
Amalia Simoni, viuda del mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, falleció el 23 de enero de 1918. Su muerte fue recibida como una pérdida dolorosa para Cuba, pues la insigne camagüeyana había compartido con Agramonte los sacrificios, separaciones y peligros de la Guerra de los Diez Años.
Este texto, publicado poco después de su fallecimiento, recuerda la historia de amor entre ambos patriotas y reproduce fragmentos escritos por Aurelia Castillo de González sobre la belleza, cultura y firmeza de carácter de Amalia Simoni.
La señora Amalia Simoni, viuda del mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, falleció el 23 de enero de 1918.
Duelo grande éste para la patria, ya que la insigne camagüeyana compartió, como esposa y compañera adorada, con el Bayardo de nuestra Guerra Grande, las vicisitudes y penalidades de la epopeya cruenta1. El bravo guerrero, del que un contemporáneo suyo ha podido justamente afirmar que él podía repetir la frase que pone el poeta inglés en los labios de César:
“El peligro y yo somos dos leones, que hemos salido del mismo vientre; pero yo soy el primogénito”, ese mismo rayo de la guerra, tuvo siempre para su esposa, su “adorada Amalia”, amor inmenso, fidelidad constante y consagración no interrumpida.
Cuando estalló la guerra de Yara, casi recién casados, Agramonte lo abandonó todo por servir a su patria con su espada y con su sangre. Pero desde los campos de Cuba revolucionaria, tenía siempre el corazón y el pensamiento fijes en la compañera de sus amores, y después de un combate o en los momentáneos descansos de la vida guerrera, le escribía cartas apasionadas rebosantes de amor y patriotismo o le visitaba rápidamente en el refugio donde ella residía con su familia.
Aurelia Castillo de González2 ha escrito de estos amores y de estas dos heroicas figuras, páginas sencillas y grandiosas. De ellas entre sacamos estos párrafos, como tributo a la memoria de la noble matrona e insigne y venerable camagüeyana, piadosas siemprevivas que depositamos sobre su tumba recién abierta a la gloria inmarcesible de la inmortalidad…
En la época a que me estoy refiriendo, brillaba en Puerto Príncipe una rica constelación de jóvenes bellísimas, y eran de las primeras entre ellas las hermanas Amalia y Matilde Simoni.
Esta, la menor, se hallaba ya casada con un joven de soberana hermosura y de corazón más bello aun: Eduardo Agramonte, primo segundo de Ignacio. Sus grandes ojos azules, su frente blanquísima y despejada, daban tal claridad a su varonil semblante, que parecía alumbrar el sitio en que se presentaba. Su muerte en los campos de Cuba fué heroica y generosa, digno coronamiento de toda su noble existencia.
Para pintar a Amalia sería muy gráfica la expresión inventada por serviles cortesanos, repetida en pleno deslumbramiento de imaginación por multitudes primitivas y no primitivas, y que en plena democracia perdura: “¡Parecía una reina!” Sí; al arrogante cuerpo de Amalia Simoni, a su apostura altiva, hubiesen caído perfectamente la corona y el manto regios.
Sus negros ojos eran hermosísimos; la profusa manta de sus cabellos, estando suelta, formaba espléndido manto de sombras a su gentil figura de líneas helénicas, y podía recordar, salvo el color, la que en doradas ondas envuelve casi por completo a la Magdalena del Tiziano, bajando de la fina y atormentada cabeza, cual si fuesen ondas de llanto también, como el que corre de los bellos ojos, no tanto por las pasadas faltas cuanto por el perdido y purísimo amor presente que la transfigura de pecadora en santa.
Añadid a aquellos encantos físicos de Amalia una cultura exquisita adquirida en viajes tan extensos, que de Europa solamente le faltó visitar a Rusia; y esto fué un privilegio y un prestigio de que ella y su hermana únicamente gozaron entonces en Puerto Príncipe;
Pensad que esa joven cantaba con deliciosa y bien educada voz; que hablaba correctamente varios idiomas, y comprenderéis cómo se grabó para siempre su imagen seductora en el corazón del joven que iba muy pronto a ser héroe: comprenderéis, como lo comprendieron, o mejor, lo sintieron ellos, que Amalia era digna de lgnacio, e Ignacio digno de Amalia.
