
El Casino Español de Perico se inauguró el doce de octubre de 1922 (Día de la Raza) siendo impulsada la iniciativa por un grupo de españoles de la localidad. La idea propuesta por los señores Francisco López, Ignacio García, Telesforo Fernández, José María García y Fructuoso Unzué se aprobó en una Junta convocada en los altos del Hotel La Lonja el catorce de febrero de 1922.
En esta mesa provisional el señor Unzué da lectura a un patriótico discurso que recalca la necesidad de llevar adelante la creación de esta institución social. Sin edificio pero con una comisión nombrada se dan los primeros pasos para la inscripción de los socios y la sociedad periqueña responde con unos trescientos inscritos de primera intención.
El día de la inauguración se festejó de manera inolvidable, arbolando el edificio las banderas de Cuba y España. Fue también bendecido el inmueble por el presbítero Braulio de Mata y fue la madrina de dicho acto la esposa del presidente señora Angelina Lima de López.
Terminada la ceremonia se efectuó un baile infantil, obsequiándose la concurrencia con un champagne de honor y terminando la fiesta con un gran baile en una sala iluminada con los colores nacionales de los dos países.
Posteriormente se construye (1932) el inmueble oficial de la sociedad en un estilo ecléctico y con fachada de mampostería, hoy joya arquitectónica que adorna el pueblo de Perico.
Ubicado el edificio del Casino Español de Perico en la calle de Martí 137 es a partir de los años 60 del siglo XX con el advenimiento del nuevo gobierno que se destina a ser Casa de la Cultura Municipal y luego de su remodelación será convertido en tienda.
Fiesta de la Raza e inauguración del Casino Español de Perico.1
En la provincia de Matanzas, entre Colón y Jovellanos, hay un pueblo rico, culto y atrayente, llamado Perico, nombre en verdad nada apropiado y que, a mi entender, no merece la coquetona villa que lo lleva.
Tengo entendido que el Ayuntamiento de aquel importante lugar tomó hace años el sensato y plausible acuerdo de cambiarle ese nombre que nada dice, que nada significa, por el de Cervantes, y así se llamó durante algún tiempo, hasta que, no sé por qué causa, volvió a dársele el que anteiormente tenía.
¿No es cierto que la preferencia de un nombre vulgar a otro glorioso (nada menos que el del autor de uno de los libros más portentosos que produjo el ingenio humano) constituye una verdadera anomalía? Indudablemente que sí.
Reflexionen sobre esto el dignísimo Alcalde Municipal de aquel Termino y los señores Concejales que componen el actual Ayuntamiento y acuerden devolverle a su pueblo el nombre altamente simpático que se le había dado.
Acaba de fundarse un Casino Español en Perico y para su inauguración que se celebró en forma solemne y conjuntamente con la Fiesta de la Raza, el día 12 del mes de octubre de 1922, fui invitado de una manera muy atenta por el digno Presidente de la nueva Sociedad, don Francisco López.
También habían sido invitados en los mismos cálidos términos, el presidente del Casino Español de la Habana; el joven Conde del Rivero y el director del Diario de la Marina, el popular y bien querido “Pepín”, que así, democráticamente, se le llama por su carácter sencillo y franco.
Y no pudiendo con harta pena suya concurrir ninguno de ellos —porque compromisos anteriormente contraídos se lo impidieron—dispensáronme el honor, por mí agradecido, de que los representase en los actos que habían de celebrarse en el citado pueblo, y allá fui en el tren que salió de la Estación Terminal a la una y cuarenta minutos de la tarde del miércoles último.
Cúpome en suerte hacer el viaje en la grata compañía de un ilustrado sacerdote, profesor del Seminario de esta capital y Capellán, a la vez del Colegio de Niñas que fundó y sostiene a sus expensas, en Casablanca, la filantrópica y respetable señora Viuda de Ruiz Gámiz.
El aludido sacerdote es un hombre de nada común ilustración, nacido en uno de los pueblos que se esconden llenos de poéticos encantos entre las ríspidas montañas de la provincia de León; y no es extraño, por tanto, que posea un corazón muy sensible encerrado en un cuerpo robusto y fuerte, producto de aquella tierra de hombres leales y esforzados que en todos los tiempos y en diversas formas han contribuido al enaltecimiento de España aumentando con sus hazañosos hechos las inmarcesibles glorias en que tanto abunda su brillante historia.
