
Francisco Rodríguez Jiménez fue un comerciante e industrial de origen canario que desarrolló en La Habana, durante varias décadas, una casa dedicada a la ferretería, los materiales de construcción y la fabricación de mosaicos y losas de cemento.
Su establecimiento, conocido comercialmente como F. Rodríguez Jiménez, aparece documentado desde la década de 1920 y llegó a figurar entre las casas habaneras vinculadas al suministro de materiales para importantes obras de construcción.
De maestro de obras a comerciante
Según la Guía Provincial de La Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social, publicada en 1944, Francisco Rodríguez Jiménez era natural de las Islas Canarias y había llegado a Cuba en 1901. Durante sus primeros años en la Isla se dedicó al ramo de la construcción.
En 1924, Diario de la Marina lo identificaba todavía como maestro de obras al informar sobre una causa relacionada con una patente para la fabricación de losas huecas. Rodríguez Jiménez había sido acusado de defraudación de propiedad industrial, pero resultó absuelto por la Audiencia de La Habana. El acusador privado recurrió la sentencia y el Tribunal Supremo declaró sin lugar el recurso, confirmando la absolución.
Aquel episodio resulta significativo porque muestra su temprana vinculación con la fabricación de materiales de construcción, actividad que poco después tendría un lugar central en su negocio.
El establecimiento de Concha número 3
La Guía Provincial señala que en 1922 Francisco Rodríguez Jiménez decidió establecerse por cuenta propia. Su primera casa comercial quedó instalada en Concha número 3, en el barrio de Luyanó.
Un anuncio publicado en Diario de la Marina el 15 de abril de 1925 muestra ya el nombre comercial:
F. Rodríguez Jiménez
Desde Concha número 3 ofrecía cabillas y vigas, losas de cemento para techos y mosaicos. La casa anunciaba precios ventajosos y destacaba que vendía directamente, sin comisionistas.

Dos años después, en julio de 1927, la publicidad de la firma mostraba una oferta más amplia. Además de vigas y cabillas de acero y losas de cemento para techos, anunciaba expresamente la fabricación de mosaicos, un gran surtido de azulejos y materiales de construcción en general.
Por entonces utilizaba los teléfonos I-2961 e I-6656.
Traslado a la Avenida de Menocal
El 9 de marzo de 1930, F. Rodríguez Jiménez comunicó públicamente el traslado de su establecimiento desde Concha número 3 hasta Avenida de Menocal números 75 y 77, esquina a Salud.
El anuncio describía el negocio como:
Almacén de Materiales de Construcción, Fábricas de Mosaicos y de Losas de Cemento para Techos.
La nueva sede disponía también de una exposición para los clientes y utilizaba los teléfonos U-4466 y U-4467.
Este traslado marcó una etapa de crecimiento. Durante los años siguientes la casa aparece vinculada al abastecimiento de varias construcciones importantes de La Habana.
Materiales para el Teatro Moderno
En julio de 1930, con motivo de la inauguración del Teatro Moderno, situado en la Calzada de Jesús del Monte, Diario de la Marina señaló que los materiales empleados en la construcción habían sido suministrados por la casa de Francisco Rodríguez Jiménez.
Entre ellos se mencionaban cabillas, azulejos, mosaicos y yeso.
El establecimiento figuraba entonces en Avenida de Menocal, esquina a Salud, y su participación en la obra muestra que la firma funcionaba ya como proveedor de proyectos constructivos de cierta importancia.
El Hospital de Maternidad Elvira Machado
El mismo 6 de julio de 1930, otro anuncio afirmaba que F. Rodríguez Jiménez había suministrado todos los materiales de construcción empleados en el Hospital de Maternidad Elvira Machado.
La publicidad describía entonces la empresa como grandes almacenes de vigas y cabillas de acero y señalaba que disponía de:
Fábrica de mosaicos y fábrica de losas de cemento para techos, macizas y huecas.
También comercializaba azulejos, cemento, cal hidratada y otros materiales de construcción.
La mención expresa de las losas huecas resulta especialmente interesante por su relación con el litigio de propiedad industrial en el que Rodríguez Jiménez había sido absuelto en 1924.
Seguro para sus trabajadores
Una fotografía publicada por Diario de la Marina el 11 de octubre de 1931 permite conocer además el aspecto de Francisco Rodríguez Jiménez y parte de las instalaciones de su empresa.
La noticia llevaba por título “Un industrial entregó a cada empleado una póliza de seguro”.
El periódico explicaba que Rodríguez Jiménez había decidido asegurar a todos los obreros y empleados que trabajaban en su fábrica de mosaicos y ladrillos. Las pólizas de seguro de vida alcanzaban en conjunto una suma aproximada de 60 000 pesos.
La fotografía muestra al industrial durante la entrega de las pólizas, rodeado de trabajadores y empleados.
Ayuda a los damnificados de Santa Cruz del Sur
Tras el devastador ciclón que afectó a Santa Cruz del Sur en noviembre de 1932, Rodríguez Jiménez participó también en las labores de ayuda.
El Diario de la Marina informó el 11 de diciembre de 1932 que el comerciante había donado al Comité Central de Señoras, auxiliar de la Comisión Nacional Pro Damnificados del Ciclón, todos los materiales necesarios para construir una casa de mampostería.