Mas no dejó de interponerse entre los amantes ligera nube, que costó algunas lágrimas a la enamorada joven. El doctor Ramón Simoni gozaba de muy buena posición; quería con extremo a su hija; la veía llena de gracias, y es bien seguro que, si no pensaba en un príncipe para ella, era porque no había príncipes en Cuba.
Pero había jóvenes ricos en la Habana que anhelaban la mano de Amalia, y Agramonte, aunque de familia distinguida y que disfrutaba de posición desahogada, no contaba por entonces más que con su carrera de abogado; notable desde luego, pues había llamado ya poderosamente la atención en la Habana al desarrollar su tesis de grado, para obtener el de licenciado.
Otra demostración de su elocuencia forense, fué la primera defensa que hizo en Puerto Príncipe, la que motivó que la Audiencia en pleno fuese a felicitarlo.
A esa persuasiva palabra había de rendirse Simoni. Estaban todos en la Habana, y hospedaba la familia de Amalia el marqués de Casa Calderón, gran favorecedor de la interesante pareja. Amalia confió a Ignacio las objeciones de su padre, a quien ella había dicho: “No te daré el disgusto, papá, de casarme en contra de tu voluntad; pero, si no con Ignacio, con nadie lo haré”.
Agramonte no se inquietó lo más mínimo. Invitó para el día siguiente a Simoni a almorzar con él. No le disimuló nada absolutamente del grave compromiso que tenía contraído con la Revolución, próxima ya a estallar, según se creía, y aquella elocuencia y esta lealtad conquistaron al padre, que volvió a la casa radiante de alegría, a dar con un abrazo la fausta nueva de su derrota a su contristada hija.
Con esto y la promesa de Agramonte de avisar a Amalia para que se preparase, si el intento de revolución fracasaba por entonces, regresó la familia a Puerto Príncipe, y poco después recibió la joven estas pocas líneas:
“Tout est perdu, moins l’honneur. Prepárate.”
La boda se efectuó en esa ciudad, en la Parroquial Mayor el 2 de Agosto de 1868, habiéndolos apadrinado el doctor José Ramón Simoni, y la señora Filomena Loynaz y Caballero, madre del novio.
Ignacio Agramonte, nacido allí, de veintiseis años entonces, cerca de veintisiete, pues fué la fecha de su nacimiento el 23 de diciembre de 1841, dejó a su amada compañera el 11 de noviembre del 68, y ella con sus padres y hermanos (Matilde y Eduardo), que ya tenían un niño, le siguió el 1o. de diciembre de aquel mismo año, según habían convenido.
Fueron a vivir en “La Matilde”, finca del doctor Simoni, a diez leguas de la ciudad, y allí estuvieron un año, incluídas breves ausencias o fugas a que las circunstancias obligaban.
En una de aquellas ausencias de “La Matilde” fué la familia Simoni a residir en un punto del distrito de Cubitas denominado Arroyo Hondo, y allí nació el primogénito de Ignacio y Amalia.
De la ternura inmensa que le inspiraba su esposa dan muestra cumplida las cartas, los papelitos mejor dicho, que ella me confió y de las que voy a copiar una sola. Es del 9 de noviembre del año 69 y está fechada en Las Delicias. Dice así:
“Mi siempre adorada Amalia: me hallo sin novedad, pero lleno de ansiedad por verte. Marcho ahora hacia el Sur, y supongo que dentro de cinco o seis días estará a tu lado tu delirante compañero, Ignacio.”
Esos papelitos eran escritos aprovechando momentos de llegada a algún punto, o inmediatamente después de alguna acción. De los que tengo a la vista ninguno hace referencia a hechos de armas; pero en todos se advierte, por la omisión misma de esas alusiones, la preocupación constante de alejar de Amalia, como si eso hubiese sido posible, la idea de la guerra, de los riesgos a que se lanzaba.
Y se comprende, por esas mismas circunstancias trágicas que envolvían a los nuevos esposos, cuál debió ser el grado de exaltación a que llegó un amor que desde sus comienzos había sido grande, y cómo se convirtió por último en culto idolátrico.
El fallecimiento de Amalia Simoni viuda del General Ignacio Agramonte
En su residencia del Vedado dejó de existir ayer (23 de enero de 1918) la respetable y virtuosa matrona camagüeyana, señora Amalia Simoni. Viuda del General Ignacio Agramonte.
