
Entre las industrias que funcionaban en Camajuaní a finales de la década de 1920 se encontraba la fábrica de corbatas de José Arregui Alonso. Era este establecimiento una industria con capacidad para producir cientos de piezas diariamente y atender pedidos procedentes de diferentes lugares de Cuba.
En abril de 1931 la prensa menciona a la familia Arregui con motivo de la repentina muerte de Conchita Arango, esposa de José Arregui y figura muy apreciada en la vida docente, musical y benéfica de Camajuaní.
La fábrica de corbatas “Arregui”

En 1929, la fábrica mantenía una producción mínima de 40 docenas diarias, equivalentes a 480 corbatas. En períodos de mayor demanda había trabajado durante varias semanas produciendo hasta 100 docenas por día, es decir, unas 1.200 unidades.
Estas cifras permiten apreciar la dimensión alcanzada por el establecimiento. No se trataba únicamente de una sastrería o de un pequeño taller dedicado a confeccionar prendas por encargo, sino de una industria organizada para producir corbatas en cantidades considerables y abastecer un mercado que, según el reportaje, se extendía por toda la República.
La confección se realizaba con telas importadas de España, Suiza, Italia, Francia y Estados Unidos. La fábrica elaboraba productos de diferentes precios: desde modelos económicos, destinados a consumidores de recursos modestos, hasta corbatas confeccionadas con materiales de mayor calidad.
El texto de 1929 aseguraba que los modelos más caros no admitían competencia y que gozaban de una enorme demanda en todo el país. Aunque estas expresiones responden al tono promocional característico de este tipo de reportajes comerciales, la producción declarada y la variedad de telas importadas muestran que José Arregui Alonso había desarrollado en Camajuaní una industria de cierta importancia.
Las corbatas se comercializaban utilizando el apellido del propietario como distintivo:
Al comprar corbatas “Arregui”, se obtiene, por un mínimo precio, la más alta calidad de los materiales y la más esmerada confección.
La frase resumía la estrategia comercial de la fábrica: ofrecer modelos para diferentes niveles adquisitivos, asociando el nombre Arregui con la calidad de los tejidos y el cuidado de la confección.
José Arregui Alonso
El reportaje identifica al propietario como José Arregui Alonso y destaca la dedicación personal con la que había impulsado la fábrica. Según la publicación, el industrial había consagrado al establecimiento “todas sus energías y todos sus entusiasmos”.
La prensa presentaba su actividad como una contribución al bienestar económico no solamente de Camajuaní, sino también de Cuba, debido a la fabricación local de un artículo de vestir que podía producirse a precios accesibles y distribuirse en otros lugares del país.
Hasta el momento no se han localizado datos seguros sobre su nacimiento, procedencia, padres o fecha de llegada a Camajuaní. Tampoco se conoce todavía el año de fundación de la fábrica, su dirección exacta, el número de trabajadores empleados ni el destino posterior del establecimiento.
Conchita Arango, esposa de José Arregui
Una noticia publicada por el Diario de la Marina el 10 de abril de 1931 permite acercarse a la vida familiar de José Arregui. Bajo el título “El duelo de Camajuaní por la muerte de la Sra. de Arregui”, el periódico informó sobre el fallecimiento repentino de su esposa, conocida como Conchita Arango.
La publicación la denomina “Conchita Arango y Arregui”, fórmula social que incorporaba el apellido de su esposo. Otras referencias familiares permiten identificarla como Concepción —Conchita— Arango Gutiérrez. La noticia menciona expresamente a su madre, Concepción Gutiérrez de Arango, y a su esposo, José Arregui.
La coincidencia del nombre, la localidad y la cronología permite relacionar sólidamente al José Arregui mencionado en 1931 con José Arregui Alonso, propietario de la fábrica de corbatas documentada dos años antes. No obstante, debe señalarse que la noticia necrológica lo identifica únicamente como “José Arregui”, sin consignar su segundo apellido.
