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El Casino Español de Perico y su inauguración en 1922

12/05/2021 Por Almar 1 comentario

Inauguración del Casino Español de Perico el doce de octubre de 1922.
Inauguración del Casino Español de Perico el doce de octubre de 1922.

El Casino Español de Perico fue inaugurado el 12 de octubre de 1922, Día de la Raza. La iniciativa, promovida por un grupo de españoles de la localidad, había sido propuesta por Francisco López, Ignacio García, Telesforo Fernández, José María García y Fructuoso Unzué, y aprobada en una junta celebrada el 14 de febrero de ese mismo año en los altos del Hotel La Lonja.

Durante aquella reunión, Fructuoso Unzué pronunció un discurso de carácter patriótico en el que destacó la necesidad de llevar adelante la creación de la institución. Aunque todavía no se disponía de un edificio propio, quedó constituida una comisión encargada de iniciar la inscripción de los socios. La sociedad periqueña respondió favorablemente y, en un primer momento, se registraron alrededor de trescientos miembros.

La inauguración, celebrada el 12 de octubre de 1922, estuvo acompañada de numerosos festejos. En el edificio fueron enarboladas las banderas de Cuba y España, y el inmueble recibió la bendición del presbítero Braulio de Mata. Actuó como madrina de la ceremonia Angelina Lima de López, esposa del presidente de la sociedad.

Concluida la ceremonia, se celebró un baile infantil y se ofreció a los asistentes un champán de honor. Los festejos terminaron con un gran baile en un salón iluminado con los colores nacionales de Cuba y España.

En 1932 se construyó el edificio definitivo de la sociedad, de estilo ecléctico y con fachada de mampostería. El inmueble, considerado actualmente una de las obras arquitectónicas más significativas de Perico, se encuentra en la calle Martí número 137.

A partir de la década de 1960, el antiguo Casino Español fue destinado a sede de la Casa de Cultura Municipal. Posteriormente, después de una remodelación, el edificio fue convertido en tienda.

Fiesta de la Raza e inauguración del Casino Español de Perico.1

En la provincia de Matanzas, entre Colón y Jovellanos, hay un pueblo rico, culto y atrayente llamado Perico, nombre en verdad nada apropiado y que, a mi entender, no merece la coquetona villa que lo lleva.

Tengo entendido que el Ayuntamiento de aquel importante lugar tomó hace años el sensato y plausible acuerdo de cambiarle ese nombre, que nada dice, que nada significa, por el de Cervantes; y así se llamó durante algún tiempo, hasta que, no sé por qué causa, volvió a dársele el que anteriormente tenía.

¿No es cierto que la preferencia de un nombre vulgar a otro glorioso (nada menos que el del autor de uno de los libros más portentosos que produjo el ingenio humano) constituye una verdadera anomalía? Indudablemente que sí.

Reflexionen sobre esto el dignísimo alcalde municipal de aquel término y los señores concejales que componen el actual Ayuntamiento, y acuerden devolverle a su pueblo el nombre altamente simpático que se le había dado.

Acaba de fundarse un Casino Español en Perico y, para su inauguración, que se celebró en forma solemne y conjuntamente con la Fiesta de la Raza el día 12 del mes de octubre de 1922, fui invitado de una manera muy atenta por el digno presidente de la nueva sociedad, don Francisco López.

También habían sido invitados, en los mismos cálidos términos, el presidente del Casino Español de La Habana; el joven conde del Rivero, y el director del Diario de la Marina, el popular y bien querido “Pepín”, que así, democráticamente, se le llama por su carácter sencillo y franco.

Y no pudiendo, con harta pena suya, concurrir ninguno de ellos —porque compromisos anteriormente contraídos se lo impidieron—, dispensáronme el honor, por mí agradecido, de que los representase en los actos que habían de celebrarse en el citado pueblo. Allá fui en el tren que salió de la Estación Terminal a la una y cuarenta minutos de la tarde del miércoles último.

Cúpome en suerte hacer el viaje en la grata compañía de un ilustrado sacerdote, profesor del Seminario de esta capital y capellán, a la vez, del colegio de niñas que fundó y sostiene a sus expensas, en Casablanca, la filantrópica y respetable señora viuda de Ruiz Gámiz.

El aludido sacerdote es un hombre de nada común ilustración, nacido en uno de los pueblos que se esconden, llenos de poéticos encantos, entre las ríspidas montañas de la provincia de León; y no es extraño, por tanto, que posea un corazón muy sensible encerrado en un cuerpo robusto y fuerte, producto de aquella tierra de hombres leales y esforzados que, en todos los tiempos y de diversas formas, han contribuido al enaltecimiento de España, aumentando con sus hazañosos hechos las inmarcesibles glorias en que tanto abunda su brillante historia.

