
A finales de la década de 1920, la fábrica de tabacos Peñate formaba parte del activo panorama industrial de Camajuaní. Aunque llevaba solamente dos años en funcionamiento, había conseguido distribuir sus productos en distintas regiones de Cuba y alcanzar una producción considerable.
La empresa operaba bajo la razón social Peñate y Rodríguez. Según una reseña publicada en 1929, sus gerentes eran Estanislao Peñate y Figueroa, también identificado como banquero; Domingo Rodríguez Ferrer y Miguel Rodríguez Ferrer. Luis Peñate y Figueroa figuraba como apoderado y atendía directamente las actividades de la fábrica.
El establecimiento contaba con varios departamentos correspondientes a las diferentes etapas de elaboración del tabaco. Entre ellos se encontraban las áreas de despalillo, mojado y escogida, además de las galeras donde trabajaban los torcedores. La fuente destacaba especialmente las condiciones de ventilación e higiene de las instalaciones.

Como era habitual en numerosas fábricas tabacaleras cubanas, los trabajadores escuchaban a un lector mientras realizaban sus labores. Las lecturas incluían obras científicas y literarias, una práctica vinculada a la formación cultural de los obreros del sector.
En el departamento de despalillo trabajaban principalmente mujeres, encargadas de retirar la vena central de las hojas y prepararlas para las fases posteriores de elaboración. La empresa concedía particular importancia a la escogida del tabaco, proceso mediante el cual las hojas eran clasificadas según sus características y calidad.

Hacia 1929, la fábrica elaboraba aproximadamente medio millón de tabacos de distintas vitolas. Sus propietarios proyectaban aumentar la producción para responder al crecimiento de la demanda.
Los tabacos Peñate se comercializaban mediante sucursales o agencias establecidas en La Habana, Manzanillo, Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Ciego de Ávila, Morón, Santa Clara, Caibarién, Sagua la Grande, Matanzas y Pinar del Río.
Uno de sus establecimientos más recientes era el depósito general de La Habana, situado en Lamparilla 63, por Villegas. De acuerdo con la reseña, la agencia habanera disponía de cuatro automóviles de reparto. En ella trabajaban como representantes Manuel Francos García, José Antonio Fernández y Benito Bada Gómez, además de varios vendedores cuyos nombres aparecen incompletos en el ejemplar consultado.

La extensión de su red comercial y el volumen alcanzado en apenas dos años muestran el rápido crecimiento de Peñate y Rodríguez dentro de la industria tabacalera cubana. La fábrica constituye, además, un ejemplo de la importancia que tuvo la elaboración de tabacos en la economía de Camajuaní durante las primeras décadas del siglo XX.

Bibliografía
- “Un orgullo de la industria tabaquera: Fábrica Peñate.” Diario de la Marina, 1929
- Camajuaní: término municipal, alcaldes y vida local
- Personalidades y negocios de Las Villas
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