Entre la contemplación de la bella campiña cubana, alegrada en estos días con las abundantes lluvias que la están reverdeciendo y preparando para recompensar el esfuerzo de sus laboriosos cultivadores con los óptimos frutos que ofrece la próxima cosecha, y la conversación amena e instructiva del clérigo leonés, pasaron en un “santiamén” las cuatro horas empleadas por el tren en recorrer la distancia que media entre la Habana y Perico, a donde llegamos a las cinco y tres cuartos de la tarde bajo una pertinaz lluvia.
Así y todo, a pesar la inclemencia, del tiempo, fui cortés y efusivamente recibido en el andén de la Estación por la Junta directiva en pleno, con su Presidente a la cabeza, quienes, amables en demasía, me acompañaron hasta el magnífico Hotel “La Lonja” donde ya me tenían preparada una cómoda y bien amueblada habitación dotada de baño y de todos los neceseres que pueda apetecer el hombre más exigente.
Se me había dicho que es el Perico un pueblo insignificante, un pueblo falto de toda comodidad, y, por añadidura, nada simpático. ¡Qué equivocados están los que así piensan y qué injustos son con el Perico los que de ese modo se expresan al hablar de él!
El Perico es un pueblo animado y alegre, que cuenta con todos los elementos de la vida urbana moderna. Sus calles son anchas, rectas y perfectamente pavimentadas, estando, además, muy bien alumbradas con numerosos focos eléctricos.
Cuenta con un comercio activo y pujante, abundando los establecimientos de todos los giros, admirablemente montados.
Existe allí desde hace tiempo una Sociedad de Recreo, y a partir del día 12 del mes actual, cuenta también con el importante núcleo social llamado Casino Español, ya mencionado, y cuya inauguración motivó mi viaje a aquel pueblo de la provincia matancera.
Digresión del cronista sobre el Día de la Raza
En todos los ámbitos de la nación-madre, en la nación-tronco como de sus numerosas y prósperas hijas americanas, se celebró entusiásticamente la Fiesta de la Raza.
En esa fecha gloriosa y de gratísima remembranza, ciento veinte millones de seres que hablan el rico y sonoro idioma español —porque españoles nativos son unos y descendientes de españoles los más— entonaron un inmenso hosanna, tributando el más sentido recuerdo de gratitud y de amor al inmortal Colón y al corto número de intrépidos españoles que la acompañaron en la atrevida y sin igual aventura de lanzarse a los riesgos de los mares hasta entonces desconocidos, en busca de las tierras con que soñara el que después de recorrer casi todas las Cortes de Europa solicitando protección para el desarrollo de sus planes, vino hallarlo ¡Al fin! en la hidalga nación progenitora de América, a quien nadie podrá negarle la gloria de haber descubierto, civilizado y hecho grande a una de las porciones mayores del mundo.
Pues bien: yo que presencié en el Perico todos los actos que con el doble motivo de la inauguración del Casino Español y de la Fiesta de la Raza allí se celebraba y que en ellos tomé parte, puedo asegurar que en ningún otro pueblo se ha desplegado mayor entusiasmo y reinó más orden.
Bien pueden los “periqueños” estar satisfechos de la obra cultural y de santa concordia que llevaron a cabo el memorable día del aniversario del descubrimiento; pero quien más satisfecho debe hallarse es el caballeroso, modestísimo y bueno don Francisco López, Presidente del nuevo Casino, y también sus dignos compañeros de Directiva.
Fueron ellos los iniciadores de los festejos y los elementos de acción que más contribuyeron a su desarrollo y lucimiento; aunque justo es consignar que encontraron decidido apoyo en las autoridades y en todos los elementos de la localidad.
Y por si no bastase ésto, cooperó de un modo eficaz al brillantísimo éxito alcanzado, un grupo de ilustrados caballeros procedentes de Colón, que asistieron a los festejos y en ellos desempeñaron un importante papel.
Al disponerme a trazar estos renglones, escritos muy de prisa, no me he propuesto hacer una crónica de mi viaje al Perico y de la obra hermosa que allí se realizó. De esa tarea supongo que se encargarán los activos corresponsales de los periódicos capitalinos.
Ellos, que son Justicieros, pregonarán muy alto la solemnidad que alcanzó la función de iglesia en la que tomaron parte cinco sacerdotes, corriendo el sermón o plática alusiva a la festividad del día, a cargo del elocuente orador sagrado mi compañero de viaje a quien antes me he referido.
