
María Teresa Aranda Muñoz de Echeverría (La Habana, fechas de nacimiento y fallecimiento aún no determinadas) fue cantante, pianista, compositora, escritora y, sobre todo, una activa promotora de la vida artística cubana durante la primera mitad del siglo XX.
Su nombre estuvo relacionado con algunas de las principales asociaciones culturales habaneras de su tiempo y alcanzó particular relieve como fundadora y primera presidenta de la Sociedad de Artes y Letras. Fue además prima hermana de Dulce María Loynaz, con quien mantuvo una estrecha relación familiar e intelectual.
Era hija del coronel Manuel Aranda Jiménez y de María Teresa Muñoz Sañudo. Por la rama materna pertenecía a la misma familia de los Loynaz-Muñoz, circunstancia que explica su parentesco con Dulce María Loynaz. La familia residía en una casa de la calle Amistad, próxima a San Miguel y San Rafael, a escasa distancia de la vivienda donde durante años vivieron los Loynaz.
La juventud de María Teresa estuvo marcada por un grave acontecimiento familiar. La noche del 27 de octubre de 1919, su madre murió de un disparo en la residencia de Amistad núm. 49. Manuel Aranda sostuvo que el arma se había disparado accidentalmente mientras la manipulaba, versión que inicialmente defendieron tanto María Teresa como su hermano Manuel Antonio Aranda Muñoz.
El 13 de diciembre de aquel año, María Teresa remitió una carta a Diario de la Marina en la que afirmó públicamente que ambos hijos estaban convencidos de la inocencia de su padre y negó que hubieran existido desavenencias entre sus progenitores.
La investigación judicial tuvo, sin embargo, otro desenlace: la Audiencia de La Habana y posteriormente el Tribunal Supremo condenaron a Manuel Aranda a muerte. Durante la presidencia de Mario García Menocal la pena fue conmutada por cadena perpetua, y en 1931 la prensa informaba de las gestiones encaminadas a obtener para él un indulto total.

Menos de un año después de la muerte de su madre, el 26 de septiembre de 1920, María Teresa contrajo matrimonio en Monserrate con el Dr. Rafael Echeverría Mora, farmacéutico graduado de la Universidad Nacional y aficionado a la pintura. Enrique Fontanills reseñó al día siguiente la ceremonia en su sección “Habaneras”, describiéndola como una boda íntima a la que asistió un reducido grupo de familiares y amigos. La semblanza publicada en 1944 por la Guía Provincial de La Habana señalaba que el matrimonio tenía entonces dos hijos, Rafael y María Teresa Echeverría y Aranda.
La historia del matrimonio quedó también vinculada a uno de los edificios conocidos de aquella zona de La Habana. En el solar donde había estado la antigua residencia de la familia Aranda-Muñoz, en Amistad y San Miguel, se levantó en 1926 el llamado Edificio Echeverría, cuya construcción estaba concluyéndose en julio de ese año y que poco después pasó a albergar el Hotel Roosevelt.
Una reconstrucción realizada por el investigador Benito Germán Peña Gálvez identifica a María Teresa Aranda Muñoz y Rafael Echeverría Mora como propietarios del inmueble. Fotografías y postales de época permiten seguir posteriormente la transformación del edificio y su explotación hotelera durante varias décadas.
Vocación artística y actividad cultural de María Teresa Aranda
La semblanza biográfica publicada en 1944 afirmaba que María Teresa comenzó a presentarse en conciertos y festividades sociales desde los once años. Recibió formación musical y cultivó tanto el canto como el piano. Con el tiempo participó en actividades organizadas en instituciones como Pro-Arte Musical, el Lyceum, el Habana Yacht Club y el Comité France-Amérique, además de intervenir en reuniones y recitales celebrados en residencias particulares.
Su interés, sin embargo, no se limitó a la interpretación musical. María Teresa desarrolló una intensa labor de organización y promoción cultural. Formó parte del Servicio Nacional Femenino, del Congreso Pro Defensa del Niño, de la sociedad Hubert de Blanck, del Patronato de Artes Plásticas y del Patronato Pro Música Sinfónica, entre otras instituciones. También participó en la creación de Artes Típicas Cubanas, orientada a la promoción de manifestaciones artísticas nacionales.
Su iniciativa de mayor alcance fue la fundación de la Sociedad de Artes y Letras, creada oficialmente en La Habana el 7 de mayo de 1943 por iniciativa suya. María Teresa Aranda fue su primera presidenta. La institución organizó conferencias, recitales, exposiciones y otras actividades culturales, y continuó funcionando durante buena parte de la década siguiente.

Desde estas asociaciones impulsó proyectos muy diversos. Organizó actividades destinadas a recaudar fondos para la restauración de la iglesia de Santa María del Rosario, promovió exposiciones y ventas de artes típicas y pintura cubana en la Casa de Maternidad y Beneficencia y participó en excursiones culturales a Trinidad. También alentó la celebración de los salones de pintura Juan Bautista Vermay y de pintura y escultura Vicente Escobar.
