
La Habana brillante —lo que queda de la Habana brillante y deslumbradora, que no es poco;— La Habana elegante, la Habana que no pierde nunca sus derechos de cultura y de grandeza civilizadora, —como el bouquet de flores, por marchito que esté, conserve, aunque débil, el alma, que es su aroma, —posee su Palladium de lujo, su Acrópolis sugestiva, donde el refinamiento ha alzado su tienda y donde la Moda, frívola y exquisita reina, de imperio despótico, dicta sus leyes, obedecidas en ambos mundos.
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