
El siguiente texto, escrito por Ramón Valdés Marín y publicado en enero de 1916, ofrece un retrato biográfico y literario de Bonifacio Byrne. Para facilitar su lectura, se han modernizado la ortografía, la acentuación y la puntuación, además de corregirse algunas erratas evidentes de impresión o transcripción. Se han respetado, sin embargo, las opiniones, expresiones y valoraciones históricas de su autor.
¡Bonifacio Byrne! El cantor de la guerra
¡Bonifacio Byrne! El cantor de la guerra. El inspirado poeta cuyas armas literarias han resultado victoriosas doquiera que las ha esgrimido, dentro y fuera de la República. Lo que prueba que los triunfos adquiridos en Cuba han sido a conciencia, puesto que los trabajos resultan anónimos en las justas.
¡Aún me acuerdo! Era yo muy joven. Trabajaba en la imprenta de don Carlos Canto. Todas las noches llevaba, en calidad de préstamo, las mejores publicaciones de la Isla. Contábase entre estas el Diario de Matanzas, con el cual simpatizaba extremadamente, porque era un valiente adalid de las libertades cubanas, encarnadas entonces en el Partido Autonomista.
Casi diariamente veía en él la firma de Bonifacio Byrne, aquel hijo de la Atenas Cubana, que tantos hombres de ciencia ha dado en todos los órdenes de la vida. Habiéndome hecho maestro en 1891, tuve que abandonar la cotidiana tarea de leer los principales diarios del país.
Sobrevino la Revolución del 95. A esta, como es natural, sucedió la paz. Pero una paz por la cual se vieron colmadas las justas aspiraciones del pueblo netamente cubano. La bandera gualda1 y roja se arrió de los edificios públicos, donde había ondeado durante más de cuatrocientos años. Las tropas españolas evacuaron el país. ¡Cuba había conquistado su independencia!
Surgieron innumerables cantores ensalzando las proezas de sus heroicos hermanos. Ninguno rayó a la altura de Bonifacio Byrne. Nadie como él pulsó la lira, haciendo vibrar en sus cuerdas el más dulce sentimiento patriótico. Por eso se le llama el Cantor de la Guerra.
Nadie como él —en los tiempos modernos— ha templado en Cuba tan hábilmente la lira de poeta; nadie maneja tan magistralmente la métrica cubana, ni posee la corrección y dulzura de Byrne, ni concibe tan bellísimas imágenes como él. Por eso los demás poetas cubanos lo estiman el primero; y nosotros, los profanos —pero a quienes el sentido común algo nos indica—, creemos firmemente que Byrne es el primer poeta de Cuba.
Cuando leí sus poesías patrióticas supuse que era aquel redactor del Diario de Matanzas. Más tarde me convencí de ello. Pero jamás pasó por mi imaginación que Sancti Spíritus tuviese la satisfacción de hacer justicia a los grandes méritos del tantas veces laureado poeta, y que uno de mis hijos fuese de los iniciadores de esta justa de la inteligencia, donde aquel Byrne, ardiente paladín de las libertades patrias en la época de la colonia, ha obtenido la Flor Natural.
He aquí algunos datos biográficos del Cantor de la Guerra:
Nació en el barrio de Pueblo Nuevo, en la ciudad de Matanzas, el día 3 de marzo de 1861.

Ingresó como alumno, en 1868, en el colegio El Porvenir, que dirigía en Matanzas el sabio educador Antonio Luis Moreno. Hasta el año 1875 permaneció en dicho plantel de enseñanza, en el que también figuró como maestro.
Fueron sus mentores literarios Antonio Luis Moreno, al que debe su vocación poética, y el inspirado hijo de las Musas Nicanor A. González, que en Sancti Spíritus dirigió durante varios años un colegio de Primera y Segunda Enseñanza.
Byrne hizo sus primeras armas en el periodismo como cronista del semanario El Ateneo, órgano de la sociedad de su nombre, dirigido por el veterano escritor Fernando Romero Fajardo. Más tarde ingresó en la redacción de El Pueblo, diario que dirigió en Matanzas el notable literato Guillermo Schweyer.
