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Joaquín Nicolás Aramburu y Torres notable periodista

29/05/2026 Por Almar Deja un comentario

Retrato de Joaquín Nicolás Aramburu y Torres, notable periodista cubano y redactor del Diario de la Marina.
Joaquín Nicolás Aramburu y Torres, notable periodista cubano y redactor del Diario de la Marina.

Joaquín Nicolás Aramburu y Torres por Enrique Díaz Ortega. Nació el ilustre hombre de letras en la villa de Guanajay, el 10 de septiembre de 1855, en humilde hogar. Fueron sus padres Don Martín Aramburu, de oficio carpintero, y Doña María Regla Nazaria Torres. Fué bautizado en la Iglesia Parroquial de San Hilarión Abad de su pueblo natal, por el Lcdo. José C. de Santa Cruz, el día 3 de octubre del propio año de nacimiento.

Su niñez transcurrió en los ingenios de Noroña y San Gabriel, donde estaba empleado el padre. Cuando tiene edad escolar, es enviado a la Escuela Municipal.

Fueron sus maestros Don Ramón Lubián, Don Luis Leprince, Don José Miguel Macías y Don Félix María Calvo. Macías y Calvo dejaron una honda huella en la preparación de Aramburu. Cubanos separatistas fueron deportados a Fernando Poo. De Macías señaló más tarde el escritor, que fué quien “lo enseñó a pensar”.

La única preparación metódica que recibió fué la señalada, por lo que puede considerarse como un autodidacto.

Conoció el francés que le enseñó Mercedes Pintado, la esposa de su maestro Calvo.

Cuando termina sus estudios de primera enseñanza su padre lo lleva para el ingenio “San José”, donde aprende el oficio de carpintero, pero al mismo tiempo, lee libros de Medicina, en francés y español, y alterna su trabajo con el de enfermero, así como se hace Maestro de Azúcar.

Más tarde Jo vemos de panadero y lector de escogidas de tabaco, en la población. Y en esa oportunidad conoce a Castor Ladreda, amante de las letras y de desahogada posición económica, que desea dar a la luz una publicación periodística, y es éste el inicio de Aramburu como redactor de un periódico, que aparece en 1871, con el nombre de “La Lealtad”.

Desde los nueve años ha enviado artículos y poemas, a varias publicaciones, sin firma. Su primer trabajo con rubricado es de 1871.

Siete son las publicaciones de 1877 a 1900, que da a la luz. La época de incertidumbre que vive el país, hace que la aparición de las mismas sea breve. En 1878, cuando se crea el Partido Autonomista, se enrola en sus filas, siendo un constante vocero de los ideales del mismo: Pero en 1888 comprendiendo, que los ideales de la organización no responden a las ideas democráticas, que en el mundo imperan, deserta y lo vemos blandiendo el ideario separatista. Sus opiniones sobre las ideas autonomistas fueron valiosas, siempre tuvieron repercusión en las figuras centrales, que constituían el Partido.

Cuando comienza la campaña separatista en los periódicos locales, ello le cuesta multas y procesos, y en la Guerra del 95 su relegación a la Capital. En su campaña separatista estuvo en contacto con los jefes de la Revolución, en particular, con Martí. Fué delegado del Partido Revolucionario Cubano, en su región, y colaborador eficaz d’el periódico “La Fraternidad”, que dirigía Juan Gualberto Gómez.

Joven aun casóse, y de esta unión tuvo diez hijos. Al morir su primera esposa contrae de nuevo matrimonio, no teniendo descendencia de esta unión. Con prole tan extensa, en una etapa difícil del país, fueron muchas las vicisitudes económicas que sufrió, a las que supo hacerle frente con dignidad y decoro, sin cejar en sus ideales.

Su labor periodística en la época republicana fué prolífica. Desde el año 1904 al 1923, colaboró en el “Diario de la Marina”, en su sección que se hizo famosa de “Baturrillo”, dejando de esta colaboración más de 5,000 artículos.

Su posición fué siempre de veedor de la cosa pública y de la problemática social, que analizó en sesudos trabajos, dejando vertido en ellos un ideario de altas valoraciones éticas.

Fué el líder espiritual de la unión de cubanos y españoles, en el momento de finalizar la guerra de libertad para el país, por lo que muchas instituciones españolas de la nación, como el Centro Asturiano, Círculo Avilesino, Centro Gallego, Casino Español, entre otras en La Habana, y el Casino Español de Viñales y la institución similar de Guanajay, le concedieron Diplomas de Honor.

