
En los últimos días de abril de 1930, Alphonse Gabriel Capone, más conocido como Al Capone, llegó a La Habana procedente de Miami. Su presencia en la capital cubana despertó inmediatamente el interés de la prensa y de las autoridades policiales. A sus treinta y un años, el personaje se había convertido en uno de los hombres más notorios del crimen organizado estadounidense, especialmente por sus actividades durante la Ley Seca.
La Habana ofrecía entonces un ambiente muy diferente al de los Estados Unidos. Hoteles, restaurantes, cabarets, cervecerías y establecimientos recreativos atraían a numerosos visitantes norteamericanos, favorecidos por la cercanía geográfica y la posibilidad de consumir legalmente bebidas alcohólicas.
Pero el viaje de Capone despertaba interrogantes. ¿Había llegado simplemente para descansar? ¿Mantenía intereses comerciales en Cuba? ¿Por qué fue interrogado por la policía habanera? ¿Quién era el capitán Nespereira, mencionado en las noticias sobre una entrevista reservada con el visitante?
Los periódicos, las fotografías tomadas en los Jardines de La Tropical y el testimonio del periodista norteamericano Harry Cyril Read permiten reconstruir buena parte de aquellos acontecimientos.
La investigación también revela que Capone había visitado Cuba anteriormente. Un manifiesto de pasajeros de noviembre de 1925 documenta su presencia en la isla, acompañado por Johnny Torrio, mientras otras referencias lo relacionan con un supuesto establecimiento de billar en Marianao.
Al Capone en Cuba antes de 1930
La presencia de Al Capone en La Habana no comenzó en abril de 1930.
En noviembre de 1925 viajó a Cuba acompañado por Johnny Torrio, antiguo jefe y mentor suyo, quien había desempeñado un papel fundamental en la organización de los negocios ilícitos de Chicago durante los primeros años de la prohibición de bebidas alcohólicas.
Torrio conocía La Habana desde antes. El historiador Thomas Hunt ha documentado un viaje suyo a la capital cubana durante el invierno de 1921-1922, acompañado de su esposa y otras personas de su círculo.
La presencia de Torrio y Capone en noviembre de 1925 está respaldada por el manifiesto de pasajeros del vapor Cuba, llegado a Key West, Florida, el 14 de noviembre de aquel año.
El documento, citado por Hunt y reproducido por Mario Gomes, permite identificar a Capone y Torrio entre los pasajeros que regresaban de La Habana. Según Gomes, ambos viajaban acompañados por sus esposas. El investigador también señala errores en los nombres consignados en el registro, entre ellos la inscripción de Mae Capone como “Moe”.
El manifiesto constituye una prueba importante de aquel desplazamiento, aunque no permite establecer por sí solo la fecha exacta de llegada a La Habana, la duración de la estancia ni las actividades desarrolladas durante ella.
Gomes considera que el viaje estuvo relacionado con el retiro progresivo de Torrio de la dirección de sus negocios en Chicago y con el creciente protagonismo de Capone. Sin embargo, el manifiesto no demuestra que ambos hubiesen viajado a Cuba con ese propósito específico.
¿Un negocio de billar en Marianao?
Una segunda cuestión es la posible presencia de Capone en La Habana durante 1928.
El escritor T. J. English, en su libro Havana Nocturne, publicado en 2008, sostiene que Capone abrió aquel año un salón de billar en Marianao, cerca del hipódromo Oriental Park.
Según English, el establecimiento tuvo una existencia breve y terminó cerrando. El autor atribuye a Capone unas declaraciones a un periodista del Havana Post, en las que habría explicado que Cuba no ofrecía condiciones favorables para aquel negocio.
Aunque todavía no hemos localizado el número del periódico que contendría la supuesta entrevista, existe una referencia contemporánea particularmente interesante.
En 1930, La Lucha, al informar sobre la llegada de Capone, mencionó que este había visitado anteriormente La Habana y había tenido participación en un pool-room, expresión inglesa utilizada para identificar un salón de billar.
La noticia confirma que esa versión circulaba en la prensa habanera durante la propia estancia de Capone, aunque no demuestra la propiedad del establecimiento ni permite fijar su fecha de funcionamiento.