Con tan sensible motivo el presidente de la República ha dirigido la siguiente alocución:
Al pueblo de Cuba:
Cumplo con honda pena el triste deber de comunicar al pueblo de Cuba el fallecimiento ocurrido en esta capital, de la ilustre señora Amalia Simoni, viuda del insigne caudillo, Mayor General Ignacio Agramonte Loinaz, General en Jefe del Ejército Libertador en la guerra de 1868, modelo de patriotas y de soldados; e invito a todos mis conciudadanos para que a las tres de la tarde del día de mañana veinte y cuatro, concurran al Salón de Sesiones del Ayuntamiento para acompañar al Cementerio de Colón los restos mortales de tan esclarecida compatriota.
Palacio de la Presidencia, en la Habana, a veinte y tres de enero de mil novecientos diez y ocho.
M. G. MENOCAL.
También ha dirigido el Alcalde la alocución siguiente:
Al pueblo de la Habana:
Ha fallecido en esta ciudad la señora Amalia Simoni, Viuda del glorioso caudillo de nuestras libertades, Mayor General Ignacio Agramonte Loinaz.
Entendiendo esta Alcaldía que la República no puede permanecer indiferente ante la sensible pérdida de la que fué virtuosa compañera del egregio libertador camagüeyano, ha dispuesto que el cadáver de la noble matrona fallecida, sea tendido el Salón de Sesiones del Ayuntamiento para que se le tributen los honores merecidos, y cumplo un deber ineludible dirigiéndome al pueblo de la Habana e incitándole para que comparta con la familia de la ilustre desaparecida el dolor que experimente y para que concurra al triste acto del sepelio que se efectuará mañana a las 3 p. m., saliendo el fúnebre cortejo de la Casa Ayuntamiento, sita en Obispo y Mercaderes.
Habana, enero 23 de 1918.
M. VARONA. Alcalde Municipal.
Poder Ejecutivo. Secretaría de la Guerra y Marina. Decreto núm. 86.
Con motivo del fallecimiento de la ilustre señora Amalia Simoni, viuda del Mayor General Ignacio Agramonte Loinaz, General en Jefe que fué del Ejército Libertador en la guerra de 1868, y teniendo en cuenta los insignes méritos y eminentes servicios prestados a la patria por el inmortal caudillo de quien fué ejemplar compañera.
A propuesta de los Secretarios de la Guerra y Marina y de Gobernación,
RESUELVO:
Que todos los Jefes y Oficiales y francos de servicio de las fuerzas armadas de mar y tierra, así como los funcionarios y empleados de los diferentos órdenes de la Administración Pública asistan a los funerales.
Los Secretarios de la Guerra y Marina y de Gobernación quedan encargados de la ejecución del presente Decreto.
Palacio de la Presidencia, en la Habana, a veinte y tres de enero de mil novecientos diez y ocho.
M. G. MENOCAL, Presidente. —JOSÉ MARTÍ, Secretario de la Guerra y Marina.
El señor Presidente de la República llamó ayer a Palacio al Alcalde Municipal de la Habana, doctor Varona Suárez, y al Secretario de Agricultura, General Sánchez Agramonte para recomendarles todo lo concerniente al entierro de la señora Amalia Simoni, viuda del General en Jefe de los Ejércitos Libertadores en la guerra de los diez años, señor Ignacio Agramonte.
A la reunión concurrió también el Secretario de la Guerra, Brigadier Martí.
El cadáver de la señora Amalia Simoni, Viuda del General Agramonte, será trasladado hoy a las ocho y media de la mañana desde la casa mortuoria al Salón de Sesiones del Ayuntamiento, donde quedará expuesto en capilla ardiente hasta por la tarde que se verificará el entierro.
En señal de duelo no habrá trabajo hoy en las oficinas municipales.
El Jefe del Estado ha ofrendado una corona.
También el doctor Varona ha ofrendado dos coronas, una como particular y otra como Alcalde de la Habana. Igualmente han dedicado coronas a la desaparecida el Presidente del Ayuntamiento, señor Alfredo Hornedo y los concejales.
Mientras el cadáver permanezca en capilla ardiente le prestarán guardia de honor las autoridades, funcionarios y empleados municipales.
