
Inauguración del Casino de la Playa de Marianao el sábado 24 de abril de 1920. Una bella fiesta. Dentro de un bello marco, en aquella noche inolvidable del Gran Casino de la Playa, se celebró un baile a beneficio de la Roosevelt Memorial Association, organizado por las señoras Georgina Giquel de Silva y María Radelat de Fontanills. La mitad del producto obtenido se dedicaba también a la Crèche Habana Nueva.
El 17 de abril de 1920 tocaban a su fin las obras del nuevo Casino de la Playa, primera de las grandes construcciones proyectadas por la Compañía Urbanizadora, de la que eran alma y vida los doctores José Manuel Cortina y Carlos Miguel de Céspedes.
Cercano al Country Club se levantaba el gallardo edificio, llamado a ser uno de los más poderosos atractivos del lugar. Estaba dotado de todo, y con lujo inusitado de detalles. Demorada su apertura por circunstancias especiales, contaba ya con los elementos necesarios para su funcionamiento.
Un verdadero ejército. Vino para el restaurante la servidumbre completa desde los Estados Unidos. Llegó el chef con diez más. Traída fué la orquesta, la famosa orquesta de Colman’s, una de las primeras de Nueva York.
Y por las carreras y por los teatros, por el hotel y por el paseo, venimos viendo desde hace días a la bellísima bailarina contratada para el Casino de la Playa.
Reservada ha quedado la inauguración para el baile que a favor de la Roosevelt Memorial Association organizan los teams de que son capitanas Georgina Giquel de Silva y María Radelat de Fontanills.
Fiesta grandiosa, llamada a ser un acontecimiento, que ha de celebrarse después de Resurrección. No está aún decidida la fecha.
La gran inauguración del Casino el día ocho de abril 1920 que se pospuso.

Está próxima una fiesta. Una gran fiesta de beneficencia. Es el baile del 8 de Abril con que se inaugura la primera de las construcciones de la Compañía de la Playa de Marianao.1 ¿Cuál otra que el Casino? Edificación hermosa, muy cercana al Country Club, que ha venido en el transcurso de siete semanas, y día y noche, tropezando con todas las dificultades de brazos y de materiales que entorpecen, demoran e interrumpen en el actual momento las obras por el estilo.
No estará concluido aún del todo. Falta algo por hacer. Pero lo principal, lo más necesario, como los grandes salones de baile y de juego, la biblioteca, los gabinetes y otras dependencias quedaron ya terminadas completamente. Lista está la cocina. Así también la gran terraza. Desde ella se domina, junto con los paisajes de los contornos, el panorama del mar vecino.
La obra de los jardines, realizada bajo la dirección de los señores Carballo y Martín, los afortunados dueños de El Fénix, no tardará en concluirse. Será una preciosidad. En medio del césped, cortado a trechos en alamedas diversas, descuella una gran fuente lumínica.
El lugar, con su arbolado y con sus bancos, estatuas y surtidores, resulta de un encanto singular. La entrada del Gran Casino de la Playa, con la green star en el frontis, como divisa de la sociedad, es realmente majestuosa.
Bajo un arco, por donde entran los automóviles, arranca la escalera que da acceso a los salones. Entre éstos, el de baile, con capacidad para seiscientas personas, está decorado con el mejor gusto. Lujosas las instalaciones. Todas de Mr. Rusell Spaulding.
El baile inaugural del Gran Casino de la Playa lo organizan los teams de la Roosevelt Memorial Association de que son capitanas las señoras Georgina Giquel de Silva y María Radelat de Fontanills a fin de dedicar una parte principal de sus productos a la gran colecta pública que viene realizándose a favor de la obra de recuerdo, de gratitud y de patriotismo promovida por el organismo que lleva el nombre del inmortal americano a quien tanto debe Cuba.
La parte restante de la recaudación del baile quedará aquí, con muy buen acuerdo, para destinarla a donaciones caritativas diversas. Una parte irá a la Roosevelt Memorial Association y la otra a la Creche Habana Nueva que está sin recursos. A tal extremo que de no ser por un esfuerzo supremo de su presidenta, la caritativa Juanita Eguilior, la viuda del inolvidable Rambla, ya estarían al presente cerradas sus puertas.

