
En junio de 1929, el Diario de la Marina publicó una breve autobiografía de Nicolás Rivero y Muñiz, escrita por él mismo años antes y acompañada de varias notas añadidas después de su muerte. En esas páginas, Rivero resumió con notable concisión una trayectoria marcada por su participación en las guerras carlistas, el exilio, su llegada a Cuba, sus primeros cargos públicos y, finalmente, su incorporación al periodismo, actividad a la que dedicaría buena parte de su vida.
El texto permite acercarse no solo a la figura del director del Diario de la Marina, sino también a la manera en que él mismo quiso recordar su pasado y a la imagen que el periódico construyó posteriormente de su legado profesional y familiar.
Autobiografía de don Nicolás Rivero
Nací en las Callejas (Carda) el 23 de Septiembre de 1849. Fui a la escuela de la Villa (Convento de arriba). Asistí como alumno a la inauguración del colegio de Valdedios. Cursé Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar de Oviedo.
Formé en la partida carlista que en el 21 de Abril de 1872 levantó en Teberga Vigurí. Caí prisionero en Terevarrio con mis compañeros de armas.
Estuve nueve meses preso en la cárcel de Oviedo y otros nueve deportado en Canarias, siendo al fin conducido a la Habana con otros cuatrocientos prisioneros.
Me hicieron en Cuba artillero de montaña; pasé el vómito negro, me fugué y penetré en Navarra por la frontera francesa. De Estella fui a Vizcaya, como Alférez del Cuarto de Castilla. Tres meses después pasé al Ejército del centro, ingresando como Alférez de la Compañía del Cuarto de Aragón.
Serví allí dos años, hasta que a fines del 75, deshecho el ejército del centro y Cataluña, emigré a Francia, siendo Comandante. Y allí permanecí emigrado hasta que un año después me acogí a la amnistía.
De vuelta a Asturias cursé en la Universidad de Oviedo la carrera del Notariado.
El año de 1880 emigré a Cuba. Fuí Secretario del Ayuntamiento de Bauta y merced a una injusticia que me hizo el Gobernador Civil de la Habana acudí a la prensa a defenderme y desde entonces soy periodista. Redacté y dirigí “El Relámpago”, hasta que fui deportado a España por el general Blanco.
Volví a Cuba y, como no me dejaron publicar “El Relámpago” publiqué “El Rayo” y después “La Centella” y después “El General Tacón” y al mismo tiempo “El Eco de Covadonga” y “El Eco de los Voluntarios”.
Por denunciar inmoralidades administrativas estuve preso en casi todas las fortalezas de esta plaza.
Por suscripción pública iniciada en “La Voz de Cuba” se recaudaron mil ochocientos pesos para regalarme una escribanía.
Fuí diputado Provincial, vicepresidente y Presidente interino, durante varios años, de la Diputación Provincial de la Habana. El año de 1894 entré de Redactor en el DIARIO DE LA MARINA. El 95 me nombraron Director.
Por defender las reformas de Maura primero y la Autonomía después, estuve sitiado por las turbas, que pedían mi cabeza, durante ocho días.
Después aquellos españoles obcecados vieron que yo no era tan mal patriota como ellos se figuraban y hoy todos son amigos míos.
Conocí y traté a muchos Gobernadores Militares de la Isla de Cuba, desde Blanco, en su primera época, hasta Martínez Campos y Weyler en los tiempos desastrosos de la guerra.
Después ví pasar por el Palacio de la Plaza de Armas a los generales americanos, más tarde a Estrada Palma y por último otra vez a los interventores.
Tuve conferencias muy interesantes, que aún no se pueden publicar, con Root, con Mac Kinley y con Roosevelt.
Últimamente diéronme la Gran Cruz de Alfonso XII, cuando la que me correspondía era, si acaso, la de San Fernando, por lo mucho que batallé y sufrí en mi larga y accidentada vida en defensa de mi patria.
Soy socio de Ixuxú y volveré a Villaviciosa si Dios quiere.
(Fdo.) NICOLAS RIVERO.
Habana, Enero de 1907.