Aparte del «Diario de la Marina» colaboró en más de cuarenta publicaciones nacionales y extranjeras. Dejó tres compilaciones de trabajos periodísticos: “Prosa y Verso” (1895); una compilación de 1906 y el libro Páginas (1907), que le prologó elogiosamente Rafael Montoro, éste constituye una verdadera antología de 84 artículos y 54 rimas.

Fué poeta de gran inspiración y sutileza. Aparte de la producción poética señalada dejó los libros “Ráfagas y Brisas” ( 1892) y “Páginas Intimas” ( 1895 ), la sección “Chispas”, que apareció durante unos años en el “Diario de la Marina” (1906-1909), y muchas composiciones que aparecieron en revistas y periódicos. “La Página Brillante”, poema inspirado en el “Descubrimiento de América”, le fué premiado en Pinar del Río, con medalla de oro, con motivo de la celebración de los primeros Juegos Florales, en 1883.

Cultivó el género costumbrista, dejando la notable novela “Un Detallista Feliz” (1892), cuentos o novelas cortas y multitud de artículos, donde se aprecia al creador en este género.

Ingresó en la masonería en el cuadro de la “Logia Luz de Occidente” de Guanajay, el 9 de febrero de 1888, siendo un activista constante en la institución fraternal hasta su muerte. Sobre masonería dejó escritas varias obras de interés. Entre ellas el folleto “La Masonería Cubana”, obra de divulgación, publicado en 1893. Más tarde publica las Liturgias, de los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro Masón, que alcanzaron un promedio de quince ediciones, en el año de 1895.

Su obra “La Masonería y sus símbolos. La Masonería y los problemas sociales”, fué publicada, por vez primera, en el año 1900, alcanzando cinco ediciones, tres en Cuba y dos en México, en la Editorial Botas. Es un estudio sistemático del simbolismo y los ritos de la institución, con fina percepción literaria y filosófica. Con ninguna de estas obras medró el ilustre escritor.

El 14 de septiembre de 1923 muere en su propia Villa el connotado hombre de letras. Guanajay lo recuerda en bronce, el parque de su pueblo y su calle principal lleva su nombre. Así como, existen en el Salón de Sesiones de su Ayuntamiento y en el vestíbulo de la Logia que lo tuvo como miembro un bello óleo debido al pincel del pintor Esteban Valderrama.

La Logia de los “Caballeros de la Luz” de su villa, así como la de masones del Mariel, llevan su nombre, y una Escuela Pública de Guanajay lo consagra con igual homenaje. Porque también Aramburu fué un Maestro, con su prédica, y por sus conocimientos pedagógicos profundos, de vigencia actual, que dejó vertidos en sus trabajos periodísticos y conferencias.

En este año Guanajay organizó el homenaje en la Semana Aramburiana, el 10 al 18 de septiembre, divulgando así la obra del insigne cubano, habiéndose declarado, en lo municipal el Año del Centenario de su Natalicio.

Extracto del libro “Joaquín N. Aramburu. Ensayo crítico-biográfico”. por Enrique Díaz Ortega.

Aramburu por Jorge Mañach.1

Retrato de Joaquín Nicolás Aramburu y Torres, escritor, poeta y periodista cubano.
Joaquín Nicolás Aramburu y Torres, escritor, poeta y periodista cubano nacido en Guanajay.

“ ¿…Si le permito hacerme una visita? Abiertas de par en par están las puertas de mi casa para todos los hombres buenos. Y como no salgo casi nunca, aquí estoy para recibirlos. Me encontrará usted en mangas de camisa y con los dedos llenos de tierra de mi jardincito que incesantemente cultivo. Pero como no vendría usted a ver trajes ni mentiras sociales, sino a un viejo compañero, desencantado de casi todo en la vida, su presencia en mi hogar será gratísima para mi y tal vez no desagradable para usted…”

Así me escribía, hace apenas más de medio año, el buen maestro que acaba de morir. La visita, la eventual visita que yo había solicitado y cuya promesa él acogía con tan sencilla deferencia, no llegó a cuajar nunca.

Guanajay estaba a un paso, pero lo separaban de la intención mil distancias imprevistas: las inexorables leguas del quehacer colmado del efímero ocio, de la fácil dilación, aduladora de la voluntad… Y sin embargo, el neófito anhelaba mirar de cerca aquella cabeza blanca!

Había razones sentimentales y razones de la vocación en su curiosidad.