De un momento a otro procederán ambos teams a la distribución de los billetes de entrada. Costarán cinco pesos.
Para la cena, la gran cena que ha de servirse en petites tables repartidas por la espaciosa terraza, han empezado a hacerse peticiones de cubiertos. Eran muchas las mesas separadas de ellas las primeras reservadas para la señora Lily Hidalgo de Conill, el Alcalde de la Habana, el doctor Carlos Miguel de Céspedes y los señores Hermán Upmann, Lorenzo Salmón y Fernando Mesa.
El precio fijo por cubierto era de diez pesos y las órdenes para separar mesas las recibían tanto la señora de Silva, en su residencia del Campamento de Columbia, como la señora de Fontanills, en su casa de Malecón 70, altos. Las mismas señoras tenían a su cargo la distribución de los billetes para el gran baile que costaba cinco pesos por persona.2
Entre los múltiples alicientes de la fiesta habrá el de los bailes de Betty Brown, la esbelta, airosa y bellísima danseuse contratada para el Casino y que en las noches del Sevilla, a su paso por la sala del elegante hotel, ha sido siempre la admiración de todos.
Contratada también para el Gran Casino de la Playa ha sido la orquesta de Coleman, de Nueva York, que tocará en el baile del 8 de Abril.
Las flores, muchas de las cuales han sido encargadas a la Florida, serán un factor principalísimo en el decorado de la casa. Quédame mucho por decir.
Pero no dejaré silenciado ahora que la Compañía de la Playa, y en su representación quienes son sus caracterizados leaders, los distinguidos doctores José Manuel Cortina y Carlos Miguel de Céspedes, no solo cede el local para el baile.
También se compromete a sufragar en su totalidad, los gastos que el mismo ocasione. Pagará la cena. Pagará el adorno, orquesta, etc. El presupuesto que ya tiene hecho al objeto pasa de la cantidad de 15.000 pesos.
Su propósito, que no necesita encomio, es que quede a favor de los teams organizadores del baile el mayor rendimiento posible. Será de las fiestas dadas para la Roosevelt Memorial Association la de beneficios mayores. Hay que suponerlo así.
Después de la inauguración —¿Se cierra después el Casino? —No. Habrá una serie de fiestas, empezando por un té dance el día 10, de cinco a siete y media con la orquesta americana de Coleman. De su organización se encarga Fausto Campuzano, que ha dejado el Sevilla para ser el Social Manager del Gran Casino de l a Playa.3
Transferido del día ocho al miércoles 14 nuevamente se transfirió el baile al jueves 15 la fiesta inaugural del Gran Casino de la Playa. Finalmente se llevaría cabo el sábado 24 de abril de 1920.
Podían adquirirse las entradas dirigiéndose a las señoras Amalia Hierro de González del Valle llamando al Teléfono F-4444, Teté Berenguer de Castro al F-4164, y Graciela Echevarría al M-1681. Eran estas damas las que tenían semejante cometido por parte del Team Georgina Giquel de Silva.
Por parte del Team María Radelat de Fontanills estaban encargadas de la venta de los billetes de entrada las señoras Teté Bances de Martí en Calzada 103, Mercedes Romero de Arango en Malecón y Manrique, María Gómez Mena de Cagiga en 13 entre B y C, Ana María Menocal en Línea y Baños, Clara Rivero de Suárez en H, entre 21 y 23, Mercedes Lasa de Montalvo en Prado 70, Merceditas de Armas de Lawton en Domínguez 12 y Nena Valdés Fauly de Menocal en la calle 8 entre Calzada y Línea.
La huelga de los abridores de ostiones en el Casino de la Playa
La huelga general de abridores de ostiones antes de la inauguración del Casino de la Playa.4 El restaurante del Gran Casino de la Playa —que se inaugurará el sábado próximo, con una comida y un baile ofrecidos a beneficio de Theodore Roosevelt— fué centro hace poco de una verdadera perturbación “bolseviqui”. ¡Hubo allí huelga general de abridores de ostiones…!
