
La Montañesa fue una importante fábrica de embutidos establecida en Camajuaní y una de las industrias destacadas de su género en Cuba durante las primeras décadas del siglo XX.

Había sido fundada en 1900 por don Victoriano Linares, tío de los gerentes que la dirigían hacia fines de la década de 1920: los señores Vicente Cosío Linares y Marcelino Cosío Linares.
Además de su papel al frente de La Montañesa, Vicente Cosío figuraba en la vida social camajuanense como presidente de la Colonia Española de Camajuaní.

En 1921, la fábrica fue adquirida por Cosío y Hermano, quienes la ampliaron, introdujeron reformas y la dotaron de aparatos modernos, de acuerdo con las exigencias de la Secretaría de Sanidad. Bajo esta administración, La Montañesa continuó acrecentando el prestigio que su fundador había sabido darle desde sus primeros años.
De distintos puntos de la Isla llegaban pedidos a la fábrica. Sus salchichones, mortadelas y chorizos se comercializaban bajo marcas como Montañesa, Linares, Pelayo, Musel y Asturiano, nombres que la reseña presentaba como garantía para el consumidor.
La fotografía siguiente permite observar una de las etapas finales del trabajo industrial de La Montañesa: la preparación de mortadelas y salchichones para su despacho, antes de ser enviados a distintos puntos de la República.

Los productos de La Montañesa se vendían en toda la República. La fuente señalaba que podían encontrarse desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio, expresión que subrayaba el alcance nacional de la distribución. Según la reseña, sus embutidos habían logrado imponerse por su calidad, por el cuidado en la selección de los materiales y por la forma en que eran condimentados.
Una de sus especialidades era el salchichón Musel. Aunque la producción alcanzaba más de mil cajas mensuales, la demanda superaba la capacidad disponible. Algo semejante ocurría con las aproximadamente mil quinientas cajas de chorizos y las ochocientas de mortadelas que salían cada mes de la fábrica.
El interior de la fábrica permite apreciar la escala alcanzada por La Montañesa, una industria camajuanense que combinaba producción local, maquinaria moderna y distribución nacional.

La empresa utilizaba maquinaria moderna y sus gerentes se mantenían atentos a los adelantos introducidos en la industria de embutidos. En ese momento instalaban un gran refrigerador con capacidad para conservar congeladas más de 15 000 libras de carne.
La reseña destacaba también las condiciones higiénicas del establecimiento y señalaba que, en el proceso de manipulación, la intervención manual había sido reducida al mínimo; incluso el cierre de las latas se realizaba mediante electricidad.
La imagen muestra a Vicente y Marcelino Cosío acompañados por el personal de La Montañesa, testimonio del volumen laboral alcanzado por la fábrica y de su importancia dentro de la industria camajuanense de la época.

En La Montañesa trabajaban más de cincuenta personas. Además, agentes de la fábrica recorrían las principales poblaciones de la República para promover sus productos y ampliar el mercado.
Uno de sus directores, Vicente Cosío, era presidente de la Colonia Española de Camajuaní. La fuente lo describe como un hombre culto y afectuoso hacia el país, interesado en mantener en alto el prestigio de la fábrica.
La reseña concluía llamando la atención sobre el hecho de que muchos lectores quizá desconocieran la existencia, en Camajuaní, de una industria de embutidos organizada con métodos modernos e higiénicos. Por ello invitaba a favorecer los productos de La Montañesa, apelando a una conocida frase martiana: “Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino”.
Bibliografía y notas
- “Vicente Cosío”. Magazine de La Lucha: Santa Clara. 1926.
- Camajuaní: término municipal, alcaldes y vida local
- Personalidades y negocios de Las Villas
Deja una respuesta