
Hace ya bastantes años, al terminar el voluminoso manuscrito de la más celebrada de sus obras, redactó su autor la dedicatoria con estas breves y sentidas palabras: “lejos de Cuba y sin esperanza de volver á ver su sol, sus flores ni sus palmas á ¿quien sino a vosotras caras paisanas, reflejo del lado más bello de la patria, pudiera consagrar con más justicia, estas tristes paginas?”
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