La vivienda debía ser levantada por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y sorteada entre las familias que habían perdido sus hogares.
En aquella información, Rodríguez Jiménez era descrito como importador de ferretería gruesa, con almacén de materiales de construcción y fábrica de mosaicos en Avenida de Menocal 75 y 77.
Viajes y actividad en la colonia canaria
El Diario de la Marina registra también algunos movimientos personales de Francisco Rodríguez Jiménez.
El 23 de julio de 1933 embarcó en La Habana junto a su esposa a bordo del vapor Sierra Ventana. Dos años después, el 28 de abril de 1935, regresó a La Habana acompañado de su familia en el vapor italiano Istria. La noticia lo describía entonces como “el cubano Francisco Rodríguez Jiménez” e indicaba que él y su familia habían sido repatriados.
Aunque era natural de Canarias, esta referencia sugiere que para entonces llevaba décadas plenamente establecido en Cuba y era considerado cubano por la prensa.
Su relación con la comunidad canaria aparece nuevamente documentada en 1939. En agosto de ese año, Diario de la Marina informó que Rodríguez Jiménez había sido socio de la Asociación Canaria y que había dirigido una carta abierta al presidente de su Comité Ejecutivo, publicada en el periódico Cuba y Canarias.
Una residencia en San Miguel de los Baños
Otra noticia de septiembre de 1937 señala que Francisco Rodríguez Jiménez estaba terminando la construcción de un chalet en San Miguel de los Baños, localidad que por entonces experimentaba un notable desarrollo como centro de veraneo y balneario.
El dato permite conocer otra faceta de su vida personal y económica, aunque la documentación localizada hasta ahora no permite precisar si aquel inmueble fue residencia permanente, casa de descanso o inversión.
La fábrica de piedras artificiales
En enero de 1937, el Diario de la Marina incluyó a Francisco Rodríguez Jiménez en una relación de contribuyentes municipales y describió su establecimiento de Avenida de Menocal 75 y 77 como una “Fábrica de Piedras artificiales”.
El término confirma que la actividad industrial de la casa se extendía más allá de la simple venta de ferretería. La producción de mosaicos, losas y otros elementos de cemento formaba parte esencial del negocio.
Francisco Rodríguez Jiménez y la construcción habanera
En marzo de 1939, Diario de la Marina publicó un artículo sobre un proyecto del Colegio de Arquitectos destinado a estimular la construcción y combatir el desempleo.

Francisco Rodríguez Jiménez fue uno de los empresarios consultados y apareció retratado en la página. El periódico lo presentó como importador de ferretería gruesa y comerciante en materiales de fabricación.
Rodríguez Jiménez expresó su apoyo al proyecto y relacionó la construcción con la creación de empleo, el aumento del consumo, el movimiento del comercio y la industria y una mayor recaudación para el Estado.
La fotografía publicada en aquella ocasión constituye uno de los retratos identificados que se conservan de este comerciante.
Avenida de Menocal 716
La Guía Provincial de La Habana de 1944 indica que, después de varios años en la esquina de Menocal y Salud, el establecimiento fue trasladado en 1941 a un edificio más amplio y moderno situado en:
Avenida de Menocal número 716, esquina a Pocito.
La casa se dedicaba entonces a la ferretería al por mayor y para la exportación y contaba con cuatro obreros y diez empleados.
En 1943, una publicación especializada en arquitectura anunciaba a Rodríguez Jiménez como:
Almacenista importador de ferretería. Efectos sanitarios y materiales de construcción. Especialidad en herrajes.
La familia en el negocio
Francisco Rodríguez Jiménez estaba casado con Encarnación Díaz Naranjo. La pareja tuvo cuatro hijos: Encarnación, Francisco, Esteban y Lino.
Los tres varones participaron activamente en la empresa.
Francisco Rodríguez Díaz ejercía como cajero y tenía derecho al uso de la firma. Esteban Rodríguez Díaz era encargado general de la casa y Lino Rodríguez Díaz estaba al frente del almacén.
La empresa había pasado así, para la década de 1940, de ser el negocio personal de un antiguo maestro de obras a convertirse en una casa comercial de carácter familiar.
El nombre comercial F. Rodríguez Jiménez
Aunque la firma utilizaba la denominación F. Rodríguez Jiménez desde por lo menos 1925, el nombre comercial fue registrado formalmente años después.
La solicitud se presentó el 20 de julio de 1944 y el certificado de propiedad fue expedido el 11 de agosto de 1945, con el número 2.343.
El registro especificaba:
F. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ — Nombre comercial. Para aplicarlo a las transacciones propias de su giro de almacén de ferretería.
De esta manera quedaba protegido jurídicamente un nombre que llevaba alrededor de dos décadas identificando la actividad empresarial de Francisco Rodríguez Jiménez en La Habana.
Fuentes
La reconstrucción anterior se basa principalmente en anuncios y noticias de Diario de la Marina publicados entre 1924 y 1939; la Guía Provincial de La Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social, Editorial Panamericana, Burgay y Cía., 1944; Arquitectura y Artes Decorativas, 1943; y el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial, Ministerio de Comercio, 31 de agosto de 1945.
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