
El Águila fue un tostadero de café establecido en La Habana, propiedad de Juan Varela Grande. Su dueño, llegado de la lejana Galicia hacia 1888, a los 16 años, fue descrito en una semblanza de época como uno de aquellos “modernos conquistadores” que venían con la cabeza llena de ilusiones y el brazo fortalecido por el trabajo.
Hizo entonces, como todos ellos, los inocentones rapaciños de sano corazón: entrar de dependiente en la misma casa que, corriendo los años, y gracias a su laboriosidad e inteligencia, llegó a ser el dueño.
La rica casa nombrada “El Águila” se levantaba orgullosa en la calle del mismo nombre, Águila número 162, en la Habana y de este tostadero de café la solvencia era reconocida y respetada en el mundo de los negocios.
¡La vida laboriosa del señor Juan Varela Grande! Es todo un poema de titánico esfuerzo. Y sin olvidar a su terruño adorado, en donde su señora madre, doña Dolores Grande viuda de Varela, gracias al triunfo de su hijo, pasa feliz los últimos días de su honrada vida; sin echar al olvido el poético país de su nacimiento, ha formado un hogar modelo en la Habana, su campo de batalla y su campo de triunfos.

Aquí contrajo nupcias en el año de 1900 con la señorita Teresa Álvarez Marlés, cubana encantadora que en el hogar se convertiría en esposa amantísima y madre abnegada y cariñosa de cuatro cubanitos, que fueron aprovechados estudiantes de carrera profesional, uno de los cuales se recibió de Perito Mercantil.
Sus hijos se llamaban Rosendo, Dolores, Juanito, Carmita y Ángel. Entre ellos, Rosendo Varela y Álvarez llegó a ser propietario mayoritario de Guane, Varela y Co., vicepresidente y accionista minoritario del Banco de Fomento Comercial, así como consejero suplente de la Compañía de Seguros Mutuos contra Incendios El Iris, además de participar en otros negocios.1




La casa El Águila del señor Varela, era uno de los más acreditados tostaderos de café en la Habana, giro que llevado con pericia y maestra mano, alcanzó a un floreciente estado.

Tomándose un descanso de la ruda labor y sintiendo la imperiosa necesidad de alejarse en vacaciones del centro de sus negocios, aprovechó la pasada crisis causada por la I Guerra Mundial para regresar a España, donde el cariño maternal le retuvo once meses.
Su hogar, sin embargo, y sus negocios, le hicieron regresar a la Habana, y a su regreso el hábil comerciante introdujo vastas reformas en sus almacenes de café, reformas que esperaba tendrían un benéfico resultado en muy poco tiempo.
El señor Juan Varela era, lo que en lengua criolla se llama un español aplatanado, peregrino y pintoresco nombre que cariñosamente se le daba al que, a través de los años y las luchas, llegó a tener a Cuba como su segunda patria, y formaba en ella el hogar que le retendría hasta la muerte.

Hombres como este son los necesarios. Sanos, inteligentes, laboriosos, honrados, que a su propio esfuerzo debieron su felicidad y bienestar, y que constituían lo que en los Estados Unidos se llama un self-made man.
Al frente de los negocios de su casa, cuyo teléfono era el A-1798, se le encontraba siempre, impulsando con su energía y constante laboriosidad la prosperidad de uno de los más acreditados tostaderos y almacenes de café con que contaba la Habana.
Juan Varela Grande fue Socio Meritísimo y Presidente de Mérito de la Beneficencia Gallega y de Honor del Centro Gallego de la Habana.2 Falleció el tres de mayo de 1953 y su entierro fue una gran manifestación de duelo.3
Al cumplirse el primer mes de su sentido deceso por su alma se ofrecieron solemnes honras fúnebres en la Iglesia del Sagrado Corazón, en la Calzada de la Reina, oficiadas por el abad mitrado de Samos doctor Mauro Gómez Pereira.4
Fallecido el sr. Varela su viuda e hijos cedieron al Centro Gallego bonos por valor de $7,450.95.5 Apreciado el gesto por la institución social se mencionó y se agradeció en Junta General de la Beneficencia Gallega en los salones de la Casa de Galicia en 1955.
Por el alma del señor Juan Varela Grande se realizó el 3 de mayo de 1955 una misa de réquiem en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de Reina, y a esta invitaron a sus amistades su viuda señora Teresa Álvarez y sus hijos Rosendo, Juanito, Angelito, Lola y Carmiña, en su nombre y en el de los demás familiares.6
Bibliografía y notas
- “Triunfo de laboriosidad.” Revista El Fígaro. Año XXXIX, núm. 21, 21 de mayo de 1922, p. 343.
- Juan Varela Grande nació en la parroquia de Limodre, del término de Fene, en la provincia de A Coruña.
- Personalidades y negocios de la Habana
- Jiménez Soler, Guillermo. “Rosendo Varela Álvarez.” Los Propietarios de Cuba 1958. 4.a ed. Ciencias Sociales, 2014, p. 565. ↩︎
- “Misa por don Juan Varela Grande.” “Sociedades Españolas.” Diario de la Marina. Año CXXII, núm. 144, 20 de junio de 1954, p. 32 (8B). ↩︎
- “Gran manifestación de duelo el entierro del Sr. J. Varela Grande.” Diario de la Marina. Año CXXI, núm. 105, 5 de mayo de 1953, pp. 1, 27. ↩︎
- “Misa por el alma de D. Juan Varela Grande.” Diario de la Marina. Año CXXI, núm. 125, 29 de mayo de 1953, p. 8. ↩︎
- “Sociedades Españolas.” Diario de la Marina. Año CXXIII, núm. 54, 4 de marzo de 1955, p. 10. ↩︎
- “Por el alma de don Juan Varela Grande.” Diario de la Marina. Año CXXIII, núm. 104, 3 de mayo de 1955, p. 34. ↩︎
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