De niño, había oído discutir muchas veces las crónicas del viejo periodista. El criterio doméstico se dividía en torno de ellas, sajada por aquella opinión, poco sutil acaso, pero constante y firme como una sierra, en su ir y venir cotidiano. Los viejos decían de Aramburu que era uno de los pocos de su generación a quienes la libertad no se les había subido a la cabeza.

Los jóvenes, algo sobrecogidos por su venerabilidad, disentían en voz baja, tachándolo de tibio nacionalista, o lo que les parecía lo mismo, de ardoroso americanizante. Pero hasta los más negativos, se hacían lenguas de la pluma briosa y sencilla, de la sintética elocuencia, de su sereno arte polémico. ¡Y le llamaban maestro!

El título de su sección en este papel, fué uno de los grandes problemas de mi niñez, época feliz en que el diccionario es un libro odioso cuando no tiene grabados y completamente inútil cuando los tiene. “Baturrillo” era un vocablo sin “mote” anexo. Su concepto, por eso, se me fué aclarando muy lentamente; el día que se me reveló fué de una vasta desilusión.

¿Conocéis el cuentecillo aquel del aragonés que iba, camina que camina, calza corta, ancha faja, pañuelo a la cabeza, zurrón al hombro, por la vía del tren? La locomotora silba de pronto a lo lejos: el baturro, no se cuida de ello. La locomotora silba de nuevo. El baturro, fiel a la virtud testaruda de su raza, le grita impávido, sin volverse:

—Chufla, chufla, que ¡como no te apartes tú…!

¡Disculpable obcecación! En ella hay mucho para hacer reír y mucho para hacer pensar. Junto a la ingenua ignorancia de las causalidades incontrastables, un espléndido y altanero concepto individualista del propio derecho.

Siempre pensé que la sección de Aramburu debía llamarse “Baturrillo” por el cuento este, y no por la semántica del diccionario…

Pasaron los años. Inicié yo mi colaboración en el Diario. Aramburu, privada y públicamente tuvo frases generosas para las noveles trashumancias. Por mor de una opinión suya, que me pareció peligrosa (lesiva del orden jurídico en gracia a una simpatía humana) hubo entre el maestro y él aprendiz breve polémica. El viejo invocó el compañerismo. Yo la contesté con una carta en que, poniendo a buen recaudo mi parecer personal, le decía de mi respeto y de mi adhesión.

De su respuesta, es ese párrafo nobilísimo que acoté. En ella nació una relación epistolar que me puso al habla con el verdadero espíritu abierto, abnegado, melancólicamente retraído del compañero. Desde entonces, con ocasión de santos o de plácemes, Aramburu nunca dejaba de escribirme sus simpatías.

Y cuento todo esto, porque es tan raro entre el gremio y tan característico del maestro. El había hecho del compañerismo un pequeño culto, al lado del de la verdad y de la patria. Y esa lealtad suya se derivaba de un amplio espíritu de justicia, templado por una generosa disposición natural y propiciado por el renunciamiento mundano a que había sometido sus aspiraciones.

En Guanajay, junto al jardincito que él “cultivaba incesantemente”, su figura, singular y aislada. tenía cierta prestancia austera, patriarcal, de honradez viril y senil, como de un Catón o Cincinato en plena era de petronismo y concupiscencia.

Mas no era el aislamiento egoísta de los que ya hicieron su medro. Pobre, vivía aún de la pluma infatigable; patriota, hubiera continuado opinando en bien de la patria, pese a todos los logros materiales. En nadie tanto como en él parecía el periodismo ciertamente una misión, una milicia, un apostolado.

¿Y qué decir de su obra? Entre los periodistas, los hay que escriben primordialmente para el público, y les hay que escriben primordialmente para sí mismos. Aquéllos hacen, sobre todo, periodismo: éstos, literatura. En aquéllos, la forma, el estilo, es algo subsidiario: sólo las ideas les importan, y como lo principal es la persuasión y la prédica, no la originalidad ni el sutil alarde, renuncian a toda pretensión puramente ideológica.

Si ambos tipos de periodista son necesarios, yo pienso que sólo aquél —eI de Aramburu— es esencial. Un periódico no es un liceo, sino una tribuna del ágora. Las finuras literarias son como entremeses de este sencillo, fuerte, nutritivo y poco vario vantar que es menester ofrecer diariamente al general apetito.

