
En 1929, la “Gran Farmacia”, propiedad de Manuel Lorenzo Fernández, era considerada uno de los establecimientos que gozaban en Camajuaní de mayor crédito público.
Atendida por profesionales de reconocido prestigio, mantenía un variadísimo surtido de productos farmacéuticos y especialidades medicinales, destinado a prestar el mejor servicio a su numerosa clientela.
Distribuidora exclusiva del “Depurativo Venancia”, la farmacia poseía además la agencia para Cuba, Puerto Rico y México de las conocidas ampolletas del doctor Reina Méndez, de Madrid, anunciadas entonces para el tratamiento de la tuberculosis. También representaba diversos productos alemanes y franceses, ventajosamente conocidos en el mercado.

Manuel Lorenzo Fernández, conocido también como Manolo Lorenzo, había establecido su primera farmacia en Camajuaní a comienzos de la década de 1920. Una historia posterior de la localidad señala que el establecimiento ocupó un local donde anteriormente había funcionado la joyería de Corsino Ortiz y que tuvo inicialmente como regente al doctor Manuel Ángulo, farmacéutico procedente de Santa Clara.
Su esposa, la doctora Olga Jiménez Monteagudo, también ejercía como farmacéutica. El matrimonio aparece posteriormente como propietario de una farmacia adquirida a Vicente Henríquez Clemente.
Más adelante, el establecimiento pasó a Filomeno Martínez Cañizares y Celestino Fernández, bajo la regencia de la doctora Milagros Jiménez Monteagudo. Todavía no se ha podido determinar si esta operación comercial correspondió exactamente a la “Gran Farmacia” descrita en 1929 o a otro establecimiento administrado por Lorenzo Fernández.
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