
Cuando en 1937 Armando Maribona llamó a María Luisa Ríos una “dinámica multiartista”, encontró una expresión difícil de mejorar. Para entonces aquella joven formada en San Alejandro había pintado, expuesto caricaturas, escrito y recitado poesía, realizado decoraciones teatrales, dirigido una academia, organizado exposiciones y participado activamente en algunas de las instituciones culturales más importantes de La Habana.
Su nombre quedaría además estrechamente ligado a la Fiesta Intelectual de la Mujer, iniciativa que reunió durante los años treinta a artistas, escritoras, científicas, educadoras y representantes de numerosas asociaciones femeninas cubanas. La prensa de la época no dudó en llamar a Ríos su “iniciadora”, su “principal organizadora” y hasta su “alma y nervio motor”.
Sin embargo, su trayectoria fue mucho más extensa. Desde sus años de estudiante en San Alejandro hasta sus exposiciones del Lyceum y la Galería Cubana de los años cincuenta, María Luisa Ríos desarrolló una obra difícil de encerrar en una sola disciplina.
Las fuentes museísticas sitúan su vida entre 1903 y 1982. Por ahora no hemos podido precisar documentalmente el día y lugar exactos de su nacimiento ni la fecha exacta de su muerte.
De San Alejandro a la vida artística habanera
La presencia más temprana que hemos localizado de María Luisa Ríos como artista en formación corresponde a 1926. En la exposición anual de la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de San Alejandro figuró entre las alumnas “sobresalientes” de Dibujo Elemental, bajo la enseñanza de Adriana Bellini.
Dos años después ya desempeñaba un papel muy distinto. En marzo de 1928 presidía el Comité Pro Artes Plásticas, vinculado al alumnado de San Alejandro. La agrupación organizaba excursiones a lugares pintorescos e históricos para que los estudiantes realizaran manchas al óleo, acuarelas, apuntes y bocetos del natural.
Ríos aparece al frente de excursiones a Arroyo Apolo, Bejucal y Regla, algunas de las cuales movilizaron decenas de estudiantes y terminaron con concursos, exposiciones improvisadas y actos de entrega de premios.
Aquella temprana vocación organizadora no fue circunstancial. En mayo de 1928 intervino también en una exposición de alumnas de San Alejandro celebrada en la Asociación de Repórters. La prensa la presentó simultáneamente como expositora y presidenta del comité organizador.
La muestra estaba integrada por apuntes al lápiz y carbón realizados por jóvenes artistas. Diario de la Marina llegó a presentarla como una experiencia novedosa por reunir exclusivamente a mujeres artistas, afirmación que conviene entender como testimonio de la prensa contemporánea y no todavía como una primacía histórica definitivamente comprobada.
En el curso 1928-1929 Ríos obtuvo calificaciones de Sobresaliente en Colorido y Pintura Decorativa. En septiembre de 1929 aparece además con un cargo inesperadamente importante: directora de la Exposición Permanente de Arte Cubano.
Su formación continuó. En 1930 estudiaba Pintura de Modelo Vivo con Leopoldo Romañach. En la exposición anual de San Alejandro presentó un retrato que el periódico describió como de:
espontánea y fresca factura moderna.
También figuró entre los alumnos distinguidos en las oposiciones de aquella clase.
Pintura, poesía, caricatura y teatro
A comienzos de los años treinta ya resulta difícil separar las distintas actividades de María Luisa Ríos.
En enero de 1932 realizó decoraciones para la obra teatral Altares de sacrificios, de José Cid, representada en el Teatro Principal. La prensa anunció inicialmente un decorado inspirado en el antiguo palacio del Conde de Casa Bayona y, después del estreno, Francisco Ichaso confirmó que se habían presentado dos decoraciones nuevas de Ríos.
Ese mismo año asumió responsabilidades mucho mayores en el Círculo Nacional de Bellas Artes. En agosto fue inaugurada la Academia de Artes e Idiomas de la institución, bajo su dirección. El programa comprendía pintura, dibujo, artes decorativas, talla en madera, música, literatura e idiomas. Ríos figuraba expresamente como directora y profesora.
No era un título honorífico. La Academia estableció matrícula, horarios, exámenes, concursos y atención regular de los alumnos, y en 1933 continuaba funcionando bajo su dirección.
Ríos fue también designada directora artística del Cuadro de Declamación del Círculo de Bellas Artes, dedicado a representar repertorio cubano.
Mientras tanto escribía poesía. En 1931 composiciones suyas habían sido seleccionadas para un recital transmitido por la emisora CMBS. En octubre de 1932 apareció expresamente entre las poetisas participantes en una Tarde de Poesía y Música organizada por José Cid.
Pero 1932 dejó además una noticia decisiva para su trayectoria plástica: el 2 de diciembre inauguró en el Círculo de Bellas Artes una exposición individual de aproximadamente treinta caricaturas. La prensa la presentó entonces como “distinguida caricaturista cubana”.
Esto obliga a precisar un dato que aparecería años después: cuando Anita Arroyo escribió en 1955 que Ríos había expuesto sus pinturas por primera vez en 1941, debía referirse a su primera exposición específicamente pictórica, porque desde 1932 tenemos documentada una muestra individual de caricaturas.

