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Lindo Lunar: Estafa de la salida en La Habana

17/09/2026 Por Almar Deja un comentario

José Manuel Conde Fernández, conocido como Lindo Lunar, en imagen ilustrativa sobre la estafa de la salida en La Habana.
José Manuel Conde Fernández, conocido como “Lindo Lunar” o “El Diablo”. Imagen ilustrativa basada en su retrato publicado en las crónicas policiales sobre la llamada “estafa de la salida” en La Habana.

Lindo Lunar: Estafa de la salida en La Habana. La estafa tiene muchas mañas y el estafador, cuando es aplicado, muchas más. En la Habana de los años treinta hubo uno que no se inventaba compañías fantasmas ni tampoco andaba prometiendo millones caídos del cielo. Su jugarreta era de las más simples y poco sofisticadas. A este le bastaban una casa con dos puertas, un dependiente con paciencia y por supuesto, mercancía ajena.

Nuestro filibustero se llamaba José Manuel Conde Fernández, aunque por ese nombre quizás pocos lo conocían. En la crónica policial aparecía como “El Diablo”, “Diablo Lindo” y, sobre todo, “Lindo Lunar”.

Y lunar tenía. Según contaba la prensa, llevaba uno bien visible en la mejilla derecha. De ahí salió probablemente el apodo que terminó dándole fama en los comercios y hasta en los juzgados, desde donde, para su desgracia y con razón, era enviado con lunar y todo a la cárcel.

El truco de la puerta del fondo

A finales de 1935 varios comerciantes habaneros comenzaron a descubrir que aquel cliente tan formal no era precisamente un buen negocio. El procedimiento de Lindo Lunar era sencillo, que muchas veces es como mejor funcionan estas cosas.

Entraba en un establecimiento, escogía mercancías y daba una dirección para que se las llevaran. Pedía entonces que algún dependiente acompañara el pedido hasta la supuesta casa del comprador. Hasta ahí, todo en regla.

Pero Lindo Lunar tenía una exigencia particular para sus residencias temporales: escogía las casas con salida por el fondo y prefería las que se encontraban en la calle de San Lázaro o en la avenida del Malecón.

Llegaba el dependiente cargado con la mercancía, el bellaco la recibía y le pedía que esperara tranquilamente en la sala mientras él iba a buscar el dinero. Y el empleado esperaba. Y esperaba un poquito más. Mientras aquel buen hombre comenzaba probablemente a preguntarse dónde guardaba el cliente los pesos, Lindo Lunar ya iba por la calle del fondo con la mercancía bajo el brazo.

Como quien dice: entraba el pedido por la puerta principal y salía el comprador por la de atrás.

Comerciantes que fueron quedando sin mercancía

Una lista publicada a principios de enero de 1936 demuestra que al hombre no le faltaba laboriosidad ni tampoco empeño si de estafar se trataba.

Entre los perjudicados mencionados figuraban La Mía, establecimiento de víveres finos situado en Belascoaín y Zanja; Martín Río Mayea, de Aramburo 42; la Peletería La Aplanadora, en la Calzada de Belascoaín; Raimundo Rodríguez, de Carlos III 50, y la Sastrería El Centro, de la Manzana de Gómez.

Ni la cerveza quedó a salvo. José Díaz engrosó la abultada lista de víctimas: Lindo Lunar le estafó, por el mismo procedimiento, un barril de cerveza “laguer”, como escribió entonces el periódico.

Así que nuestro Lindo Lunar no hacía distingos: lo mismo servían unas mercancías que un barril de cerveza. Todo dependía, parece, de que hubiera una puerta trasera a mano.

Era tanta la desfachatez que la Policía Secreta terminó siguiéndole la pista. El subinspector Raimundo Aragón, acompañado de los detectives Fausto M. Vivancos y Emilio Morón, dió finalmente con él y entre todos le echaron el guante en Compostela y Merced.

Lo condujeron a la Jefatura de la Policía Secreta y allí varios comerciantes lo reconocieron. Los jueces le fijaron fianza de cien pesos por cada uno de seis delitos, o sea, 600 pesos en total. Como los pesos no aparecieron —quizás porque esta vez no había puerta del fondo por donde buscarlos— terminó en “chirona”.1

Lindo Lunar tenía más cuentas pendientes

El asunto no acabó allí.

Antes de que concluyera aquel mes de enero aparecieron otros perjudicados por el mismo procedimiento. Pedro Evia Sury, de Vives 140; el encargado de una peletería situada en Monte 145; Tomás Lepique, de Prensa 70, y Antonio Suárez, de Vives 45. Todos estafados por el laborioso delincuente.

Para entonces Manuel Conde Fernández se encontraba en la cárcel habanera cumpliendo varias condenas. Y no eran dos tardes de arresto para que meditara sobre sus pecados y su inclinación a apropiarse de lo ajeno. Las sentencias impuestas por distintos jueces correccionales sumaban 700 días de prisión.

