontanills, Enrique. “Habaneras”. Diario de la Marina. Año LXXIII, núm. 73, 25 de marzo de 1912, p. 10. ↩︎
  2. Fontanills, Enrique. “Habaneras”. Diario de la Marina. Año LXXXVII, núm. 245, 2 de septiembre de 1919, p. 5. ↩︎
  3. “El libro de una poetisa”. Diario de la Marina. Año LXXXVIII, núm. 166, 17 de junio de 1920, p. 5. ↩︎
  4. Garbalosa, Graziella. “El Ameno Charlar”. Revista Bohemia. Vol. XIII, núm. II, 12 de marzo de 1922, p. 12. ↩︎
  5. “La Gozadora del dolor”. Diario de la Marina. Año XC, núm. 103, 26 de abril de 1922, Ed. matutina, p. 18. ↩︎

Publicado en: Escritores y Poetas Etiquetado como: Diario de la Marina, Emilio Roig de Leuchsenring, Graziella Garbalosa, Revista Bohemia, Revista Social

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