
En la tarde del 20 de julio de 1885, las campanas y los pitos de la policía anunciaron en Matanzas un incendio. El fuego se había declarado en la fundición El Ojo de Agua, situada en la calle de Santa Teresa, entre Jáuregui y Jesús María, propiedad de Tomás Watkins y Compañía y arrendada entonces a Juan Dally. Las llamas redujeron la fábrica a escombros y dejaron una de las noticias más dramáticas de la vida industrial matancera de fines del siglo XIX.
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