Es auténtica la noticia. En la nómina del personal —traído todo de Palm Beach y de New York— figuraban dos señores, con ese empleo: “Un abridor de ostiones de primera, Mr… Un abridor de-ostiones de segunda, Mr…”
¡De primera! El doctor Carlos Miguel de Céspedes, que tiene siempre buen humor —a pesar de los pesares y de los millones— reunió en la Playa a un grupo de amigos, para presenciar en serio el “trabajo” de esos distinguidos profesionales de las ostras…
¡Se imponía la huelga! En esta nómina —divulgada por un periódico inglés,— “Havana American” existía además… ¡Un primer jefe Limpiador de Platos! ¡Delirio de jefaturas!
En vísperas del baile5
Una fiesta. Como simulacro del baile. Será la de esta noche en el Gran Casino de la Playa que se inaugura mañana. Aparecerá el local con todo lo que hay preparado para su adorno y para su embellecimiento.

Las mesas, las innumerables mesas que hay ordenadas, estarán distribuidas por el salón y por la terraza. Cada una quedará ya en su sitio. No se varía. Los ventiladores invisibles y las luces indirectas se estrenan conjuntamente.
Va la orquesta a su puesto. Y luciendo sus flamantes libreas, copiadas del hotel Savoy, de Londres, estará toda la servidumbre que capitanea el maitre Gervasini, procedente del famoso Bousart neoyorkino.
Los dos teams de la Roosevelt Memorial Association que han organizado el benéfico baile invitan por mi conducto a los señores cronistas para el acto de esta noche. Pueden concurrir, sin necesidad de requisito alguno, las familias que lo deseen.
A otra cosa. Cayó bien lo del traje blanco. Habrá quien vaya de frac y quien vaya de smoking al baile inaugural del Gran Casino de la Playa. Cuestión de gusto. Y por si existen detractores del traje blanco, que de todo hay, les recomiendo lean esto que escribe hoy el querido confrére Eduardo Cidre:
—“¿Por qué esa guerra a la fresca tela, que no defiendo porque ya cuesta casi tan cara como Ia del frac (contando con las lavadas?
Pero de todos modos, soy un decidido partidario del traje albo (aunque me pongan mala cara Calzadilla y Almeyda) y deseo que decidan los árbitros el punto inclinándose para el mejor lado, que en este caso, como en todos, para mí es el blanco. Debemos ir de blanco, sí señor, para que no se repita el caso de siempre: que las lamentaciones son agudas y que algunos señores, sobre todo los gruesos, nos interrumpen a cada paso con la cansada frase:
—¿Ha visto usted qué calor hace? —No, señor; no lo he visto: lo he sentido solamente.
¿Y esto por qué? Creo ocioso decir que las damas concurrirán con trajes de soirée todas. No podría ser de otro modo.
La fiesta del día.6
Un acontecimiento. El baile de esta noche. Baile de caridad con que se inaugura el Gran Casino de la Playa de Marianao.
Precederá al baile una comida para la que se han ordenado mesas en número considerable. Pasan de quinientos los cubiertos. Las mesas, en su mayor parte, se colocarán al aire libre, en la gran terraza que da a los jardines. Por el salón y por las galerías aparecerán distribuidas las mesas restantes. Entre las mesas, distribuidas por la gran terraz a del Casino de la Playa, figuran las de los socios del Union Club, Tennis, Yacht Club, y otras sociedades más.
Conviene advertir, cuanto al adorno de las mismas, que se ha dejado por cuenta de cada uno de los que las pidieron. Al jardín de los Armand y lo mismo a El Fénix, La Tropical y La Diamela se han encargado corbeilles y centros en gran cantidad. Rara es la mesa, puedo asegurarlo, que no ostentará flores.
Otro dato importante. Una tarjeta, con el nombre del que la ha separado, aparecerá en sitio visible de cada una de las mesas. Y en cuanto al precio, fijado en diez pesos por cubierto, se abonará al maitre d’hotel del Casino.