Por tanto, mientras el viaje de 1925 está documentado, la visita atribuida a 1928 y el supuesto negocio de Marianao requieren una confirmación independiente.
La llegada a La Habana el 29 de abril de 1930
El martes 29 de abril de 1930, Capone volvió a encontrarse en La Habana.
Había salido de Miami, ciudad próxima a su residencia de Palm Island, en Miami Beach. Su situación en la Florida era entonces complicada. Las autoridades locales intentaban limitar sus actividades y mantenían procedimientos relacionados con su presencia en el estado.
Según un despacho de Associated Press reproducido por el Diario de la Marina, Capone había abandonado Miami durante la madrugada, acompañado por cuatro hombres y con equipaje. Antes de partir, anunció que realizaría un pequeño viaje, sin revelar públicamente su destino.
Por su parte, La Lucha informó que el célebre personaje había llegado a La Habana por vía aérea, acompañado de seis personas.
La diferencia entre ambas informaciones refleja las dificultades iniciales de la prensa para precisar la composición del grupo que acompañaba a Capone.
Harry Cyril Read y los acompañantes de Capone
Uno de los testimonios más interesantes de aquella estancia procede del periodista norteamericano Harry Cyril Read, quien conocía personalmente a Capone y formó parte de la comitiva.
Read dejó sus recuerdos en el manuscrito Capone as I Knew Him. En el capítulo XXII, titulado “Cuba, Outside and Inside”, relata cómo Capone lo llamó por teléfono al Hotel Ritz de Miami para invitarlo a participar en una excursión a Cuba.
Según su narración, Capone le explicó que siete personas estaban dispuestas a viajar y que, si Read aceptaba, serían ocho, número suficiente para reservar una aeronave exclusivamente para el grupo.
El abogado James Francis Gordon, conocido como Fritz Gordon, se encargaría de organizar los trámites necesarios.
Read identificó entre sus acompañantes a Albert J. Prignano, Capone, Fritz Gordon, su padre Robert A. Gordon y el médico A. J. Bertrand. También mencionó a dos hombres llamados Tony y Sam.
La reconstrucción publicada por Mario Gomes, basada en documentación adicional del viaje, identifica entre los pasajeros a Nicholas Circella, conocido también como Nick Carew, y Sylvester Agoglia, apodado “Buttsy”.
Conviene mantener diferenciadas ambas identificaciones mientras no se cotejen todos los nombres con el manifiesto aéreo original.
El grupo embarcó en un hidroavión de la compañía New York, Rio & Buenos Aires Line (NYRBA), vinculada al desarrollo de las comunicaciones aéreas entre los Estados Unidos y América Latina.
Gomes identifica la aeronave con la matrícula NC660-M.
La narración de Read presenta una pequeña dificultad cronológica: sitúa la llamada de Capone en domingo y la partida a la mañana siguiente, mientras las noticias contemporáneas identifican el martes 29 de abril como fecha de llegada. Esta diferencia aconseja utilizar la prensa para fijar la cronología y el manuscrito para reconstruir los acontecimientos relatados por uno de los participantes.
El Hotel Sevilla-Biltmore
Después de aterrizar en La Habana, los viajeros realizaron los trámites de entrada y se dirigieron al Hotel Sevilla-Biltmore, situado en el Paseo del Prado.
Read describe una llegada en una jornada de intenso calor. Una vez instalados en las habitaciones, los visitantes pidieron bebidas alcohólicas, almorzaron y se prepararon para recorrer la ciudad.
Capone decidió que los integrantes del grupo vistieran ropas blancas, adecuadas al clima tropical. Según el periodista, el hotel facilitó los servicios de un empleado encargado de confeccionar o proporcionar la vestimenta.
La ubicación exacta de las habitaciones no está definitivamente establecida.
T. J. English atribuye a Capone la habitación 615 y menciona una reserva de la sexta planta. Mario Gomes, por su parte, sitúa a los viajeros en habitaciones del tercer piso.
El manuscrito de Read confirma el alojamiento en el Sevilla-Biltmore, pero las discrepancias posteriores sobre los números de habitaciones requieren documentación hotelera que permita resolverlas.
Una tarde en los Jardines de La Tropical
Después del almuerzo, Capone dispuso que dos automóviles del hotel condujeran al grupo por La Habana.