Aramburu supo guisar muchos años ese gazpacho sin pretensiones, que formó tanta cal, tanto glóbulo, tanta caloría ciudadana. Su aptitud para otear la actualidad, mantenerse al paso de las cosas y desentrañar, aún de las más nimias, una sana enseñanza, era admirable. Doblemente admirable, por cuanto nadie sabe el íntimo holocausto heroico que supone, para un escritor de talento, sacrificar la literatura al periodismo…

Mucho se calumnió el americanismo del veterano patriota. Buenas intenciones lo juzgaron en falso: malas, se cebaron en él. A aquéllas sólo cumple hacer ver si no llamaban muchas veces yankofilia lo que sólo era sentido común, sentido exacto, positivo y no poco adolorido, de las dimensiones verdaderas de nuestra nacionalidad. Ahí queda la obra de Aramburu para las generaciones por venir

Entretanto, las de hoy, plantemos unas cuantas semillas de gratitud en el jardincillo de sus amores y lloremos el ocaso de esta noble cabeza blanca.

Jorge Mañach

El adiós a Joaquín N. Aramburu

El estado de Aramburu.2 Guanajay , Septiembre 13, 2023. —A las 9 y 43 p. m. Diario. —Habana. En medio de lenta agonía va apagándose la vida de Aramburu . Ha pasado la tarde en absoluto estado de inconsciencia y postración. Por la mañana le fueron administrados los Santos Sacramentos, que recibió con gran unción.

Intenso pesar ha causado la muerte del ilustre Aramburu el 14 de septiembre de 1923.3
Capilla ardiente de Joaquín Nicolás Aramburu y Torres tras su fallecimiento.
Capilla ardiente de Joaquín Nicolás Aramburu y Torres, escritor, periodista y poeta cubano, fallecido en 1923.

GUANAJAY, septiembre 14. DIARIO. —Habana. Constantemente llegan al triste hogar de Aramburu, comisiones y representaciones de todas las clases sociales. Pocas veces el pueblo ha sentido tan unánime pesar. El comercio y muchas casas particulares lucen colgaduras negras. El pueblo ha montado permanente guardia de honor. El Magisterio Local en pleno testimonió su pésame a la familia Aramburu. Llegan constantemente ofrendas florales.

Guanajay entero desfila ante el cadáver de Aramburu que se destaca en medio de una verdadera montaña de flores. Las coronas recibidas hasta ahora son las siguientes:

De su viuda, sus hijos, sus 22 nietos, el Ayuntamiento. Centro Progresista, Joaquín y Angela. Empleados de la Secretaría de Obras Públicas, Fuentes y familia, Casino Español, Caballeros de Colón de Guanajay, Cámara de Comercio de Guanajay, Alberto Langwitt, Centro Asturiano, Asociación, Director y Empleados de la Escuela Reformatoria.

Los señores Mora y Guas encargados de la organización del entierro han acordado este orden: Policía, Niños de las Escuelas Públicas, Menores del Correccional, Banda de Música del Correccional, Clero, Féretro, coronas, dolientes, autoridades, sociedades y representaciones y pueblo. El entierro de Aramburu será la mayor manifestación de duelo habida en esta villa.

El cadáver del querido compañero recibirá hoy cristiana sepultura en el Cementerio de Guanajay, a las diez de la mañana. En la Necrópolis pronunciará la oración fúnebre en honor del desaparecido, nuestro querido compañero de Redacción y elocuente tribuno doctor Rafael María Angulo. Por demás está el decir que el piadoso acto de entierro será una imponente manifestación de duelo en la que todo el pueblo de Guanajay y gran número de personas de esta capital habrán de figurar.

Paso del cortejo fúnebre de Joaquín Nicolás Aramburu y Torres por el Parque de Guanajay.
Paso del cortejo fúnebre de Joaquín Nicolás Aramburu y Torres por el Parque de Guanajay, 1923.

Hoy (15 de septiembre de 1923) a las 10 de la mañana tendrá efecto el sepelio del distinguido escritor cuya desaparición significa una sensible pérdida para la sociedad y las letras.

Durante las primeras horas de la mañana del 154 fué incesante el arribo a Guanajay de automóviles, ya de esta capital, ya de otros lugares de las provincias habanera y pinareña, que conducían múltiples representaciones y comisiones o particulares que acudían a participar del sepelio del gran periodista caído.

Cerca de las 10 llegó a la casa mortuoria el Párroco R. P. José García, revestido y precedido de cruz alzada para cumplir su sagrado ministerio en el último servicio religioso al fervoroso y pío creyente que era Don Joaquín Aramburu, que siempre militó en las tradiciones religiosas que heredara de sus mayores.