Empezará el baile a las diez, con la orquesta americana de Coleman, amenizando los intermedios la Banda Municipal y la Banda del Estado Mayor del Ejército, que tocarán también, en alternativa, durante la comida.
El bar estará abierto toda la noche y en cualquier momento, después de las doce, habrá un servicio completo de helados, sándwiches y ensaladas de pollo.
Lucirá aquel airoso edificio, exterior e interiormente, su espléndida iluminación. Al paso que las señoras van con vestidos de soirée están facultados los caballeros para asistir de blanco. Sin que esto signifique la excepción del frac ni tampoco del smoking. Pueden llevarlos los que gusten. No estarán mal.
La Inauguración del Casino de la Playa de Marianao el sábado 24 de abril de 1920.
La fiesta magna de Abril el baile inaugural del Gran Casino de la Playa. El local precioso. Aparecía radiante de luz. Espléndida, rutilante, fulguraba la Green Star que es símbolo de la sociedad que ha levantado el alroso y magnífico edificio abierto con esta fiesta de caridad.
¿Cómo describir el local? ¿Cómo narrar el baile? Imposible.
Por el espacio de que dispongo, y a la hora en que escribo, solo me será dado señalar los aspectos más salientes de la fiesta.
Comenzó por la comida. Las mesas, adornadas con flores, unas del jardín de los Armand, otras del jardín de Magriñá y las más de El Fénix, se distribuían por el gran salón y a lo largo de la espaciosa terraza.
Una se suprimió. Fue la mesa presidencial. Impedida de asistir hallábase la señora Marianita Seva de Menocal, ilustre esposa del Primer Magistrado de la Nación, por haber tenido que retirarse anteayer a El Chico algún tanto indispuesta.
La mesa del señor José Marimón, que lucía un artístico decorado, resultaba la más concurrida. Era de treinta y seis cubiertos. Muy numerosas, a su vez, las mesas de los doctores José Manuel Cortina y Carlos Miguel de Céspedes. Así también la de Upmann.
Otras más. Las del doctor Ricardo Dolz, Mr. Frank Bowman, doctor Carlos Manuel de la Cruz, don Manuel Llerandi, el ingeniero Primitivo del Portal y el joven capitalista Hannibal J. de Mesa. La mesa del doctor Manuel Varona Suárez, Alcalde de la Ciudad, donde tenía su cubierto el cronista.
Aparecía en su centro, matizando la impecable blancura del mantel, una corbeille lindisima. Como de El Clavel ad fin.
Mesas muy favorecidas eran, entre otras, la del coronel Julio Morales Coello y las de los señores Francisco Camps, Rubén López Miranda, Atilio León, Federico Fabre, Carlos Fonts y Junco, Nicolás Altuzarra, Julio Blanco Herrera y el doctor González Nockey.
Las mesas del Secretario de Obras Públicas, del señor Ángel González del Valle y del general Alberto Nodarse. La del señor Lorenzo Salmon, en la que destacábase su prometida, la bella señorita Gloria Zuñiga.
¡Cuántas mesas más! Las de Mr. Reed, Charles Torrance, Antonio Montoto, Miguel Angel Bueno, Pedro González Muñoz, Leonardo Barker, Antonio H. Díaz, Víctor Zevallos, Manuel Revilla, Felipe Romero, Alfredo Medina, Luis Larrea, Enrique Berenguer, Pedro Rodríguez, José Cape, Eugenio Rayneri y el distinguido compañero del Heraldo de Cuba, señor Juan Prohias.
La del señor Aquilino Entrialgo. La del doctor Cabarrocas. La de la señora de Beliard. Y dos grandes mesas, las del Unión Club y Yacht Club, rivalizando en animación.
Durante la comida tocaban, en alternativa, la Banda Municipal y la Banda del Estado Mayor del Ejército. Después de las diez se inició el baile a los acordes de la orquesta de Coleman. Orquesta americana. Con un brillante repertorio.
