
El Banco Comercial de Cuba nació en La Habana en noviembre de 1917 y en pocos años pasó de ser una iniciativa vinculada a una casa mercantil a convertirse en una institución con un capital millonario, sucursales, operaciones fiduciarias y un edificio propio de siete plantas en pleno centro de la ciudad.
Su trayectoria, sin embargo, quedó profundamente marcada por la crisis política de 1933. La retirada de importantes depósitos del Estado provocó una suspensión de pagos que desembocó en años de negociaciones, traspasos de propiedades y pleitos. El banco intentó reorganizarse, pero nunca parece haber recuperado de manera estable la actividad que había desarrollado durante sus primeros quince años.
De una casa comercial a un banco
Una circular publicada por el Diario de la Marina en diciembre de 1917 señalaba que el 10 de noviembre de aquel año, ante el notario Alberto I. Carrillo y Pinto, había quedado constituida la sociedad anónima Banco Comercial de Cuba, destinada a realizar toda clase de negocios bancarios.
Otra información aparecida pocos días después situaba la constitución el 16 de noviembre. Ante esta pequeña discrepancia entre fuentes contemporáneas, la fecha del 10 de noviembre de 1917 parece la más precisa, pues se refiere expresamente al otorgamiento ante notario.
El principal impulsor fue Jesús Fernández Victorio, comerciante español establecido en Cuba. Su casa había comenzado a desarrollar operaciones de cuentas corrientes, depósitos y giros hasta que aquella actividad terminó adquiriendo entidad propia.
El capital inicial del banco fue de 500.000 pesos, distribuido entre Jesús Fernández Victorio, Alfredo Cañal Cantelí y el doctor Ramón García Mon.
Poco después se incorporaron José Ignacio Lezama y José Antonio Villamil. El capital social se elevó entonces a un millón de pesos. Lezama pasó a formar parte del grupo accionista, mientras que Villamil aportó una experiencia específicamente bancaria que resultaría importante para la organización de la nueva entidad.
En 1918 la dirección estaba formada por:
- Jesús Fernández Victorio, presidente.
- Alfredo Cañal Cantelí, vicepresidente.
- Ramón García Mon, director general.
- José Ignacio Lezama, consejero director.
- José Antonio Villamil, administrador.
- Miguel Carreras, secretario.

Una semblanza posterior recordaría a Fernández Victorio, García Mon y Cañal como los hombres que habían fundado conjuntamente la institución.
La expansión y la primera sucursal
El crecimiento fue rápido.
En diciembre de 1918 el banco inauguró su primera sucursal en la Avenida de Italia —calle Galiano—, esquina a Zanja. La prensa presentaba aquella apertura como prueba del desarrollo alcanzado por una entidad que apenas llevaba un año funcionando.
El Banco Comercial operaba entonces tanto con particulares como con empresas y fue ampliando progresivamente el alcance de sus negocios.
José Antonio Villamil desempeñó un papel importante en esta primera etapa. Había comenzado su carrera bancaria en 1907 en el Royal Bank of Canada de La Habana y trabajado posteriormente en el Banco Nacional de Cuba y el Banco Español de la Isla de Cuba. En el Banco Comercial fue administrador durante aproximadamente diez años.
En octubre de 1928 abandonó la institución para incorporarse como subgerente de la sucursal habanera del First National Bank of Boston.
Aguiar 73: la gran sede del Banco Comercial
Desde 1918 el banco proyectaba construir un edificio propio en la calle Aguiar.
La prensa publicó incluso el dibujo de la futura fachada: una construcción monumental de siete plantas, concebida no solo para albergar las dependencias bancarias, sino también oficinas destinadas al alquiler.
El proyecto terminó materializándose en Aguiar 73, entre Obispo y Obrapía.
El 20 de agosto de 1921 el Banco Comercial anunció el traslado de su Oficina Central, hasta entonces instalada provisionalmente en Ricla 121, a su nuevo edificio de Aguiar 73.
Allí inauguró también una moderna bóveda de caudales con cajas de seguridad de distintos tamaños para valores, documentos y alhajas.