Ante la casa mortuoria habían formado los asilados del Reformatorio de Guanajay que han perdido con la muerte de su incansable defensor, su mejor valedor, acompañados por la Banda de Música de dicho establecimiento y dirigidos por el personal de Inspectores del Reformatorio.

También acudieron en colectividad los alumnos del Colegio “Luz Caballero” con su Director Sr. Freixas y Profesores. En el interior de la casa mortuoria era materialmente imposible dar un paso, tal fué la afluencia de amistades y allegados que concurrió al sepelio.

Cuando eran transportadas las coronas y ofrendas florales a las carrozas de respeto, se produjo en la capilla ardiente y junto a los restos del tan querido compañero nuestro una tierna y emocionante escena, que el dolor nos veda transcribir, al separarse los suyos, para siempre de aquellos venerandos despojos.

El dolor hizo aún más solemne y augusto el recogimiento de cuantos participaban de aquella dura transición. El cortejo fúnebre quedó organizado, prontamente.

Organizada la comitiva funeraria, fué montada la última guardia junto al sarcófago que guarda los restos del veterano escritor por los señores José Dopico, Cayetano García (por el Centro Gallego) y doctores José F. Puentes y Juan Beltrán por la Academia Gallega.

En hombros de los señores Elizardo Muñoz Sañudo, Teniente Coronel González Valdés, Fernando Suárez, Alfredo Testa, Juan Tabroque, Alberto Guasch, Doctor Luis Manuel Núñez, Aurelio Miranda y Luis F. Gómez Wangüemert fué sacado el féretro, que iba escoltado por una apiñada multitud.

El cortejo fúnebre siguió el siguiente recorrido: Calle de Aramburu, Parque, Calle Los Maceo, hasta el Cementerio por la carretera.

Cuando la comitiva llegó al Cementerio ya una buena parte del acompañamiento rodeaba el panteón de la familia Aramburu.

Coincidiendo con el entierro de Don Joaquín fueron en su sepulcro colocadas dos urnas cinerarias conteniendo, una, los restos de sus padres Don Martín Aramburu y Doña Regla Torres de Aramburu, fallecidos en la localidad el 25 de Enero de 1916 y 22 de Octubre de 1912 respectivamente y en otra los de la primera esposa del llorado escritor, Da. América Díaz de Aramburu, que falleció en 2 de Mayo de 1916.

Colocado el féretro al pie del panteón familiar el R. P. García rezó un solemne responso y la tierra de sus amores, le hizo sitio en sus entrañas para albergarlo definitivamente.

El público asistente, descubierto y contrito puso en el concierto de sus mudas oraciones la última ofrenda al que ya no era de este mundo. La campanita de la capilla parecía, con su triste tañido, llevar al cielo, por el hilo invisible de las preces un ruego al Altísimo para implorar celestial acogida al alma que hasta El volaba.

Al recogimiento inenarrable del momento, vino a sumarse la más justificada expectación. El doctor Angulo, nuestro ilustre compañero, iba a derramar las flores luminosas de su palabra diamantina como última corona en homenaje al camarada desaparecido.

Bibliografía y notas

  • Extracto del libro “Joaquín N. Aramburu. Ensayo crítico-biográfico”. por Enrique Díaz Ortega.
  • “Joaquín N. Aramburu. Ensayo crítico-biográfico por Enrique Díaz Ortega.” Revista de la Biblioteca Nacional. Segunda Serie, Año VI, No. 3, Julio – Septiembre 1955, pp. 85-91.
  • Escritores y poetas de Cuba
  1. Mañach, Jorge. “Glosas. Aramburu.” Diario de la Marina. Año XCI, núm. 195, 15 de septiembre de 1923, p. 1 ↩︎
  2. “El estado de Aramburu.” Diario de la Marina. Año XCI, núm. 257, 14 de septiembre de 1923, p. 20 ↩︎
  3. “Intenso pesar ha causado la muerte del ilustre Aramburu.” Diario de la Marina. Año XCI, núm. 258, 15 de septiembre de 1923, p. 1 ↩︎
  4. “En un acto imponente rindió la sociedad el ultimo tributo al insigne escritor D. Joaquín N. Aramburo.” Diario de la Marina. Año XCI, 16 de septiembre de 1923. ↩︎

Publicado en: Escritores y Poetas Etiquetado como: Costumbristas, Habana: Personalidades, Joaquín Nicolás Aramburu y Torres, Jorge Mañach Robato

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