Read describe una excursión que comenzó por las calles de la capital y continuó hacia sus alrededores. Finalmente, los viajeros llegaron a los Jardines de La Tropical, establecimiento recreativo vinculado a la conocida cervecería habanera.

El periodista recuerda que en aquel lugar podían degustarse distintas cervezas y que Capone quiso probarlas.
Durante la visita encontraron a un fotógrafo cubano de avanzada edad, acompañado de su esposa, que trabajaba con una cámara instalada sobre un trípode.
Capone se acercó al fotógrafo, preguntó el precio de las imágenes y llamó a sus acompañantes para que posaran juntos.
Durante aproximadamente quince minutos, según Read, se hicieron distintas fotografías en las que los visitantes aparecían con vasos de cerveza.
El periodista contó también que Capone encargó varias copias para cada uno de los participantes y le pidió que se ocupara de recogerlas.
Read afirmó que, después de recibir las fotografías, distribuyó las copias entre los integrantes del grupo y destruyó los negativos.
Este detalle resulta especialmente significativo porque algunas de aquellas imágenes sobrevivieron y hoy constituyen testimonios gráficos de la presencia de Capone en La Habana.
Las fotografías de La Tropical
Los Archivos del Estado de Florida conservan una tarjeta postal de 1930. La imagen muestra a Capone acompañado por dos hombres en los Jardines de La Tropical.
En el reverso aparece una frase publicitaria: “In Havana, don’t ask for beer, ask for ‘Tropical’”, que puede traducirse como “En La Habana, no pida cerveza, pida ‘Tropical’”.
La identificación de los protagonistas presenta una particularidad.
Florida Memory cataloga la fotografía bajo el título “J. Fritz Gordon, Al Capone and Mayor of Havana, Julio Morales”.
Sin embargo, Julio Morales no era el alcalde de La Habana en abril de 1930. El cargo lo desempeñaba entonces Miguel Mariano Gómez.

Para examinar esta identificación, resulta interesante una fotografía del coronel Julio Morales Coello publicada en enero de 1928. El retrato permite comparar sus rasgos con los del hombre que aparece junto a Al Capone en los Jardines de La Tropical, identificado por Florida Memory como “Julio Morales, alcalde de La Habana”. Las diferencias visibles, unidas al hecho de que Morales Coello no ocupaba ese cargo, refuerzan las dudas sobre la identificación archivística.
Mario Gomes sostiene que el personaje identificado como Morales era en realidad Robert A. Gordon, padre del abogado Fritz Gordon, quien había ejercido funciones municipales en Atlanta.
Existe otra fotografía del grupo, reproducida por Gomes y procedente de los materiales conservados en la Catholic University of America, en la que aparecen identificados seis integrantes de la comitiva.
En la fila posterior figuran Albert J. Prignano, Robert A. Gordon, Al Capone y Fritz Gordon. Delante aparecen el doctor A. J. Bertrand y Harry Cyril Read.
El manuscrito del periodista conserva un pie explicativo que identifica a los integrantes del grupo y sitúa la fotografía aproximadamente en 1930.
Aunque la fecha exacta de las distintas tomas todavía necesita una comprobación independiente, las imágenes constituyen una evidencia gráfica particularmente valiosa.
No se trata solamente de fotografías de un personaje célebre. Permiten reconstruir parte de la composición de la comitiva y documentan una actividad desarrollada durante su estancia en La Habana.
La Policía Secreta entra en escena
La visita, que había comenzado como una excursión recreativa, tomó un rumbo inesperado.
Las autoridades cubanas, informadas de que Al Capone podía encontrarse alojado bajo un nombre supuesto en el Hotel Sevilla, dispusieron la vigilancia del establecimiento por orden del comandante Trujillo.
La administración del hotel negó inicialmente que el conocido visitante figurara entre sus huéspedes.
El relato de Harry Cyril Read, uno de los acompañantes de Capone, permite conocer cómo vivieron los viajeros aquella intervención policial.
Según sus memorias, a las seis de la mañana fueron despertados por insistentes golpes en la puerta de las habitaciones.
Capone abrió y encontró a varios agentes de la Policía Secreta cubana.