Entre la contemplación de la bella campiña cubana, alegrada en estos días con las abundantes lluvias que la están reverdeciendo y preparando para recompensar el esfuerzo de sus laboriosos cultivadores con los óptimos frutos que ofrece la próxima cosecha, y la conversación amena e instructiva del clérigo leonés, pasaron en un santiamén las cuatro horas empleadas por el tren en recorrer la distancia que media entre La Habana y Perico, adonde llegamos a las cinco y tres cuartos de la tarde, bajo una pertinaz lluvia.

Así y todo, a pesar de la inclemencia del tiempo, fui cortés y efusivamente recibido en el andén de la estación por la Junta Directiva en pleno, con su presidente a la cabeza, cuyos miembros, amables en demasía, me acompañaron hasta el magnífico Hotel La Lonja, donde ya me tenían preparada una cómoda y bien amueblada habitación, dotada de baño y de todos los neceseres que pueda apetecer el hombre más exigente.

Se me había dicho que Perico era un pueblo insignificante, un pueblo falto de toda comodidad y, por añadidura, nada simpático. ¡Qué equivocados están los que así piensan y qué injustos son con Perico los que de ese modo se expresan al hablar de él!

Perico es un pueblo animado y alegre, que cuenta con todos los elementos de la vida urbana moderna. Sus calles son anchas, rectas y perfectamente pavimentadas, y están, además, muy bien alumbradas con numerosos focos eléctricos.

Cuenta con un comercio activo y pujante, y abundan los establecimientos de todos los giros, admirablemente instalados.

Existe allí desde hace tiempo una sociedad de recreo y, a partir del día 12 del mes actual, cuenta también con el importante núcleo social llamado Casino Español, ya mencionado, cuya inauguración motivó mi viaje a aquel pueblo de la provincia matancera.

Digresión del cronista sobre el Día de la Raza

En todos los ámbitos de la nación-madre, en la nación-tronco como de sus numerosas y prósperas hijas americanas, se celebró entusiásticamente la Fiesta de la Raza.

En esa fecha gloriosa y de gratísima remembranza, ciento veinte millones de seres que hablan el rico y sonoro idioma español —porque españoles nativos son unos y descendientes de españoles los más— entonaron un inmenso hosanna, tributando el más sentido recuerdo de gratitud y de amor al inmortal Colón y al corto número de intrépidos españoles que la acompañaron en la atrevida y sin igual aventura de lanzarse a los riesgos de los mares hasta entonces desconocidos, en busca de las tierras con que soñara el que después de recorrer casi todas las Cortes de Europa solicitando protección para el desarrollo de sus planes, vino hallarlo ¡Al fin! en la hidalga nación progenitora de América, a quien nadie podrá negarle la gloria de haber descubierto, civilizado y hecho grande a una de las porciones mayores del mundo.

Pues bien: yo, que presencié en Perico todos los actos que, con el doble motivo de la inauguración del Casino Español y de la Fiesta de la Raza, allí se celebraron, y que en ellos tomé parte, puedo asegurar que en ningún otro pueblo se desplegó mayor entusiasmo ni reinó mayor orden.

Bien pueden los “periqueños” estar satisfechos de la obra cultural y de santa concordia que llevaron a cabo en el memorable día del aniversario del descubrimiento; pero quien más satisfecho debe hallarse es el caballeroso, modestísimo y bondadoso don Francisco López, presidente del nuevo Casino, así como sus dignos compañeros de la Junta Directiva.

Fueron ellos los iniciadores de los festejos y los elementos de acción que más contribuyeron a su desarrollo y lucimiento, aunque justo es consignar que encontraron decidido apoyo en las autoridades y en todos los sectores de la localidad.

Y, por si no bastase esto, cooperó de modo eficaz al brillantísimo éxito alcanzado un grupo de ilustrados caballeros procedentes de Colón, que asistieron a los festejos y desempeñaron en ellos un importante papel.

Al disponerme a trazar estos renglones, escritos muy deprisa, no me he propuesto hacer una crónica de mi viaje a Perico ni de la hermosa obra que allí se realizó. De esa tarea supongo que se encargarán los activos corresponsales de los periódicos capitalinos.

Ellos, que son justicieros, pregonarán muy alto la solemnidad que alcanzó la función religiosa, en la que tomaron parte cinco sacerdotes. El sermón o plática alusiva a la festividad del día estuvo a cargo del elocuente orador sagrado, mi compañero de viaje, a quien antes me he referido.