El golpe de vista que presentaba el Casino de la Playa con sus luces y gallardetes, invadidos materialmente sus salones, era en realidad grandioso, indescriptible. No hubieran podido tener epílogo mejor las fiestas que a beneficio de la Roosevelt Memorial Association se han venido celebrando en la Habana.
Produjo el baile de anoche, sin que pueda precisarse por el momento, una fuerte suma. De plácemes sus organizadoras.
En el Gran Casino de la Playa. Après le bal.7
Lo que quedó silenciado. Aspectos distintos del baile. Hablé ya de las mesas, distribuidas por todo el salón, dejando al centro un espacio circular para el baile. Había mesas también al aire libre, en la gran terraza, desde donde se disfrutaba el poético panorama de los jardines con su magnífica fuente luminosa.
Una de las mesas, en la que ocupaba puesto de preferencia el doctor Carlos Miguel de Céspedes, lucía un decorado que era obra del jardín El Fénix y que atrajo la atención general.
Abundaban las corbeilles de rosas repartidas convenientemente, con foquitos de luz entre las hojas, destacándose al centro un globo que al abrirse en cuatro, como una granada, lanzó al espacio una bandada de palomas blancas.
El adorno de la mesa del señor Marimón era todo de rosas de tonos suaves. Nada más delicado. Ni más chic.
La mesa del alcalde de la ciudad, a la que las rosas radiantes del jardín de los Armand imprimían una nota de vivo color, estaba presidida por una ideal señorita: Beba Moya, ahijada de nuestra primera autoridad municipal.
Tenía allí su cubierto el nuevo Director General del Ejército con su esposa, la gentil dama Carlotica Fernández de Sanguily, completando el grupo de comensales la señora María Radelat de Fontanills, las señoritas Beltrán y Radelat y… el cronista.
Silvia Obregón, la lindísima Silvia, estaba en la mesa del doctor Céspedes sin separarse del perrito maltés que se rifó anoche en la Verbena.
Veíase en la misma mesa al Gobernador Provincial con su distinguida esposa, la señora Andrea Fernández de Barreras, resaltando, parmi les jolies, la bellísima Serafina Diago de Gómez, con una toilette preciosa.
Tres señoras más. Jóvenes y bellas las tres. Eran Elvira Obregón de Cruz, Fausta Vieta de Azpiazu y Sofía Barreras de Montalvo.En la mesa del Presidente del Senado y su distinguida esposa la señora Leopoldina Luis de Dolz, estaba su hermano, el nuevo Ministro de Cuba en Santo Domingo, señor Leopoldo Dolz y Arango.
[…] Y completando bellamente esta desatinada relación, hecha sin plan y sin concierto. Georgina Giquel de Silva, Teté Bances de Martí y Graziella Echevarría. ¿Cómo citar todas las señoritas? No lo pretendo. Sólo me limitaré a hacer mención de un grupo del que recuerdo, al azar a las de Freyre, de Aróstegui, de Tarafa, de Nodarse, de Valverde, de Alzugaray, de Tabernilla y de Llata, las dos lindas hermanas Otilia y Lina.
Gloria Villalón y Lily Padró. ¡Tan encantadoras! Aurora Quesada, María Teresa Falla, Chichí Goyri, Ofelia Balaguer, Olga Bosque, Margot Baños, Alicia Johnson, Evarista Obregón, Hilda Pealtzord, Purita López… Y la adorable Lydia Cabrera.

En cuanto a los caballeros, diferían de tal modo en el vestir que bastará citar, como demostración gráfica, lo que ocurría con tres cónsules. El de España iba de frac, el de Rumania de smoking y el del Ecuador de blanco.
Puso en la animación de la espléndida fiesta del sábado una nota de intensa alegría la escultural bailarina Betty Brown. ¡Deslumbradora…!
Días después… En la terraza del Casino.8
Desesperante el calor. Hay que huir de la ciudad. Un oasis en estas cálidas noches abrileñas es el Gran Casino de la Playa. Sitio encantador con su terraza, los jardines que lo circundan y la fuente luminosa con sus chorros elevándose a gran altura.