Read describe a siete policías que entraron en las habitaciones mientras sus acompañantes comenzaban a despertarse, sorprendidos por aquella visita.
Capone exigió entonces que los agentes registraran el alojamiento antes de conducirlos a ninguna parte. Temía, según explica el periodista, que pudieran introducir pruebas falsas entre sus pertenencias.
Después de revisar las habitaciones, los policías ordenaron que el grupo se preparara para acompañarlos a las dependencias de la Policía Secreta.
El interrogatorio
Los viajeros fueron conducidos a un antiguo edificio donde, según Read, funcionaban dependencias policiales y judiciales.
Permanecieron en una sala mientras esperaban ser recibidos por un jefe policial, cuya entrevista no se celebró hasta alrededor de las diez de la mañana.
Read acompañó a Capone durante la conversación, en la que intervino un intérprete.
El funcionario quiso saber cuáles eran los motivos del viaje. Capone respondió que había venido a descansar, beber vino y gastar dinero.
La pregunta siguiente fue más sorprendente: el jefe policial quería saber si su presencia tenía alguna relación con posibles atentados mediante explosivos contra edificios públicos.
Read explicó que el día siguiente sería el Primero de Mayo y que las autoridades cubanas podían estar preocupadas por eventuales disturbios de carácter político.
Según su testimonio, Capone desconocía aquella circunstancia y negó cualquier participación en asuntos políticos cubanos.
El jefe policial terminó dando por satisfactorias las explicaciones y autorizó a los visitantes a marcharse.
Read no identifica por su nombre al funcionario que dirigió el interrogatorio. Tampoco hemos localizado hasta ahora un expediente oficial que permita confirmar todos los detalles de aquella actuación.
El episodio debe considerarse, por tanto, un testimonio personal de Read, aunque resulta compatible en términos generales con las averiguaciones policiales comunicadas por la prensa habanera.
El periodista añadió que, cuando salieron del edificio, encontraron numerosos curiosos y fotógrafos interesados en la presencia de Capone.
De regreso al hotel, el grupo intentó recuperar la tranquilidad perdida durante aquella mañana.
Pero todavía les esperaba otra visita policial.
El capitán enviado por el alcalde de La Habana
En el capítulo XXII de sus memorias, Read cuenta que, después de regresar al Sevilla-Biltmore, Capone recibió la visita de un capitán uniformado de la policía.
El oficial hablaba inglés y se presentó como enviado del alcalde de La Habana.
Según Read, explicó que su misión consistía en expresar las disculpas de la autoridad municipal por las molestias ocasionadas al visitante aquella mañana.
El capitán invitó a Capone y sus acompañantes a almorzar en el comedor principal del hotel, en representación del alcalde.
La situación cambió entonces notablemente. Después de las tensiones del interrogatorio, el grupo compartió bebidas y una comida con un funcionario policial.
Read describió al capitán como un hombre de maneras corteses, capaz de mantener una conversación en inglés, aunque también observó en él cierta actitud de superioridad.
Durante el almuerzo ocurrió una anécdota curiosa. Un músico callejero comenzó a tocar un organillo frente a las ventanas del comedor, atrayendo la atención de los curiosos que se habían congregado para observar a Capone.
El visitante, molesto por la música, pidió que lo hicieran marcharse. Cuando el músico aumentó sus esfuerzos, el capitán intervino y consiguió alejarlo.
Después del almuerzo, el oficial se despidió, pero su relación con los viajeros no había terminado.
La entrevista con el capitán Nespereira
Durante la mañana del miércoles 30 de abril de 1930, Capone sostuvo una larga entrevista reservada con un capitán de policía de apellido Nespereira, según informó la prensa habanera.
El visitante declaró que no deseaba establecer negocios ni buscar complicaciones en La Habana.
Esta información presenta una coincidencia especialmente interesante con el relato de Harry Cyril Read.
Ambos testimonios sitúan a un capitán de policía en contacto con Capone durante su estancia y describen conversaciones cuya naturaleza no era exclusivamente protocolaria.
Además, el capitán mencionado por Read afirmó haber sido enviado por el alcalde de La Habana, circunstancia que merece examinarse a la luz de la trayectoria de Arturo Nespereira.