Una artista en la radio
En marzo de 1933, María Luisa Ríos y la poetisa y recitadora Josefina de Cepeda comenzaron a dirigir la Hora de Divulgación Artística.
El proyecto pretendía acercar al público distintas épocas y culturas mediante literatura, música, poesía, arquitectura, artes plásticas, costumbres y recreaciones ambientales. Muy pronto quedó confirmado que se trataba de un programa radiofónico transmitido por la emisora CMW.
El 9 de abril de 1933 Diario de la Marina publicó una autocaricatura de Ríos y la presentó como directora de aquellas audiciones.
Ese mismo año continuó exponiendo. En julio participó en una Exposición Femenina de Pintura y Escultura del Círculo de Bellas Artes. Entre las obras destacadas por la crítica figuró un Retrato suyo.
También siguió escribiendo. El 23 de julio de 1933, después de una conferencia sobre arte bizantino, ofreció una lectura de poesías de su propia autoría.
Graduación en San Alejandro
La prolongada etapa de formación académica tuvo su culminación en 1934.
El 6 de agosto de ese año San Alejandro entregó los títulos a sus graduados. María Luisa Ríos figuró entre los alumnos premiados con Bolsa de Viaje y fue escogida además para tomar la palabra durante la ceremonia junto a los profesores Leopoldo Romañach y Esteban Valderrama.
Así terminaba una formación que podemos seguir documentalmente desde 1926 y que comprendió dibujo, colorido, pintura decorativa y modelo vivo.
Para entonces, sin embargo, Ríos llevaba años actuando fuera de las aulas como caricaturista, poeta, escenógrafa, docente y organizadora cultural.
La poetisa María Luisa Ríos
El 12 de enero de 1935 ofreció en el Círculo de Bellas Artes un recital dedicado a su propia obra poética.
El programa permite recuperar numerosos títulos: Luna de miel, Dolor, Óleo, Las olas, La elegía de la vida, Nocturno, Miedo, Las banderas, Alleluya, Madrigal rubio, Calles tristes, Orquídeas y lises, Juramentos, Las cabezas de Cristo, La fragua y Oración.
Resulta especialmente interesante Las banderas. Casi veinticinco años después, en noviembre de 1959, ese mismo poema volvería a figurar en un recital ofrecido por Carmina Benguria.

