
Figura singular en América, don Alejandro Woz y Gil, de Santo Domingo, ha usado siempre con desgano sus dones de excepción, recorriendo toda la escala del trópico, desde hombre de letras hasta general, y, como casualmente, ha ocupado dos veces la presidencia de la República.
Pero su vocación definida es la de conversador. Conversador de arco vastísimo, que empezará con los fósforos de Suecia, atravesará el turbio río de las filosofías de la intuición sin salpicarse con nombres de filósofos, y rematará con los caballos de carrera.
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