Los pisos superiores fueron utilizados por profesionales y empresas. En 1925, por ejemplo, el bufete y notaría Rivero, Zendegui y Cinca anunciaba sus oficinas en los departamentos 710, 711 y 712 del que ya se identificaba públicamente como:
Edificio Banco Comercial de Cuba, Aguiar 73.
La sede se había convertido así en parte reconocible del paisaje financiero de La Habana.
Un banco que también administraba grandes emisiones
Las actividades del Banco Comercial fueron más allá de las operaciones corrientes de depósitos y crédito.
En 1930 actuaba como trustee o representante de los tenedores de bonos de la sociedad Mercado de Abasto y Consumo de la Habana, vinculada al Mercado Único.
El banco debía vigilar amortizaciones, pago de intereses, garantías hipotecarias, seguros del inmueble y otros derechos de los bonistas.
También ejerció como representante de los tenedores de obligaciones de un importante empréstito del Ayuntamiento de La Habana, inicialmente de 6,5 millones de pesos y posteriormente ampliado a siete millones.
Los anuncios de los sorteos de amortización de 1931 y 1932 muestran que el Banco Comercial seguía desempeñando aquellas funciones fiduciarias apenas un año antes de su gran crisis.
Cambios en la dirección
La dirección de la institución fue cambiando con el paso de los años.
A finales de la década de 1920 encontramos como presidente a Francisco Machado Mena. En marzo de 1929 una esquela publicada por el propio banco confirma además a Laureano Falla Gutiérrez como vicepresidente.
El 9 de marzo de 1931 una Junta General de Accionistas reorganizó nuevamente la dirección.
Alfredo Cañal Cantelí, uno de los fundadores, pasó a ocupar la presidencia. Ricardo Cervera Falla fue elegido vicepresidente y Estanislao Cartañá, secretario.
Entre los directores aparecía ya Eduardo Salaya y de la Fuente.
En septiembre de aquel mismo año Salaya figuraba como Director General, acompañado por Heliodoro Menéndez, Administrador Delegado.
Salaya continuaba ocupando el cargo en septiembre de 1932 y todavía en junio de 1933, inmediatamente antes de los acontecimientos que derribaron al gobierno de Gerardo Machado.
La crisis de 1933
La caída del régimen de Machado en agosto de 1933 tuvo consecuencias directas para el Banco Comercial de Cuba.
Documentos oficiales publicados al año siguiente explicaron que durante aquel gobierno diversas dependencias públicas habían depositado fondos en la institución, incluso —según la formulación del propio Gobierno— contraviniendo disposiciones legales.
Después de la caída de Machado, el gobierno de Carlos Manuel de Céspedes reclamó esos fondos.
El banco no disponía en aquel momento de suficiente numerario para devolverlos inmediatamente y suspendió pagos.
La deuda con el Estado alcanzaba aproximadamente:
717.089,68 pesos.
El problema era esencialmente de liquidez: el Banco Comercial poseía inmuebles, derechos y otros activos, pero no podía convertirlos rápidamente en efectivo para atender la retirada de aquellos depósitos.
Los valores de Machado en las cajas del banco
La crisis quedó todavía más vinculada al antiguo régimen por los bienes privados que Gerardo Machado mantenía en una caja de seguridad de la institución.
En febrero de 1934 la revista Bohemia, en un amplio reportaje titulado “Panorama de los exilados cubanos en Miami”, afirmó que los valores depositados allí ascendían aproximadamente a 800.000 pesos.
Según el artículo, unos 450.000 pesos correspondían a bonos de Obras Públicas y el resto a joyas pertenecientes a la familia Machado.
Bohemia relató además complejas gestiones destinadas a recuperar aquellos bienes después de la caída del expresidente. En ellas aparece un administrador del banco identificado como “Zalaya”, probablemente Eduardo Salaya y de la Fuente, entonces Director General de la institución.
La revista llegó a mencionar una compensación de 150.000 pesos relacionada con la operación.