Arturo Nespereira: la identificación del oficial
La investigación de las noticias policiales cubanas permite reconstruir parcialmente la carrera de Arturo Nespereira, funcionario vinculado a la Policía Nacional desde las primeras décadas del siglo XX.
En 1910 aparece mencionado como sargento de la Sección Especial, mientras que en noticias posteriores figura con el grado de teniente.
En 1913 publicó junto con Fidel Aragón Vera el libro Impresiones policiacas. El delito y los delincuentes, subtitulado Narraciones históricas, editado en La Habana por la imprenta Comas. La obra, de 228 páginas, constituye un testimonio de su experiencia profesional y de su interés por los asuntos criminales y policiales.
Durante la segunda mitad de la década de 1920, Nespereira continuó ascendiendo en su carrera.
En marzo y abril de 1928, las noticias de prensa lo identificaban como teniente de la Policía Nacional y ayudante del alcalde Miguel Mariano Gómez.

La documentación gráfica de la época ofrece otros testimonios de su vinculación con la Alcaldía habanera. En abril de 1928 aparece en representación del alcalde durante un acto público. Un año después, en abril de 1929, se documenta su asistencia, también como representante del alcalde, al banquete de la Sociedad Montañesa de Beneficencia, celebrado en el Hotel Plaza de La Habana, cuya mesa presidencial aparece en la fotografía que acompaña este apartado.
Su ascenso a capitán fue objeto de distintas noticias.
En junio de 1928, Arturo Nespereira figuraba como candidato para cubrir una plaza de capitán y, posteriormente, fue propuesto para ocupar la vacante del capitán Ledón.
Aquel nombramiento dio lugar a una disputa en la que también participó el teniente Víctor Delgado. Las noticias posteriores permiten confirmar que, a comienzos de 1929, Nespereira ya ostentaba el grado de capitán.
Estos antecedentes permiten considerar que el oficial que sostuvo una entrevista reservada con Al Capone pudo haber sido Arturo Nespereira.
La coincidencia de apellido, graduación, servicio en La Habana y vinculación con la Alcaldía resulta especialmente significativa.
Sin embargo, Harry Cyril Read no identifica por su nombre al capitán que visitó el Hotel Sevilla-Biltmore, mientras que la prensa habanera menciona únicamente el apellido Nespereira.
Aunque existen razones para considerar que ambos testimonios se refieren al mismo oficial, todavía no disponemos de una prueba documental que permita establecer definitivamente esa identidad.
La importancia de esta posible identificación aumenta al examinar lo sucedido durante la noche siguiente.
Una propuesta relacionada con el contrabando de alcohol
El episodio continúa en el capítulo XXIII de Harry Cyril Read, titulado “More Stories”.
Según el periodista, el capitán volvió a presentarse en el Sevilla-Biltmore para invitar a Capone y sus acompañantes a una cena.
El visitante comenzó entonces a desconfiar de las intenciones del oficial, aunque aceptó la invitación.
Durante la comida, Read observó que el capitán y Capone conversaban en voz baja, sin que los demás pudieran escuchar sus palabras.
Más tarde, el funcionario acompañó al grupo en una excursión nocturna que los llevó por distintas calles de La Habana.
El automóvil pasó frente al nuevo Hotel Nacional, todavía en construcción, y terminó deteniéndose ante unos edificios a los que el capitán condujo a sus invitados.
Read relata que se encontraban en una destilería y que entraron en una dependencia utilizada como almacén, donde había grandes cantidades de bebidas embotelladas.
Mientras los visitantes observaban el lugar, el oficial comenzó a hablar con Capone sobre la posibilidad de concertar un negocio.
Según Read, el capitán deseaba venderle bebidas alcohólicas y aseguró que podía encargarse de todos los arreglos necesarios en Cuba. El desembarco de la mercancía en los Estados Unidos, sostuvo, sería un asunto sencillo.
Capone escuchó las explicaciones, pero no aceptó públicamente la propuesta.
Más tarde comentó a sus acompañantes que desconfiaba de aquel ofrecimiento. Consideraba que el negocio podía resultar una trampa o una maniobra destinada a implicarlo en una violación de las leyes estadounidenses.