Quién sabe si en realidad utilizó aquel tiempo para aprender a esconder el lunar y perfeccionar el famoso procedimiento: ordenar mercancías, enviarlas a una casa, hacer esperar al dependiente y desaparecer por una puerta del fondo.

Todo muy sencillo y económico, hasta que empezó a ser reconocido por media Habana, víctima de su propio éxito.

Del timo a las pieles

Uno podría pensar que después de tantas visitas a juzgados el hombre habría considerado otra profesión. Pues parece que no.

El 30 de noviembre de 1937, regresó José Manuel Conde Fernández a las páginas de sucesos. Ahora lo presentaban como “el ratero más hábil dedicado al hurto de pieles” y volvían a identificarlo por sus conocidos apodos de “Diablo Lindo” y “Lindo Lunar”.

La especialidad había cambiado. Según la información policial, se dedicaba entonces a sustraer pieles de valor en establecimientos de la capital. Entre las víctimas mencionadas se encontraba Augusto Labourdette, establecido en Teniente Rey 51.

Interrogado por la policía, Conde Fernández manifestó que las pieles habían sido negociadas en una fábrica de calzado situada en Cepero 69, altos, propiedad de Rafael Núñez Mir.

De las casas con puerta trasera a las pieles finas. Hay que reconocer que el hombre diversificaba el negocio.

Antonio Fernández, cuando hacía falta

Y llegamos a enero de 1938. Lindo Lunar estaba nuevamente —o todavía— en la cárcel de La Habana cuando la policía lo identificó como responsable de otra estafa.

Esta vez la víctima era Heriberto Aragón, vecino de Real 182, Marianao, a quien le había desaparecido un aparato de radio. Por lo visto, Lindo Lunar también hacía magia: hacía desaparecer los objetos y estos no volvían a ser vistos.

Para aquella operación nuestro personaje no había utilizado ninguno de sus pintorescos sobrenombres. Se había presentado como Antonio Fernández, uno de los nombres falsos que, según la policía, acostumbraba emplear.

La cárcel comenzaba así a servir también de oficina de reconocimiento: llegaba una denuncia, miraban entre los huéspedes y, de cuando en cuando, allí estaba Lindo Lunar.

El lunar que era lindo… y tenía vello

A esas alturas hasta los redactores de la prensa comenzaron a divertirse con el personaje. El periódico hizo un comentario jocoso sobre el apodo y vino a decir que aquel “Lindo Lunar” era realmente bello, “porque casi todos los lunares tienen vello”.

Un chiste malo, quizás. Pero irresistible para un periódico que llevaba años viendo aparecer al mismo hombre en sus páginas una y otra vez.

También apuntaba que, mientras cumplía condena, continuaban descubriéndose otros delitos de los que era señalado como autor.

José Manuel Conde Fernández había conseguido algo que probablemente ningún delincuente desea: convertirse en un conocido miembro honorífico de la casa.

Las correrías de Lindo Lunar

Las noticias localizadas hasta ahora permiten seguir sus andanzas, por lo menos, entre 1936 y 1938.

Primero aparecen las estafas a comerciantes mediante el ingenioso recurso de las casas con doble salida; después los nuevos reconocimientos y condenas; más tarde los hurtos de pieles y, finalmente, otras estafas que fueron esclareciéndose cuando ya se encontraba tras las rejas.

No sabemos todavía qué fue de José Manuel Conde Fernández después de 1938. Quizás sentó cabeza. Quizás cambió de nombre. O quizás tuvo la sensatez de buscar, antes que nada, una casa sin puerta por el fondo para evitarse la tentación de apropiarse de lo ajeno.

Lo que sí sabemos es que, mientras esperaban la próxima fechoría, a “Lindo Lunar” la Secreta le reservaba una plaza en el talego.2

Fuentes y notas

  1. Chirona: f. coloq. cárcel (‖ lugar de reclusión de presos). Meter, estar en chirona. Sin.: cárcel, prisión, presidio, penitenciaría, penal, calabozo, mazmorra… (R. A. E. Diccionario de la lengua española.) ↩︎
  2. Talego: m. jerg. Esp. cárcel (lugar de reclusión de presos). (R. A. E. Diccionario de la lengua española.) ↩︎
  • Crédito sugerido: Martínez, A. “Lindo Lunar: Estafa de la salida en La Habana”. CubaMemorias.com, 17 de septiembre de 2026.
  • Historias y Leyendas de Cuba y el Mundo

Publicado en: Historias, leyendas y tradiciones Etiquetado como: Delincuencia en Cuba, Estafas en La Habana, Habana: Instituciones y Negocios, Habana: Personalidades, José Manuel Conde Fernández, Lindo Lunar, Policía Secreta de Cuba

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