Otro de sus proyectos fue la instauración del Día de las Artes y de las Letras, concebido como homenaje a Gertrudis Gómez de Avellaneda. La iniciativa tuvo continuidad durante los años siguientes y, en una de sus celebraciones, Dulce María Loynaz pronunció el 22 de marzo de 1952 una conferencia dedicada a la significación cultural de la escritora camagüeyana.
Escritora y compositora
La Guía Provincial de La Habana de 1944 atribuye a María Teresa el libro de poemas Versos de una Criolla y señala que había reunido un amplio conjunto de composiciones musicales. Entre las piezas mencionadas entonces aparecen las plegarias “Santa María del Rosario” y “Anunciación de Fray Angélico”, además de colaboraciones en revistas y periódicos.
Su actividad como compositora puede comprobarse además por documentación musical conservada. El catálogo del archivo de música de la iglesia habanera de La Merced registra a “Aranda de Echeverría, María Teresa (Nena)” entre los autores cubanos y conserva al menos dos obras impresas suyas: Plegaria a la Milagrosa, fechada en La Habana en 1942, y Himno a la Medalla Milagrosa, de 1943. En la primera aparece además identificada como presidenta de honor del Comité Pro Iglesia La Milagrosa.
María Teresa Aranda y Dulce María Loynaz
Su relación con Dulce María Loynaz constituye uno de los aspectos más interesantes de su trayectoria. No fue solamente una relación entre primas hermanas. María Teresa desempeñó un papel concreto en el proceso que condujo a la difusión de Jardín, una de las obras fundamentales de Loynaz.
El manuscrito había permanecido durante años guardado por su autora. Según el testimonio conservado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, María Teresa insistió en recuperarlo, lo mecanografió y lo entregó a la declamadora Aida Cuéllar de Valdés de la Paz, quien preparó el ensayo “Ala o raíz en el Jardín de Dulce María Loynaz”. El trabajo fue presentado en la Sociedad de Artes y Letras Cubanas el 3 de febrero de 1950. Poco después, Jardín apareció publicado en España.
María Teresa continuó defendiendo y comentando la obra de su prima. En marzo de 1952 publicó en la revista habanera Excélsior el trabajo “Comentarios del libro Jardín”, referencia que figura en la bibliografía especializada sobre Dulce María Loynaz.
Este episodio permite comprender mejor su verdadera dimensión cultural. María Teresa Aranda de Echeverría no fue únicamente una figura de la sociabilidad habanera ni una mecenas ocasional. Participó directamente en la creación de espacios para artistas, músicos y escritores, promovió instituciones y exposiciones, compuso música, escribió poesía y contribuyó a que una obra literaria de la importancia de Jardín llegara a ser conocida fuera del círculo privado de su autora.
En septiembre de 1944, numerosas instituciones artísticas, asociaciones femeninas y representantes de la sociedad habanera le ofrecieron un homenaje por su labor en favor de la cultura. La extensa semblanza que ese mismo año le dedicó la Guía Provincial de La Habana estaba escrita en el lenguaje laudatorio y social propio de aquella clase de publicaciones, pero, eliminados los elogios convencionales sobre su belleza, refinamiento o condición de “gran señora”, queda documentada una actividad cultural considerable y sostenida durante varias décadas.
A mediados de la década de 1950, María Teresa Aranda y Rafael Echevarría residían en el Hotel Residencial Rosita de Hornedo, en Avenida 1.ª y O, Miramar. La Guía Social de La Habana de 1956 registra allí al matrimonio junto con sus dos hijos, María Teresa y Rafael.
La trayectoria conocida de María Teresa Aranda de Echeverría puede seguirse documentalmente, al menos, hasta la década de 1950. Su fecha y lugar de fallecimiento no han podido ser establecidos hasta ahora con una fuente fiable. De hecho, el catálogo especializado del archivo musical de La Merced todavía la registra como “Cuba, ?-?”, sin fechas biográficas precisas.
Su figura merece ser recuperada no únicamente por su parentesco con Dulce María Loynaz, sino por derecho propio. María Teresa “Nena” Aranda fue una de las mujeres que contribuyeron a sostener y organizar la vida artística habanera de las décadas de 1930, 1940 y 1950, y su actuación al frente de Artes y Letras Cubanas constituye una parte poco recordada de la historia cultural de la República.
Fuentes principales
- “María Teresa Aranda de Echeverría”. Guía Provincial de La Habana. Comercial, Industrial, Profesional, Agrícola y Social. La Habana: Editorial Panamericana, Burgay y Cía., 1944.
- Peña Gálvez, Benito Germán. Publicación sobre el Edificio Echeverría, Hotel Roosevelt y las familias Aranda-Muñoz y Loynaz-Muñoz. Facebook.
- Personalidades y negocios de la Habana
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