
La tenería La Leonesa, conocida también como Antigua de Bal, estuvo instalada en la finca Marimelena, en las inmediaciones del poblado de Regla. El establecimiento había sido fundado por Pedro Bal, un curtidor español al que una guía provincial publicada en 1944 atribuía amplia experiencia en el oficio y más de veinte años de actividad industrial en Cuba.
Aunque la fuente no proporciona el segundo apellido, el lugar de nacimiento ni otros datos personales de Pedro Bal, permite situar la fundación de la tenería, de manera aproximada, antes de 1924. La denominación “Antigua de Bal” parece indicar que el negocio había sido conocido originalmente por el apellido de su fundador y que posteriormente adoptó el nombre comercial de La Leonesa.
La fábrica se dedicaba al curtido y preparación de diferentes clases de pieles finas. La guía destacaba particularmente su trabajo con pieles de cocodrilo y señalaba que disponía de maquinaria, instrumentos especializados y trabajadores conocedores del oficio. Sus productos eran adquiridos por importantes almacenes de pieles establecidos en La Habana.
Al publicarse aquella reseña, en 1944, la propietaria y directora técnica del establecimiento era Encarnación Mostaza San Román, mencionada también con el nombre social de Encarnación Mostaza de Bal. La identificación como directora técnica resulta especialmente significativa, pues indica que su participación no se limitaba a la propiedad legal o familiar del negocio, sino que comprendía responsabilidades relacionadas con su funcionamiento industrial.
De Remesal de Sanabria a La Habana
Según la guía de 1944, Encarnación había nacido en Remesal de Sanabria, en la provincia española de Zamora, y llegó a Cuba en 1918. Una breve noticia del Diario de la Marina permite acercarse a sus primeros años en La Habana.
El 9 de mayo de 1922, el periódico publicó un aviso mediante el cual Gregorio Méndez, identificado como cuñado de Encarnación, solicitaba información sobre su paradero. Méndez, domiciliado en Egido 16, señalaba que aproximadamente tres años antes ella había trabajado en el Vedado. De ser exacta la referencia temporal, Encarnación habría estado empleada en aquel barrio habanero hacia 1919, poco después de su llegada a Cuba.
El anuncio decía:
Deseo saber el paradero de Encarnación Mostaza San Román, que hace como tres años trabajaba en el Vedado. Lo solicita su cuñado Gregorio Méndez, en Egido, 16.
La fuente no precisa en qué trabajaba Encarnación, por qué había perdido el contacto con su cuñado ni cuál era exactamente el vínculo familiar entre ambos. Gregorio Méndez pudo haber estado casado con una hermana de Encarnación o haber sido hermano del esposo de alguna de sus hermanas, pero el anuncio no permite determinarlo.
La guía de 1944 afirma que Encarnación contrajo matrimonio con Pedro Bal en La Habana en 1920. El hecho de que el aviso de 1922 utilizara sus apellidos de nacimiento no contradice necesariamente esa fecha, pues era frecuente identificar a las mujeres tanto por sus apellidos propios como por el apellido del esposo. No obstante, la localización del registro matrimonial permitiría confirmar la cronología y obtener más información sobre Pedro Bal.
Encarnación Mostaza en la finca Marimelena
La presencia de Encarnación Mostaza San Román en la finca Marimelena está documentada al menos desde 1931. El 7 de junio de ese año, el Diario de la Marina informó sobre una denuncia presentada en su nombre por el procurador público Benito Alonso Artigas, quien actuaba como su apoderado.
La denuncia fue dirigida contra Joaquín Fernández Bolaños y Juan López Pallas, residentes en Guanabacoa, a quienes se acusaba de simulación de contrato y de una presunta estafa por un total de 1.198 pesos.
De acuerdo con el relato publicado, Fernández Bolaños había recibido primero 550 pesos de Encarnación, con el compromiso de devolverlos cuando le fueran reclamados y sin cobrar intereses. Posteriormente habría recibido otros 600 pesos. Al añadirse los intereses acordados por un año, la deuda habría alcanzado la cantidad total reclamada.