A la hora de la comida son ya muchos los gourmets que se encaminan hacia el Casino. Hay un chef excelente. Procede de una casa particular. La de un poderoso señor del Vedado, vecino de la aristocrática calle 17, que aunque con sacrificio propio ha querido cederlo a la cocina del Casino de la Playa.
Al placer de la comida, con una table d’hote que se renueva por día, agrégase el placer de la música. La orquesta americana del profesor Coleman llena desde su tribuna, en lo alto del gran salón, un largo, amenísimo programa.
Grande y completa era anoche la animación en aquellos salones. Se comía y se bailaba. Después, terminada la fiesta vasca, afluyó hacia la Playa un florido contingente de los palcos del Frontón. Valioso refuerzo.
Final de un artículo:
¡Qué bien se está sentado en la terraza del Gran Casino de la Playa, bajo el oro del crepúsculo! ¡Cómo sonríe la vida dentro de la aristocrática sencillez de todo el casino de Marianao! Sonriamos, pues.
Diario de la Marina, 30 de abril 1920.
Sobresalían en aquella época tres asuntos en la Habana: Caruso, las postulaciones presidenciales, y el “Casino de la Playa”. Este bello lugar es ya el punto de cita de nuestra sociedad, y la prensa diaria se ocupa frecuentemente de ir sus conciertos, bailes y comidas.9
Pero ningún periódico o revista se ha preocupado mucho de hacer un merecido elogio del edificio provisional, hecho en brevísimo tiempo por la gran “Compañía de Construcción y Urbanización”, que preside el distinguido financiero, señor José Marimón Juliach. El proyecto del lindo palacete está firmado por el notabilísimo arquitecto mejicano, señor Goyeneche, que ha sabido aunar confort y elegancia de manera admirable.
La distribución de los salones, la simplicidad del decorado, la ventilación, el trazado de los jardines y un sin número de detalles, ponen de relieve el acierto que tuvo la compañía constructora, al poner esa obra bajo la dirección del señor Goyeneche.
Bibliografía
- 24 de abril de 1920 – Inauguración de El Casino de la Playa. Fontanills, Enrique. “Habaneras. EL baile de anoche. Inauguración del Casino de la Playa.” Diario de la Marina. Año LXXXVIII, núm. 116, domingo 25 de abril de 1920, p. 5
- 29 de diciembre de 1921 – El Casino de la Playa reabre como The Casino. Fontanills, Enrique. “The Casino. En la nueva temporada.” Diario de la Marina. Año LXXXIX, núm. 303, Viernes 30 de diciembre 1921, p. 4
- 20 de diciembre de 1923 – The Casino se reinagura como Gran Casino Nacional. Fontanills, Enrique. “Habaneras. El Casino Nacional. La Fiesta de su Inauguración”. Diario de la Marina. Año XCI, núm. 354, 20 de diciembre 1923, p. 6.
- Personalidades y negocios de la Habana
- “Habaneras. El baile del 8 de abril. Inauguración del Gran Casino de la Playa.” Diario de la Marina. 27 de marzo de 1920, p. 2 ↩︎
- “Habaneras. El baile del 8 de abril.” Diario de la Marina. 29 de marzo de 1920, p. 4 ↩︎
- “Habaneras. Información social.” Diario de la Marina. 30 de marzo de 1920, p. 4 ↩︎
- “La Prensa.” Diario de la Marina. 22 de abril de 1920, p. 10 ↩︎
- “En vísperas del baile.” Diario de la Marina. 23 de abril de 1920, p. 2 ↩︎
- “La fiesta del día.” Diario de la Marina. Año LXXXVIII, núm. 115, Ed. Matutina, 24 de abril de 1920, p. 10 ↩︎
- “Habaneras. En el Gran Casino de la Playa. Après le bal.” “La fiesta del día.” Diario de la Marina. Año LXXXVIII, núm. 117, 26 de abril de 1920, p. 5 ↩︎
- “Habaneras. En la terraza del Casino.” Diario de la Marina. Año LXXXVIII, núm. 101, 29 de abril de 1920, p. 4 ↩︎
- “El Casino de la Playa.” Revista Social. Vol. 5, 1920. ↩︎
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