A los datos de esta autobiografía escrita, como lo ve el lector, con la sencillez de versículos bíblicos, hemos de agregar que Dios quiso, en efecto, que: Don Nicolás volviese a Villaviciosa donde estuvo con su familia en 1909.
Hemos de añadir además que el DIARIO DE LA MARINA, bajo la dirección de Don Nicolás, cuadruplicó su capital. De $100.000 lo elevó a $400.000 en 1909. Este aumento progresivo de su caja permitió la construcción del palacio que hoy ocupa y las continuas mejoras del periódico en sus páginas, en su información y en su colaboración.
Entre los títulos y honores que se le otorgaron a Don Nicolás, se cuenta el de la Encomienda de San Gregorio Magno con placa y cruz, que le concedió el Papa Benedicto XV. Es ésta la más preclara de las Ordenes pontificias.
No pudo consignar Don Nicolás en su autobiografía otro título; el del Conde del Rivero. No pudo leer la carta en que se lo notificaba su gran amigo Maura. Acababa de morir cuando llegó a su destino.
El tesoro de un hogar virtuoso fué otro de los premios que alcanzó Don Nicolás. “La Perfecta Casada”, de que nos habla Fray Luis de León encarnó en su esposa Doña Herminia Alonso de Rivero.1 Del trono fecundo de aquel hogar brotaron los que después constituyeron sus hijos.
De este tronco nacieron el actual Director del DIARIO DE LA MARINA y digno heredero de su pluma, José Ignacio Rivero; el Presidente de esta empresa, Excmo. Sr. Nicolás Rivero, segundo Conde del Rivero que con tanto esplendor mantiene y enaltece el título de que el padre no pudo disfrutar; el Dr. Felipe Rivero, Notario, ex-Director del “Avisador Comercial”; el señor Ignacio Rivero, ex-Director de la revista “Vogue” en la Habana y jefe de publicidad, y el señor Carlos Rivero, Director de “La Lista” y alto empleado del Rotograbado de este periódico.
La modestia de Don Nicolás suprimió en su autobiografía sus obras. Con aquella misma concisión, clara y exacta, con aquella misma visión certera de los hechos y de los hombres, con aquella misma sutil penetración de ingenio que avaloran sus “Actualidades” escribió “Recuerdos de Viaje” (sobre España), “Recuerdos de México”, “El Colorado”, “Veinte días en automóvil” (por Suiza y Francia) y “Memorias de mi vida”.
El duelo por su muerte correspondió a la admiración y al afecto que conquistó en su vida. La Habana entera se trasladó al cementerio tras su cadáver.2
“La Época”, de Madrid despide a Nicolás Rivero
El DIARIO DE LA MARINA, el más importante de todos los periódicos cubanos, dirigido por Don Nicolás Rivero, fué, antes y después de la independencia de la isla, un paladín constante de la causa. Mientras esto pudo hacerse, el señor Rivero, patriota ante todo, defendió el señorío de la bandera de España en Cuba, y tan pronto como la isla fué independiente encaminó sus esfuerzos a reconquistarla espiritualmente, a unirla de nuevo a la metrópoli por los lazos irrompibles del amor.
La constante labor del señor Rivero ha fructificado en obra de alta conveniencia para España y Cuba, y al desaparecer el patriota que de modo tan admirable supo comprender los intereses de ambos pueblos, deja un recuerdo imborrable.
(Del artículo necrológico de “La Época”, de Madrid).
Bibliografía y notas
- Casó con doña Herminia Alonso y Aguilar en la parroquia de la villa de Jovellanos, el 27 de febrero de 1886. ↩︎
- Nicolás Rivero falleció el 3 de junio de 1919 (N. del E.) ↩︎
- “Autobiografía de don Nicolás.” Diario de la Marina. Año XCVII, núm. 152. 2 de junio de 1929, p. 34.
- Santa Cruz y Mallén, Francisco Xavier. “Rivero.” Historia de Familias Cubanas. I. Editorial Hércules, 1940, pp. 306-307.
- Personalidades y negocios de la Habana
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