Read plantea incluso la posibilidad de que el capitán estuviera actuando por instrucciones de otras personas interesadas en sorprender a Capone durante una operación de contrabando.
Esta última interpretación pertenece al periodista y no está respaldada, hasta ahora, por un documento policial o judicial independiente.
La importancia histórica del episodio reside en que constituye un testimonio directo, aunque retrospectivo, sobre una propuesta comercial relacionada con el contrabando de bebidas alcohólicas durante la estancia de Capone en La Habana.
Sin embargo, no debemos atribuir automáticamente aquella propuesta a Arturo Nespereira.
El capitán descrito por Read no aparece identificado por su nombre, y su posible identificación con Arturo Nespereira constituye una hipótesis que todavía requiere confirmación documental.
La decisión de abandonar Cuba
Read relata que, después de aquella visita, el grupo intentó continuar la noche en un establecimiento recreativo.
Durante el trayecto ocurrió un incidente con un desconocido que trató de aproximarse al automóvil. Capone sospechó que podía tratarse de un agente o de una persona interesada en seguir sus movimientos.
Ordenó entonces regresar inmediatamente al hotel.
Una vez en el Sevilla-Biltmore, manifestó que la estancia se había vuelto demasiado incómoda.
Primero había sido interrogado por la policía; después, un capitán le había propuesto un negocio relacionado con bebidas alcohólicas, y finalmente un desconocido había intentado aproximarse al automóvil.
Capone interpretó aquellos acontecimientos como señales de que sus movimientos estaban siendo vigilados.
Decidió abandonar Cuba a la mañana siguiente.
Según Read, los preparativos se realizaron discretamente y el grupo regresó a bordo del hidroavión contratado por Fritz Gordon.
El periodista describe el alivio de Capone cuando la aeronave comenzó a alejarse de La Habana.
El regreso a Miami y las noticias contradictorias
Los despachos de Associated Press reproducidos por el Diario de la Marina del 2 de mayo de 1930 sitúan a Capone de regreso en Miami después de su estancia cubana.
Esta versión coincide con el relato de Read y con la documentación del viaje aéreo.
Sin embargo, existe una información contemporánea que presenta una contradicción.
El Indianapolis Times del 1 de mayo de 1930 publicó un despacho de United Press según el cual Capone había salido de La Habana a bordo del vapor Tola, rumbo a Nueva York, acompañado de cuatro guardaespaldas.
El periódico añadió que había permanecido en su camarote y que la policía habanera lo había interrogado el día anterior.
La noticia no coincide con la versión del regreso aéreo a Miami.
Hasta el momento no hemos localizado un manifiesto del Tola que confirme la presencia de Capone entre sus pasajeros.
Por otra parte, las informaciones posteriores sobre sus actividades en la Florida y el testimonio de Read favorecen la versión del viaje de regreso en hidroavión.
No obstante, la contradicción debe conservarse como un problema documental pendiente de resolución.
Los problemas judiciales en la Florida
Al regresar a Miami, Capone encontró que sus dificultades con las autoridades continuaban.
Sus abogados realizaban gestiones para impedir la clausura de su residencia en Palm Island, mientras las autoridades de la Florida mantenían la presión judicial sobre el conocido personaje.
Las informaciones de la época confirmaban que Capone y sus acompañantes habían regresado de La Habana después de una estancia de aproximadamente tres días.
El 8 de mayo de 1930, Capone fue detenido en Miami junto con tres de sus acompañantes, en el marco de las actuaciones policiales dirigidas contra él.
Estos procedimientos estaban relacionados con las medidas adoptadas por las autoridades de la Florida y no deben confundirse con las averiguaciones efectuadas por la policía cubana durante su visita.
La documentación examinada no demuestra que Capone fuese acusado formalmente en La Habana por actividades ilícitas desarrolladas durante su estancia.
La leyenda de Al Capone en Varadero
La presencia documentada de Capone en Cuba favoreció posteriormente la aparición de numerosas historias relacionadas con sus supuestos negocios y propiedades en la isla.
Una de las más conocidas es la que le atribuye una residencia situada en el reparto Kawama, en Varadero.
El inmueble aparece vinculado en distintas publicaciones al coronel Eugenio Silva, identificado como Eugenio Silva Giquel en algunos relatos sobre el desarrollo del balneario.
