
Rafael González Veda, conocido en los archivos policiales como “El Pelele”, no era tipo de grandes escenarios para estafar. En 1937, con una orden fingida, una bodega y veinte sacos de papas, montó una maniobra simple y eficaz contra la casa Pedro Pereda y Compañía, establecida en La Habana.
Si de estafas se trata, y a usted lo escogen de monigote de feria o de pelele1 para engañarlo, prepárese para enfrentar a individuos que carecen de todo escrúpulo moral.
Aunque casi siempre eran conocidos por cómicos alias, no tenían nada de graciosos. Y, en eso de robar, utilizaban con frecuencia ardides dignos de grandes estrategas. Esta clase de estafa, adaptable a casi cualquier artículo, tenía un componente de audacia apoyado en la confianza de sus víctimas, elemento casi imprescindible para aligerar bolsillos ajenos.

A este caso, verídico en todos sus aspectos, lo llamaremos la “Estafa del Saco de Papas”. Era una de las preferidas dentro del pequeño arsenal de “cuentos chinos” que poseía Rafael González Veda —conocido también como Rafael González Pérez, Rafael Zamora González y Manuel Zamora González— para engañar a los confiados. No solo utilizaba diversos nombres: para aumentar la confusión, sus alias eran también variopintos: “El Pelele”, “El Sordo” y hasta “El Zamorano”.
Sucedió a mediados de 1937 en La Habana, precisamente contra la casa importadora de papas Pedro Pereda y Compañía, establecida en el número 1 de la calle Oficios. Hasta allí llegó “El Pelele”, presentándose como honesto empleado de una tienda de víveres, y contrató por medio de Nicolás Barbero la entrega inmediata de veinte sacos de papas con destino a la bodega La Moderna, sita en San José y San Francisco.
A la orden agregó el nombre de Miguel Pérez, lo que hizo creer que el pedido era legítimo. Ganada ya la confianza del vendedor, no hubo inconveniente en despachar la mercancía a la bodega indicada, donde la esperaba el tal Pérez, quien no era otro que “El Pelele” González Veda. Y aquí desplegó su astucia: de los veinte sacos recibió diez, y ordenó al carrero que descargara el resto en otra bodega, donde —según dijo— se le abonaría el importe de todos los sacos.
Mientras el chófer y su carga de papas restantes volaban entre baches y transeúntes hacia su supuesto destino, “El Pelele” cobraba al propietario de la bodega de San José y San Francisco el importe de los diez sacos que acababa de entregar. Cuando el repartidor llegó al destino final y reclamó el pago, nada le fue abonado en el segundo establecimiento: allí, evidentemente, nadie había encargado papas.
Descubierta la estratagema, se intentó atrapar al “paparicida”; pero, para esa hora, ya había volado lejos con el billete de los diez sacos en el bolsillo. Nicolás Barbero, el infausto empleado que aceptó el pedido, reconoció al estafador en el álbum de delincuentes del Cuerpo de Policía, e inició así la Secreta la caza del peligroso “Rey del Tubérculo” por toda La Habana y más allá.
Si bien no quedan dudas de que González Veda se apropió de lo ajeno, es justo mencionar que, algunos años antes, la empresa estafada —es decir, Pedro Pereda y Compañía— y su gerente, Ramón Llama Lois, habían sido procesados junto a otros comerciantes por el fiscal de la Audiencia, doctor Recaredo García, en relación con el llamado “affaire de las papas”.
Las papas para semilla importadas fueron vendidas en los mercados, defraudando al Estado al no haberse pagado los derechos arancelarios correspondientes. A los estafados por “El Pelele”, el gobierno les reclamaba $592.00 por haber pasado, a su vez y bajo la manga, “semillas por papas”.
¿Y “El Pelele”? Desaparece entre los meandros de la historia este reincidente timador, quien ya desde 1917 había recibido condena: siendo chófer temporal del Departamento de Obras Públicas, se apropió de un camión estatal para vender ruedas, ejes y muelles en un rastro, hecho por el cual fue considerado malversador de caudales. Si la Secreta volvió a pillarlo, ya sabría cómo comportarse en el talego. Algunos son irremediablemente irrecuperables, y este parece ser el caso de aquel personaje que lo mismo te desarmaba un camión que te daba una papeada.
Bibliografía y notas
Crédito sugerido: Martínez, A. “Crónica negra: El ‘paparicidio’ del Pelele González Veda en 1937”. CubaMemorias.com, 6 de junio de 2026.
Texto elaborado por CubaMemorias.com a partir de documentación histórica de época.
- Pelele: m. despect. Persona que se deja manipular por otras. Sin.: bobo, idiota, simplón, mequetrefe. (R.A.E.) ↩︎
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