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El día de San Juan de antaño: guamos, baños y supersticiones

24/06/2026 Por Almar Deja un comentario

Ilustración de la fiesta de San Juan en Cuba, con mujeres bañándose en el río, vecinos mirando el fondo de un pozo y un hombre tocando un guamo.
Recreación artística de las antiguas celebraciones de San Juan descritas por Manuel de J. Lastre: el baño de las mujeres en el río, la contemplación del agua del pozo y el sonido del “guamo”.

El día de San Juan se celebra el 24 de junio, fecha en que el calendario cristiano conmemora el nacimiento de san Juan Bautista. En Cuba, como en otros países de tradición hispánica, la festividad incorporó antiguas prácticas populares relacionadas con el agua, el fuego, los presagios y la llegada del verano.

Desde la víspera, el sonido bronco de los “guamos” anunciaba la proximidad de la fiesta, mientras las familias se preparaban para los baños rituales en los ríos, la contemplación del agua de los pozos y las fogatas que iluminaban plazas y bocacalles.

En este texto, Manuel de J. Lastre recuerda aquellas tradiciones desde una mirada nostálgica y, al mismo tiempo, crítica. Su relato conserva la memoria de un San Juan popular y bullicioso que, según el autor, comenzaba ya a desaparecer ante el avance de nuevas costumbres y de una modernidad menos espontánea.

Era una preocupación entre los muchachos del pueblo, que desde muchos días antes se preparaban para recibir jubilosamente el día ansiado. Para aquellas fiestas, anunciando la llegada “del San Juan”, se fabricaba un instrumento especial que, en las horas de la víspera, se oía por todas partes.

Con un cuerno de res —mientras más grande, mejor para el tono bajo—, cortando el puntiagudo extremo hasta lograr una abertura que se ajustara a la boca, se construía un “guamo”1. Esta labor acaparaba la actualidad entre el mundo callejero, que en sus reuniones por la vía pública comentaba y discutía las condiciones del instrumento, sus rugosidades de sonido2, la intensidad de este, el tamaño de aquel, su forma y hasta la procedencia que tuvo.

Y así, desde las primeras horas del día anterior, se proclamaba por todas partes la llegada del San Juan. Cien y cien “guamos”, manejados por heraldos populares de la fiesta bulliciosa, sonaban larga y acompasadamente desde todas las esquinas, desde el fondo de los patios, desde parques y paseos; y en los suburbios de la ciudad ya comenzaban los preparativos de las diversiones, que no cesaban hasta la noche del día siguiente.

Luego, el día de San Juan tenía sus detalles peculiares, sus tradiciones características.

Por ejemplo: el baño en el río. Innumerables familias, entre las cuales las categorías sociales caían en desuso por algunas horas, se esforzaban en madrugar excesivamente, encaminándose hasta algunos ríos lejanos, distantes tres o cuatro leguas de la población, para regalarse el cuerpo con la fría caricia, porque en esa mañana de San Juan el agua tenía virtudes piadosas para el cutis arrugado y para la extremidad enferma.

De esta simpática jornada eran excluidos los hombres. Y ya había temas para el día entre los vecinos, pues siempre se contaban las peripecias de la jornada, los incidentes inesperados y las graciosas ocurrencias.

Después, había que aguardar hasta las doce en punto para arrancarle al día otro de sus milagros. Si al punto de esa hora alguno de los de casa se asomaba desde el brocal del pozo, veía retratada en el fondo, sobre la superficie del cristal del agua, alguna escena que habría de ocurrir en el futuro a la familia.

Y muchos creyentes juraban y perjuraban que el pozo les había anunciado un dolor terrible en un entierro que por allí pasaba o en una mancha rojiza como un charco de sangre; o una alegría suprema al contemplar, en el círculo de agua, el cortejo de una boda y, en ocasiones, una alfombra maravillosa de flores.

Luego, ya no había diversiones hasta la noche, cuando las fogatas alumbraban escandalosamente desde las plazas y bocacalles.

Y durante el día, incesante e incansablemente, los “guamos” dejaban oír su ronco son de un extremo a otro de la ciudad.

Pero ya la tradición pasó. La ingenua leyenda fue desbaratada por el mismo pueblo que gusta de gozar las violentas sensaciones de lo inesperado. Prefiere, a esa tranquila emoción del día que se espera, la sacudida trepidante del accidente funesto —sea individual o colectivo—, si por él se alborota su instinto bestial, aunque por él también el dolor haya tocado a la otra puerta.

El “San Juan” de las peregrinaciones sencillas, de las supersticiones temidas, de los escándalos de luz en plazas y calles, ha desaparecido. Lo sustituye otro “San Juan” más etiquetero, menos popular. El “San Juan” de la tarjeta, siempre convencional e hipócrita, de la salvilla regalada. Es un día metódico, mortificante; puede decirse que triste: en mi pueblo, por supuesto. Y hasta el “guamo” de rudimentaria estructura, cuya sonata corría por la ciudad entera, ya no suena clamorosamente.

Y no sería difícil que, en conmemoración del “día de San Juan”, se oyeran en la voz del “guamo” los tétricos aires de una corneta.

Por aquello de anunciar la “civilización” que llega…

Manuel de J. LASTRE

Manuel de Jesús Lastre Manduley, profesor, periodista y poeta holguinero. Fue fundador del Colegio Cubano, director del Heraldo de Holguín entre 1915 y 1917 y autor de composiciones de carácter cívico, entre ellas el “Himno Holguinero”. Desarrolló durante varias décadas una destacada labor educativa en su ciudad natal. Su fallecimiento ha sido situado en Holguín, en agosto de 1962, aunque este dato requiere confirmación documental.

Bibliografía

  • de J. Lastre, Manuel. “Crónicas al vuelo. San Juan”. Diario de la Marina. Año LXXXV, núm. 175, 24 de junio de 1917
  • Historias, leyendas y tradiciones de Cuba
  1. Guamo.— El Diccionario de la lengua española registra esta voz en Cuba como el nombre de un instrumento de viento que los indígenas fabricaban con un cobo y cuyo sonido bronco podía oírse a gran distancia. En el presente texto, sin embargo, Manuel de J. Lastre denomina “guamo” a un instrumento popular construido con un cuerno de res. Es posible que se trate de una extensión regional del término, aplicada a instrumentos semejantes por la forma de ejecución y por la intensidad y gravedad de su sonido. ↩︎
  2. Nota del editor.— Para facilitar la lectura, se han actualizado la acentuación, la puntuación y el uso de mayúsculas conforme a las normas actuales, sin modificar el vocabulario ni el tono del autor. También se corrigieron algunas erratas evidentes de impresión o transcripción y se ajustaron ciertas concordancias gramaticales.
    En el pasaje relativo a las características del “guamo”, la lectura “reguridades de sonido” se ha sustituido provisionalmente por “rugosidades de sonido”, al considerarse una probable errata. Asimismo, en la frase referente al baño de San Juan se ha cambiado “sin la fría caricia” por “con la fría caricia”, por exigirlo el sentido del pasaje. Ambas intervenciones editoriales deberán cotejarse con el ejemplar original. ↩︎

Publicado en: Historias, leyendas y tradiciones Etiquetado como: Diario de la Marina, Fiesta de San Juan, Manuel de Jesús Lastre Manduley, Supersticiones cubanas, Tradiciones cubanas

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