
Era La Victoria un café y restaurante propiedad de los Hermanos González en la Habana. Eusebio, Antonio, Basilio y Laurentino González Orejas eran los cuatro hermanos que dedicados al comercio lograron poseer dos grandes establecimientos, en el centro de la capital cubana.
Aunque eran jóvenes —el mayor no contaba que 32 años— llevaban hacia 1922 veinte años de residencia en la República. En plena niñez abandonaron León, su región natal, para trabajar en América, ansiosos de alcanzar una posición económica independiente.

Los guiaba por esa buena senda, Pedro González su amante padre, bajo cuya égida dieron los primeros pasos. En el señor Pablo Orejas hallaron, también, noble protección; pero pronto hubieron de luchar solos y solos supieron vencer.

En la conjunción de las calles de Oficios y Luz se levantaba un hermoso edificio, de reciente construcción por aquella época, para ser asiento de un magnífico establecimiento comercial. El aire, la luz, el fresco, el confort daban a dicha casa risueño aspecto. Era un sitio que atraía y agradaba.
Allí instalaron los hermanos González un café y restaurante, que rivalizaba con los mejores de la capital por sus admirables condiciones y la excelencia de sus servicios. Nada faltaba en este café, que contaba, además, con un buen departamento de repostería, lunch y confitería.
Después de examinar bien el referido establecimiento quisimos conocer a sus dueños. Eran, como dijimos, cuatro mozos amables, laboriosos, inteligentes y finos. Se veía en ellos, cuatro brazos luchadores, a cuatro paladines del trabajo.

Dirigían ellos sus negocios que eran varios y todos muy sólidos y bien administrados. Además del café y restaurante de Oficios y Luz, poseían en Oficios y Muralla un gran almacén de víveres finos y licores que, ya tenía y desde hacía años, extenso crédito en la plaza por ser, sin duda, uno de los más fuertes y mejor surtidos de Cuba.
Si el café y restaurante era excelente y anunciaba un porvenir espléndido, el almacén representa, por sí solo, una fortuna sana, respetable, que habrá de acrecer día por día, Cualquiera de ambos establecimientos es un negocio próspero y seguro.




Naturalmente el almacén es más antiguo y la representación general y exclusiva de que gozan los hermanos González, de los famosos vinos de la región leonesa y de los célebres whiskies de Escocia y Canadá, les daban, en el mercado, una posición dominante.
Buen ejemplo son estos jóvenes y acaudalados comerciantes de que en la lucha por la vida, la victoria es de la inteligencia, de la perseverancia, de la energía y de la laboriosidad.

A fines de 1956 el Bar Restaurante La Victoria se publicita en la capitalina calle de Oficios y Luz, respondiendo al teléfono A-0634, como la casa más antigua del arroz con mariscos.
Allí se vendían entremés de productos españoles, Cocktail de ostiones frescos, Cocktail de camarones, Rueda de pargo grillé, Caldo gallego, Paella Valenciana, Arroz con mariscos negros a La Victoria, Pollitos rellenos, Langosta Termidor y Sardinas gallegas frescas entre otros. El parqueo era fácil en la plazoleta de Luz y frente a La Victoria.1
Bibliografía y notas
- “Bar Restaurant La Victoria.” Diario de la Marina. Año CXXIV, núm. 294, 16 de diciembre de 1956, p. 1B ↩︎
- “Del Ambiente Comercial.” Revista El Fígaro. Año XXXIX, 1922.
- Personalidades y negocios de la Habana
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