La noticia afirmaba que Encarnación fue conducida a la notaría del doctor José E. Sarrans, en Guanabacoa, donde firmó un documento que, según se le explicó, convertía en escritura pública el contrato privado relacionado con la deuda. En el acto habría intervenido también Virgilio Echániz como testigo.
Más tarde, la acreedora supo que Juan López Pallas había iniciado un juicio ejecutivo contra Fernández Bolaños y que los bienes de este último estaban próximos a ser rematados. Su representante sostenía que ambos hombres podían haberse puesto de acuerdo para perjudicar a los demás acreedores y hacer imposible el cobro de la deuda de Encarnación.
El procurador Alonso Artigas designó al doctor Carlos R. Menció como abogado encargado de presentar las pruebas. La denuncia fue remitida al Juzgado de Guanabacoa por el subinspector de la Policía Secreta Pompilio Ramos.
La noticia permite conocer la existencia de la reclamación, pero no informa sobre la resolución posterior del procedimiento. Por ello, no debe presentarse la acusación como un delito judicialmente probado.
Propietaria y directora técnica de La Leonesa
Trece años después de aquella denuncia, la guía provincial de 1944 presentaba a Encarnación como propietaria y directora técnica de La Leonesa. Para entonces, la tenería era descrita como una empresa consolidada, especializada en pieles finas y relacionada comercialmente con grandes almacenes habaneros.
La trayectoria documentada de Encarnación resulta notable. Llegó a Cuba como inmigrante española en 1918; al año siguiente habría trabajado en el Vedado; más tarde quedó vinculada a la finca Marimelena y terminó al frente de una instalación industrial dedicada al curtido de pieles.
El lenguaje elogioso de la guía —que la calificaba como una dama “distinguida y discreta”— corresponde a las convenciones sociales y publicitarias de la época. Desde una perspectiva actual, tiene mayor importancia su condición de inmigrante, trabajadora, propietaria y directora técnica de una industria cuya actividad exigía conocimientos especializados.
Pedro Bal y Encarnación Mostaza tuvieron dos hijas: Teresita Bal Mostaza, casada con Julián Dilla, y Margarita Bal Mostaza, casada con Daniel Pereira. La fuente de 1944 indica que ambas habían formado sus propios hogares para esa fecha.
Identificación de la fotografía
El pie original de la fotografía publicada en la guía dice:
“La muy apreciable señora Asunción Mostaza de Bal y sus dos hijas, las señoras Teresita de Dilla y Margarita de Pereira”.
Sin embargo, el texto principal de la misma publicación identifica a la propietaria como Encarnación Mostaza de Bal. Además, tanto el anuncio de 1922 como la noticia judicial de 1931 registran su nombre completo como Encarnación Mostaza San Román.
La coincidencia del apellido, el matrimonio con Pedro Bal, la residencia en Marimelena y los nombres de las dos hijas permite considerar que “Asunción” fue probablemente un error cometido al redactar el pie de la fotografía. Mientras no aparezca otra fuente que demuestre lo contrario, la imagen puede identificarse como:
Encarnación Mostaza San Román, viuda o esposa de Pedro Bal, junto a sus hijas Teresita Bal de Dilla y Margarita Bal de Pereira.
Fuentes
- “Deseo saber el paradero de Encarnación Mostaza San Román”. Diario de la Marina. Año XC, núm. 116, 9 de mayo de 1922, p. 19.
- “Denuncia por simulación de contrato y estafa de $1.198”. Diario de la Marina. Año IC, núm. 136, 7 de junio de 1931, p. 3.
- “Tenería La Leonesa (Antigua de Bal)”. Guía Provincial de La Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social. La Habana: Editorial Panamericana Burgay y Cía., 1944.
- Personalidades y negocios de la Habana
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