La Primera Fiesta Intelectual de la Mujer
Pocos meses después comenzó uno de los capítulos fundamentales de la vida pública de María Luisa Ríos.
El 15 de mayo de 1935, ante periodistas y artistas reunidos en el Círculo de Bellas Artes, Ríos presentó el proyecto de la Fiesta Intelectual de la Mujer, concebida para mostrar la contribución femenina cubana tanto en las ciencias como en las artes.
La inauguración tuvo lugar el 18 de mayo.
La comisión organizadora incluía a María Teresa Ginerés de Villageliú, María Luisa Ríos, Renée Potts, Gilda Kels y Cuca Quintana. Ríos pronunció las palabras finales del acto y declaró abierta la Exposición Femenina de Pintura y Escultura.
Pero su responsabilidad fue mucho mayor que la de una simple integrante de la comisión.
Cuando la Fiesta llegó a su clausura el 8 de junio, Diario de la Marina la identificó como:
su principal organizadora, la notable caricaturista María Luisa Ríos.
Al día siguiente recibió un almuerzo-homenaje en el Hotel Inglaterra. La prensa volvió a llamarla “iniciadora” y “organizadora de la Primera Fiesta Intelectual de la Mujer”.
Cuatro años más tarde, Renée Potts recordaría que había sido:
la tenacidad de María Luisa Ríos
la que dio vida a aquella iniciativa.
Y Armando Maribona la describiría en 1937 como una:
“dinámica multiartista”,
refiriéndose a la Fiesta como una obra estrechamente asociada a ella.
De una fiesta habanera a un proyecto nacional
El éxito de 1935 llevó inmediatamente a proyectar una segunda edición.
En agosto de aquel año Ríos y Ana María Borrero trabajaban ya en una nueva Fiesta que se pretendía celebrar en 1936 con carácter interamericano.
El proyecto sufrió diversos aplazamientos. En junio de 1936 todavía se preparaba formalmente la II Fiesta y María Luisa Ríos seguía apareciendo como su principal organizadora. En 1937 la prensa la identificaba ya como presidenta de la Fiesta Intelectual de la Mujer.
En esos años continuó interviniendo en la vida del Círculo de Bellas Artes. Pronunció conferencias sobre cuestiones artísticas y literarias, ejerció la crítica de arte y participó en la organización de exposiciones.
Un artículo de junio de 1937 la describía como pintora, caricaturista, autora de verso y prosa y crítica de arte. En una de sus intervenciones había hablado sobre arte clásico y vanguardia y analizado la poesía de Serafina Núñez.

En 1938 presidió además la organización del Salón de Otoño del Círculo de Bellas Artes, dedicado a graduados y exalumnos de San Alejandro. Allí formuló una idea muy reveladora sobre la función del artista: defendió la responsabilidad social del creador, pero sostuvo que debía hacerse:
obra social, no arte social,
porque el arte debía permanecer libre.
La Segunda Fiesta Intelectual de la Mujer
La segunda edición comenzó finalmente el 29 de noviembre de 1938.
Su primer gran acto fue la Exposición Nacional Femenina, instalada en la Escuela Municipal Alfredo M. Aguayo. El periódico presentó entonces a María Luisa Ríos como:
“alma y nervio motor de la Fiesta Intelectual de la Mujer”.
Y la identificó también como presidenta general y organizadora del conjunto de actos.
La exposición reunió pintura, escultura, grabado, literatura, artes gráficas, artes aplicadas, labores manuales y trabajos científicos. Ríos, además de presidir toda la estructura, se ocupó junto con María Teresa Ginerés de la sección de Artes Plásticas.

La II Fiesta había adquirido ya una dimensión nacional. Existían delegaciones provinciales y participaron mujeres procedentes de distintos puntos de Cuba.
Durante diciembre y enero se sucedieron jornadas dedicadas a asociaciones femeninas, ciencias, letras, educación y asuntos sociales.
El Día de las Letras, celebrado el 22 de enero de 1939 en el Teatro Sauto de Matanzas, reunió a escritoras, poetisas, cuentistas y recitadoras de distintas provincias. María Luisa Ríos presidió el acto junto con Zoraida Curbelo de Ramos y Hortensia Lamar.
La Fiesta culminó en febrero de 1939.

Para entonces Diario de la Marina podía afirmar que Ríos había sido una de las figuras que más había trabajado:
por el auge del feminismo en Cuba.
La expresión no es una interpretación retrospectiva: la propia prensa de la época la había llamado ya anteriormente “la feminista María Luisa Ríos”.

En mayo de 1939 Ríos figuraba además como presidenta de honor de la Asociación Nacional Femenina de Prensa, otra señal de la amplitud que había adquirido su presencia institucional en la cultura habanera.