Su construcción suele situarse en la década de 1930, entre las primeras viviendas levantadas en aquella zona.
La residencia, construida con cantería, hormigón armado y madera, destaca por sus muros de piedra a la vista, galerías, arcos de medio punto, balcones y ventanas con persianas.
Después de 1959 experimentó distintos cambios de uso.
Entre 1978 y 1984 sus habitaciones fueron utilizadas como oficinas de la Escuela de Iniciación Deportiva Luis Augusto Turcios Lima, perteneciente al sistema del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba (INDER).
Posteriormente funcionó como Taberna del Mio Cid y más adelante como restaurante turístico asociado a la figura de Al Capone.
De la Taberna del Mio Cid a la Casa de All
La conversión del inmueble en establecimiento gastronómico marcó el comienzo de una etapa en la que su historia quedó vinculada comercialmente al célebre personaje norteamericano.
El antiguo restaurante es recordado con la denominación “Casa de All”, escrita con dos eles al final, una particularidad que merece atención y cuya grafía sería conveniente comprobar mediante fotografías del letrero original.
La decoración y la ambientación buscaban evocar los años de la Ley Seca y el mundo asociado a Al Capone.
Uno de los elementos más llamativos era la reproducción de un automóvil antiguo, colocada frente a la residencia y realizada en un material semejante al concreto o fibrocemento. El vehículo imitaba los llamados fotingos de las primeras décadas del siglo XX y contribuía a recrear una atmósfera relacionada con la época del gánster.

El periodista Hugo García mencionó aquella reproducción en una crónica publicada en Juventud Rebelde, describiéndola como un automóvil de época moldeado en concreto y situado en los jardines de entrada.
En el portal de la residencia se exhibía una fotografía de Al Capone a tamaño natural, vestido de negro y fumando un tabaco. En las paredes interiores aparecían fotografías, datos biográficos y reproducciones de artículos de prensa relacionados con el personaje. A la izquierda se encontraba el llamado Bar Capo, cuyo letrero también mostraba su imagen.
Estos recursos decorativos, unidos al nombre del restaurante, favorecían la impresión de que la residencia había pertenecido al famoso norteamericano o que este la había frecuentado durante sus visitas a Cuba.
Sin embargo, semejante ambientación no constituye una prueba histórica. Aunque resulta razonable interpretar aquellos elementos como recursos publicitarios destinados a aprovechar la notoriedad del personaje, no se dispone de documentación que permita afirmar que los responsables del establecimiento pretendieran engañar deliberadamente a los turistas.
Lo cierto es que la asociación adquirió considerable difusión y terminó incorporándose a los relatos populares sobre la presencia de Al Capone en Varadero.
La restauración de la residencia
En una publicación titulada “Del Coronel Giquel a Casa de Al. La historia continúa”, Pucho Oroza describió los trabajos de restauración emprendidos para recuperar la edificación después de varias décadas de deterioro.
La intervención, realizada mediante una forma de gestión no estatal bajo la conducción de Karel López Valenzuela, contó con la participación de especialistas vinculados a las instituciones encargadas de la conservación del patrimonio.
Según aquella información, el proyecto contemplaba una nueva etapa comercial bajo la denominación “La Casa de Al”, operada mediante la marca Terraza Cuba.
De esta manera, una residencia de valor arquitectónico vinculada al desarrollo de Varadero continuaba asociada comercialmente a Al Capone, aunque su verdadera historia correspondiera a otros propietarios.
No hemos localizado escrituras, registros de alojamiento ni noticias contemporáneas que demuestren que Capone hubiese sido propietario o huésped de aquella residencia.
Tampoco existe, entre los documentos examinados, una prueba de que visitara Varadero durante su estancia de abril de 1930.
La llamada Casa de All pertenece, por tanto, a la historia turística del balneario y a las leyendas asociadas al personaje, pero no puede considerarse una residencia históricamente acreditada de Al Capone.
Conclusiones
La investigación sobre los viajes de Al Capone a Cuba permite establecer dos episodios documentados: su presencia en noviembre de 1925, acreditada por un manifiesto de pasajeros, y su visita a La Habana entre el 29 de abril y el 1 de mayo de 1930, registrada por la prensa cubana y enriquecida por distintos testimonios personales.