Estas acusaciones deben manejarse con prudencia: constituyen el relato periodístico de Bohemia y no una resolución judicial que permita dar por demostrados todos sus detalles. Sí confirman, sin embargo, que las cajas de seguridad del Banco Comercial quedaron directamente envueltas en las investigaciones sobre el patrimonio de Machado.
El intento de salvar el banco
Durante 1934 el Gobierno y los representantes del Banco Comercial buscaron una fórmula que permitiera resolver la deuda con el Estado sin provocar una liquidación forzosa.
En septiembre se aprobó un convenio por el cual el banco entregaría al Gobierno inmuebles, valores y derechos reales como parte del pago.
El saldo pendiente, con sus intereses legales, sería satisfecho en diez mensualidades.
El propio Gobierno justificó el acuerdo señalando que una liquidación inmediata reduciría considerablemente el valor de los activos y perjudicaría a los acreedores.
Más importante aún, el decreto reconocía la conveniencia de ofrecer a una institución cubana la posibilidad de:
reorganizarse y tratar de renovar sus actividades.
El 18 de octubre de 1934, la Junta General de Accionistas aprobó el convenio.
Al día siguiente el Diario de la Marina anunció:
El Banco Comercial de Cuba reanudará sus operaciones.
Según la información, la reorganización permitiría incluso pagar íntegramente los créditos de los acreedores privados.
Pero anunciar una reapertura no significa que esta llegara a consolidarse.
El patrimonio comienza a pasar al Estado
A finales de diciembre de 1934 todavía se preparaba la escritura mediante la cual el banco debía transferir propiedades al Gobierno.
El notario Alberto O’Farrill se encargó de su redacción y Esteban Zorrilla, antiguo consejero director de la institución, representaba al Banco Comercial en la operación.
En enero de 1935 la escritura seguía en preparación.
Dos meses después la situación había avanzado: en marzo, la Secretaría de Hacienda informaba que el Banco Comercial ya había traspasado al Estado diversas fincas rústicas y urbanas como parte del pago de la deuda.
La Sección de Bienes del Estado se disponía entonces a recibirlas formalmente e inscribirlas en el Registro de la Propiedad.
El conflicto financiero tuvo además consecuencias judiciales. En 1935 el Tribunal Nacional de Sanciones investigaba un proceso por presunta malversación relacionado precisamente con los fondos del Estado depositados en el Banco Comercial de Cuba.
El destino de Aguiar 73
Entre los bienes afectados terminó encontrándose la propia sede del banco.
En 1937 algunas dependencias de la Dirección General de Rentas e Impuestos estaban instaladas en lo que la prensa denominaba ya el:
edificio del ex Banco Comercial de Cuba.
Dos años después, Aguiar 73 apareció en un juicio hipotecario promovido por Viriato Gutiérrez y Valladón contra el Estado cubano.
Las noticias judiciales permiten identificar inequívocamente la propiedad:
- siete plantas;
- situada en Aguiar 73;
- antigua sede del Banco Comercial de Cuba;
- valorada por peritos en 586.000 pesos.
Durante junio y julio de 1939 el inmueble fue llevado repetidamente a subasta.
El 20 de julio se presentó una oferta de 180.000 pesos en nombre de Viriato Gutiérrez y Valladón. Como el inmueble estaba bajo administración estatal, el Estado dispuso de un plazo para ejercer su derecho de tanteo.
No lo hizo.
Finalmente, en agosto de 1939 el juzgado ordenó otorgar la escritura de venta a favor de Viriato Gutiérrez y Valladón, quien se adjudicó el edificio por 182.000 pesos.
Así terminó en manos privadas la gran sede que el Banco Comercial había levantado como símbolo de su prosperidad apenas dos décadas antes.
¿Qué ocurrió finalmente con el Banco Comercial de Cuba?
La fecha exacta de la desaparición jurídica de la sociedad continúa sin aparecer con claridad en las fuentes consultadas.
