
Jacinto Rodríguez, S. en C. En el año de 1910, los vecinos de la calle de Obrapía se encontraron una hermosa sorpresa cierta mañana: en el número 26 de aquella calle surgió, de repente, a manera de dulce encantamiento, una taberna gallega.
Los hijos de la noble y bella región gallega, como buenos conocedores, sintieron que en aquella taberna palpitaba un rinconcito de la dulce Galicia.
Vinos gallegos, adornando las copas con su espuma roja. Lacones inadjetivables, lacones ultragloriosos. Inmediatamente la taberna fué frecuentada por un público decente, correcto, amante de los vinos gallegos y de los jamones extraordinarios que se convertían en imanes magníficos de todos los paladares.
Porque aunque el nombre de taberna, suele sonar de un modo chocante, esta de Obrapía, 26, no era un lugar de bebedores, sino un amable rincón de par, a donde, desde el primer momento, acudió el burgués correcto en busca de comestibles maravillosos.

Maravillosos, sí. Porque los jamones y los lacones de la casa de Rodríguez, S. en C., solo viéndolos imponían al consumidor la visión de alimentos regios y gloriosos.
Jacinto Rodríguez, el fundador y creador de este establecimiento, vió, satisfecho y regocijado, cómo su obra florecía, crecía, no dando abasto a los pedidos. Así, pues, determinó el señor Jacinto Rodríguez ampliar el negocio estableciéndose al por mayor. Y al efecto fundó una sociedad. En ésta Jacinto Rodríguez era el único gerente, figurando como comanditario el señor Pedro Icardi.
Y todo se transformó, se aumentó la casa, se trasladó a un local más espacioso, se contrató la importación de nuevos y mejores productos.
Entre éstos los vinos “Blanco Brillante”, considerado como la más estupenda maravilla de las famosas bodegas de Pedro Romero y Hnos., de Orense, y de cuya casa, conocida y admirada universalmente, eran exclusivos representantes en Cuba los señores Jacinto Rodríguez, S. en C.
Otra clase de vinos, recibida por esta casa, y que batía un record de consumo, era el famoso vino gallego “Tres Ríos”, delicioso en las comidas, contribuyendo a la obra delicada de la digestión, con una especie de alegría serena y luminosa.
Recibía también esta casa lo que pudiera calificarse —quizá haya audacia en la expresión— como el “enfant gate” de los aguardientes. Se trata del aguardiente puro de uva “Enxebre”, bebida excelente, panacea magna y licor de delicado, que hace recordar la frase de Virgilio, en que virgilianamente se loa al que hace madurar las uvas.

La casa estaba instalada en la calle de San Ignacio, 42, constando de tres grandes naves, en las cuales estaban dispuestos todos los productos.
Al frente de la casa estaba el señor Jacinto Rodríguez, secundado por el apoderado señor Francisco Icardi y señor Fructuoso Caspio. La importación ascendía a quinientos mil pesos y las ventas anualmente a la misma cantidad poco más o menos.

Bibliografía y notas
- “Jacinto Rodríguez, S. en C. Importadores de víveres y productos gallegos”. Diario de la Marina. 1918.
- Personalidades y negocios de la Habana
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