De la caricatura a la pintura
Anita Arroyo recordaría años después que María Luisa Ríos había presentado sus pinturas por primera vez en 1941.
Aquella fecha no señala el comienzo de su actividad expositiva —ya había mostrado caricaturas desde 1932—, pero sí parece marcar el inicio de sus exposiciones dedicadas específicamente a la pintura.
En 1945 presentó una muestra en el Lyceum. Antonio Martínez Bello escribió entonces en El Fígaro sobre una artista en constante transformación, hasta el punto de aplicarle una imagen particularmente afortunada:
“Mujer-Proteo”.
Veía en sus sucesivos estilos no una falta de dirección, sino una voluntad persistente de búsqueda y renovación.
El Lyceum se convirtió durante los años siguientes en uno de sus principales espacios expositivos.
Tenemos documentadas exposiciones individuales en 1945, 1947, 1949 y 1951.
La de 1949 fue interpretada por la crítica como una nueva fase de su pintura. Se hablaba ya de una artista que avanzaba hacia una expresión cada vez más personal, simplificando formas y buscando una síntesis propia.
Los “angelitos negros” de María Luisa Ríos
La exposición inaugurada en el Lyceum el 26 de marzo de 1951 fue una de las mejor documentadas de toda su carrera.
María Luisa Ríos presentó 29 pequeños óleos, muchos dedicados a figuras infantiles. Adela Jaume destacó títulos como Jesús y la Lagartija, Encaje Colonial, Enamorado de Balcón y Muñeca Negra.
El éxito comercial fue notable: según la reseña, dieciséis de las veintinueve obras habían sido adquiridas en aproximadamente una hora.
Dos días después, Jorge Mañach dedicó a la exposición su columna “Angelitos negros”, relacionando aquellas figuras infantiles con el conocido poema de Andrés Eloy Blanco.
La temática no fue pasajera. Los niños negros se convertirían durante los años siguientes en uno de los motivos más reconocibles de Ríos, junto con niños campesinos, escenas populares, ambientes coloniales y paisajes cubanos.
También su trabajo docente se relacionaba estrechamente con aquella sensibilidad hacia la infancia. Desde los años cuarenta impartía conferencias y actividades para niños; en 1951 dirigió en el Lyceum un curso de teatro infantil que incluía declamación, escenografía, títeres, mímica, danza, vestuario y utilería.
La Galería Cubana y la madurez de un estilo
Después del ciclo del Lyceum, Ríos continuó exponiendo.
En 1952 tenemos documentada una exposición de cuadros “en La Rampa”. En 1954 una de sus obras figuró entre las adquiridas por el Patronato de las Artes Plásticas en una exposición celebrada en 23 e Infanta.
En septiembre de 1955 inauguró una exposición de óleos en la Galería Cubana, en Diez y Calzada.
La muestra produjo una concentración crítica excepcional. Escribieron sobre ella Anita Arroyo, Mariano Brull y Manuel Gómez.
Arroyo reconstruyó una trayectoria de catorce años y habló de una pintura de:
sabor expresionista y de carácter nacional.
Destacó obras como Forma Colonial, Domingo de Ramos y Carnaval del Solar, y recogió una explicación particularmente reveladora de la propia pintora. Ríos hablaba de una especie de “vaho” tropical, una atmósfera que envolvía y distorsionaba las cosas.
Mariano Brull insistió en la serenidad, la línea, los blancos, los grises y la ausencia de estridencia, contraponiendo su pintura a las tendencias de mayor violencia constructiva o cromática.
Manuel Gómez prefirió hablar del “individualismo” de Ríos y volvió a señalar la infancia, la vida popular y los motivos cubanos como elementos centrales de su mundo pictórico.

Docencia, abstracción y pequeño formato
La enseñanza continuó siendo una parte importante de su actividad.
En 1956 impartió en el Lyceum el curso La pintura abstracta y figurativa al alcance de los niños, dirigido a alumnos de siete a doce años.
Ese mismo año ofreció también un curso de Pintura Elemental aplicada a la Decoración para las asociadas del Lyceum.
La elección de la abstracción como tema pedagógico es interesante porque un año antes Anita Arroyo había señalado que Ríos intentaba en algunos paisajes una pintura “más abstracta”, aunque sin abandonar los motivos cubanos.
En diciembre de 1957, en la Galería de Arte de Editorial Lex, expuso junto al ceramista Arnaldo Ravelo Avellaneda una colección de miniaturas al óleo.
Adela Jaume explicó que los temas preferidos de Ríos eran entonces niños negros y niños campesinos, ejecutados con una paleta de azules, rosados y blancos nacarados. Su dibujo estaba, según la crítica, llevado a una síntesis que:
sugiere más que presenta.
Activa todavía en 1959
Los documentos de 1959 muestran a una María Luisa Ríos plenamente activa en La Habana.
En junio se inauguró en el Lyceum una exposición de trabajos pictóricos realizados durante el año por sus alumnas.
Ese verano volvió a impartir un curso de teatro infantil, cuya clausura estaba prevista para el 2 de septiembre.
En octubre se anunció otro curso suyo, Postales y paneles para las Navidades cubanas, destinado a trabajar con yute, cordeles, cintas y otros materiales para lograr, según el programa, una:
expresión de lo cubano.
También intervino en el vigésimo aniversario del Patronato de las Artes Plásticas y continuó escribiendo. En noviembre de 1959 el poema Las banderas, que ya había leído públicamente en 1935, figuró en un recital de Carmina Benguria.