Sabemos que después de 1933 el banco no volvió a mostrar la actividad que había desarrollado anteriormente. El convenio de 1934 pretendió evitar la liquidación y facilitar una reapertura, pero durante los años siguientes las noticias se concentran sobre todo en la transferencia y realización de sus activos.
Una guía comercial de 1942 todavía menciona al Banco Comercial de Cuba como corresponsal de una firma matancera, aunque no es posible determinar si se trataba de una relación todavía vigente o de información conservada de años anteriores.
Lo que sí resulta significativo es la trayectoria posterior de Eduardo Salaya y de la Fuente, último Director General conocido durante la crisis.
Tras dedicarse a actividades relacionadas con la administración de propiedades y organizaciones económicas, Salaya regresó a la banca en 1950.
El 4 de julio de aquel año participó en la fundación de una nueva institución: el Banco de Fomento Comercial, con sede en Obispo 252.
Antes de terminar 1950 ya era su presidente.
No existe constancia documental de una continuidad jurídica entre aquella entidad y el antiguo Banco Comercial de Cuba. La relación parece haber sido de carácter personal, a través de algunos de sus antiguos miembros, pero no institucional.
De la expansión al ocaso
La historia del Banco Comercial de Cuba resume buena parte de las transformaciones financieras de la República durante las primeras décadas del siglo XX.
Nacido en 1917 como una iniciativa de capital cubano, consiguió en pocos años reunir un capital considerable, desarrollar operaciones bancarias y fiduciarias, abrir sucursales y levantar una sede monumental en el corazón de La Habana.
Todavía en 1932 administraba importantes emisiones de deuda pública. Sin embargo, la crisis política de 1933 puso de manifiesto la vulnerabilidad derivada de la concentración de depósitos estatales en la institución. La retirada de esos fondos desencadenó una suspensión de pagos que el banco no logró superar completamente.
Los esfuerzos de reorganización permitieron atender parte de sus obligaciones y aplazar una liquidación inmediata, pero al mismo tiempo aceleraron el deterioro de su patrimonio.
La historia del inmueble de Aguiar 73 terminó reflejando ese proceso: concebido como símbolo de solidez y expansión, pasó al Estado, quedó sometido a un procedimiento hipotecario y fue finalmente adjudicado en 1939 por una suma muy inferior a la valoración que había recibido pocos meses antes.
El Banco Comercial de Cuba había dejado atrás la etapa de crecimiento que había marcado sus primeros años. Queda aún por localizar el documento que permita establecer con exactitud la fecha en que concluyó jurídicamente su existencia.
Bibliografía y fuentes principales
- Diario de la Marina. La Habana, 1917, 1918, 1921
- “José Antonio Villamil. Nombrado Sub-Gerente del Banco de Boston”. Diario de la Marina, 4 de octubre de 1928, p. 3.
- “Banco Comercial de Cuba” [esquela de Laureano Falla Gutiérrez]. Diario de la Marina, 26 de marzo de 1929, p. 13.
- “Banco Comercial de Cuba, S. A. Primera convocatoria. A los Bonistas del ‘Mercado Único’”. Diario de la Marina, 7 de abril de 1930, p. 3.
- “Nuevos directivos del Banco Comercial”. Diario de la Marina, 10 de marzo de 1931, p. 16.
- Banco Comercial de Cuba, “Sorteo No. 174. Tercer trimestre de 1932”. Diario de la Marina, 3 de septiembre de 1932, p. 11.
- “Bautizo”. Diario de la Marina, 1 de junio de 1933, p. 7.
- “Panorama de los exilados cubanos en Miami”. Bohemia, 25 de febrero de 1934, pp. 14, 15 y 64.
- “Aceptada la proposición del Banco Comercial de Cuba para liquidar sus adeudos al Estado”. Diario de la Marina, 15 de septiembre de 1934, pp. 1 y 3.
- “El Banco Comercial de Cuba reanudará sus operaciones”. Diario de la Marina, 19 de octubre de 1934, p. 1.
- Jiménez Soler, Guillermo. Los propietarios de Cuba 1958.
- Jiménez Soler, Guillermo. Las empresas de Cuba. 1958.
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