Describirán el acto, también solemne, en que el Presidente del Casino, señor López, izó la bandera cubana y el Alcalde Municipal señor Márquez la española, a los acordes de los respectivos himnos ejecutados por la orquesta que, contratada por el Casino, fué de esta capital.
Consignarán, asimismo, el emocionante momento en que al ser elevadas las enseñas, dos bellas señoritas recitaron magistralmente sentidas e inspiradas composiciones poéticas, dedicadas una de ella a Cuba y la otra a España, escritas la última por mi querido amigo el laureado poeta Dr. Guillermo de Montagú.
Darán una idea de los cuatro discursos que allí se pronunciaron elocuentísimos —menos el que corrió a mi cargo— discursos pletóricos de amor, saturados de un reconfortante espíritu de concordia que hizo vibrar el alma del numerosísimo auditorio, según lo demostraron los nutridos y fervarosos aplausos con que éste los premió.
Reseñaran, además, el soberbio baile que se dió por la noche en el Casino, cuyos hermosos salones que (dicho sea de paso, estaban extraordinariamente iluminados y adornados con el mayor gusto) a pesar de ser amplios, resultaban pequeños para contener la numerosa y distinguida concurrencia que los invadió, no obstante la lluvia, menuda pero molesta, que no cesaba de caer.
Nota documental: impresiones del cronista sobre Perico y el Día de la Raza
En fin, los corresponsales a quienes aludo, tienen ancho campo para hacer crónicas llenas de colorido y hasta para extenderse en consideraciones de orden filosófico-moral, pues a ello se presta grandemente el esfuerzo que acaban de hacer los españoles residentes en el Perico, el espíritu fraternal que entre ellos y los cubanos existe, lo rica que es aquella laboriosa comarca, y los elementos de “civilidad” con que cuenta la villa que tan bien ganado tiene el sugestivo nombre de Cervantes.
Al leer lo que antecede, quizás no falte quien diga: ¿A qué obedece este escrito falto de método y atropellado? Sí tal pregunta se me hiciese contestara dándole la razón a quien la formulase; pero añadiendo lo siguiente: he trazado estos renglones con el único propósito de manifestar en ellos que he venido gratísimamente impresionado del Perico;
Que admiro la ingente labor realizada por mis compatriotas al fundar un centro de recreo digno de aquella localidad y de lo que él representa; que ha sido grato a mi corazón ver la armonía que allí reina entre todos y lo bien preparadas que están las almas para seguir la senda de la unión fraterna que en hora bendita se ha emprendido, doctrina ésta a la que vengo dedicando todos mis afanes desde hace muchos años;
Pues siempre entendí que lejos de repelerse el amor a España y el amor a Cuba, son dos sentimientos que caben perfectamente juntos y hasta se completan formando uno solo.
Por eso hallo felícísima la idea de celebrar todos los años la Fiesta de la Raza y aplaudo con calor el “bello gesto” que tuvo el Congreso cubano declarando fiesta nacional el 12 de octubre; porque esa fecha constituye la efemérides más grandiosa y extraordinaria que registra la historia de la humanidad y porque indudablemente ha de contribuir de un modo poderoso a apretar más de lo que felizmente ya están, los lazos fraternales entre las repúblicas hispano-americanas y el robusto tronco ibero, de donde proceden.
Finalmente, quiero enviar al través de estas líneas la expresión de mi profunda gratitud a los estimadísimos señores que no cesaron de dispensarme sus delicadas atenciones, y especialmente al señor López y a su familia distinguida, en cuya casa —modelo de hogares sonrientes y felices— se me tributaron los más finos agasajos.
Bibliografía
- Pumariega, Juan G. “Inauguración del Casino Español y fiesta de la raza en el Perico.” Diario de la Marina. Año XC, núm. 275, 15 de octubre de 1922, pp. 1, 21 ↩︎
Ricardo.diaz dice
Esa construcción fue hecha a 20 metros de mi casa, era una belleza, la línea del ferrocarril le pasa, a no más de 15 metros, pero, la falsa revolución, se hizo cargo de destruir al pueblo en su totalidad. Perico era un pequeño pueblo próspero, lindo, amoroso, limpio, respetuoso, todo fluía de maravilla, pero llego el Comandante y mando a parar
PARO LA VIDA EN CUBA.