La estancia de 1930 presenta un interés particular.
La prensa de la época documenta las averiguaciones realizadas por la policía habanera y una entrevista reservada entre Al Capone y un capitán de apellido Nespereira.
La reconstrucción de la trayectoria de Arturo Nespereira permite proponer que se trataba del oficial mencionado por la prensa, aunque su identificación definitiva todavía requiere una prueba expresa.
Las fotografías tomadas en los Jardines de La Tropical constituyen testimonios gráficos de la visita y permiten reconocer a varios integrantes de la comitiva.
Por otra parte, las memorias de Harry Cyril Read aportan información sobre el interrogatorio policial, las preocupaciones de las autoridades ante el Primero de Mayo y la propuesta comercial relacionada con bebidas alcohólicas atribuida a un capitán de policía.
La coincidencia entre algunos elementos del relato de Read y las noticias publicadas por La Lucha convierte este testimonio en una fuente de especial importancia, aunque su carácter retrospectivo exige distinguir cuidadosamente los recuerdos del periodista de los hechos demostrados mediante documentación contemporánea.
La versión de 1928, el supuesto negocio de billar en Marianao y las noticias contradictorias sobre el regreso de Capone constituyen cuestiones que todavía merecen investigación.
En cambio, no se ha encontrado documentación que permita atribuirle la propiedad de la residencia de Varadero posteriormente convertida en establecimiento turístico.
La visita de abril de 1930 revela, en definitiva, un episodio singular de la historia habanera durante los años de la Ley Seca: el encuentro entre uno de los personajes más notorios del crimen organizado estadounidense, las autoridades policiales cubanas y una ciudad que se había convertido en un importante destino turístico internacional.
Los documentos conocidos permiten reconstruir buena parte de aquellos acontecimientos sin necesidad de recurrir a las exageraciones que, con el paso de los años, contribuyeron a alimentar la leyenda de Al Capone en Cuba.
Fuentes documentales y bibliografía
Documentación histórica y testimonios
- Manifiesto de pasajeros del vapor Cuba, llegada a Key West, Florida, 14 de noviembre de 1925.
- Read, Harry Cyril. Capone as I Knew Him. Manuscrito conservado en la Catholic University of America. Capítulos XXII, “Cuba, Outside and Inside”, y XXIII, “More Stories”.
- Florida Memory. J. Fritz Gordon, Al Capone and Mayor of Havana, Julio Morales. Tarjeta postal, 1930. Colección Wendler.
- La Montaña. La Habana, 30 de abril de 1928. Fotografía de Arturo Nespereira en representación del alcalde Miguel Mariano Gómez.
- Diario de la Marina. La Habana, 8 de agosto de 1928, p. 7. Información sobre el ascenso del capitán Arturo Nespereira.
Estudios y obras de consulta
- Aragón Vera, Fidel, y Arturo Nespereira. Impresiones policiacas. El delito y los delincuentes. Narraciones históricas. La Habana: Imprenta Comas, 1913.
- English, T. J. Havana Nocturne: How the Mob Owned Cuba… and Then Lost It to the Revolution. Nueva York: William Morrow, 2008.
- Gomes, Mario. “Al Capone Goes to Cuba”. My Al Capone Museum. Investigación y fotografías.
- Hunt, Thomas. “Lucky called mob meet in Havana? Probably not”. The American Mafia. Estudio documental.
- Pasley, Fred D. Al Capone: The Biography of a Self-Made Man. Garden City: Garden City Publishing Company, 1930.
- Iorizzo, Luciano J. Al Capone: A Biography. Westport: Greenwood Press, 2003.
- Álvarez Blanco, Ernesto, y Teresa Iglesias Oduardo. Varadero: De caserío a centro turístico de relevancia nacional e internacional (1883-1958). Ediciones Matanzas, 2008.
- Quintana, Patricia. “La Casa de Al: historia de un inmueble de Varadero que nunca fue de Capone”. CubaNet, 11 de febrero de 2024.
- Oroza, Pucho. “Del Coronel Giquel a Casa de Al. La historia continúa”. Publicación en Facebook, 19 de septiembre, año pendiente de confirmar.
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