También fue redactor del Diario de Matanzas durante dos épocas. Fue gacetillero de El Imparcial y de La Región. Cuando, en diciembre de 1895, cesó de publicarse el Diario de Matanzas, era Byrne quien, con su pluma vibrante y entusiasta, mantenía desde las columnas de ese diario el fuego sagrado del separatismo en el alma de sus numerosos lectores.
En enero de 1896 emigró a los Estados Unidos, levantando su humilde tienda de emigrado en los hospitalarios arenales de Tampa, donde permaneció hasta el 3 de enero de 1899. Pisó nuevamente las playas natales el 4 de enero de ese año y se estableció en Guanabacoa.
Colaboró en el álbum patriótico que El Fígaro publicó ese año. En marzo de 1899 ingresó en la redacción de La Discusión, llamado por su amigo el licenciado Manuel María Coronado. El 30 de abril de 1899 dejó La Discusión para aceptar un destino en el Gobierno Provincial de Matanzas, donde ejerció el cargo de secretario de dicho Gobierno desde 1902 hasta 1912.
De 1899 a 1912 desempeñó en el expresado Gobierno el puesto de oficial segundo.
Durante la emigración fue colaborador de Patria, El Porvenir, Cacarajícara, El Continente Americano y Cuba en Tampa. Dirigió la revista El Expedicionario. Fue secretario allí del club Pedro Betancourt, del que fuera presidente el ilustre bibliógrafo Carlos M. Trelles.
Desde el año 1909 dirigió en Matanzas el periódico diario Yucayo.
Obtuvo premios en varios concursos literarios. En 1893 alcanzó el primero en un certamen que, para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, se celebró en Matanzas.
También obtuvo un premio en un certamen festivo celebrado por el periódico Patria, que dirigió en La Habana Enrique José Varona, y cuyo galardón fue acordado por el doctor Antonio González Curquejo.
En los Juegos Florales organizados por el Ayuntamiento de La Habana en 1909, Byrne alcanzó el premio acordado al mejor soneto, consistente en doscientos pesos.
En ese mismo certamen no obtuvo el premio destinado al mejor romance, debido a que el trabajo que envió no estaba comprendido dentro de las bases propuestas. Se había pedido un episodio de la Guerra de 1895 y Byrne lo envió sobre la Guerra de los Diez Años.
En los Juegos Florales de Oviedo, España, el jurado propuso para un premio el soneto que Byrne remitiera a dicho certamen. En el concurso de El Fígaro, celebrado con motivo de la guerra ruso-japonesa, obtuvo un accésit. En otro concurso organizado por el periódico La Noche, alcanzó el premio otorgado al mejor soneto.
En los recientes Juegos Florales de Santiago de Cuba obtuvo un accésit por sus décimas «El chaparrón».
En los de Sancti Spíritus obtuvo la Flor Natural, un diploma y cien pesos; designación de la que el jurado espirituano debe sentirse altamente orgulloso, porque ella revela su competencia en la materia.
Nuestro afectuoso saludo al laureado poeta matancero; y que las horas que pasen entre nosotros él y su distinguida esposa les resulten de expansión y de relativo placer, ante el sentimiento que les embarga por la reciente pérdida de su amantísima hija.
La obra y los últimos años de Bonifacio Byrne
La semblanza publicada por Ramón Valdés Marín en 1916 permite reconstruir buena parte de la trayectoria personal y periodística de Bonifacio Byrne. Para completar aquel retrato, conviene detenerse en su producción literaria y en los acontecimientos que marcaron sus últimos veinte años de vida.
En su obra poética suelen distinguirse dos vertientes principales: la patriótica y la modernista. En la primera, Byrne cantó a la patria, a los héroes de las guerras independentistas, al separatismo y a la soberanía de Cuba. En la segunda mostró una mayor intimidad, riqueza verbal y preocupación por la forma poética.
Entre sus principales obras figuran Excéntricas (1890), Lira y espada, Efigies y En medio del camino (1914). Su poesía patriótica fue, sin embargo, la que alcanzó mayor difusión y consolidó su reconocimiento público como cantor de la guerra.
Además de las publicaciones enumeradas por Valdés Marín, Byrne dirigió, en compañía de Carballo, los periódicos La Mañana y La Juventud Liberal hacia 1890 y 1891.