Una trayectoria difícil de encasillar
María Luisa Ríos fue pintora, pero reducirla a la pintura dejaría fuera una parte esencial de su historia.
Fue también caricaturista, poetisa, autora de prosa, escenógrafa, directora artística, crítica de arte, profesora y organizadora de instituciones y acontecimientos culturales.
Sus contemporáneos percibieron muy pronto esa diversidad. La llamaron “multiartista”, “Mujer-Proteo” y “mujer sorprendente”. Pero detrás de esa variedad hubo algunas constantes muy claras: la enseñanza, la promoción de otros artistas, el trabajo con niños, el interés por la cultura cubana y una voluntad persistente de renovación.
Desde las excursiones de los alumnos de San Alejandro que organizaba en 1928 hasta los cursos que todavía impartía en el Lyceum en 1959 transcurrieron más de tres décadas de actividad cultural casi ininterrumpida.
Su papel en la Fiesta Intelectual de la Mujer añade además una dimensión que merece ser recuperada. No fue simplemente una artista que participó en aquellas jornadas: la documentación contemporánea la presenta reiteradamente como su iniciadora, organizadora, presidenta y principal impulsora.
Después de salir de Cuba, María Luisa Ríos continuó pintando en el exilio. En el homenaje que le dedicó poco después de su muerte, Pepe Carril recordó que seguía recurriendo a motivos cubanos —jardines, figuras infantiles y recuerdos de La Habana—, aunque percibía en esa etapa un tono más melancólico que en su obra anterior. Carril evocó asimismo su labor con los niños, tanto en el Lyceum como en actividades vinculadas al teatro de títeres, y la presentó como una figura profundamente identificada con la cultura cubana.
María Luisa Ríos falleció en 1982. El 9 de agosto de ese año El Nuevo Herald publicó el homenaje póstumo de Carril, que constituye uno de los testimonios más cercanos sobre sus últimos años y sobre la persistencia de Cuba en su obra.
A falta todavía de precisar algunos datos esenciales de su biografía —entre ellos su fecha y lugar exactos de nacimiento y muerte—, la prensa cubana permite reconstruir una trayectoria extraordinariamente rica.
María Luisa Ríos ocupó durante décadas un lugar visible en la cultura cubana. Recuperarlo permite comprender no solo la obra de una pintora, sino también la actividad de una mujer que hizo de la creación, la enseñanza y la organización cultural partes inseparables de una misma vida.
Paleta interpretativa de María Luisa Ríos

Aunque muchas de las reproducciones conservadas de su obra proceden de la prensa y no permiten apreciar plenamente el color, algunas imágenes atribuidas a María Luisa Ríos ayudan a reconocer una gama de azules grisáceos y turquesas, blancos y rosas nacarados, ocres, grises y pequeños acentos verdes y rojizos. La siguiente paleta ofrece una aproximación visual a ese universo cromático y debe entenderse como una reconstrucción interpretativa, no como un análisis técnico de los pigmentos empleados por la artista.
Fuentes y bibliografía
- Diario de la Marina. “Exposición de trabajos inaugurada ayer en la Escuela de S. Alejandro”, 5 de julio de 1926, pp. 1 y 14.
- Diario de la Marina. “Excursión de la Agrupación Pro-Artes Plásticas”, 26 de marzo de 1928, p. 9.
- Diario de la Marina. Clausura de la II Fiesta Intelectual de la Mujer, 17 de febrero de 1939, pp. 14 y 29.
- El Fígaro. Antonio Martínez Bello, “Una exposición de María Luisa Ríos en el Lyceum”, agosto-septiembre de 1945.
- Anita Arroyo. “El mundo pictórico de María Luisa Ríos”, Diario de la Marina, septiembre de 1955.
- Adela Jaume. “Óleos de María Luisa Ríos, y cerámica de Ravelo Avellaneda, en la Galería Lex”, Diario de la Marina, 27 de diciembre de 1957, p. 45.
- Lowe Art Museum, University of Miami. Ficha de artista: Maria Luisa Rios (1903-1982).
- Carril, Pepe. “En tributo a María Luisa Ríos”. El Nuevo Herald, 9 de agosto de 1982, p. 4. Cuban Theater Digital Archive, University of Miami.
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