Profesora de kindergarten y de piano
Conchita Arango era profesora de kindergarten y ofrecía clases de piano en su domicilio. Una parte importante de su labor docente estaba dirigida a numerosas alumnas pobres, a quienes enseñaba gratuitamente.
En los días anteriores a su muerte se encontraba preparando el próximo debut de sus estudiantinas, proyecto que el periódico presentaba como una expresión del adelanto artístico y cultural de Camajuaní. El corresponsal afirmaba haber conversado con ella pocas horas antes del fallecimiento y recordaba el entusiasmo con el que hablaba de aquella próxima presentación.
La muerte se produjo de manera repentina. Según la crónica, Conchita perdió la vida sin alcanzar a pronunciar una palabra. El artículo no precisa la causa médica ni proporciona en el recorte la fecha exacta del fallecimiento, por lo que no debe suponerse que murió el mismo 10 de abril, día de publicación de la noticia.
Una activa labor social y caritativa
Además de su actividad docente y musical, Conchita pertenecía a diferentes sociedades y congregaciones religiosas de Camajuaní. El periódico resaltaba sus sentimientos caritativos y su participación en iniciativas destinadas a reunir fondos para ayudar a familias necesitadas.
Su labor se dirigía especialmente a quienes padecían hambre o sufrían los rigores del frío durante las noches de invierno. De acuerdo con la crónica, el magisterio, la música, el teatro, las sociedades locales, los trabajadores y, sobre todo, los pobres de Camajuaní sintieron profundamente su desaparición.
La amplitud de las ofrendas florales confirma las numerosas relaciones sociales de la familia. Entre quienes enviaron coronas, cruces, cojines y ramos figuraban familiares, alumnas, asociaciones religiosas, sociedades de instrucción y recreo, instituciones culturales, trabajadores y diferentes familias de la localidad.
Una de las ofrendas llevaba la dedicatoria:
“Su esposo a Conchita”.
Esta expresión, junto con la mención final al “afligido esposo José Arregui”, confirma de manera inequívoca la relación matrimonial.
El sepelio en Camajuaní
El cortejo fúnebre partió de la calle Leoncio Vidal en dirección al cementerio de Camajuaní. El artículo no permite determinar con seguridad si aquella era la dirección de la residencia familiar o únicamente el lugar desde donde comenzó la comitiva.
En el cortejo participaron el alcalde municipal, la Banda Municipal, los maestros del distrito, inspectores escolares, el Ayuntamiento, asociaciones de instrucción y recreo, gremios obreros, la Policía Municipal, congregaciones religiosas, los Caballeros Católicos de Camajuaní, logias masónicas, corporaciones económicas, autoridades, representantes de la prensa y numerosos vecinos.
La oración fúnebre estuvo a cargo de los doctores Robertín Leiva y Roberto Torres, este último identificado como juez municipal y presidente de los Caballeros Católicos. La amplia representación institucional y popular muestra el lugar que Conchita Arango ocupaba dentro de la sociedad camajuanense.
Una familia vinculada a la vida económica y cultural local
Las dos noticias ofrecen perspectivas complementarias sobre la familia Arregui. El reportaje de 1929 presenta a José Arregui Alonso como empresario de una industria capaz de fabricar hasta 1.200 corbatas diarias. La crónica de 1931 muestra a su esposa como profesora, música y promotora de obras caritativas.
La fábrica de corbatas “Arregui” constituye un ejemplo de las pequeñas y medianas industrias que surgieron fuera de las principales ciudades cubanas. Mediante la importación de tejidos y la confección local, el establecimiento transformaba materias primas extranjeras en productos destinados al mercado nacional.
Aún falta esclarecer una parte considerable de esta historia: el origen de José Arregui Alonso, la fecha en que se estableció en Camajuaní, el año de fundación y la dirección de la fábrica, la composición de su personal y la trayectoria posterior del negocio. Sin embargo, las noticias de 1929 y 1931 permiten rescatar tanto la actividad industrial de José Arregui como la labor educativa y social desarrollada por Conchita Arango.
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