El soneto a Domingo Mújica y la emigración
La salida de Byrne hacia Estados Unidos en enero de 1896 estuvo relacionada con la persecución que sufrió por sus ideas independentistas. Uno de sus textos más comprometidos fue el soneto dedicado a Domingo Mújica Carratalá, patriota fusilado en agosto de 1895 por las autoridades españolas:
Murió de cara al mar, aquel valiente,
bañado por la luz de la alborada,
noble, serena y firme la mirada,
tranquilo el corazón, alta la frente.
Durante su permanencia en Estados Unidos continuó apoyando la causa independentista. A las colaboraciones y actividades mencionadas en el artículo de 1916 se sumó la publicación, en Filadelfia, de un folleto de sonetos patrióticos cuyos ingresos estaban destinados a contribuir al sostenimiento de la insurrección cubana.
Después de regresar a Cuba, Byrne expresó su rechazo a la ocupación estadounidense y defendió la independencia y la soberanía nacionales en “Mi bandera”, que llegaría a convertirse en uno de sus poemas más conocidos.
Los homenajes de 1915
En 1915, el Ayuntamiento de Matanzas declaró a Bonifacio Byrne Hijo Eminente de la ciudad y dejó constancia del reconocimiento mediante un diploma especial. Ese mismo año se acordó dar su nombre a la calle de Contreras y se colocó una tarja en su casa natal, situada en la calle de Santa Rita, en Pueblo Nuevo. La tarja se conserva actualmente en el Museo Provincial de Matanzas, Palacio de Junco.

El doctor Manuel de Vera Verdura presentó ante el Senado una propuesta para concederle una pensión oficial. El Senado la aprobó en agosto de 1919, aunque no fue hasta mediados de 1920 cuando el Congreso de la República le otorgó una pensión vitalicia de cinco mil pesos anuales.
Una casa para Bonifacio Byrne
Mediante una cuestación pública y la creación de comités recaudadores, en 1920 pudo adquirirse una casa para el poeta. En la campaña participaron numerosas personas humildes, escuelas públicas e instituciones culturales.
La vivienda estaba situada en la calle de Contreras y marcada entonces con el número 125 1/2 —actualmente 30208—. Después de ser reparada, Byrne pudo mudarse a ella con su familia en 1921.

En la fachada del inmueble se colocó una placa con la siguiente inscripción:
Esta casa fue adquirida el 7 de mayo de 1920 por cuestación pública para el Poeta Nacional Bonifacio Byrne.
La muerte del poeta
Bonifacio Byrne murió hacia el mediodía del 5 de julio de 1936. En uno de sus poemas había expresado cómo deseaba ser recordado después de su muerte:
No quiero, cuando me muera,
la pompa fútil que impera
en la vida cortesana,sino una cruz de madera,
tan frágil y tan liviana,
que nadie tocarla quiera.No quiero, cuando me muera,
que la fama vocinglera
me remonte al firmamento:así mi cruz de madera
ha de respetarla el viento,
en su rápida carrera…
Poemas de Bonifacio Byrne
La obra de Bonifacio Byrne estuvo estrechamente vinculada a la historia política y sentimental de Cuba. Entre sus composiciones publicadas en CubaMemorias.com se encuentran:
- “Domingo Mújica Carratalá” — soneto patriótico escrito el 20 de agosto de 1895, tras el fusilamiento de Domingo Mújica Carratalá.
- “Mi bandera” — poema escrito después de su regreso a Cuba en 1899.
- “Harén de estrellas” — soneto modernista publicado en el libro En medio del camino (1914).
Bibliografía y notas:
- Valdés Marín, Ramón. “¡Bonifacio Byrne!”. Soñada, año III, núm. 80, Sancti Spíritus, 2 de abril de 1916.
- Magazine La Lucha. 1924, p.115
- Martínez Carmenate, Urbano. Byrne el verso de la patria. Matanzas: Ediciones Matanzas, 2012.
- Gualda: color amarillo intenso o dorado. La expresión «bandera gualda y roja» se refiere a los colores de la bandera española. ↩︎
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