El cadáver de la Viuda del general Agramonte en Capilla
ALOCUCIONES DEL GENERAL EMILIO NÚÑEZ Y DEL DR. EMIlIO DEL JUNCO.
El cadáver de la viuda del General Agramonte en capilla.
De acuerdo con lo dispuesto por el Alcalde Municipal esta mañana se efectuó el acto de trasladar a la casa municipal los despojos mortales de la respetable matrona que fue compañera del Mayor General Ignacio Agramonte, señora Amalia Simoni.
En una lujosa carroza llegó el féretro a la casa consistorial, escoltado por sus familiares, el Alcalde y diversas representaciones oficiales. Hasta la capilla ardiente, levantada en el Salón de Sesiones de la Cámara Municipal, fué llevado el sarcófago en hombros de su hijo político, señor Graciano Betancourt; del Alcalde Municipal; del señor Aurelio Méndez; y de los señores Eugenio y Armando Sánchez Agramonte.
El mencionado Salón de Sesiones ha sido seriamente decorado así como las escaleras y balcones que ostentan colgaduras negras. El sarcófago es de acero bronceado. Doce grandes candelabros de plata y bronce, han sido colocados en la capilla.
Por recomendación expresa de los familiares se han suprimido las guardias de honor al cadáver. Entre otras coronas figuran las ofrendadas por los deudos, el señor Presidente de la República, el Alcalde de la Habana, el Consejo Nacional de Veteranos, el Consejo Provincial de Camagüey, el Presidente del Ayuntamiento habanero y otras Corporaciones.
El hijo de la extinta señor Ignacio Agramonte y Simoni, llegará esta tarde de Camagüey para el acto del sepelio.
El Alcalde ha dispuesto que los Jefes de Departamento se turnen en recibir y atender al público que concurra.
El sepelio tendrá efecto esta tarde a las tres y el itinerario marcado es el siguiente: Obispo, Mercaderes, O’Reilly, Zulueta, Neptuno, Paseo de Martí, San Rafael, Avenida de Italia, Reina, Carlos III, Zapata hasta el Cementerio.
A LOS VETERANOS DE LA INDEPENDENCIA.
Habiendo fallecido la señora Amalia Simoni, viuda de Agramonte, la fiel compañera del mayor general Ignacio Agramonte Loynaz, una de las glorias más legítimas de Cuba, como soldado y organizador, como patriota y gran ciudadano, el Consejo Nacional de Veteranos invita a todos los miembros del Ejército Libertador para que asistan a los funerales de la distinguida y noble desaparecida, los cuales tendrán efecto en el día de mañana jueves a las 3 p.m. partiendo el féretro de la Casa Ayuntamiento.
Habana, 23 de enero de 1918 .
Emilio Núñez. Presidente del Consejo Nacional de Veteranos de la Independencia.
Bibliografía
- Castillo de González, Aurelia. “Para un héroe, una belleza. La viuda de Agramonte. Revista Social. Vol. 3, núm. 2, Febrero de 1918, pp. 13-14.
- “El fallecimiento de la Vda. del General Ignacio Agramonte”. Diario de la Marina. Año LXXXVI, núm. 24, 24 de enero de 1918, pp. 1 y 14.
- “El cadáver de la viuda del general Agramonte en Capilla”. Diario de la Marina. Año LXXXVI, núm. 20, Ed. Vespertina, 24 de enero de 1918, pp. 1 y 9.
- “Ignacio Agramonte y sus hermanos”. Revista El Fígaro. Año XIX, núm. 7, 15 febrero 1903, p. 85.
- Barnet, G. J. “Triste nota histórica, 11 de mayo de 1873”. Revista Ilustrada Cuba y América, vol. XIV, núm. 8, Feb. 1904, 200-202.
- Se ha cambiado “epopeya incruenta” por “epopeya cruenta”, pues incruenta significa “sin derramamiento de sangre” y parece una errata de impresión o de transcripción. ↩︎
- Aurelia Castillo de González fue una escritora, periodista y patriota camagüeyana, amiga personal de Ignacio Agramonte y Amalia Simoni. Autora de Ignacio Agramonte en la vida privada, recogió recuerdos y documentos que le fueron confiados por la propia viuda del Mayor. ↩︎
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