
La Estafa de la Dentadura en la Habana. El delincuente pertenece a una especie variopinta, con sus propios escalafones de importancia, establecidos según la magnitud de sus raterías y la imaginación desplegada para cometerlas. Algunos, de cuello blanco, roban casi protegidos por las leyes; otros lo hacen por simple oportunismo, y los más se apropian de lo ajeno buscando siempre la manera de trabajar lo menos posible, fieles partidarios del menor esfuerzo. Eso sí, no faltan quienes planean sus fechorías con precisión absoluta, imaginando escenarios inverosímiles en los que tienden sus trampas a una víctima confiada.
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