Describirán también el solemne acto en que el presidente del Casino, señor López, izó la bandera cubana, y el alcalde municipal, señor Márquez, la española, a los acordes de los respectivos himnos, ejecutados por una orquesta de esta capital contratada por el Casino.

Consignarán, asimismo, el emocionante momento en que, al ser elevadas las enseñas, dos bellas señoritas recitaron magistralmente sentidas e inspiradas composiciones poéticas, una dedicada a Cuba y otra a España. Esta última había sido escrita por mi querido amigo, el laureado poeta doctor Guillermo de Montagú.

Darán una idea de los cuatro elocuentísimos discursos que allí se pronunciaron —menos el que corrió a mi cargo—, pletóricos de amor y saturados de un reconfortante espíritu de concordia que hizo vibrar el alma del numerosísimo auditorio, según lo demostraron los nutridos y fervorosos aplausos con que este los premió.

Reseñarán, además, el soberbio baile que se celebró por la noche en el Casino Español de Perico. Sus hermosos salones —que, dicho sea de paso, estaban extraordinariamente iluminados y adornados con el mayor gusto—, a pesar de ser amplios, resultaban pequeños para contener a la numerosa y distinguida concurrencia que los invadió, no obstante la lluvia, menuda pero molesta, que no cesaba de caer.

Nota documental: impresiones del cronista sobre Perico y el Día de la Raza

En fin, los corresponsales a quienes aludo, tienen ancho campo para hacer crónicas llenas de colorido y hasta para extenderse en consideraciones de orden filosófico-moral, pues a ello se presta grandemente el esfuerzo que acaban de hacer los españoles residentes en el Perico, el espíritu fraternal que entre ellos y los cubanos existe, lo rica que es aquella laboriosa comarca, y los elementos de “civilidad” con que cuenta la villa que tan bien ganado tiene el sugestivo nombre de Cervantes.

Al leer lo que antecede, quizás no falte quien diga: ¿A qué obedece este escrito falto de método y atropellado? Sí tal pregunta se me hiciese contestara dándole la razón a quien la formulase; pero añadiendo lo siguiente: he trazado estos renglones con el único propósito de manifestar en ellos que he venido gratísimamente impresionado del Perico;

Que admiro la ingente labor realizada por mis compatriotas al fundar un centro de recreo digno de aquella localidad y de lo que él representa; que ha sido grato a mi corazón ver la armonía que allí reina entre todos y lo bien preparadas que están las almas para seguir la senda de la unión fraterna que en hora bendita se ha emprendido, doctrina ésta a la que vengo dedicando todos mis afanes desde hace muchos años;

Pues siempre entendí que lejos de repelerse el amor a España y el amor a Cuba, son dos sentimientos que caben perfectamente juntos y hasta se completan formando uno solo.

Por eso hallo felícísima la idea de celebrar todos los años la Fiesta de la Raza y aplaudo con calor el “bello gesto” que tuvo el Congreso cubano declarando fiesta nacional el 12 de octubre; porque esa fecha constituye la efemérides más grandiosa y extraordinaria que registra la historia de la humanidad y porque indudablemente ha de contribuir de un modo poderoso a apretar más de lo que felizmente ya están, los lazos fraternales entre las repúblicas hispano-americanas y el robusto tronco ibero, de donde proceden.

Finalmente, quiero enviar, a través de estas líneas, la expresión de mi profunda gratitud a los estimadísimos señores que no cesaron de dispensarme sus delicadas atenciones, y especialmente al señor López y a su distinguida familia, en cuya casa —modelo de hogares sonrientes y felices— se me tributaron los más finos agasajos.

Bibliografía

  1. Pumariega, Juan G. “Inauguración del Casino Español y Fiesta de la Raza en el Perico”. Diario de la Marina, año XC, núm. 275, 15 de octubre de 1922, pp. 1 y 21. ↩︎
  • Magazine La Lucha. Matanzas, 1924.
  • CubaMemorias.com. “Término municipal de Perico en la provincia de Matanzas” y artículos individuales enlazados desde su archivo histórico.

Publicado en: Perico Etiquetado como: Perico: Instituciones y Negocios, Perico: Personalidades

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Comentarios

  1. Ricardo.diaz dice

    21/03/2023 a las 21:57

    Esa construcción fue hecha a 20 metros de mi casa, era una belleza, la línea del ferrocarril le pasa, a no más de 15 metros, pero, la falsa revolución, se hizo cargo de destruir al pueblo en su totalidad. Perico era un pequeño pueblo próspero, lindo, amoroso, limpio, respetuoso, todo fluía de maravilla, pero llego el Comandante y mando a parar
    PARO LA VIDA EN CUBA.

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